Turismo solo para ricos

Hace no demasiadas semanas, un par de amigos se quejaban en Facebook de la comercialización del acceso a Machu Picchu. Se originó entonces un debate sobre si se debía o no cobrar por acceder a este lugar. A favor, el gran argumento era: “los peruanos también tienen derecho a recaudar y usted, señor turista, tiene mucho dinero“. Continúa leyendo Turismo solo para ricos

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Regreso a La Habana y hasta pronto Cuba

El viaje en camión desde Santiago de Cuba a La Habana fue mucho más llevadero de lo que pensábamos. Los camiones que hacen recorridos tan largos llevan asientos como los de los autobuses, de hecho, son asientos de viejos autobuses llevados al desguace que los camioneros compran y atornillan al chasis. En Cuba se aprovecha todo, no sobra nada. Así, aunque un poco más incómodos que los asientos de una guagua, hacer un viaje así sería comparable a viajar 12 horas en un autobús incómodo. Continúa leyendo Regreso a La Habana y hasta pronto Cuba

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¿Qué es el volunturismo?

Cuando vi por primera vez el palabro yo también me pregunté qué era eso del volunturismo. Al parecer a alguien se le ocurrió que era gracioso unir las palabras “voluntariado” y “turismo” y de ahí nació el volunturismo.

Ética del volunturismo

En principio, el volunturismo se basa en los principios éticos de realizar una tarea humanitaria mientras se está haciendo turismo o viajando. Sería, por tanto, una manera alternativa de viajar dónde el viajero tiene un proceso de inmersión con la comunidad que visita mucho mayor que en un viaje “normal”.

Quizás te estés preguntando, ¿pero esto no se llamaba voluntariado y punto? Sí y no. En un principio el voluntariado se concibe como una manera de ir a un país o una zona a ayudar de una determinada manera ofreciendo tus conocimientos y tus habilidades, es decir, que el objetivo del voluntariado no es viajar, sino ayudar. En su nacimiento el volunturismo pretendía modificar esa concepción totalmente altruista del voluntario para mezclarlo con el turista: el volunturista ya no tendría como finalidad principal el colaborar con la comunidad local, sino que ahora podría proclamar que tiene una doble finalidad, ayudar y hacer turismo. De esta manera se podía justificar el corto periodo de trabajo (las vacaciones) y la necesidad de una organización a un nivel superior no horizontal (la empresa turística). Obviamente esto no significa en el voluntariado tradicional no existan personas que quieran hacer turismo ni significa que en el volunturismo no existan persona que quieren simplemente colaborar en un proyecto desinteresadamente.

La industria turística

Este idílico matrimonio entre el turismo y el voluntariado tiene como suele suceder también sus sombras. Si bien es verdad que en un principio el invento del volunturismo se debe a la necesidad de las ONG de reclutar a más personas para sus programas de ayuda, no es menos cierto que la industria turística vio pronto el filón de negocio que suponía este tipo de viajeros que están dispuestos a pagar por trabajar.

“Pagar por trabajar” es el concepto clave aquí y la causa de mayor debate dentro de los aspectos éticos del volunturismo. Cuando solo existía el voluntariado se suponía que el voluntario se pagaba un vuelo para llegar a una región remota, se chupaba unas cuantas horas de autobuses destartalados y llegaba a un poblado dónde dormía y comía en una casa de algún local o en una caseta prefabricada a cambio de trabajar para la comunidad. Ahora, casi nada de eso ha cambiado, pero el volunturista le paga cientos de euros a una empresa intermediaria a cambio de “tener el privilegio” de acceder a una plaza en un determinado proyecto humanitario. ¿Tiene eso sentido? Lo dejo ahí para que cada uno se lo plantee.

Qué hace un volunturista

“El volunturismo son unas vacaciones enfocadas en ayudar o aliviar la pobreza material de algunos grupos de la sociedad, en la restauración medioambiental de ciertas zonas o en investigar ciertos aspectos de la sociedad o el medio” (Stephen Wearing)

En la definición de Wearing (uno de los mayores estudiosos del fenómeno), se distinguen claramente los diferentes tipos de volunturistas: los que están interesados en combatir los efectos de la pobreza de algún modo (cuidados médicos, construcción de pozos…), quienes están concienciados con la naturaleza y su preservación (plantación de árboles, limpieza de montes…) y quienes tienen inclinaciones antropológicas o de investigación social o medioambiental (búsquedas arqueológicas, clasificación de aves…)

Bajo estos tres tipos de volunturistas caben todos los tipos de programas que se ofrecen hoy en día. Para acceder a uno de estos tipos de volunturismo simplemente tienes que buscar una empresa que lo ofrezca en la zona que sea de tu interés y con los programas complementarios que desees. Internet está lleno de esto. Por ejemplo, si te interesa la arqueología y te gustaría trabajar en Perú, puedes buscar una empresa que por no demasiado dinero te proporcionará todo lo que necesites en tu estancia allí a cambio de trabajar 2 o 3 días a la semana.

