Krabi

Krabi es una bonita ciudad costera en la que hace un terrible calor.
Krabi es una bonita, aunque pequeña ciudad costera en la que hace un terrible calor.

Nos despertamos bastante tarde en Krabi. Tampoco es que hayamos madrugado muchos días, pero ese día no se porqué se nos pegaron bastante las sábanas. Salimos a la calle casi a mediodía y el calor era realmente insoportable. Buscábamos la sombra para poder refugiarnos un poco de las altas temperaturas e incluso tuvimos que acercarnos a un 7-eleven a comprar una botella de agua fría para refrescarnos.

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Songkhla

Songkhla es un lugar de playas paradisíacas, enormes y poco visitadas por los turistas.
Songkhla es un lugar de playas paradisíacas, enormes y poco visitadas por los turistas.

La primera imagen que nos hicimos de Songkhla se fue al garete rápidamente. Tras una noche calurosa pero soportable (el ventilador dando vueltas toda la noche, claro) nos levantamos y salimos a la calle camino de la playa. ¡Qué calor que pasamos! Los 10 minutos andando se nos hicieron eternos. Y luego llegamos a la playa y qué calor! Ivan se tumbó a la sombra de unos pinos y no se quería ni acercar al agua. Nuria se fue sola hacía allí y volvió diciendo “el agua está calentucha”, “me siento una bolsita de te”, “esto parece más unas hot-springs que una playa” y cosas parecidas. Y era todo verdad. El agua del mar jamás la habíamos encontrado tan caliente, de echo, estabas a mayor temperatura dentro que fuera. Una pasada.

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24 horas desplazándonos

Las vistas desde el tren son realmente espectaculares a veces. Es la única desventaja de viajar de noche.
Las vistas desde el tren son realmente espectaculares a veces. Es la única desventaja de viajar de noche.

Lo que debería haber sido un plácido despertar en la ciudad de Hat Yai y un día tranquilo conociendo esta ciudad asediada por los ataques terroristas, se convirtió en un desconcierto y en un maratón de 24 horas para trasladarnos desde Bangkok a Songkhla. Sigue leyendo 24 horas desplazándonos

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Gdansk y Sopot

Esta es la casa torcida de Sopot, una pasada por fuera que me hubiera gustado ver por dentro.Gdansk es la ciudad de nombre impronunciable (al menos para nosotros, puesto que nunca nos entendían), tiene un casco histórico pequeño pero con una impresionante concentración de edificios y monumentos históricos. Además, los martes hay 4 museos que son gratuitos: el del ambar, el ayuntamiento, una casa burguesa y la Corte del Rey Arturo. En estos museos pasamos una mañana entera. Luego comimos en nuestro restaurante BBB de Gdansk (36 PLN) y nos fuimos a descansar al hostel. Por la tarde merendamos en el mismo hostel te y unas pastas que nos compramos en un puesto de la calle (2 PLN, ver foto) y compramos pan para la cena (5 PLN).

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Malindi

Una playa tranquila de agua transparente que se adentra poco a poco hasta un correoso arrecife de coral.
Una playa tranquila de agua transparente que se adentra poco a poco hasta un correoso arrecife de coral.

Esta vez, en cuanto salimos de Lamu sí nos dirigimos a Malindi para pasar allí una noche. Malindi es lo que esperábamos de la costa de Kenia. Playas vírgenes, agua transparente, arrecifes de coral… espectacular. En Lamu no dan ganas de bañarse, el agua está fría y su color no invita a meterse dentro, pero en Malindi en cuanto ves la playa no tienes más remedio que ponerte el traje de baño.

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Crónica: Viaje a Senegal (XXIV)

21/4 Playa y relax

Este día lo podíamos borrar completamente. Nos levantamos tarde, nos vamos a la playa. El mar maravilloso, tranquilo, apacible. Y la playa lo mismo, inmensa y solitaria. Tan sólo un par de personas pasaron por la playa en toda la mañana, gente del pueblo que iba a sus zonas de cultivo. No nos fuimos muy lejos del campamento, a unos pocos metros nada más, ya que toda la playa era igual y en el campamento no había casi gente, por lo que no nos molestaba absolutamente nadie. Desde luego, esta playa no tiene nada que envidiar a las del caribe.

