Así son las camas de masaje, no hay separación física entre ellas, por lo que a veces las masajistas se ponen a charlar unas con otras, se distraen, etc. pero aún así el masaje es bueno y vale la pena apoyar esta iniciativa.

¿Cómo es un masaje birmano? Y dónde hacertelo

Soy un fan total de los masajes. Ya he contado en Apeadero cómo son los masajes en Tailandia, Bali y el incidente que tuve en Vietnam. Sobre los masajes en Birmania había leído que los masajes birmanos eran una especie de masaje tailandés, pero realizado con mucha más fuerza y presión. Así que, ¡no podía perderme probar algo así!

¿Qué lugar elegir para tu masaje?

Otra de las cosas que había leído de los masajes en Birmania es que, a diferencia de la vecina Tailandia dónde es casi imposible pasear 5 minutos sin que te ofrezcan un “massage“, aquí era relativamente bastante complicado encontrar los lugares dónde se hacen masajes.

Y así fue: tras haber recorrido medio país sin ver ni un solo sitio con un cartel de “massage” o similar, llegamos a Yangón dónde tampoco vimos ninguno. Sin embargo, como uno de los objetivos del viaje era probar uno de estos masajes, decidí bucear en Internet para encontrar dónde acudir.

En la web de TripAdvisor encontré que había varios bastante caros, pero había uno muy bien valorado con un precio muy bajo justo detrás del Bogyoke Aung San Market, a 10 minutos andando desde nuestro hostel en el barrio Chino. Se llamaba Jasmine Beauty Spa.

Lo recomiendo totalmente. Está en la esquina de la calle Nawaday con la Bo Yar Nyunt en un semi-sótano. Tenéis el punto exacto en el mapa de los puntos de interés en Birmania.

¿Cómo es el lugar del masaje?

El local en sí no es fácil de encontrar. Hay que fijarse en un cartel que hay en la puerta y que rezaba “Jasmine Beauty Spa”. El problema es que no está a nivel de calle, sino un poco más abajo, por lo que hay que bajar unas escalares para verlo bien.

Una vez lo has visto, bajas las escaleras y cruzas la puerta de cristal, te recibe en el interior varios empleados y empleadas vestidas con un uniforme de trabajo típico de los spas y sitios de masajes. Te preguntarán qué deseas, pero ojo, no hablan apenas inglés, por lo que es posible que la comunicación no sea todo lo fluida que desearías. Si simplemente le dices “massage” la siguiente preguntaré será “one or two hours“.

Te meterán en una pequeña habitación oscura dónde hay dos colchonetas de masaje en el suelo con dos mesitas bajas. En una de las colchonetas te sentarán a ti, en la otra puede que haya otra persona recibiendo un masaje. En mi caso había un birmano que se pasó toda la sesión hablando por teléfono. Solo colgó una vez para volver a llamar de nuevo.

Otro detalle curioso fue ver que había una tele encendida durante toda la sesión de masaje. Apenas tenía voz, pero cuando el birmano compañero de masaje se fue y la habitación se quedó en silencio, se podía escuchar perfectamente. Supongo que así las masajistas se entretienen viendo la telenovela que emitían mientras practican los movimientos repetitivos del masaje.

Los otros dos detalles importantes son que me dieron un té durante la breve espera hasta que llegó la masajista y que me dieron un pijama de masajes de tela fina que tenías que ponerte para recibir tu masaje (mucho mejor que recibir el masaje con ropa de calle).

¿Cómo es el masaje birmano?

Tras una breve espera entró la masajista. No hablaba ni una sola palabra en inglés, por lo que nos comunicábamos por gestos. En algunos momentos no supe entender qué quería y ella misma me dirigió para que hiciera el movimiento necesario para el masaje.

El masaje fue brutal. Empezó como el masaje tailandés tradicional, boca arriba y por los pies. La masajista te doblará las articulaciones y hará presión sobre distintas partes de tu cuerpo, a veces haciendo palanca con su propio cuerpo y descargando todo su peso. He de decir aquí que las chicas birmanas, en general, son más altas, pesan más y tienen más fuerzas que las tailandesas, por lo que aunque los movimientos sean similares, son siempre ejercidos con mayor contundencia.

Tras haber masajeado todas tus articulaciones te pedirá que te des la vuelta. Aquí es dónde viene la mayor diferencia respecto al masaje tailandés. Raramente en el masaje thai la masajista va a usar la técnica de caminar (descalza) sobre tu espalda. En el masaje birmano, la masajista se pasa casi media hora haciéndote el masaje con los pies. Llega incluso a saltar sobre tu espalda. Escucharás tus huesos crujir como nunca.

Tras esta fase del masaje, te pedirá que te sientes sobre la colchoneta y se pondrá detrás de ti, poniendo un cojín entre tu espalda y su cuerpo y realizará diversas maniobras en las que presionará tus músculos. Entre ellas, realizará un movimiento que jamás había visto en un masaje: te hará crujir los huesos del cuello con un rápido movimiento de tu cabeza. Este tipo de técnicas, mal realizadas, podría dejarte paralítico.

Conclusiones y precio

Recibir un masaje en Yangón es toda una experiencia muy diferente a la de los masajes en otros países que vale la pena probar.

Eso sí, si los thai massage te parecen muy fuertes, tendrás que decirle a tu masajista que vaya con cuidado, que te lo haga más despacio y con menos fuerza. Yo que soy de los que me he quejado a veces de los masajes en Tailandia que son demasiado flojos, estuve tentado de pedirle que fuera más suave, pero decidí finalmente dejarla acabar como ella creyera para experimentar la sensación de un auténtico masaje birmano.

El masaje me costó 3500 kyats (3 dólares) por dos horas más 1500 de propina, pero eso fue porque ese día estaban de promoción. Normalmente el precio de 3500 kyats es por una hora de masaje y puedes no dejar propina, aunque si ves que la chica se ha esforzado creo que dejar algo es lo justo.

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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