Durmiendo en el lago Myvatn

Las dos estrellas del día eran Godafoss y Grjotagjia.
Las dos estrellas del día eran Godafoss y Grjotagjia.

Dormimos pocas horas en Grettislaug: el lugar y el entorno, el cielo despejado, la aurora, el amanecer, no podían dejarse pasar así como así. La noche anterior nos acostábamos a las 5 y media de la madrugada y a las 12 ya estábamos desayunados y en marcha, recorriendo los 14 kilómetros de camino de tierra que nos separaban del asfalto. Era ya muy tarde y para no retrasarnos mucho, dado que la mayoría de los lugares de interés estaban al final del día en el entorno del lago Myvatn, decidimos saltarnos la ruta por la carretera 76 que recorre los fiordos de Skagafjord y Eyjafördur.

Fuimos directamente hacía Akureyri dónde hicimos una parada en el supermercado para comprar provisiones y aprovechamos para comer. La parte interesante de la jornada empezaba después de Akureyri, ya cerca del lago Myvatn.

Merece la pena pasar un rato en Godafoss tratando de buscar ángulos diferentes de esta impresionante cascada.
Merece la pena pasar un rato en Godafoss tratando de buscar ángulos diferentes de esta impresionante cascada.

Godafoss, de los smoothies de nieve a romper la cámara

Así pues, la primera parada sería en la cascada de Godafoss a pocos kilómetros de de Akureyri. La cascada hay que visitarla desde los dos lados del río. Desde el lado más cercano a Akureyri, la visita se realiza andando por el lado del río desde el parking hasta la cascada, un camino muy sencillo apto para todo el mundo. Cerca de la cascada hay una roca que sobresale y desde dónde se pueden tomar las mejores fotos, pero hay que ir con cuidado con el hielo y la nieve, hay una buena caída.

En este lado fue dónde probamos por primera vez los smoothies de nieve. Es muy sencillo: buscas un montón de nieve limpia (recién caída si puede ser), llenas un vaso y añades tu zumo favorito (y opcionalmente un chorrito de absenta). Esta bastante bueno, aunque depende de la calidad del zumo 😉

La preparación de los smoothies de nieve es bien sencilla.
La preparación de los smoothies de nieve es bien sencilla.

Al otro lado de la cascada se puede acceder en coche o andando a través de un puente. En ese lado hay un camino algo más exigente que baja hasta el pie de la cascada (también hay uno que se acerca por arriba a la misma). Con mucha nieve, como nosotros la encontramos, el camino puede ser complicado (hay una rampa que resbala mucho).

En el lado más cercano al lago Myvatn hay unos baños públicos que se pueden usar. Allí fue dónde se me cayó la cámara (con funda “anti-golpes”) y se rompió el objetivo corto. Es por eso que durante el resto del viaje no pude hacer fotos y por eso la mayoría de fotos que veréis de aquí en adelante fueron hechas con la Canon de Aida.

En el norte todavía hay abundante nieve en abril, los senderos se pierden y las trampas aparecen por doquier.
En el norte todavía hay abundante nieve en abril, los senderos se pierden y las trampas aparecen por doquier.

El lago Myvatn

Desde lo alto del monte Vindbelgur se puede apreciar una panorámica de toda la zona del lago Myvatn.
Desde lo alto del monte Vindbelgur se puede apreciar una panorámica de toda la zona del lago Myvatn.

Tras la visita de Godafoss, recorrimos unos cuantos kilómetros más hasta llegar al lago Myvatn. Conforme íbamos llegando al lago Myvatn el paisaje iba siendo cada vez más invernal, aunque nunca llegó a haber nieve en la carretera como el día anterior. Por cierto, el viento había desaparecido por completo y ya no volvimos a tener vientos fuertes en todo el resto del viaje.

Llegamos al lago Myvatn justo a tiempo de subir al monte Vindbelgur para ver el atardecer. Sin embargo, solo uno de nosotros consiguió llegar a la cima: Roman. La subida es realmente exigente, muy vertical y dura, aunque corta. El camino marcado en el GPS subía zigzagueando, pero Nuria, para hacerlo más interesante decidió seguir unas huellas que subían directamente en vertical sin zigzags, creando dos grupos, el suyo de ella misma en su soledad y el de los otros cuatro. Por supuesto, no hace falta ni comentar que se quedó agotada a tres cuartos de la subida y nos llamó para que la esperáramos. Roman continuó hacía arriba y el resto esperamos y cuando llegó decidimos emprender el camino de bajada (estábamos casi arriba y era tarde). Nos quedamos sin ver la vista desde el otro lado ni el libro de firmas que hay arriba, pero vimos un atardecer precioso y una imagen digna del “otro lado del muro”.