Después de pasarnos toda la mañana tirados en la arena sin hacer nada, decidimos visitar el pueblo. Caminamos 15 minutos tranquilamente bajo el sol hasta llegar. Damos 3 o 4 vueltas por allí y nos damos cuenta de que no hay nada, que es un pueblo sin ningún tipo de interés. No conseguimos encontrar ningún lugar donde comprar una simple botella de agua, ni un bar o restaurante donde comer, nada. Lo que sí nos encontramos fue a una mujer mayor que no sabía ni siquiera francés y que trataba de decirnos algo. Más bien nos pedía algo. Cuando al final la entendimos, haciendo una excepción, le dimos 100 CFA y la mujer se deshizo en agradecimientos hacia nosotros. A veces no nos damos cuenta lo que pueden llegar a suponer unos céntimos de euro en países como este.

Regresamos por dónde habíamos venido. Nuria no se encontraba demasiado bien y queríamos ir al campamento para comer y dormir una buena siesta. En el camino al campamento nos encontramos con una chica que trabajaba allí de cocinera. Estuvimos hablando con ella de su trabajo y de su vida. Nos alertó de que todavía faltaba media hora hasta la hora de comer.

Finalmente comimos (no recuerdo qué, pero probablemente algún tipo de pescado y algo de verdura) y nos acostamos. Nos levantamos tarde, muy tarde. En las cabañas se dormía estupendamente la siesta, pero en las hamacas de fuera, a la sombra de los grandes árboles, todavía debería ser mejor. Cuando salimos de nuestra cabaña, nos encontramos una maravillosa puesta de sol de color rojo intenso que nos atrapó y nos condujo a la playa.

La tarde no tuvo mucha historia, nos la pasamos charlando con los trabajadores del campamento y jugando a las cartas. La cena tampoco la recuerdo, pero sí que me acuerdo que cuando terminamos estuvimos hablando con Pedro acerca de realizar una excursión al delta, que finalmente por ser demasiado cara (era exclusiva para nosotros dos) no realizamos. Creo recordar que nos salía por unos 35000 CFA por persona, pasando una noche fuera. Ahora un poco sí me arrepiento de no haberla hecho.

Gastos del día:
100 CFA (“cadeau”)

Total: 100 CFA

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Crónica: Viaje a Senegal (XII)

12/4 Día de relax

Desde el mismo momento en que nos levantamos, nos planteamos que este día lo pasaríamos relajadamente. Nos levantamos tarde, sin ninguna prisa por hacer nada y pensamos ir a la playa durante lo que quedaba de mañana. Ni siquiera la gran araña que había en la pared de nuestro bungalow nos hizo cambiar de idea. Pisamos las botas por si hubiera algún otro insecto dentro antes de meter el pie y salimos con nuestra mochila de ataque hacía la playa.

La playa en Cap-Skirring es una gran extensión de arena blanca y fina divida en secciones según el tamaño del hotel más cercano. El Club-Med es el mega-complejo hotelero que tiene una zona más grande de la playa. Los nativos le llaman “la cárcel de blancos”, ya que la gente que se suele alojar ahí, raramente sale fuera de ese recinto. Aunque no hay fronteras físicas entre las playas de los hoteles, sí que hay vigilantes enfrente de los hoteles de lujo que cuidan de que sus huéspedes no sean “molestados” por los senegaleses.