Espero que haya quedado claro qué es el volunturismo y en qué se diferencia del voluntariado tradicional.

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Tana Toraja: muertos y funerales

Cuando le dije a Nuria que lo más característico y la razón principal para venir hasta la zona de los Tana Toraja era asistir a sus funerales, me miró con una cara de desconcierto total. Nuestra mentalidad occidental trata de tapar todo lo relacionado con la muerte y relega los funerales a un ámbito estrictamente privado. Sin embargo, para los Tana Toraja se trata de un evento público en el que los familiares, incluso los que viven más alejados, participan activamente.

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El triángulo de oro (Islandia)

El denominado triángulo de oro de Islandia está formado por tres lugares muy característicos de Islandia:

  • Geysir: El famoso geiser de Islandia que da nombre a todos los geisers del mundo. Por supuesto, no hace falta decir que es una visita absolutamente obligatoria.
  • Gullfoss: Una de las cataratas más impresionantes de Islandia, pero no es ni la mayor ni la más bonita. Personalmente opino que si bien es una visita imprescindible, esta catarata tiene más marketing que otra cosa.
  • Thingvellir (Þhingvellir): Es un parque nacional que tiene unas cuantas rutas senderistas y varios lugares históricos. Si te interesa la historia de Islandia puede ser un lugar imprescindible, pero creo que hay muchos lugares en Islandia con senderos más interesantes y sitios que además de la parte histórica aportan un valor añadido adicional.

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Safaris fotográficos

Por muy grande que tengas el teleobjetivo en Kenia siempre encontrarás a alguien que lo tiene mejor.
Por muy grande que tengas el teleobjetivo en Kenia siempre encontrarás a alguien que lo tiene mejor.

El principal atractivo de Kenia (y en general del este de África) son los safaris fotográficos. “Safari” es una palabra swahili que significa “viaje” y que con el uso ha degenerado en el significado que le damos actualmente: cientos o miles de personas circulando por un área cerrada buscando animales a los que fotografiar.

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Información acerca de Kenia (I)

Lamu, una tranquila villa marinera donde los precios son disparatados.No voy a recoger en este post generalidades acerca de Kenia que podéis encontrar fácilmente en lugares como la Wikipedia. Lo que pretendo es recopilar la información que creo que puede ser útil a la hora de visitar este país africano a raiz de la experiencia vivida.

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Una especie llamada turista

Pintada cercana a una de las entradas del Park GüellEsta mañana mientras desayunaba he encendido la tele y he encontrado en La 2 un programa realmente interesante. Era el último documental del programa El Escarabajo Verde que trataba sobre el tema del turismo. En concreto, el capítulo se llamaba Una Especie Llamada Turista y está dedicado al distanciamiento que está tomando el turismo y la ciudadania de Barcelona.

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Minipost: Al 96% de los españoles no le gustan los viajes organizados

No lo entiendo, si cerca del 96% de los españoles se declaran a favor de descubrir los destinos a su ritmo y huyen de los viajes organizados, ¿cómo puede ser que las agencias de viajes estén siempre llenas, que siempre nos crucemos con cientos de grupos de turistas y que nos miren raro cuando decimos que nos hemos comprado un vuelo y no tenemos ni hotel ni nada que se le parezca? De verdad que no lo entiendo….

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La privatización de Machupicchu

No hace mucho tiempo que Machupicchu fue elegida como una de las maravillas del mundo moderno. Un premio criticado y tildado de comercial por muchas personas y entidades (la UNESCO, por ejemplo). En Perú, parece ser que dicho premio ha catalizado un proceso que estuvo sobre la mesa durante mucho tiempo: la privatización de Machupicchu.