Fisura de Grjotagja
Así es el techo de la cueva dónde se encuentra Grjotagja. Da un poco de yuyu, no? 🙂

Para terminar el día nos encaminamos a Grjótagjá, la cueva que se ha hecho famosa por el encuentro “amoroso” entre Jon Snow e Ygritte de Juego de Tronos. En el parking frente a Grjótagjá hay un cartel que indica que no se puede pernoctar allí, ni bañarse, pero… La temperatura de Grjótagjá es muy alta, en el límite de lo tolerable. Meterte entero (hasta el cuello) es toda una proeza y cuesta bastante, aunque te deja el cuerpo nuevo. Eso sí, cuidado al salir porque la cueva tiene varias bocas y el viento corre enfriado por la nieve que se concentra en la entrada. A mi me entró un poco de hipotermia por quedarme sentado sin ropa fuera del agua, pero valió la pena, es una pasada de lugar y de experiencia. Ah, recomiendo usar zapatillas para entrar en el agua porque las piedras del fondo son muy irregulares.

Uno de los lugares más espectaculares dónde me he bañado nunca.
Uno de los lugares más espectaculares dónde me he bañado nunca.
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Camino del norte de Islandia

El intenso color azul de Hraunfossar nos hizo coger fuerzas para abordar la durísima jornada de hoy.
El intenso color azul de Hraunfossar nos hizo coger fuerzas para abordar la durísima jornada de hoy.

El objetivo del día era llegar al norte de Islandia. Nuestra segunda noche en Landbrotalaug fue similar a la primera, pero con mucho más frío ya que a mitad noche nos habíamos quedado sin electricidad y el sistema de calefacción se había parado. Fue culpa nuestra, no nos acordamos de desconectar la nevera de la batería, pero de eso nos enteramos mucho después. Pensábamos que sería un día aburrido, puesto que no habíamos podido dormir bien por el problema de la calefacción y no había mucho que ver desde aquí hasta que llegáramos al lago Myvatn. Pero nos equivocábamos, no nos podíamos imaginar que iba a ser un día tan lleno de aventuras y momentos inolvidables.

 

Los primeros problemas del día

Hay un puente que permite ver las cascadas desde ambas partes.
Hay un puente que permite ver las cascadas desde ambas partes.

El día comenzó con problemas. Tras desayunar y repasar el plan del día, arrancamos la autocaravana para dirigirnos primero al sur a Borgarnes y luego al norte. El día había amanecido con mucho viento racheado y tras la nevada del día anterior las carreteras que iban hacía el sur estaban marcadas en el parte como intransitables por nieve (en blanco). Por eso, decidimos en principio “perder el día” haciendo una ruta tranquila hacía el interior, visitando Deildartunguhver y las cataratas de Hraunfossar y Barnafoss que habían quedado pendientes dos días antes por falta de tiempo.

Sin embargo, antes de llegar siquiera a la carretera, en los 200 o 300 metros de camino de tierra que nos separaban de la misma, empezamos a oler a quemado. “¿Qué pasa?” “Parad la autocaravana, huele a quemado!!”. La paranoia se apoderó rápidamente de todos nosotros. Primero vimos humo blanco saliendo del tubo de escape, luego relacionamos el olor a quemado (que inequívocamente venía del capó de la furgo) con el problema de la calefacción del día anterior y además detectamos una pequeña fuga de agua debajo de la mesa. Abrimos el capó e investigamos. Nada, pero aquello seguía oliendo a quemado. Total, que acabamos llamando al tipo de McRent un día festivo a las 8 de la mañana. El hombre, medio dormido, le explicó a Roman qué tenía que mirar, le dimos unas cuantas vueltas al problema y finalmente simplemente dijo: “no pasa nada, continuad y si tenéis algún otro problema llamadme”. Dicho y hecho, con su bendición volvimos a arrancar y nos encaminamos a Borgarnes. Ya no volvimos a oler a quemado ni a ver humo blanco. Quizás, si hubiésemos estado un poco más tranquilos, hubiésemos recordado que los motores diesel en invierno a veces hacen estas cosas.