Nuestro hotel no estaba demasiado lejos del Club-Med, así que decidimos andar hacía allá ya que la zona de los hoteles “baratos” está ocupada por las vacas. Nada más salir del hotel, nos empiezan a asaltar los captadores: “ven a comer a mi restaurante”, “te acompaño a ver a los pescadores”, “¿quieres ver al mamut?”… Increíble. Son realmente pesados. La única forma de librarte de ellos es seguir caminando y aún así no tienes ninguna seguridad de que te vayan a dejar en paz. De echo, un “amigo” se nos quedó pegado y se cruzó con nosotros toda la playa del Club-Med hasta llegar dónde se encontraban los pescadores descargando el pescado. Allí trató de hacer negocio con nosotros hablando con los pescadores para que nos dejaran hacer fotos a los tiburones que habían pescado, pero no lo consiguió, le dijimos que 2 euros no era un precio competitivo. Los pescadores allí mismo le cortaban la aleta al tiburón y tiraban en la playa el resto. Al parecer nadie se come la carne de tiburón, pero la aleta es muy apreciada por los japoneses para hacer sopa con supuestos poderes afrodisíacos.

Tratando de deshacernos de nuestro incomodo “amigo”, volvimos hacía la zona del Club-Med y le dijimos que íbamos a tomar un baño y que ya nos veríamos más tarde en el pueblo. Nos hizo caso y nos dejó bañarnos tranquilamente “protegidos” por el paraguas del hotel. Es una lástima que ésta zona se haya degradado tanto debido al turismo. Mucha gente vive gracias a la época turística y fuera de esa época a los pocos extranjeros que aparecen por allí les masacran como hicieron con nosotros (y eso que nosotros no damos mucho con la imagen que ellos buscan).

Cuando nos cansamos de estar tirados al sol, recogimos las cosas y fuimos hacía nuestro hotel. Como en el viaje de ida, durante el regreso fuimos perseguidos por media docena de captadores y vendedores que trataban de entablar conversación como amigos de toda la vida. Además, nos perdimos, nos pasamos de largo la entrada de nuestro hotel y llegamos a uno de los más lejanos, casi en la frontera con Guinea: el complejo les Alizes. Un hotel de super-lujo frecuentado por franceses ricos.

Finalmente, hambrientos y cansados llegamos a nuestro hotel. Dejamos las cosas y salimos a buscar el bar o restaurante más cercano. Caminando un poco en dirección al pueblo encontramos un bar dónde servían unos bocadillos enormes. Pedimos un par y los devoramos junto a una coca-cola bien fría (4200 CFA). Luego, regresamos al hotel a dormir la siesta. La araña ya se había escondido.

Nos despertamos tarde, ya casi anocheciendo y no teníamos ganas de ir al pueblo tan pronto. Bajamos de nuevo a la playa y nos sentamos en la arena para ver el atardecer. Un chico alto con rastas nos llamó desde la lejanía. Le miramos y esperamos a que se acercara. Hablamos durante un rato, no recuerdo de qué y luego aceptamos su invitación a un chiriguito que tenía junto a la entrada de nuestro hotel y en el que nunca nos habíamos fijado. Se llamaba Alpha, ¡incluso nos enseñó su DNI para demostrarlo! Tenía un supuesto restaurante en la playa y también hacía de guía de viajes. El restaurante, llamado Le Petit Swiss, era cuanto menos peculiar. No había electricidad, la iluminación se conseguía a base de un par de velas dentro de botellas de plástico. Por supuesto, sin electricidad no era posible tener neveras, pero Alpha aseguraba que podía servirnos cualquier tipo de carne o pescado que deseáramos. No lo poníamos en duda, pero me gustaría saber de dónde las conseguía. Las precarias sillas se hundían en la arena y las dos únicas mesas que había eran totalmente inestables. El restaurante estaba hecho de elementos reciclados, ramas y paja, no había ninguna pared ni ninguna puerta. Y por supuesto, seguro que ni Alpha ni sus amigos habían pedido nunca una licencia de apertura, ni habían pasado un control de calidad ni nada parecido.

