Cronica: Nueva York (V)

Miercoles 11/10 – El Bronx

Ya casi no nos quedaba nada que ver en Manhattan, así que decidimos que podiamos empezar a “salir fuera”. Lo primero es un buen desayuno. Descubrimos una maravilla de NYC que siempre habia estado ahí y que todavía no habiamos explotado: los puestos callejeros. Tienen unos donuts que están buenísimos, los mejores que he probado en mi vida. Y el “hot chocolate” tiene un sabor peculiar que engancha… Además el precio está genial (3$ por tres donuts y un chocolate caliente). Me gustó mucho descubrir esto.

Decidimos que debiamos ir al Bronx. Pero, ¿que hay en el Bronx? No vamos a ir allí sin más, ¿no? Pues ya que estabamos, decidimos ir al Zoo del Bronx, el mayor zoologico urbano de America. El viaje en metro es muy largo, pero como una vez fuera de la isla de Manhattan, el metro sale al exterior, el decadente espectáculo que se ve desde las ventanas del vagón te tiene entretenido. La parte sur del Bronx es la más peligrosa. Vimos calles tenebrosas, muchos mendigos, gente sobre las terrazas haciendo fuego, casas ruinosas… En fin, lo que te esperas.

Cuando al fin llegamos a nuestra estación, bajamos y encontramos mucha más animación que la vista desde el metro. Preguntamos a una mujer hacia dónde estaba el zoo, pero nuestra mala pronunciación hacía que no entendiera la palabra clave: “zoo”. Al final encontramos el camino, bastante solitario, por cierto. Entramos en el zoo gratis (los miercoles es gratis) y paseamos por una especie de “Port Aventura” de animales. Es muy grande y muy interesante si hay tiempo para ir. Vimos bufalos, todo tipo de pájaros, monos, tigres… Tambien subimos a un telesferico que recorre el zoo (de pago, 6$).

A medio día, sin haber visto todo el zoo (calculo que vimos más del 60%), decidimos salir de allí para comer, puesto que los precios no eran precisamente económicos. Volvemos hacia la estación, pero el panorama de pasarnos más de una hora metidos en el metro con el hambre que teniamos nos motivó a quedarnos a comer por la zona. Buscamos un local con precios razonables y buena pinta. Todos los locales tenían un precio razonable y buena pinta (relativamente), pero nos quedamos con uno que nos recordaba al típico local que aparece en las peliculas, con la camarera disfrazada, siempre con la cafetera en la mano rellenando tazas vacias, la música decadente que tantos les gusta a los americanos (una especie de mezcla entre pop y country) y, por supuesto, esas mesas y esos bancos pegados al suelo. Incluso una cucaracha americana nos visitó durante la comida. Fueron dos platos, pan, bebida y postre (que no tomamos por error) por 17$, un precio muy razonable.

Durante la comida vimos en las noticias (la tele estaba encendida pero sin sonido) que una avioneta se había estrellado en Manhattan. La gente en las imágenes estaba histérica, recordaban el 11-S. Al final resultó ser un jugador de baseball recien contratado por el equipo local.

Cuando salimos a la calle estaba lloviendo, poco, pero tuvimos que correr hasta la estación de metro. Nos montamos en el metro y en algo más de una hora aparecimos en Times Square. Llovía demasiado en ese momento como para salir a la calle, así que decidimos volver al hotel. Vimos nuestro tren que iba a salir, así que corrimos para cogerlo, pero con la mala suerte de que a Nuria le dió tiempo a subir, pero a Ivan no. Nuría pensó que lo mejor era bajarse en la siguiente estación y esperar a Ivan. Sin embargo, Ivan pensó que lo mejor era ir hasta el destino y esperar allí. Tardamos muchísimo tiempo en encontrarnos, corriendo de un sitio a otro bajo la llúvia. Finalmente nos encontramos en la puerta del hotel, Nuria ya duchada y Ivan empapado.

Conocimos a Sofia, una chica Chilena nacida en Argentina que estaba en nuestra misma habitación y que acababa de llegar de un viaje por Europa (un dia en paris, otro en amsterdam, dos en londres…). Descansamos un poco y salimos a cenar a un McDonnals cercano (7$).

Compartir es el mejor agradecimiento

Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

2 comentarios sobre “Cronica: Nueva York (V)”

  1. Pingback: Valencia

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *