Una cueva, Thingvellir y el final del viaje por Islandia

Nuestro último día de viaje por tierras islandesas fue básicamente un trámite. Habíamos dormido en el parking de Raufarhólshellir, un túnel de lava en forma de cueva, muy poco conocido, pero que había leído en un blog francés que se podía visitar si cuentas con algún tipo de iluminación. Las espectaculares fotos nos trajeron hasta este lugar.

La entrada a la cueva, igual que muchos otros lugares de Islandia, tiene un aura mágica que la hace muy especial.
La entrada a la cueva, igual que muchos otros lugares de Islandia, tiene un aura mágica que la hace muy especial.

En el exterior no quedaba ya nada de nieve, pero dentro de la cueva se conservaba la nieve caída durante el invierno. Me recordó bastante a los "pous de neu" que tenemos en Valencia y Alicante.
En el exterior no quedaba ya nada de nieve, pero dentro de la cueva se conservaba la nieve caída durante el invierno. Me recordó bastante a los “pous de neu” que tenemos en Valencia y Alicante.

Raufarhólshellir

Todo aquél que visite Islandia y realice una ruta por el triángulo de oro por libre, debería hacer un par de paradas adicionales: una en el espectacular sendero de Reykjadalur y otra en el túnel de lava de Raufarhólshellir.

Cartel a la entrada de Raufarholsherllir.
Cartel a la entrada de Raufarholsherllir.

 

Este túnel está abierto al público en general, sin ningún tipo de control ni necesidad de autorización. Es una cueva natural producida por la lava dónde se podrá apreciar cómo trabaja este elemento geológico. A diferencia de otros túneles de lava y cuevas de Islandia, para los cuales se requiere pagar y visitarlos con un guía o simplemente se encuentran en lugares tan agrestes que resulta casi imposible llegar por medios propios, en este caso, se trata de un lugar gratuito y al lado de una de las carreteras cercanas a la capital Reikiavik.

Desde el interior del túnel de hielo se puede observar el tamaño de la abertura.
Desde el interior del túnel de hielo se puede observar el tamaño de la abertura.
Mirando desde el exterior al interior, se puede ver el cúmulo de nieve. Daban ganas de saltar, os lo juro.
Mirando desde el exterior al interior, se puede ver el cúmulo de nieve. Daban ganas de saltar, os lo juro.

Para llegar no existen indicaciones de ningún tipo por lo que recomiendo llevar los puntos GPS destacados de Islandia que publiqué hace un tiempo. Una vez se llega al parking, la boca del túnel se encuentra a unos 100 metros y bien indicada. No tiene pérdida.

El hielo, la entrada de luz, la nieve, la oscuridad.. dan mucho juego.
El hielo, la entrada de luz, la nieve, la oscuridad.. dan mucho juego.

El túnel discurre paralelo a la carretera en dirección a Reikiavik y tiene varias aberturas naturales en su techo por los que se cuela la luz y la nieve. Dichas aberturas facilitan el acceso y el avance durante los primeros 100-200 metros, luego, la luz desaparece y es imprescindible contar con algún tipo de iluminación externa. Ni que decir tiene que estas entradas de luz producen unos efectos increíbles para tomar fotografías.

Columnas de hielo
Las grandes columnas de hielo en ocasiones dificultaban el paso. Otras veces habían sido rotas por anteriores exploradores para poder abrir camino.

 

Avanzar resulta ciertamente dificultoso por el hielo y las resbaladizas rocas. Por eso, Nuria y yo llegamos solo hasta el lugar dónde las luces desaparecen completamente y te quedas en total oscuridad. El resto del grupo se fue metiendo hacía el interior del tubo hasta el final del mismo. Es una gruta con una sola entrada y salida, por lo que una vez alcanzado el final se debe regresar por el mismo camino.

Dado que se trata de un tubo de lava, no hay estalagmitas y estalactitas como tal, solo existen las que se producen por el frío extremo.
Dado que se trata de un tubo de lava, no hay estalagmitas y estalactitas como tal, solo existen las que se producen por el frío extremo.
En ocasiones, aparecen pequeñas formaciones de colores curiosos que no había visto antes en cuevas españolas.
En ocasiones, aparecen pequeñas formaciones de colores curiosos que no había visto antes en cuevas españolas.
Lo más interesante de entrar en la cueva, además de las enormes posibilidades fotográficas que ofrece, es la opción de ver cómo actúan las fuerzas geológicas.
Lo más interesante de entrar en la cueva, además de las enormes posibilidades fotográficas que ofrece, es la opción de ver cómo actúan las fuerzas geológicas.

La dificultad de avance, junto con la falta de luz (llevábamos solo algunas linternas de escasa potencia), hicieron que Roman resbalara y se hiciera un corte en una mano que tuvo que ser vendado insitu con un pedazo de camiseta.

Curándole la herida a Román.
Curándole la herida a Román.

Thingvellir

Pasamos más tiempo del esperado en la cueva de lava, por lo que nada más salir de la cueva, nos encaminamos rodeando el lago Thingvallavatn hacía Thingvellir, lugar imprescindible en toda visita a Islandia. Sin embargo, íbamos bastante mal de horario, por lo que tuvimos que acelerar y apenas pudimos visitar alguna catarata y algún camino del parque.

La catarata de Oxararfoss a estas alturas ya no nos pareció demasiado espectacular, aunque vista así y en frío, sí que merece una visita.
La catarata de Oxararfoss a estas alturas ya no nos pareció demasiado espectacular, aunque vista así y en frío, sí que merece una visita.

Hicimos turnos para cocinar, comer y visitar el parque. En nuestro turno, Nuria y yo subimos hasta la cascada de Oxararfoss y recorrimos parte de su sendero. Cuando regresamos nos cocinamos la comida, comimos y salimos de allí en dirección al aeropuerto.

Final del viaje

Todo lo bueno llega a su fin y nuestro viaje también. Sin embargo, todavía nos quedarían algunas experiencias curiosas. Eso Nuria y yo, porque el resto se quedó un fin de semana extra en Reikiavik.

Lo primero fue ir con la autocaravana al aeropuerto, llenar el depósito, realizar una buena limpieza de la misma y dejar a Jorge con todas las mochilas en la terminal. El resto, nos fuimos a devolverla a McRent. Allí discutimos un rato con el empleado por el tema de la cama que rompimos, por el agua que empapaba el suelo cada vez que la usábamos y al final terminamos pagando 240 euros extra entre los 5 pero ciertamente contentos de que no fueran más.

Regresamos andando al aeropuerto y nos despedimos. Román, Aida y Jorge tomarían el autobús hacía la capital, mientras que nosotros teníamos que buscar un lugar dónde dormir para pasar la noche ya que nuestro vuelo salía a primera hora de la mañana con destino Bath, Inglaterra. Tras darle varias vueltas a la terminal y ver que había varios letreros que prohibían dormir allí, además de observar cómo los vigilantes patrullaban el aeropuerto con frecuencia, decidimos que el mejor sitio, por silencioso, por la ausencia de policía y por cálido (no veáis el frío que entraba por la puerta cada vez que se abría), eran los baños. Y allí que nos metimos, Nuria en el de señoras y yo en el de caballeros, por separado y con el despertador puesto, nos encerramos en un retrete cada uno y nos tumbamos en el suelo para pasar toda una noche. Ambos salimos muy contentos, habíamos dormido perfectamente en uno de los aeropuerto más chungos de Europa según Sleeping in Airports. A la mañana siguiente, tomamos el vuelo a Bath dónde pasamos 3 noches y visitamos Stonehenge. Pero eso será otra historia…

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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