Hablando con Alpha nos comentó que dormía en una tienda de campaña en el propio restaurante junto con sus 3 amigos. Esa misma tienda se la llevaba a las excursiones que organizaba. La excursión consistía en ir a Kafountine por una vía alternativa. En vez de ir en coche hasta Ziguinchor y luego coger otro hasta Kafountine, él proponía hacer el recorrido por la costa, navegando por los manglares en pequeñas embarcaciones y caminando cuando el suelo sea firme. Nos contó lo verde que es todo aquello, y cuanto le gustó el viaje a todos los extranjeros que fueron con él a hacerlo (incluso nos enseño un cuaderno lleno de felicitaciones y saludos). El viaje se hacía en 2 o 3 noches, depende de si te quedabas un día en Kafountine o no, y costaba 20000 CFAs por persona y día. Él lo ponía todo: bebida, comida, medios de transporte, la tienda de campaña para dormir, el viaje en coche de regreso… La verdad es que era una oferta tentadora, pero al final no se si por prudencia o por miedo a perder el tiempo le dijimos que no lo iríamos.

Dejamos a nuestros amigos rastas en su restaurante y nos fuimos al pueblo a buscar un lugar dónde cenar. Hay que decir de nuevo que Cap-Skirring es un lugar caro y que cuesta encontrar un lugar económico dónde comer. Encontramos un restaurante vacío (encendieron las luces cuando llegamos) en el que nos sirvieron una exquisita cena (5700 CFA) antes de regresar en medio de la oscuridad a nuestro hotel.

Gastos del día:
4200 CFA (comida)
800 CFA (botella de agua, muy cara en el hotel)
5700 CFA (cena)

Total: 10700 CFA

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Crónica: Viaje a Senegal (X)

11/4 El paraíso

Nos levantamos muy tarde. Nuestros compañeros de camarote ya se habían ido. Miramos a través del ojo de buey y vimos que estábamos navegando muy cerca de la orilla. El paisaje era verde intenso, tal y como te imaginas una selva virgen. De vez en cuando se veía alguna pequeña embarcación de pesca tripulada por no más de 5 marinos.

Después de darnos una buena ducha, fuimos al comedor dónde nos esperaba un buen desayuno. Esa era la única comida incluida en el precio del pasaje en “primera clase”. El desayuno era a base de café, leche y tostadas, muy simple, pero suficiente. Eso sí, el servicio fue excepcionalmente lento, incluso para Senegal.

El barco llegó a Ziguinchor sobre las 11:00 de la mañana. Vimos la llegada desde la cubierta del barco, dónde nos dimos cuenta que no navegábamos en mar abierto, sino que estábamos en la desembocadura de un río. Todo era verde. La ciudad de Ziguinchor se veía preciosa desde el barco. Tenía un pequeño puerto de pescadores justo al lado del lugar dónde atracamos y todos los alrededores eran de color verde intenso. Comparando con Dakar y Saint Louis, pensamos que eso era el paraíso, pero todavía no sabíamos hasta que punto.

Fuimos a la cabina a recoger nuestras mochilas, nos despedimos de nuestros compañeros y salimos al pasillo. Aquello era un caos. La gente se apelotonaba por los pasillos como si tuvieran prisa por salir de allí. Nos dejamos llevar y esperamos pacientemente hasta que la “corriente” nos llevó hasta la única puerta de salida. Luego un pequeño paseo hasta la salida y a aguantar el agobio de los taxistas, los captadores de los hoteles y los vendedores que buscan carne fresca en cada nuevo desembarco. No hicimos mucho caso y con el mapa de la Lonely en la mano nos dirigimos a la Gare Routiers. El objetivo era llegar a Cap Skiring antes de comer.

Entre el puerto y la Gare Routiers no hay más de 10 minutos andando si sabes como llegar. El mapa que teníamos no era excesivamente detallado, por lo que tuvimos que preguntar en un par de ocasiones por el desvió a coger. Con un par de preguntas, nos fuimos dando cuenta entonces de lo amable que era la gente en esa región. La gente no sólo te decía ve por aquí o por allá, sino que se levantaban, dejaban lo que estaban haciendo y te acompañaban hasta el cruce exacto, sin pedir nada a cambio y con una gran sonrisa siempre en la boca.