Reconsiderando ir hacía el norte de Islandia

El azul intenso del río nos daba una idea de lo helada que estaría el agua.
El azul intenso del río nos daba una idea de lo helada que estaría el agua.

En poco tiempo nos plantamos en Deildartunguhver. Se trata de un lugar dónde hay una planta de generación de energía geotérmica y una pequeña “fuente” de la materia prima que utiliza esta planta: el agua caliente. Básicamente lo que hay son unos chorros desde dónde sale agua hirviendo (sí, hierve y lo notas por el vapor que sale y por las burbujas típicas del agua hirviendo). Es un lugar pequeño, pero vale la pena parar ya que queda al lado de la R1. Como a nosotros las cosas normales nos aburren, en vez de limitarnos a hacer fotos, cogimos un calcetín, metimos unos cuantos huevos y los hervimos para la hora de la comida (muy buenos, por cierto).

Tras esta visita, proseguimos hacía las cascadas de Hraunfossar y Barnafoss que son dos, pero están tan juntas que se visitan a la vez recorriendo un pequeño sendero muy bien marcado y balizado que han colocado. Es una zona bastante turística y había mucha gente. Recomiendo venir hasta aquí solo si se está de paso (para ir al centro de la isla, por ejemplo) o si se está especialmente interesado en las cascadas o la fotografía.

Como ya habíamos completado el nuevo objetivo del día y parecía que el tiempo iba mejorando, nos planteamos qué hacer. Tras cierta deliberación, no mucha, la verdad, decidimos que para recuperar el tiempo que íbamos a perder lo mejor sería estar tan cerca del destino como fuera posible, así que nos encaminamos hacía el norte de Islandia con la idea de parar y hacer noche en cuanto encontráramos dificultades. Sin embargo, cuanto más al norte avanzábamos mejor era el clima, salvo por el viento que seguía soplando igualmente a ráfagas. Había un sol radiante cuando pasamos al lado de los cráteres de Grábrók por lo que decidimos no parar y continuar avanzando.

Pánico en la carretera

Así era el entorno en el cual nos movíamos. Estaba todo nevado, no podíamos salirnos de la carretera ni parar a un lado.
Así era el entorno en el cual nos movíamos. Estaba todo nevado, no podíamos salirnos de la carretera ni parar a un lado.

El camino al norte de Islandia parecía despejado y creíamos que podríamos llegar fácilmente a nuestro destino: Grettislaug. Nada más lejos de la realidad. Un poco después de Grábrók, la Ring Road empieza a ascender. Al principio no nos dimos cuenta; luego empezamos a ver algunas manchas de nieve; luego la nieve se hizo más continua; pero cuando decidimos detenernos, echarnos a un lado de la carretera en alguna de las innumerables áreas de picnic que jalonan Islandia  y pasar allí la tarde y la noche, nos dimos cuenta de que ya era tarde: todo apartadero había sido devorado por la nieve, no se veía la carretera, circulábamos sobre una ancha capa de nieve y hielo y no podíamos parar. Parar allí hubiese sido un caos circulatorio en tanto en cuanto no había nada más que un carril por sentido de la marcha y un caos para nosotros que probablemente no hubiéramos podido volver a poner en movimiento la autocaravana sin ayuda (las ruedas de un vehículo tan pesado sin 4×4 suelen patinar en la nieve y el hielo al emprender la marcha).

Eso que se ve entre los palos amarillos es la carretera. Por ahí circulábamos con una autocaravana: una locura!!
Eso que se ve entre los palos amarillos es la carretera. Por ahí circulábamos con una autocaravana: una locura!!
Conduciendo en tensión. Como se puede observar por la ventanilla, no hay guardarrailes ni nada similar: los islandeses apenas tienen ningún elemento delimitador de las carreteras salvo los palos amarillos.
Conduciendo en tensión. Como se puede observar por la ventanilla, no hay guardarrailes ni nada similar: los islandeses apenas tienen ningún elemento delimitador de las carreteras salvo los palos amarillos.