Si alguno habéis visitado esta ciudadela, habréis comprobado lo complicado que es llegar hasta ella. Perdón, complicado no es, es caro simplemente. Os resumo como es el acceso para llegar hasta allí. La forma fácil es un tren en manos privadas que recorre el tramo que va de Cuzco a Aguas Calientes, ciudad que se encuentra a los pies de la montaña dónde los incas construyeron su ciudadela. Aparte del tren, la otra forma “oficial” de llegar hasta Aguas Calientes es realizando el famoso “camino del Inca”, una ruta de trekking de varios días de duración que llega directamente a la ciudadela. Y por último, hay una forma “extra-oficial” de llegar al pueblo que consiste en realizar una ruta por pueblos y aldeas en varios medios de transporte locales muy baratos, pero lentos. Esta última forma de llegar no les gusta nada a las autoridades por lo que ponen muy complicado acceder a la información e incluso ponen problemas para la construcción de infrastructuras (o escusas como la UNESCO). Insistiéndole a la chica de la “tourist info” quizá logres que te diga que existe esta ruta para llegar a tu destino, pero te la desaconsejará y te mencionará que puedes ir hasta Ollantaytambo y tomar allí el tren por la mitad de dinero.

Ni que decir tiene que los trenes para llegar hasta Aguas Calientes y las excursiones por el “camino del inca” son muy caros, con precios europeos. Igual que la entrada a la ciudadela. Aunque la pieza fundamental sobre la que gira todo es el tren. Incluso si haces el camino del inca, para regresar hasta Cuzco tienes que utilizar el tren.

¿Sabéis que hacían muchos mochileros que no querían pagar por recorrer el camino del inca ni tomar el tren y no tenían 4 días para perderlos yendo y viniendo por la ruta “extra-oficial”? Pues se iban hasta Ollantaytambo y empezaban a andar junto a las vías del tren hasta Aguas Calientes, corriendo cuando llegan a los 2 controles que hay sobre las vías para vigilar que nadie se cuele por ese “camino” (¿o vigilaban que el tren no se salga de su recorrido?). Un riesgo que alguna gente está dispuesta a correr para no pagar las desorbitadas cantidades que se piden por unos servicios que no los valen. Es también una forma de desobediencia civil.

Ahora, parece que quieren ir más allá, dejando en manos privadas no sólo el tren, sino también el monumento. Pero parece que esta vez el pueblo peruano, verdadero propietario de esta maravilla, se lo va a poner difícil. Se han producido la mayor manifestación que se recuerda en Cuzco en los últimos 20 años, la gente ha salido a la calle para evitar que se privatice lo que es de todos. Es decir, han salido para evitar que el beneficio de algo que construyeron sus antepasados vaya a parar a la saca de una compañía privada.

Todo lo contrario opinan otras entidades, como el Instituto de Libre Empresa de Perú, quienes apoyan la privatización con argumentos tan pueriles como estos: “Disney Wold estaría acabando la construcción de una réplica exacta en computadora a escala basándose en fotos tomadas en diferentes ángulos. Con la finalización de esta construcción, Machupicchu dejaría de ser la única ciudadela inca, para entrar en competencia con su réplica”. Es de risa, pero las consecuencias podrían ser muy graves.

Desde el punto de vista de un viajero, el “sector turístico” en todo el mundo, controlado por mafias, empresas privadas y gobiernos sin escrúpulos, está convirtiéndose en un circo de dimensiones colosales. ¿Cómo puede ser que para visitar un patrimonio de la humanidad como es Machupicchu tenga que pagar más del salario medio de un peruano? ¿Por qué los propios peruanos no pueden visitarlo? Y no sólo sucede con el Machupicchu, que también sucede con las pirámides de Giza y con el Perito Moreno (aunque aquí todavía algunos argentinos pueden llegar a entrar). En cuanto una empresa de turismo “occidental” mete las manos, se jodió el invento: se llena de turistas aborregados, se encarece todo y se impide que los propietarios legítimos del monumento puedan acceder. Entonces, ¿porqué nos extrañamos tanto de las declaraciones de Ricardo Alarcón sobre el turismo Cubano si es algo universal en todos los países pobres? ¿O es que acaso a los ciudadanos de los países ricos no nos gusta escuchar lo que hemos conseguido?

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Hoteleros: miedo a la libertad de expresión

Hasta ahora, los hoteles tenían un mecanismo único y ajeno a la ciudadanía para valorar su calidad: las estrellas. No era extraño encontrar un hotel con una determinada categoría que no se ajustaba a esa valoración inicial. En esos casos, el cliente no tenía ninguna forma de protestar o advertir de que dicho hotel no se ajustaba a la calidad esperada.