Encontramos un 7-plas a punto de salir hacía Cap Skiring. La negociación fue rápida, 3300 CFA por los dos con las mochilas. Durante el viaje los impresionantes paisajes nos alegraban la vista y nos distraían de una carretera en mucho peor estado que las del norte. Algunos pasajeros compraron platanos y una especie de chufas en una de las paradas y las compartieron con el resto de pasajeros. Nosotros también las aceptamos y sacamos de nuestra mochila unas galletas que compartimos también, especialmente con una niña pequeña a la que le encantaban. Charlamos con aquellas personas, algunos incluso sabían un poco de Español que había aprendido en la escuela. Uno de ellos sólo sabía una frase de memoria que le hacían repetir: “En la gran vía de Madrid hay muchos cines y restaurantes…” o algo así, tampoco la llegué a memorizar. Casi todo el mundo se bajó en la parada de Cap-Skiring.

Los pasajeros del 7-plas nos indicaron como llegar a los hoteles de la playa, pero también nos advirtieron que estaba muy lejos. A nosotros el concepto de cerca y lejos siempre nos ha parecido relativo, así que echamos a andar. Antes siquiera de poder poner un pié fuera de la plaza del pueblo, un captador nos descubrió y nos llevó a visitar varios albergues de la ciudad. Le dijimos que no nos interesaba, tanto por el precio (más alto de lo que estábamos dispuestos a pagar) y por el lugar, ya que queríamos estar en la playa. Nos ofreció acompañarnos a la playa, pero le dijimos que preferíamos comer en el pueblo antes y que ya iríamos en taxi.

Nos sentamos en el primer restaurante con precios razonables que encontramos. Se pasan bastante con los precios en algunos locales debido, quizás, a que durante buena parte del año Cap-Skiring es un importante centro turístico para los franceses. Elegimos un bar-restaurante justo en el inicio de la calle que va de la plaza del pueblo a la zona de los hoteles de playa. Dejamos las mochilas por dónde pudimos y nos sentamos uno frente al otro. No recuerdo qué comimos, sólo que estaba buenísimo y que lo devoramos en pocos minutos. Nos costó 3000 CFAs.

Cuando ya estábamos terminando de comer un chico joven nos preguntó de dónde éramos. Su francés era malo, pero no tanto como el nuestro. Nos dijo que él era de Gambia y que allí se hablaba inglés. Rápidamente cambiamos de idioma. Otro amigo suyo Gambiano se unió a la charla. Nos contaron que por allí no eran bien vistos por aquello de no dominar el idioma, que no conseguían trabajo por ello. Estaban de paso por allí, uno había ido a visitar a un familiar enfermo y el otro contó que era transportista y que estaba descansando en aquél lugar. El tiempo es relativo: la visita al familiar se había prolongado por varios meses y que por eso andaba buscando un algún trabajo. Nos contó también que en Gambia el nivel de vida es más bajo, las cosas son más baratas, pero también se cobra menos.

Dejamos la charla ya que eran las 4 de la tarde y no teníamos todavía dónde dormir. Los gambianos nos pararon un taxi, le dijeron hacía dónde íbamos y negociaron el precio con el taxista. Todo ello sin pedir nada a cambio. Quedamos en volvernos a ver por allí.

La carrera del taxi nos costó lo que dice la Lonely Planet: 600 CFA. Son menos de 5 minutos en taxi hasta los pequeños hoteles de la playa. El trayecto se puede hacer andando, pero si vas cargado con mochilas o no te apetece caminar, el taxi es una buena opción. Para llegar desde el pueblo, hay que preguntar en la plaza hacia dónde están los hoteles de la playa y bajar por esa calle hasta encontrarse con una gasolinera y una carretera. A la derecha quedan algunos hoteles de lujo. Hay que ir pegado a ellos (todo recto) hasta una callejuela de arena que entra hacia la derecha. No es difícil, pero quizá lo mejor sea ir en taxi la primera vez.

(continua)

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