Volver a pasear por las calles del centro histórico de Frankfurt nos trajo grandes recuerdos.

Frankfurt

Volver a pasear por las calles del centro histórico de Frankfurt nos trajo grandes recuerdos. La ciudad de Frankfurt tampoco era la primera vez que la visitábamos. La verdad es que hacía mucho tiempo que no veníamos por aquí y no recordábamos mucho. El vuelo fue muy plácido, durmiendo todo el rato, así que casi ni nos enteramos. Al llegar solo tuvimos la opción de pagar los 14 euros que pide la única compañía de autobuses que opera entre el aeropuerto de Hanh y la ciudad y el aeropuerto de Frankfurt. Es un trayecto de casi 2 horas por verdes paisajes.

La estación de trenes está cerca del distrito financiero de Frankfurt. Nos plantamos en la estación central de trenes a eso de las 12 de la mañana. El día había salido nublado y del calor de Roma pasamos a los 15 grados con que nos acogió Frankfurt. Íbamos con ropa de verano y el susto fue tremendo. Afortunadamente durante la mañana la temperatura fue subiendo un poco. Entendemos ahora la manía de los alemanes por conquistar los países del sur.

Aunque preguntamos a la “simpática” recepcionista de la tourist info qué ver y hacer, la escasa información y el haber visitado ya anteriormente la ciudad nos hace decantarnos por salir a callejear. Recorremos pausadamente el centro histórico, que no es muy grande, refugiándonos de los chaparrones ocasionales bajo las marquesinas de los centros comerciales. Poco a poco vamos recordando nuestro primer viaje a Frankfurt: el hostel dónde estuvimos, el río, algunos edificios…

En mitad de julio en Alemania el tiempo era tan chungo como en Alicante en mitad de diciembre.A eso de las 6 de la tarde emprendemos el camino de vuelta a la estación. Por el camino compramos algunas cosas para merendar por temor al posible desfase horario y las hambres raras que te dan con el jet-lag. Llegando a la estación comentamos lo que ambos habíamos apreciado respecto a nuestra primera visita tanto a Frankfurt como a Roma: la cantidad de gente que se ha visto abocada a la mendicidad o a vivir en la calle. Es sorprendente el cambio.

Para ir al aeropuerto internacional de Frankfurt simplemente hay que tomar un tren desde la propia estación central. No es barato, pues cuesta 4 € para solo 3 paradas, pero es el único medio que conocemos (ya que el bus no pasaba a esas horas). En un momento nos plantamos en la terminal y conseguimos los tickets de vuelo. No facturamos nada, solo equipaje de mano, lo cual sorprende mucho al chico del personal de tierra, máxime cuando varias familias de origen árabe facturan hasta 20 maletas para 2 adultos, 4 niños y una niñera. De este tema tengo que hablar otro día, porque es alucinante (¿o indignante?) como vive esta gente.

Al otro lado del río está esta típica iglesia. Al lado, el hostel en el que estuvimos en nuestra anterior visita.Después de unas horas de espera, tomamos nuestro avión de la compañía Etihad. Pero lejos de dar por terminado nuestro día, lo que empieza es un largo día que pasamos a bordo de dos aviones magníficos, casi impresionantes diría yo. Desde luego, entiendo porque esta compañía ha sido elegida 3 veces consecutivas la mejor del mundo.

Gastos

Bus al centro de Frankfurt: 2×14 €
Almuerzo-comida: 7 €
Merienda-cena: 4’67 €
Tren al aeropuerto de Frankfurt: 8’20 €

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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