El visa-run en Malasia

Hacer un Visa-run no es más que salir de un país, entrar en otro y volver al primero. De esta manera consigues extender el periodo de visado unos días más. En concreto, en Tailandia, existen 3 tipos de visados: el visado on-arrival de 30 días gratuito (a la llegada) que te lo dan cuando llegas por vía aérea (por ejemplo es el que nos dieron cuando aterrizamos en Bangkok); el visado on-arrival en las fronteras terrestres, de 15 días y que lo dan gratuitamente cuando accedes al país por carretera, barco, tren o a pie; y el visado de 90 días que tienes que pedirlo antes de ir a Tailandia en la embajada tailandesa de tu país y que sí que cuesta algún dinero.

Como nosotros íbamos a estar 44 días, el visado de 30 días no nos servía, por lo que teníamos varias alternativas: hacer un visa-run en Myanmar (caro porque el visado para Myanmar hay que pagarlo, pero cómodo ya que hasta hace unos días nos encontrábamos por esa zona), hacer un visa-run terrestre en Malasia o hacerlo por vía aérea (volar a Kuala Lumpur y de ahí a cualquier ciudad de Tailandia). No hacer nada no es una opción porque la ley tailandesa es clara: si te pasas unos días pagarás una multa de unos 800 B por día, pero si te pasas muchos días (y 15 días es pasarse mucho) la sanción puede ser de aupa, cárcel incluida. Así que nosotros elegimos (y por eso nos encontrábamos en Songkhla) hacer el visa-run en Malasia por tierra. Tuvimos que esperar unos días en Songkhla hasta que calculamos que ya nos harían un visado hasta el último día que necesitábamos.

Para hacer el visa-run nos levantamos muy pronto y salimos hacía Hat Yai en el mismo autobús que nos trajo. Tras una horita estábamos en la estación de autobuses de Hat Yai desde dónde salen algunas mini-vans que te llevan a los diferentes puestos fronterizos cercanos. Nosotros elegimos el puesto fronterizo de Padang Besar que nos habían recomendado en Internet para no tener que hacer nada de cola y así fue.

La mini-van nos dejó en la misma frontera y se fue. Nosotros simplemente tuvimos que andar hacía el puesto fronterizo.

Empiezas a caminar y primero te encuentras con la garita de los tailandeses. Entregas tu pasaporte y el papelito que te dieron al entrar (que a veces te grapan y otras no). Te sellan la salida y continuas andando. Pasas por un centro comercial “duty free”, que tampoco es que venda gangas salvo por el alcohol y el tabaco. Lo bueno es que tiene unos baños que puedes utilizar y vende bebidas frías si lo necesitas. Luego sigues avanzando y unos 200 metros más allá está la garita de los malayos. Lo mismo, entregas el pasaporte, te lo cuñan y continuas andando hasta salir de las instalaciones fronterizas. Al lado, encontrarás una puerta de entrada por dónde entran los coches y pasas tu también. Y ahí viene lo mismo exactamente pero al revés, te sellan la salida de Malasia, duty free y te sellan la entrada en Tailandia. ¿Fácil verdad? Pues no se como nos lo montamos que una vez en Malasia, entramos por dónde no debíamos y pasamos de manera ilegal la frontera. Total, que nos dimos cuenta de que estábamos en el área internacional y tuvimos que volver a entrar sin sellar ante la atónita mirada de la misma señora que nos había sellado la entrada minutos antes.

Tras hacer estos trámites y comprobar que tienes 15 días más para disfrutar de Tailandia, simplemente tienes que salir a la carretera y esperar a una minivan que te devuelva a Hat Yai. Una horita más en la furgoneta y desde la estación de autobuses puedes ir a cualquier parte del país. Nosotros elegimos Krabi ya que nuestro destino era Ao Nang, puesto que viendo el mapa era una de las zonas que estando a una noche de Bangkok ofrecia mejores espectativas de buceo y buenas playas.

El autobús, después de una parada para comer, nos dejó cerca de la estación de autobuses de Krabi. Cerca de significa a unos 200 metros, pero eso no era lo malo, el problema es que la estación de autobuses de Krabi se encuentra a 5 kilómetros del centro de la ciudad. El lugar dónde te deja el autobús es un núcleo de comunicaciones sin mucho interés. Hay algún hotel y restaurantes, pero poca cosa. Si llegas por el día no hay problema ya que hay diferentes transportes que te llevan a la ciudad a un precio razonable, pero si llegas a la hora que llegamos nosotros (pasadas las 9), ya de noche, lo único que te queda son las mototaxis que te van a pedir un ojo de la cara por llevarte. Bueno, en realidad un par de euros más de la tarifa esperada, pero nos vimos fuertes y orgullosos, teníamos el culo cuadrado de tantas horas de autobús y no quisimos dejarnos timar, así que afrontamos los 5 kilómetros andando en medio de la nada, sin luz y con un hambre del copón (la costumbre de cenar pronto). Pero lo conseguimos, llegamos a Krabi, pero eso sí, la gente que nos encontrábamos (había zonas habitadas) alucinaba con nosotros: las motos que pasaban nos indicaban los kilómetros que faltaban con los dedos mientras sonreían, otros nos animaban, otros se echaban las manos a la cabeza… La verdad es que la situación era rara, por lo visto aquí no vienen muchos viajeros Extreme Low Cost 🙂

En Krabi sin embargo nos traicionaron las prisas. Tras visitar 4 o 5 hoteles, entramos en uno mucho más lujoso de lo que estamos acostumbrados esperando que nos dijeran una bestialidad de precio y sin embargo resultó ser el más económico de todos. De todos… de todos en los que habíamos preguntado, ya que al día siguiente descubriríamos que podíamos haber dormido por unos cientos de bahts menos. Eso sí, ¡pedazo de habitación!

La cena tampoco nos salió del todo bien, ya que con lo que nos ahorramos de la mototaxi decidimos ir a un restaurante algo más elegante y el plato que pedí lo confundieron y trajeron otro que llevaba pescado, que no me gusta, pero ya era tarde y habían cerrado la cocina. Total, que Nuria bien, pero yo terminé cenando en el 7-eleven que es lo único que seguía abierto.

Gastos

Desayuno: 41 B
Bus a Hat Yai: 2×20 B
Consigna estación: 80 B (2 mochilas)
Bus a la frontera: 2×50 B
Zumo y coca-cola: 25 B
Bus de regreso: 2×44 B (ni idea de por qué la ida cuesta más que la vuelta)
Comida: 73 B
Bus Krabi: 2×186 B
Hotel: 380 B
Cena: 120+49 B
Helado: 18 B

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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