Medios de transporte en Cuba: camiones, Viazul, etc.

En Cuba te puedes mover de muchas maneras, desde las más cómodas, comparables a los estándares europeos, a las más incómodas, pero muy baratas. Empezaremos por las más caras y confortables. Sigue leyendo Medios de transporte en Cuba: camiones, Viazul, etc.

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El calor de Bangkok

Bangkok está repleto de templos, pagodas y otras construcciones sugerentes.Ciertamente no habíamos sufrido un especial calor hasta el día de hoy. Nos recibió una fina lluvia que refrescaba el ambiente y el día siguiente fue muy suave, pero el día de hoy ha sido bochornoso. Es difícil hacerse una idea del calor del que hablo sin haberlo vivido aquí o en otro país tropical, pero la cuestión es que te pasas todo el día sudando, incluso dentro de la ducha sudas. El hostel en el que estuvimos, por ejemplo, para dormir dejaba toda la noche el aire acondicionado encendido y dos ventiladores que agitaban el ambiente. Sinceramente hacía frío y por eso manipulamos un poco el sistema para que no bajara tanto de temperatura, a pesar de la poca gracia que les hacía a nuestros compañeros de habitación.

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Crónica: Viaje a Senegal (XXVII)

23/4 Surrealismo in crescendo

Sonó el despertador y empezamos a levantarnos. Al poco rato apareció Ser que muy amablemente nos dijo que ya era la hora de levantarnos y que en seguida nos traerían el desayuno. Así fue, su hermana Nuri vino con una bandeja con té y algunas pastas para empezar el día. Nosotros ya lo habíamos recogido todo y estábamos dispuestos para irnos, así que en cuanto terminamos nos despedimos de la familia y subimos al taxi.

Ser nos llevó al lago rosa, que no estaba muy lejos de su casa, aunque la carretera para llegar allí era un poco polvorienta. Paramos un par de veces para contemplar las extracciones de sal y el color rosado del agua. En una de esas ocasiones un par de vendedores pesados consiguieron colocarnos unos cuantos regalos (7 €, todo el dinero que llevábamos en moneda europea).

La última parada que hicimos en el lago fue en el lugar dónde me imagino que dejan bajar a los turistas que vienen en los autocares. Hay algunos restaurantes, un par de hoteles y un montón de tiendas de souvenirs. Allí nos encontramos de nuevo al francés con el que compartimos el camión en Bandia, que llegaba en taxi a visitar el lago.

Le pedimos a Ser que nos dejara en Rufisque dónde pudiéramos coger un bus para Dakar, ya que no queríamos molestarlo más. Me quedé con las ganas de visitar un santuario de tortugas que hay por esa zona, pero me pareció pedir demasiado. Le dimos 10000 CFAs como agradecimiento. Al principio no quería cogerlas, pero supongo que se dio cuenta de que le vendrían muy bien y que para nosotros no es mucho dinero. Nos dejó en la parada del autobús, nos dijo cuanto costaba y que número teníamos que coger. Nos quedamos esperando unos 10 minutos y cuando vino el bus, no se de dónde, apareció Ser y se despidió de nuevo de nosotros.

El autobús tardó una hora en llevarnos al centro de Dakar (400 CFA). Visto como se las gastan algunos taxistas de Dakar, decidimos ir andando hasta el hotel. Habíamos elegido el hotel más barato de la Lonely Planet para alojarnos en Dakar. Además daba la casualidad de que no estaba muy lejos del centro, así que podríamos salir tranquilamente por las noches. Sin embargo, cuando llegamos al hotel descubrimos que habían derribado el edificio entero. Desesperados, consultamos la LP y decidimos que nos arriesgaríamos a pasar una noche en un hotel muy céntrico (en la misma plaza de la independencia) con un precio relativamente económico para el estándar de la ciudad, pero que es utilizado como prostíbulo.

El “hostal provençal” no estaba lejos, apenas a 10 minutos andando. El sistema para entrar era realmente extraño, puesto que tenias que entrar en el bar-recepción de lo que era el prostíbulo en sí mismo para pedir que te abrieran la puerta de la zona de las habitaciones. Un chico tipo “segurata” de discoteca era el encargado de ir a abrir. A veces te veían venir por la calle y ya directamente el “segurata” iba y te abría sin tener que pedirlo, lo que da una idea de lo controlado que tenían el asunto. Las habitaciones no estaban mal, tenían baño y una cama supletoria que nos vino muy bien para dejar los trastos que llevábamos. Decidimos quedarnos una noche para probar y al día siguiente decidir si nos quedábamos o no. Tuvimos que pagar por adelantado (14800 CFA).