No había elección, habíamos cometido la temeridad de meternos en aquella carretera “blanca” tal como nos había indicado el parte meteorológico y ahora solo podíamos continuar hacía delante, a 20 km/h, eso sí. Con la cantidad de kilómetros que he hecho en mi vida en diferentes vehículos, cientos de ellos sobre nieve con mi ATV, jamás me había visto en una situación como aquella. Los tenía por corbata. Y solo estábamos subiendo, imaginábamos que llegaría un momento en el que esa carretera empezaría a bajar y seguiríamos circulando sobre nieve. Para darle una vuelta de tuerca más al asunto, de pronto vemos aparecer a lo lejos un camión con trailer. He de decir que todo lo que circulaba por aquella carretera en dirección contraria a nosotros eran coches 4×4 de esos que se gastan los islandeses que tienen unas ruedas de más de un metro de altura (los que venían detrás nuestro no los veíamos, ya teníamos bastante en mirar adelante). El camión parecía ajeno a todo aquello, no es que circulara rápido, pero iba a tal velocidad que el trailer que llevaba detrás iba dando bandazos a ambos lados, tal cual como aparece a veces en las películas justo antes de que el camión vuelque, pero este no volcaba, el camionero debía ser todo un experto y controlaba a la perfección.

Asustados por la visión del camión dando bandazos (que perfectamente podría habernos barrido) y con un importante subidón de adrenalina (¿adivináis cuantos llevaban puesto si quiera el cinturón?), nos apelotonamos todos en la cabina para ver lo más escalofriante que me ha pasado en mi vida. Sin palabras, ahí lo tenéis:

No, no he cortado el final del vídeo ni paramos de grabar. Fue una situación tan acojonante que hasta la cámara se asustó y se quedó justo en ese momento sin batería. Lo que venía detrás de ese mamotreto era una cola de 8 o 10 coches casi nos comemos (no veíamos nada cegados por tanta nieve y además la ráfaga de aire fue muy fuerte). Tras esto, el resto del camino fue coser y cantar, llevábamos tal subidón de adrenalina que ni siquiera nos asustó la bajada con una importante caída lateral y el freno motor echando humo.

El camino a Grettislaug es una pista sin asfaltar con algunos agujeros como se puede ver en la imagen.
El camino a Grettislaug es una pista sin asfaltar con algunos agujeros como se puede ver en la imagen.

Llegamos al norte de Islandia

Tras saltarnos algunos de los posibles lugares de parada en el camino al norte que teníamos planificados, tras una paliza de conducción en el día más largo en horas conduciendo (que no en kilómetros), por fin, ya de noche, llegamos a Skagafjörður, la ciudad que da la bienvenida al fiordo homónimo. Nos quedaban 14 kilómetros por una pista sin asfaltar que iba empeorando por momentos. Por si fuera poco, empezó a nevar y cuando ya solo faltaban un par de kilómetros según el GPS nos topamos con una verja cerrada. “¿Qué hacemos?”. La decisión fue unánime: si habíamos conseguido llegar hasta aquí teníamos que pasar. Y así lo hicimos, salimos del vehículo en total oscuridad, abrimos la puerta y pasamos, cerrándola a nuestro paso. Hicimos bien, era una puerta que delimita el territorio del granjero que se ha montado un camping en Grettislaug y que nosotros desconocíamos. Unos chicos alemanes que había venido a Islandia en su camper nos comentaron que los dueños se habían ido ya, pero que podíamos pagar en una caja que hay junto a la recepción. Así lo hicimos a la mañana siguiente, aunque los dueños nunca nos lo pidieron cuando a primera hora se pusieron a arreglar una de las pozas.

A la luz del día, la poza grande de  Grettislaug lucía así. Había otra un poco más pequeña justo al lado.
A la luz del día, la poza grande de Grettislaug lucía así. Había otra un poco más pequeña justo al lado.

La noche fue bastante mágica, puesto que después de cenar se despejó el cielo y me quedé a buscar la aurora. El resto del grupo se había acostado, pero ni 20 minutos más tarde les tenía que despertar porque estaba viendo una aurora verde en espiral justo sobre nuestras cabezas. Duró poquísimo, ellos apenas pudieron verla y la cámara solo captó una minúscula parte, pero ahí estaba, nuestra aurora tras un día increíble. Por si acaso volvía a aparecer la aurora, nos metimos en la poza y allí estuvimos casi toda la noche, disfrutando de un precioso amanecer, pero compartiendo la poza con la pareja alemana “en pelotas”.