Ahora, con la popularización de Internet como instrumento social y de participación ciudadana, por fin todos tenemos la posibilidad de juzgar, criticar, alavar o simplemente describir, qué nos ha gustado y qué no. Aunque es todavía escaso el porcentaje de la población que recurre a este medio para comprar o informarse acerca de hoteles, viajes o vuelos, es una parte del mercado que cada vez está adquiriendo mayor importancia. De eso son muy conscientes todos los que ganan dinero con el sector turistico (compañias aereas, hoteleros, etc).

La última reacción del sector se ha producido en Fitur (leido en Barrapunto). Parece ser que a la gente que tiene establecimientos no le gusta que opinen de ello sus usuarios y prefiere que sigan siendo “profesionales” los que les juzguen. Pues lo sentimos mucho, pero el imperio de la ley del silencio se ha terminado y de ahora mismo sus establecimientos, igual que las compañias aereas, los restaurantes, los atractivos turisticos, las ciudades, y tantos otros elementos ajenos al sector turistico, los vamos a juzgar sus usuarios, así les pese a algunos.
 

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Egipto: El Cairo (dia 6)

Hoy sería el último día guiados. Nos levantaron pronto para pasearnos por toda la ciudad recogiendo gente. Y es que en las excursiones guiadas también hay clases y los que pagamos menos (la categoría más baja) somos los peor tratados, a los que antes recogen y a los últimos que dejan los autobuses. Lo bueno es que después de la visita a las pirámides, perderíamos a Amed de vista para siempre.

El desayuno en el hotel fue magnifico, cogimos comida para almorzar luego si teníamos más hambre. El trayecto en bus agobiante. Y, por fin, la esperada visita a las pirámides fue… decepcionante. Sí, las pirámides son geniales, poder verlas aunque sea un minuto en la vida merece la pena, pero con determinadas compañías es mejor no ir. Y es que nuestro guía nos la volvió a jugar. No quiso madrugar para llegar de los primeros al recinto de las pirámides, por lo que con los retrasos del bus recogiendo gente de aquí y de allá (y también que hay algunos turistas que no tienen respeto por nada), llegamos realmente tarde, tanto que era casi imposible entrar en el cupo de gente que puede entrar cada día al interior de la gran pirámide. Dicen que no te pierdes nada, pero nos hacía ilusión… Agua y ajo, la próxima vez volvemos por nuestra cuenta.

El caso es que ese problema ya veníamos pensándolo antes de llegar al recinto, lo que no nos imaginábamos era que el hombre éste nos iba a tener encerrados en el bus nada más llegar al parking de las pirámides, viendo los monumentos por la ventana y sin poder escapar, durante 15 interminables minutos mientras nos contaba su vida, obra y milagros, tonterías que no nos interesaban para nada y cuestiones de organización del viaje (a que hora nos veríamos, que no fuéramos con los camellos al desierto que era muy peligroso, que si en el autobús podíamos dejar las cosas que quisiéramos, etc). Todo el encanto del momento se fue a la mierda por un puñetero guía. Así de claro. Nos jodio la visita más esperada de todo el viaje. Allí, ante esos colosos de piedra, juramos volver… y lo cumpliremos.

Lo suyo hubiera sido llegar en camello hasta las pirámides, desde el desierto y tras una gran duna empezar a divisar la silueta de las 3 grandes pirámides. Acercarnos poco a poco y descender de nuestro camello para recorrer los últimos pasos andando. No pedíamos eso, simplemente hubiéramos deseado que nos dejara el maldito autobús en el parking y correr a ver las pirámides con todo el tiempo por delante. Ni eso tuvimos.

Cuando nos liberó Amed, fuimos a ver las pirámides de cerca, desde mil lugares distintos, subimos en ellas, las tocamos, las sentimos… pero todo de prisa, porque teníamos una hora y todavía no habíamos visto el museo. Cuando nuestro tiempo llegó a su fin, todos al autobús para alejarse y hacer una foto panorámica. Como japoneses. 10 minutos y todos de nuevo al autobús para ir a ver la esfinge. Nos escupe otro rollo memorizado y 30 minutos libres. Fotos y todos de nuevo al bus que nos vamos a casa.

