Crónica: Viaje a Senegal (III)

6/4 Llegada a Dakar (continuación)

Cambiar dinero en el aeropuerto fue una odisea. Cuando vuelves a entrar a la terminal del aeropuerto por la otra puerta te encuentras casi de frente con una especie de oficina bancaria custodiada también por un policía donde la gente hace cola para entrar de uno en uno y cierra la puerta a sus espaldas. Me dio la sensación de que se trataba de una especie de cajero automático, pero sin el automatismo. Preguntamos al policía si allí cambiaban dinero y nos dijo que no y nos señaló un pasillo solitario que se adentraba en el aeropuerto. Avanzamos hacía allí y, antes de que pudiéramos ver nada, unos chicos nos abordaron y nos dijeron que ellos podían cambiarnos dinero. No me dieron buena espina. Llevaban una calculadora y nos hacían las cuentas demasiado favorables. El CFA (se pronuncia “cefa”) es la moneda oficial en varios países del área que fueron colonia francesa. Su valor es fijo con respecto al euro: 655’984 CFAs. Según la Lonely te suelen cambiar a ese valor, pero te cobran un 2% de comisión (algo tienen que ganar). Pues estos chavales nos lo cambiaban sin comisión. Nosotros queríamos cambiar una gran cantidad de dinero (1000 euros) y eso requiere estar muy seguro de la persona que te lo cambia. Finalmente pudo más nuestra prudencia que nuestra codicia y les dijimos que queríamos cambiar sólo 10 euros (lo justo para coger un taxi y cambiar en Dakar). Nos dijeron que no, que eso era muy poco y que no nos lo cambiaban. Sospechoso. Además trataban de convencernos insistentemente de que ahora todas las oficinas de cambio en el aeropuerto estaban cerradas. Pasamos de ellos y de sus historias y nos adentramos en el pasillo oscuro y solitario que el policía nos había indicado. Al final del todo, una puertecita entre abierta daba paso a una pequeña habitación con unas pocas sillas desvencijadas a la izquierda y un mostrador a la derecha. Entramos en la sala y los chicos que nos habían seguido hasta la misma puerta se quedaron esperando por los alrededores. Pedimos cambiar dinero en el mostrador y un hombre que no daba la imagen de banquero a la que estamos acostumbrados nos señaló en dirección a una pequeña sala cerrada enfrente de la puerta en la que no habíamos reparado. Entramos en esa angosta sala y le dijimos a una señora que había al otro lado de un cristal que queríamos cambiar 1000 euros. Nos informó de que la comisión era del 2% (¡estupendo! ¡que tranquilidad!) mientras nos enseñaba en una calculadora lo que íbamos a conseguir con nuestros 1000 euros. Le dimos el dinero y empezó a darnos fardos de billetes, contando uno por uno cada billete. Cada fardo era de 100000 CFAs y cada vez que nos iba a dar uno tenía que dar un grito para que el hombre del otro mostrador se lo trajera. Contamos el dinero y le pedimos un justificante. El justificante y nada es lo mismo, un trozo de folio manuscrito sin firma ni cuño ni nombres. Así es Senegal.

Salimos de la oficina rápidamente, saludando a los chicos que ya estaban entretenidos tratando de cambiar dinero a algún otro despistado. Tampoco les hicimos mucho caso, pues llevábamos 642000 CFAs encima, recién sacados y ellos lo sabían. Con la comisión de cambio perdimos (13120 CFA). Volvimos a salir del aeropuerto y nos dejamos querer por los taxistas. Elegimos uno con buena pinta y le dijimos que cuanto nos quería cobrar por ir a Les Mamelles, donde estaba nuestro hotel. Creo recordar que empezó la puja por 10000 CFA y bajó rápidamente a 5000 CFA. Teníamos aprendido de la guía que se podía llegar a Dakar por 3000 y Les Mamelles están más cerca, así que seguimos apretando. Al final llegamos a un lugar a la derecha según sales de la terminal dónde se concentran los taxistas alrededor de un jefecillo que lo organiza todo (un tele-taxi con una libreta). Le dijimos que queríamos pagar 2000 CFA como máximo y tras unos minutos de negociación nos pidió que esperáramos. Y esperamos. Cuando ya nos desesperábamos (la mentalidad europea no se cambia tan rápidamente) y tras insistirle varias veces, apareció el viejo Peugeot 504 negro que nos llevaría al hotel. Confirmamos con el conductor el precio del viaje, cargamos las mochilas en el maletero y nos embarcamos.

Dejamos el aeropuerto por una carretera relativamente buena, pasando por típicos barrios de las afueras de cualquier gran ciudad africana. Al llegar a les Mamelles, el conductor giró a la izquierda y se metió por una calle de tierra, sin luz y sin más gente que algunos ancianos sentados “a la fresca” en los portales de las casas. Nuria y yo nos miramos. El taxista no sabía exactamente dónde estaba el hotel, así que deambuló hasta que llegó al final de la calle y preguntó a uno de los ancianos que esperaban sentados en medio de la oscuridad. Nos habíamos pasado por unos 50 metros, ¿quien hubiera imaginado que eso fuera un hotel? Sin luces es difícil ver el cartel que indica claramente “Hotel les Mamelles”. Pagamos al taxista (2000 CFA) y entramos al hotel.

El hotel no era un 5 estrellas (ni nosotros habíamos pagado para que lo fuera), pero estaba realmente bien. El recepcionista nos atendió rápidamente (a lo europeo), nos dió la llave de nuestra habitación y nos cobró por adelantado la estancia (18000 CFA, aunque ya habíamos pagado 2000 CFA en concepto de reserva). La habitación no tenía baño, lo compartía con las demás habitaciones de la planta (el baño es de los que cuando alguien entra y cierra nadie más puede utilizarlo). Tenía una ventana a un patio interior y otra al pasillo. Todas con mosquiteras. También había una mosquitera para la cama. La cama era dura, pero la cogimos con muchas ganas. Se podría decir que el hotel en sí mismo era muy espartano, pero estaba muy limpio y cerca del aeropuerto. Me alegro de no haber reservado en Dakar, hubiera sido una locura entrar a saco en Dakar el primer día.

Gastos del día (sólo los repercutidos en CFA):
13120 CFA (comisión de cambio)
2000 CFA (taxi)
18000 CFA (hotel)

Total: 33120 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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