Teníamos hambre, así que tras callejear un rato entorno a la plaza de la independencia buscando algo decente de comer, decidimos hacerle caso a la guía y fuimos al restaurante “Du Center” del que hablaba muy bien. A pesar de que la guía era del 2007, el restaurante tenía unos precios sensiblemente más caros de los publicados (7500 CFA) y la calidad no es que fuera algo extraordinario. Nos falló la Lonely.

Por la tarde, fuimos a visitar la zona de la avenida de la república, subiendo por las callejuelas cercanas al mercado y regresando por la zona de la playa. No nos sentimos en peligro en ningún momento, tal y como alguna gente describe. Hay algunas iglesias y mezquitas que se suelen visitar, pero tampoco era algo que nos interesara mucho. Sin embargo, el parque del centro cultural francés sí que nos gustó bastante. Sin mucha prisa, se puede decir que nos pateamos todo Dakar en una tarde.

(continua)

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Crónica: Viaje a Senegal (VIII)

10/4 Willis

Willis es el nombre del barco que va de Dakar a la Casamance. Además es nuestro objetivo del día. Teníamos los billetes comprados por adelantado para el barco que saldría esa tarde. Para no tener complicaciones pusimos el despertador extraordinariamente pronto. Tan pronto era que el propietario todavía no se había levantado y tuvimos que despertarle, llevándonos un buen susto, puesto que dormía en un cuartito pequeño tumbado en el suelo. Dejamos rápidamente el hotel y subimos al primer taxi que encontramos. Al taxista 500 CFA le pareció un buen precio y nos llevó a la estación a la primera, sin regatear siquiera.

Llegamos a la Gare Routiers, que seguía con el mismo caos con el que la habíamos dejado unos días atrás. Buscamos un rato entre los carteles de los 7-plas hasta encontrar uno que rezaba “Dakar”. Esta vez no volveríamos a cometer el error de montar en un Ndiaga-Ndiaye. Negociamos con el hombre de la libreta. Todavía no he entendido porqué no negocia directamente el conductor del 7-plas. El precio fijo del trayecto para nosotros más los dos bultos (uno grande y otro pequeño) nos salió por 9000 CFAs. Nos pareció bien, con tal de no sufrir como lo hicimos en el viaje de ida.

Cuando el 7-plas estuvo completo, el hombre de la libreta le dio la orden al conductor de que saliera. Nosotros estábamos impacientes, pues no sabíamos cuanto tardaría el trasto este en llegar a Dakar. Desde luego, si hubiéramos tardado tanto en volver como tardamos en ir, no hubiéramos podido llegar a tiempo para coger el barco. Nada más salir de la estación, tras girar una esquina, el conductor paró el coche y se bajó. Se acercó un chico joven, se saludaron, hablaron y se intercambiaron. El chico joven se sentó en el puesto de conducción y salió disparado. Sospechoso. No era un gran comienzo, pero ya estábamos curados de espanto.

Después de circular durante media hora en aquella reliquia de coche, un ruido extraño en la parte izquierda del vehículo hizo parar al conductor. Se bajaron unos cuantos hombres del coche y miraron con preocupación la rueda izquierda trasera. Al cabo de 5 minutos, sacaron un viejo gato del maletero y empezaron a subir el coche. Sólo entonces pensamos que era momento de bajar a ver que sucedía. Vimos que a la rueda sólo le quedaba un tornillo que la uniera al resto del coche y tenía la suficiente holgura como para que a cierta velocidad todo el conjunto bailara y emitiera un ruido preocupante. Miramos el resto de ruedas. La mejor acondicionada tenía tres de los cuatro tornillos y hubiera sido un riesgo quitarle uno para continuar el viaje. El conductor y otro hombre sacaron la rueda por completo, y trataron de enderezar el tornillo que bailaba. Pero se dieron cuenta de que era inútil. Así no podíamos continuar. ¿Y ahora qué? El conductor llamó por teléfono a alguien. No nos podíamos comunicar prácticamente nada con ellos, por lo que decidimos no hacer preguntas y simplemente esperar como el resto. Llamaba y llamaba, pero nadie le respondía. Así media hora más. Cuando finalmente consiguió contactar con su interlocutor, nos miró a todos y dijo algo en Wolof que no entendimos, pero que interpretamos como un “no os preocupéis que vienen a buscarnos”. Calculamos que si alguien salía de la estación de Saint Louis ahora, tardaría media hora más en llegar, así que nos relajamos y disfrutamos del pequeño bosque de baobabs y acacias dónde nos habíamos quedado tirados.

En efecto, al cabo de media hora apareció un 7-plas vacío, en el que en un momento cargamos nuestras mochilas y proseguimos ruta hacía Dakar. La mayor parte del camino la pasamos medio dormidos. Dormirte del todo es casi imposible. Apretujado entre otras dos personas, con hierros oxidados y afilados que se han descolgado de la carrocería, asfixiado de calor o abofeteado por el aire de la ventanilla, dando saltos en cada nuevo bache… dormir se hace realmente complicado y aún así Nuria lo consiguió.

