Cronica: Sur de Alemania (II)

2/12 – Descubriendo Alemania

Después de la ducha y un buen desayuno (con la comida que nos habíamos traído), salimos a la calle bastante pronto. Nos encontramos con las calles mojadas, quizá llovió un poco por la noche o quizá se trate simplemente del rocío. Lo bueno es que no hacía tanto frío como nos esperábamos y, como íbamos bastante bien abrigados, nos sentimos bastante bien.

Nos dirigimos al castillo, que estaba arriba de la ciudad. Podíamos haber subido en funicular, pero acabamos subiendo por las escaleras (en principio, sin darnos cuenta). Las escaleras son interminables, hay unos 300 escalones numerados. Entramos al castillo con el carnet de estudiante a mitad de precio (2*1’50€). Visitamos el castillo, la bodega y la farmacia sin pagar nada extra (cuando todas las guías decían que se pagaba aparte). La visita del castillo y las vistas desde las terrazas son muy recomendables.

Bajamos por las escaleras y visitamos los puestos del mercadito de la navidad. En ese momento, todavía nos sorprendía un poco el mercadillo de la navidad. Comimos en el mercadillo picando de aquí y de allá (hot-dogs, un bocata de NordSea, etc. 10€). Visitamos las iglesias y los edificios representativos de la ciudad y compramos un montón de cosas en un “todo a 1 euro” que era mucho más barato que en Alicante (nos gastamos unos 20€).

Compramos una tarjeta de teléfono (5€) que se consumía a un ritmo increíble (no vale la pena). Llamamos al Youth Hostel de Baden-Baden para ver si había sitio y reservar (no era necesario, ya que el albergue estaba casi vacío). Queríamos patinar, pero costaba 5€ por persona y la pista era pequeña. Después de descansar un rato en el hostel, salimos a cenar, pero sólo Ivan cenó (un kebap y una coca-cola 4’65€). Volvimos pronto a dormir.

3/12 – Relax

Nos levantamos relativamente tarde. Desayunamos y vamos a por el coche que estaba aparcado bastante lejos (un par de kilómetros, fuera del centro histórico). Cargamos las maletas en el coche, dejamos las llaves en el buzón (el encargado del hostel no estaba) y nos marchamos hacia Baden-Baden. El viaje lo realizamos sin incidentes, la carretera estaba bien indicada (excepto la salida de Heidelberg a la autopista, los alemanes tienen la fea costumbre de no hacer circunvalaciones ni indicar como llegar a todas las autopistas que pasan cerca de la ciudad).

Paramos en la tourist-info a la entrada del pueblo donde nos dan un mapa y nos indican como llegar a nuestro albergue. No podemos hacer el check-in en el hostel, porque no hay nadie, así que dejamos las cosas en el guarda-maletas y nos vamos. El albergue está en una colina desde dónde se domina toda la ciudad. Es el típico albergue de la red Youth Hostel: un comedor muy grande, habitaciones y baños separados por sexos… No se que tienen los albergues YHI, pero se nota.

Decidimos coger el coche para ir al centro. Casi nos volvemos locos para aparcar. Es tan difícil que tenemos que volver al albergue para aparcar. Dejamos el coche y nos vamos andando. No está tan lejos el centro, unos 15 minutos andando.

Visitamos el centro. No había demasiado que ver, pero estaba animado. Comimos en un McDonnals (8€) y luego hemos visitado el mercado de la navidad. Nuria estaba que se dormía por los rincones. Así que aprovechando la coyuntura decidimos ir al famoso balneario de Friedrichsbad.

En Baden-Baden hay dos balnearios: el de Caracalla y el de Friedrichsbad. El de Friedrichsbad está construido sobre las ruinas de unas antiguas termas romanas, sólo por ver la construcción vale la pena entrar. El de Caracalla es una especie de Caldea, es decir, es más parecido a un parque acuático que a un balneario. En las termas de Friedrichsbad es obligatorio ir desnudo y durante una parte es mixto. En el de Caracalla todo lo contrario: es obligatorio ir con bañador excepto en la sauna. El de Friedrichsbad es un poco más caro y la visita dura 3 horas (si te pasas pagas 3 euros por cada media hora). En el de Caracalla te permiten estar 4 horas. En resumen, el de Caracalla es una turistada, así que si sólo puedes visitar uno de los dos balnearios, es mucho mejor ir al de Friedrichsbad.

Entramos al balneario algo antes de las 17:00. Pagamos la entrada (2*21€) y nos vamos cada uno a nuestro vestuario. Nos quitamos la ropa, dejamos la ropa en la taquilla y entramos. Primero una ducha, luego las saunas y más tarde salimos a las pozas de agua dónde nos volvemos a encontrar. Allí nos pasamos un buen rato y luego volvemos a separarnos para continuar el “tratamiento” con la zona de relax. Todo es muy sencillo, hay números en cada sala con una explicación de qué hay que hacer y cuanto tiempo se supone que hay que estar (luego tu estás el tiempo que quieres). Terminamos mucho después de las 20:00, tanto que debíamos pagar 2 medias horas extra, pero saltamos el control de accesos aprovechando que no hay nadie.

Salimos y fuera llovía. Nos da igual. Estamos flotando. No teníamos ganas de nada, pero teníamos que cenar. Así que nos fuimos al McDonnals y comemos algo (6€). Paseamos hasta el albergue. Llegamos y estaba cerrado. Llamamos durante un buen rato hasta que nos cansamos y llamamos por teléfono. Un chico coge el teléfono y dice “oh, sí, un momento”. Cuelga y aparece por la puerta pidiendo perdón (probablemente se había dormido). Nos registramos en el albergue (2*24€) y subimos a la habitación. Está en el piso de arriba del todo (un quinto). Es impresionante, la habitación es preciosa, las vistas increíbles. Pedid la habitación de arriba si vais. Por cierto, que tuvimos suerte y el chico de la recepción se enrolló y nos dejó estar a los dos en la misma habitación (teóricamente no era mixed).

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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