Vuelo Frankfurt-Bangkok con Etihad

Un vuelo Frankfurt-Bangkok no es un paseo, desde luego. Acostarse en Frankfurt y levantarse en Bangkok sería genial, pero si eres un low-cost traveler tienes que comerte una escala con una espera de 4 o 5 horas por el medio además de medio-dormir en los incómodos asientos de un avión.

Digo esto después de haber tenido una inmensa suerte. Suerte por elegir la compañía Etihad que demostró eso de “ser la mejor del mundo” y suerte porque en el primero de los dos vuelos que tomamos nos tocaron los mejores asientos de la clase turista, es decir, esos que están en primera fila y te dan un espacio extra para las piernas, a una distancia no demasiado grande del baño como para que te dé pereza ir y no demasiado cercana como para olerlos. Se lo curró mucho el chico que nos atendió en facturación.

Además, los servicios de Etihad son impresionantes. Te dan un neceser con unos tapones para los oidos, un antifaz, unos calcetines relax y un cepillo de dientes. Todo pensado para tu confort, incluso en clase turista. Además tienes unas pantallas de televisión estupendas, con decenas de películas (aunque pocas en español), programas, videojuegos, etc. Las butacas son reclinables (como siempre lo habían sido hasta que apareció Ryanair con los recortes) y tienes mantas y cojines a discreción. La comida, aunque no se puede decir que sea buena, porque jamás en un avión podrá haber buena comida, es la mejor que he probado.

Vamos, que el vuelo no se puede decir que se nos hiciera corto, pero tampoco es la pesadilla que parece estar 13 horas volando más 4 o 5 en la terminal de un aeropuerto (más las que esperamos en Frankfurt). Dormimos a ratos y estuvimos despiertos a otros ratos, tratando de sincronizar lo máximo posible nuestra horas de sueño con las de nuestro destino.

Llegamos a Bangkok a las 20:30 por la hora de retraso con la que salimos de Abu Dabhi. Tomamos el city train que conduce al centro (última parada) y desde allí continuamos hacía Khao San Road con un taxi. Es muy sencillo, una vez llegas a la última parada, bajas un montón de escaleras hasta llegar a la carretera principal. Allí debes conseguir un taxi con taxímetro. Para nosotros fue facilísimo, puesto que había un chico con un peto verde fosforito que nos preguntó dónde queríamos ir, nos paró un taxi y nos envió para allá. No es ningún timo, al menos evidente, puesto que la carrera nos salió por 80 B.

El taxista nos dejó cerca del lugar dónde estaba nuestro hostel, pero nos desorientamos y anduvimos media hora dando vueltas por Khao San con la mochila a rastras bajo una finísima lluvia. En un rato estábamos metidos en todo el barullo de Bangkok, adentrándonos por callejuelas oscuras y estrechas y hasta cruzando de una calle a otro a través de la puerta de atrás de un restaurante que un chico amablemente nos abrió para salir del callejón sin salida dónde habíamos llegado.

El Khaosan Rainbow es un hostel muy, muy justito. Unos baños no excesivamente límpios, unas habitaciones poco cuidadas y sin ningún espacio común, salvo el restaurante indio que hay debajo y dónde obviamente solo puedes estar si consumes. Pero está situado al lado de Khao San Road, pero fuera del bullicio de esas calles, por lo que se puede dormir sin mucho ruido (hay habitaciones mejores y peores). Todas las habitaciones tienen aire acondicionado y ventilador, por lo que tampoco es mucho problema el calor.

Tuvimos un problema con la reserva, puesto que por un error nuestro solo pedimos una cama en una habitación compartida, por lo que nos tocó dormir a cada uno en una habitación esa noche para reunirnos la siguiente. Le dejamos a deber al indio que regenta el hostel los 855 baths que faltaban puesto que en el aeropuerto solo habíamos cambiado 20 € (36 B/€ = 720 B).

Dejamos los trastos y ni nos dimos una ducha, salimos de cabeza a vivir Khao San y.. el clima. Estábamos tranquilamente cenando unos bocadillos que nos habían dado en el avión con una coca-cola del 7-Eleven cuando empezó a llover torrencialmente. Tardó unos 15 minutos en despejar y suerte tuvimos de estar bajo un soportal y llevar a cubierto la cámara. Después de la experiencia volvimos al hostel, nos dimos una merecida ducha y a la cama (dura, muy dura, por cierto).

Gastos

City Train: 2×45 B
Taxi: 80 B
Coca-cola 0’5L: 17 B

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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