Luego, nos acostamos un rato, pagamos la estancia en el camping en la “hucha” que los propietarios había puesto y regresamos a la carretera. Pero eso ya os lo contaré en otro momento…

 

Recuerdo de una noche mágica con aurora boreal, poza de agua caliente y amanecer.
Recuerdo de una noche mágica con aurora boreal, poza de agua caliente y amanecer.

 

Esto es todo lo que pudimos captar de la aurora. Cuando cogí la cámara, preparé el tripode y apunté, ya era demasiado tarde. Duró un par de minutos: no es buena época para verlas, pero es posible.
Esto es todo lo que pudimos captar de la aurora. Cuando cogí la cámara, preparé el tripode y apunté, ya era demasiado tarde. Duró un par de minutos: no es buena época para verlas, pero es posible.
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La península de Snæfellsnes

La península de Snæfellsnes depara muchas sorpresas.
La península de Snæfellsnes depara muchas sorpresas.

Para el tercer día de ruta por Islandia habíamos previsto un trayecto circular en la península de Snæfellsnes, llamada también la pequeña Islandia por encontrarse en ella concentrada la esencia de la isla. Partíamos de Landbrotalaug, la poza de aguas termales en que habíamos pasado otra noche con mucho viento, pero esta vez con la autocaravana bien posicionada. La idea era volver a la poza antes de que anocheciera.

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Primer día de ruta en Islandia con la autocaravana

El destino del primer día de ruta en Islandia era el golfo de Hvammsvík, un lugar muy espectacular.
El destino del primer día de ruta en Islandia era el golfo de Hvammsvík, un lugar muy espectacular.

Nuestro primer día de ruta en Islandia despertamos en el aeropuerto, pero a diferencia de en otras ocasiones en las que nos hemos quedado a dormir en el mismo aeropuerto, esta vez, despertamos en el Hotel Smari que está a 100 metros de la terminal del pequeño aeropuerto internacional de Keflavik. Compartimos una habitación de 4 personas con Aida y Jorge con los que habíamos volado desde Alicante (129 €, 65 € por pareja). Bastante caro, pero así conseguiríamos dormir un poco ya que el vuelo de WOW Airlines llegaba a las 2 de la madrugada.

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Alquiler de autocaravanas en Islandia (y campers)

Con esta autocaravana hicimos 2800 km dándole la vuelta a la isla.
Con esta autocaravana hicimos 2800 km dándole la vuelta a la isla.

Cuando empezamos a planificar el viaje, una de las primeras ideas que tuvimos fue hacerlo en una camper (furgoneta adaptada), no se nos ocurrió el alquiler de autocaravanas en Islandia. Dado que Islandia es un país muy caro, necesitábamos una forma económica de transportarnos, dormir y cocinar. Teníamos claro que lo ideal hubiera sido alquilar una autocaravana, pero pensábamos que se nos iría de precio y empezamos mirando campers.

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Islandia en autocaravana: ruta de 14 noches

Puntos de interés de nuestro viaje a Islandia en autocaravanaA falta de 1 hora para que salgamos hacia el aeropuerto para iniciar nuestro viaje a Islandia en autocaravana, con la maleta recién cerrada y con un ojo en el pronóstico del tiempo (que dice que no lloverá hasta mañana al mediodía), tengo unos instantes para copiar y pegar la planificación completa de la ruta a Islandia. Allá va (y disculpad por los problemas de tipografías y demás, es un copy-paste del documento sobre el que he estado trabajando estas últimas semanas). Sigue leyendo Islandia en autocaravana: ruta de 14 noches

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Planificación de un viaje a Islandia de 15 días

ringroadComo ya sabréis los que nos seguís en Facebook, ya tenemos los vuelos para viajar a Islandia en el mes de abril, concretamente en la segunda quincena. Son unas fechas un poco raras para un viaje a Islandia, puesto que todo el mundo suele elegir el verano, entre junio y septiembre, pero nosotros hemos elegido estas fechas por cuatro motivos principalmente: Sigue leyendo Planificación de un viaje a Islandia de 15 días

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