Sin más contratiempos, llegamos a Dakar pasadas las 2 del mediodía. Hambrientos y cansados. En vez de seguir el camino que ya conocíamos para ir hasta la Terminal del ferry, seguimos por otro camino que suponíamos que iba paralelo y nos perdimos. Nos encontrábamos en mitad de un grandísimo mercado callejero. El más famoso de la ciudad. Estábamos abrumados, desorientados y cansados. Aunque la gente en este mercado no te agobia tanto como en los países del Magreb, especialmente en Egipto, llevar a la espalda la mochila por calles estrechas y abarrotadas, resulta verdaderamente estresante.

Teníamos que romper radicalmente con aquello, así que en cuanto vimos un restaurante un poco interesante, nos lanzamos dentro. Resultó ser una hamburguesería dónde servían unos bocadillos riquísimos. Los devoramos, sentados frente a un gran escaparate dónde de vez en cuando algún vendedor ambulante se paraba y nos mostraba la mercancía que llevaba. El restaurante parecía el típico bar americano de los años 60 que aparecen en películas como “Grease”. Amplio y limpio, un rasgo típico de la mayoría de locales en Senegal, aunque se pueda pensar lo contrario. Lo que más nos llamó la atención es que el restaurante estaba regentado por un hombre mayor, de unos 50 años, de raza blanca, sentado frente a la caja registradora, cuyo único trabajo era cobrar a los clientes. Los trabajadores eran todos de raza negra. Luego nos dimos cuenta de que en Dakar (no en el resto del país), los propietarios de los negocios eran blancos, nacidos en Francia, que en algún momento dado vinieron a Senegal y abrieron negocios, los cuales fueron creciendo hasta convertirse en lo que son ahora. Tampoco deben de estar forrados estos empresarios, ya que en total la comida nos costó 2900 CFAs.

Volvimos a salir a las calles atestadas de gente. Entre toda esa gente nos llamaron la atención los estudiantes mendigando. Son unos chicos que van vestidos con un traje tradicional muy llamativo y que llevan una hucha que al agitarla produce un estruendoso ruido metálico. Piden dinero por orden de su profesor de enseñanzas religiosas para cumplir con uno de los preceptos del Corán. Son bastante pesados, aunque inofensivos. Lo mejor para quitártelos de encima es decir que ya le has dado una moneda a su compañero.

Anduvimos perdidos por las calles de Dakar un buen rato, hasta que llegamos a una plaza muy grande que intuimos que podía ser la plaza de la Independencia. Preguntamos a un policía y nos confirmó que habíamos acabado en la plaza principal de la ciudad. Nos habíamos desviado bastante de nuestro camino, pero habíamos comprobado que Dakar no es muy grande. Seguimos las indicaciones del policía y bajamos por una calle que iba directamente al puerto, pasando por delante del ayuntamiento. Justo antes de llegar al ayuntamiento, hay un centro comercial (el más grande que hemos visto en todo Senegal), en el que compramos algo de comida y agua para el viaje (2800 CFA). El puerto está a 5 minutos de allí.

(continua)

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Crónica: Viaje a Senegal (III)

6/4 Llegada a Dakar (continuación)