Todavía pienso que debíamos haberle dejado tirado en ese momento, decirle “nosotros nos quedamos aquí” y seguir viendo a nuestro aire aquel lugar maravilloso, pero no lo hicimos y todavía pudimos comprobar hasta que punto la desfachatez de una persona puede llegar a rozar lo abominable. ¿Por qué tenía tanta prisa? ¿No quería que se nos enfriara la comida? No, quería llevarnos de camino a los hoteles a una fábrica de papiros. Perdón, a una fábrica no, a una tienda. Ese era el momento, antes de que la mayoría de los turistas se enteraran de los precios que tienen estos souvenirs. 300 y 400 LE eran precios habituales. Y lo peor, algunos lo pagaban. Eso sí, en la tienda, toda lujosa, decorada en oro y madera, te ofrecían un té nada más entrar. Nosotros nos quedamos curioseando y charlando con nuestros amigos los vascos. Por cierto, ahí no dio un tiempo máximo de estancia, nada, no hace falta, cuando el último del grupo se cansó fue cuando nos fuimos. Vaya impresentable. Pero esta vez sí que era la última vez que le veíamos, en cuanto nos dejara en el hotel nos iríamos cada uno por su lado, ya que nosotros no habíamos comprado ninguna de sus caras excursiones por la ciudad. Las últimas palabras que tuvo este elemento fueron para Nuria, le dijo que con esa actitud no se podía viajar, que ella no podía ir por ahí desafiando la autoridad del guía y organizando excursiones paralelas, que eso le llevaría problemas y no se que más. Lo que en realidad quería decir es que le habíamos hecho perder comisiones por darle información a nuestros amigos y por “atrevernos” a ser un poco libres durante el viaje.

Bastante cabreados, pero aliviados, llegamos al hotel, nos cambiamos y salimos corriendo junto con los chicos vascos a buscar un taxi para ir hacía la ciudadela. Llegamos a la hora de comer, buscamos algo y encontramos un restaurante impresionante allí dentro, en una especie de plaza, dónde la decoración y la vestimenta de las camareras recordaba a la edad media. A pesar de eso, nos sorprendió el precio. El servicio no fue excesivamente rápido, por lo que perdimos mucho tiempo, quedándonos a medio visitar toda esa zona ya que cerraban a las 5. Una lástima.

Cogimos un taxi. Negociamos con el taxista un precio para ir a Khan el Khalili y cuando pensábamos que ya íbamos a salir, subió en nuestro taxi a dos japonesas que también iban para allí. Nos había parecido un precio demasiado bajo, pero no nos imaginábamos cual sería la estrategia para hacer que le compensara.

En el mercado nos pasamos toda la tarde hasta que anocheció. Ni siquiera pudimos visitar todo el mercado, aunque bien es cierto, que hay muchas cosas “repetidas”. En la parte más turística los vendedores son especialmente pesados y los precios empiezan más altos, pero si sales de esas zonas los precios se moderan (aunque hay que seguir regateando) y no te suelen molestar tanto.

Después del mercado cogimos otro taxi hasta la zona de pirámides dónde esa noche hacían el espectáculo de luz y sonido en castellano. Tuvimos un problema con el taxista que pretendía que le pagáramos algo más por el trayecto, después de haberlo negociado y dejado claro desde un principio. Montamos un buen pollo en la puerta de las pirámides, hasta que vino un hombre que trabajaba de acomodador allí y que nos ayudó mediando con el taxista que estaba simulando estar muy enfadado. Le pagamos lo convenido. Antes de entrar al espectáculo (que, por cierto, es una de las cosas más caras que hay en todo Egipto, creo que fueron sobre 60 o 70 LE por persona) fuimos a comer algo. Como teníamos poco tiempo y no encontramos nada por allí terminamos comiendo en un fast-food por muy poco dinero. Luego fuimos al espectáculo y nos sentamos en primera fila gracias al mismo hombre que nos ayudó a mediar con el taxista. El espectáculo en sí es bastante soso, pero ver las pirámides iluminadas y el sonido envolviéndote, resulta bastante espectacular. Eso sí, no creo que volviera a pagar
tanto dinero por entrar a verlo.

Cuando el espectáculo terminó, salimos rápidamente para encontrar un taxi. Aún así fue complicado y nos tocó uno que tuvo que ser empujado para poder arrancar, sin marcador de velocidad, ni luces, ni… pero llegamos a nuestro hotel. Antes de acostarnos pasamos por el bar para tomar algo, preparar el día siguiente y fumar shisha.

Gastos del día
No disponemos de los datos individuales

Total: 300 LE

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