Crónica: Argentina (VI)

20/03 – Conexión Chilena

Por la mañana nos levantamos realmente pronto ya que vamos a cruzar la frontera para tomar el ferry de Puerto Natales a Puerto Montt. Pagamos el hostel (140$) y salimos hacia la estación. Compramos agua por el camino (2 botellas de litro $8) y paramos a llamar por telefono a casa (4’5$) y a comprar una “bombisha” (la cañita para el mate, 10$, que nos resulta mucho más cara aquí que en la capital). La afición por el mate parece que se despierta en Nuria después de que ayer nuestros amigos porteños nos invitaran a probar esta hierba.

El bus partió puntual de El Calafate y nosotros no tardamos mucho en caer dormidos. La gran mayoría de la gente que estaba en el autobús era gente joven, mochileros, que se dirigía a Puerto Natales para tomar el barco de Navimag o para acercarse a las Torres del Paine. El bus realizó una primera parada técnica en mitad de un desolado paisaje. Una pequeña caseta que hacía las veces de tienda de alimentación y una granja era lo único que se veía en muchos kilómetros a la redonda. Ante nuestros ojos se divisaba una vasta extensión de tierra totalmente llana y sin vegetación, sólo interrumpida por la cadena montañosa de los Andes. Soplaba un fuerte viento, frío, muy frío, que nos hizo huir rápidamente de aquél lugar para refugiarnos en el autobús. Compramos unas galletas (2$) para matar el hambre, que ya empezaba a despuntar y entablamos conversación con un chico vasco que llevaba 6 meses viajando por Argentina y que no pudo cumplir su objetivo de comprar una moto y recorrer los Andes con ella por problemas con el cambio de país (si eres extranjero no te dejan sacar un vehículo del país tan fácilmente, pensad que allí los precios son más bajos que en Europa o EUA).

El siguiente tramo hasta la frontera lo pasamos charlando con el chico vasco y su amiga francesa que entendía más bien poco de español. Luego, llegamos a la frontera y vino el surrealismo que últimamente nos acompaña en casi todos los viajes. Primero en la parte Argentina nos hacen bajar para sellar la salida del país. Nada un trámite lógico y normal. Luego, en la frontera Chilena, se sube al autobús un policía con un perro que olisquea a todos los pasajeros, mientras otro policía detrás de él graba con una videocámara las caras y los gestos de todo el mundo. Impresionante. Qué lástima que me sorprendieran tanto al entrar que no me dio tiempo a sacar la cámara y grabarlos a ellos… Pero si todo esto fuera poco, cuando terminan nos dicen que bajemos con todas nuestras bolsas de mano, que dentro de una sala se encargan de registrar una por una exhaustivamente. A nuestro colega vasco le montan un pollo increíble por llevar una manzana en dicha bolsa, le amenazan incluso con multarle por ello y finalmente le obligan a tirarla a la basura.

Ya de vuelta al bus, recorremos el último tramo hasta Puerto Natales, ya en el lado oeste de los andes. El paisaje es muy parecido, todo desolado, con grandes extensiones de terreno sin plantas ni árboles. El autobús nos deja en una calle cualquiera de Puerto Natales, donde empezamos a preguntar como ir hasta la oficina de Navimag. Ahí nos preguntamos varias cosas, pero la principal es ¿porqué la gente cuando no sabe como ir a un sitio te dirige a dónde le parece? Después de dar muchas vueltas terminamos encontrando el puerto y la oficina de Navimag. Pagamos con tarjeta 322000$ chilenos por los pasajes de los dos y calculamos que el cargo debería de ser de unos 506 €, pero finalmente resultó ser bastante inferior a los 500 € (gracias a la cotización a la baja del dólar).

Después de los trámites, salimos a visitar la ciudad de Puerto Natales. El primer paso fue encontrar una oficina de cambio, problema nada fácil. Los bancos ya habían cerrado y sólo encontramos a una mujer que en su propia casa se había montado un chiringuito para cambiar. Cambiamos 40 € por 25000$ chilenos. Como todavía no habíamos comido y ya eran las 15:00, lo prioritario era encontrar un lugar donde comer algo. Nos costó muchísimo encontrar algo, ya que todos los lugares eran muy caros comparados incluso con El Calafate y Ushuaia. Finalmente terminamos comiendo el plato del día, escaso y no demasiado bueno en un restaurante mal atendido de cuyo nombre me he olvidado (6500$).

Puerto Natales no tiene nada. Intentamos hacer la visita a las cuevas del Milodon, pero para que saliera a un precio razonable necesitábamos ser 4 para compartir el taxi. Y eso que tuvimos la suerte de encontrarnos con nuestros amigos catalanes por la calle, pero ellos ni habían ido ni querían ir a la cueva. Y tampoco teníamos muchas ganas de andar al mirador de la ciudad ni nos interesaba demasiado el puerto pesquero, así que simplemente fuimos de tiendas y visitamos el mercado de artesanía. Compramos un gorro-boina confeccionado con tejidos típicos de la zona (3000$) y un jersey (2000$), unos parches para la mochila (2200$). Luego, ya por la tarde, nos pasamos por el supermercado para comprar provisiones para el barco, por si allí era difícil conseguir ciertas cosas (7000$). En conclusión, que como ciudad Puerto Natales nos decepcionó bastante ya que todo está enfocado al turismo elitista que acude a las Torres del Paine.

El resto de la tarde (que se nos hizo más largo de lo que realmente fue) nos la pasamos en el puerto viendo el atardecer y cenando en el lugar más cercano al ferry que encontramos. Allí nos pasamos un buen rato a cubierto, esperando la salida del ferry que se retrasó bastante debido a que había venido con 2 horas de retraso. Tomamos una hamburguesa y una coca-cola cada uno y nos cobraron 5000$, para que os hagáis una idea de los precios de la ciudad.

El embarque se retrasó mucho y entre eso y la charla informativa que dieron ya arriba del barco, terminamos acostándonos más tarde de la 1 de la madrugada. Muy mala organización y muy mal servicio, pero de eso ya he hablado mucho.

Gastos del día:
10$ Bombilla
8$ 2 botellas de agua
4’5$ llamar por teléfono
140$ hostel
2$ paquete de galletas

322000$ chilenos entrada PN de los Glaciares (2 argentinos)
6500$ chilenos comida
7200$ chilenos ropa y complementos
7000$ chilenos supermercado
5000$ chilenos cena

Total: 164’5$ + 347700$ chilenos

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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