Cambiar dinero en el aeropuerto fue una odisea. Cuando vuelves a entrar a la terminal del aeropuerto por la otra puerta te encuentras casi de frente con una especie de oficina bancaria custodiada también por un policía donde la gente hace cola para entrar de uno en uno y cierra la puerta a sus espaldas. Me dio la sensación de que se trataba de una especie de cajero automático, pero sin el automatismo. Preguntamos al policía si allí cambiaban dinero y nos dijo que no y nos señaló un pasillo solitario que se adentraba en el aeropuerto. Avanzamos hacía allí y, antes de que pudiéramos ver nada, unos chicos nos abordaron y nos dijeron que ellos podían cambiarnos dinero. No me dieron buena espina. Llevaban una calculadora y nos hacían las cuentas demasiado favorables. El CFA (se pronuncia “cefa”) es la moneda oficial en varios países del área que fueron colonia francesa. Su valor es fijo con respecto al euro: 655’984 CFAs. Según la Lonely te suelen cambiar a ese valor, pero te cobran un 2% de comisión (algo tienen que ganar). Pues estos chavales nos lo cambiaban sin comisión. Nosotros queríamos cambiar una gran cantidad de dinero (1000 euros) y eso requiere estar muy seguro de la persona que te lo cambia. Finalmente pudo más nuestra prudencia que nuestra codicia y les dijimos que queríamos cambiar sólo 10 euros (lo justo para coger un taxi y cambiar en Dakar). Nos dijeron que no, que eso era muy poco y que no nos lo cambiaban. Sospechoso. Además trataban de convencernos insistentemente de que ahora todas las oficinas de cambio en el aeropuerto estaban cerradas. Pasamos de ellos y de sus historias y nos adentramos en el pasillo oscuro y solitario que el policía nos había indicado. Al final del todo, una puertecita entre abierta daba paso a una pequeña habitación con unas pocas sillas desvencijadas a la izquierda y un mostrador a la derecha. Entramos en la sala y los chicos que nos habían seguido hasta la misma puerta se quedaron esperando por los alrededores. Pedimos cambiar dinero en el mostrador y un hombre que no daba la imagen de banquero a la que estamos acostumbrados nos señaló en dirección a una pequeña sala cerrada enfrente de la puerta en la que no habíamos reparado. Entramos en esa angosta sala y le dijimos a una señora que había al otro lado de un cristal que queríamos cambiar 1000 euros. Nos informó de que la comisión era del 2% (¡estupendo! ¡que tranquilidad!) mientras nos enseñaba en una calculadora lo que íbamos a conseguir con nuestros 1000 euros. Le dimos el dinero y empezó a darnos fardos de billetes, contando uno por uno cada billete. Cada fardo era de 100000 CFAs y cada vez que nos iba a dar uno tenía que dar un grito para que el hombre del otro mostrador se lo trajera. Contamos el dinero y le pedimos un justificante. El justificante y nada es lo mismo, un trozo de folio manuscrito sin firma ni cuño ni nombres. Así es Senegal.

Salimos de la oficina rápidamente, saludando a los chicos que ya estaban entretenidos tratando de cambiar dinero a algún otro despistado. Tampoco les hicimos mucho caso, pues llevábamos 642000 CFAs encima, recién sacados y ellos lo sabían. Con la comisión de cambio perdimos (13120 CFA). Volvimos a salir del aeropuerto y nos dejamos querer por los taxistas. Elegimos uno con buena pinta y le dijimos que cuanto nos quería cobrar por ir a Les Mamelles, donde estaba nuestro hotel. Creo recordar que empezó la puja por 10000 CFA y bajó rápidamente a 5000 CFA. Teníamos aprendido de la guía que se podía llegar a Dakar por 3000 y Les Mamelles están más cerca, así que seguimos apretando. Al final llegamos a un lugar a la derecha según sales de la terminal dónde se concentran los taxistas alrededor de un jefecillo que lo organiza todo (un tele-taxi con una libreta). Le dijimos que queríamos pagar 2000 CFA como máximo y tras unos minutos de negociación nos pidió que esperáramos. Y esperamos. Cuando ya nos desesperábamos (la mentalidad europea no se cambia tan rápidamente) y tras insistirle varias veces, apareció el viejo Peugeot 504 negro que nos llevaría al hotel. Confirmamos con el conductor el precio del viaje, cargamos las mochilas en el maletero y nos embarcamos.

Dejamos el aeropuerto por una carretera relativamente buena, pasando por típicos barrios de las afueras de cualquier gran ciudad africana. Al llegar a les Mamelles, el conductor giró a la izquierda y se metió por una calle de tierra, sin luz y sin más gente que algunos ancianos sentados “a la fresca” en los portales de las casas. Nuria y yo nos miramos. El taxista no sabía exactamente dónde estaba el hotel, así que deambuló hasta que llegó al final de la calle y preguntó a uno de los ancianos que esperaban sentados en medio de la oscuridad. Nos habíamos pasado por unos 50 metros, ¿quien hubiera imaginado que eso fuera un hotel? Sin luces es difícil ver el cartel que indica claramente “Hotel les Mamelles”. Pagamos al taxista (2000 CFA) y entramos al hotel.

El hotel no era un 5 estrellas (ni nosotros habíamos pagado para que lo fuera), pero estaba realmente bien. El recepcionista nos atendió rápidamente (a lo europeo), nos dió la llave de nuestra habitación y nos cobró por adelantado la estancia (18000 CFA, aunque ya habíamos pagado 2000 CFA en concepto de reserva). La habitación no tenía baño, lo compartía con las demás habitaciones de la planta (el baño es de los que cuando alguien entra y cierra nadie más puede utilizarlo). Tenía una ventana a un patio interior y otra al pasillo. Todas con mosquiteras. También había una mosquitera para la cama. La cama era dura, pero la cogimos con muchas ganas. Se podría decir que el hotel en sí mismo era muy espartano, pero estaba muy limpio y cerca del aeropuerto. Me alegro de no haber reservado en Dakar, hubiera sido una locura entrar a saco en Dakar el primer día.

Gastos del día (sólo los repercutidos en CFA):
13120 CFA (comisión de cambio)
2000 CFA (taxi)
18000 CFA (hotel)

Total: 33120 CFA

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