Crónica: Viaje a Senegal (XXIX)

24/4 Isla de Goree

Nos levantamos pronto esa mañana, ¡tenemos que aprovechar el día! Lo primero, nada más salir de la habitación es acudir a la recepción para pagar otra noche más. A pesar de todo, preferimos quedarnos en el cuchitril éste antes de tener que cargar con las mochilas y ponernos a buscar otro sitio. Curiosamente nos cobran 14000 CFA, menos que el día anterior.

De camino hacía la estación de autobuses compramos unas galletas en un supermercado para el almuerzo (275 CFA) y Núria se compra un trozo de coco para desayunar (100 CFA). Llegamos a la taquilla del barco y hacemos cola. Un par de senegaleses nos explican como funciona aquello, ellos van a Gore porque viven allí. También nos invitan a sus tiendas, nos dicen que nos pasemos cuando lleguemos. El funcionamiento es bien sencillo. Primero compras un ticket de ida y vuelta en una taquilla como las de los cines (2×5000 CFA) y luego esperas al barco en una sala dónde hay una tienda, unas máquinas de refrescos y unos cuantos bancos para sentarse. Cuando llega el barco y se abren las puertas, toda la gente se avalancha para conseguir los mejores asientos, por lo que es complicado encontrar sitio en horas punta. Nosotros tuvimos “suerte” y conseguimos un buen asiento en la parte de arriba del barco. En nuestro caso he de decir que el barco no se movió mucho y el trayecto duró poco, por lo que es muy difícil que nadie se maree. Al llegar a la isla bajas del barco y tienes que ir a una especie de kiosco dónde pagarás la “tasa turística” (2×500 CFA). Nosotros la pagamos porque consideramos que era un precio razonable y que podía hacer bien a la gente de las isla, pero si no la quieres pagar, es muy fácil escaquearse y luego nadie te va a pedir el comprobante en ningún momento.

La isla de Gore es bastante pequeña, se puede visitar en cuestión de un par de horas si vas a saco, pero si la comparas con Dakar es un remanso de paz y tranquilidad, por lo que es mejor disfrutarla poco a poco. Puedes ir a varios museos, callejear, bañarte en el mar, visitar el castillo, ir de tiendas… Nosotros dedicamos toda mañana a callejear y a subir al castillo, parándonos en algunas tiendas, especialmente en las de la gente que habíamos conocido en el barco. Eso sí, no compramos nada de nada, todo estaba más caro que en la Casamance.

A mediodía decidimos que lo mejor sería comer en un restaurante de la isla y volver a Dakar por la tarde. Buscamos uno cualquiera que no estuviera atestado de turistas y que tuviera vistas al mar. Encontramos uno cerca del puerto que tardó horrores en servirnos, pero que tenía una excelente relación calidad-precio (3400 CFA). En este punto del viaje, la paciencia era un sentido que se nos había desarrollado y sentados frente al precioso mar senegalés tampoco se estaba tan mal. Durante buena parte del tiempo que estuvimos esperando, un hombre mayor trató de vendernos insistentemente una maqueta de una Ndiaga de chapa y metal. Fue pesado hasta el punto de que en el resto del tiempo que estuvimos en Gore, si nos veía a lo lejos, venía a buscarnos para ver si conseguía vendernos algo.

La tarde la dedicamos a la casa-museo de los esclavos. Se trata del lugar dónde encarcelaban a los africanos justo antes de subirlos en el barco que los llevaría a América, Holanda y otros países esclavistas. La entrada es guiada en inglés y francés y cuesta 500 CFA. ¡La visita es imprescindible!

Después de la casa de los esclavos, decidimos callejear un poco y luego nos sentamos a esperar en la plaza principal al barco que nos devolvería a Dakar. La espera se hizo amena mientras bromeábamos con unos chicos que se dedicaban a limpiar y reparar calzado que se percataron de que mis botas tenían un pequeño problema. El barco nos dejó en Dakar sobre las 4 o las 5 de tarde.

Como teníamos un poco de hambre decidimos ir a una heladería recomendada por la Lonely llamada “La Gondole”. Todo nos pareció buenísimo y el precio (1300 CFA) era razonable (para un europeo, claro). Después del refrigerio nos sumergimos de lleno en el fantástico mundo de los mercados árabes. El de Dakar, es una inmensa sucesión de tiendas y puestos callejeros ocupando las aceras de un buen número de manzanas. Los vendedores no te agobian especialmente, pero la estrechez de las zonas de paso, junto a la acumulación de gente pueden llegar a estresarte. Descubrimos su especial forma de identificar a los clientes: si alguien te escucha hablar, avisa a sus compañeros de que nacionalidad eres para ajustar los precios si te acercas a sus puestos. A nosotros nos confundieron con italianos… Al final sólo compramos una camisa bordada para Núria (1500 CFA).

Se nos hizo de noche en el mercado y empezábamos a tener hambre. Fuimos a tiro fijo al Alibaba, ya que estaba cerca del mercado y del centro y cenamos muy bien el día anterior (este también, por 1900 CFA). Después de cenar, nos pasamos por las escaleras de nuestro amigo y le encontramos allí. Nos sentamos a charlar durante unas horas, comimos deliciosos huevos duros con sal y pimienta (5×75 CFA) y nos despedimos hasta el día siguiente. Por cierto, esa noche no hubo tanta actividad en nuestro “hotel”.

Gastos del día:
14000 CFA (Noche de hotel)
275 CFA (Galletas supermercado)
100 CFA (Coco)
10000 CFA (Barco a Goree)
1000 CFA (Tasa turística)
3400 CFA (Comida en la isla)
1000 CFA (Entradas casa de los esclavos)
1300 CFA (Heladería)
400 CFA (Botella de agua)
1500 CFA (Camisa)
1900 CFA (Cena “Alibaba”)
375 CFA (Huevos duros)

Total: 35250 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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