Ilha Grande, paraíso senderista

La Ilha Grande es un paraíso tropical como se puede contemplar en esta vistas desde el sendero T14 que lleva desde la villa de Abraao hasta la playa de Dois Rios.
La Ilha Grande es un paraíso tropical como se puede contemplar en esta vistas desde el sendero T14 que lleva desde la villa de Abraao hasta la playa de Dois Rios.

Si tuviera que describir Ilha Grande en dos palabras, una sería “paraíso” y la otra “senderismo”. De ahí que para mi este sea el mayor paraíso senderista en el que he estado nunca. Es un paraíso en el sentido de que tiene un clima envidiable, relativamente poco turismo, unas playas impresionantes, unas gentes estupendas y una tranquilidad fuera de lugar. Y lo del senderismo, le viene de que un par de europeos se dedicaron a trazar y marcar una red de senderos a través de la isla que ahora la convierten en una isla ideal para ser visitada a pie. De hecho, no existen casi coches y los pocos que hay son oficiales.

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Las islas Phi Phi

El ritmo en las islas Phi Phi es diferente al del resto de Tailandia, noche y día puedes encontrar dónde comer o qué hacer.
El ritmo en las islas Phi Phi es diferente al del resto de Tailandia, noche y día puedes encontrar dónde comer o qué hacer.

Para llegar a las islas Phi Phi desde Ao Nang en temporada baja hay que comprar el billete en una de las múltiples agencia de viajes. Probablemente, en temporada baja no existirá un ferry desde Ao Nang por lo que el único ferry de la zona saldrá desde el puerto de Krabi. Comprando el billete en una agencia de viajes, una furgoneta vendrá a buscarte a tu hotel y te llevará a Krabi a tiempo para que cojas al ferry (todo incluido en el precio). Esta es una de esas cosas curiosas que sucede en Tailandia, que comprando el billete en una agencia de viajes que movilizará varios medios de transporte el precio final será más bajo que comprándolo directamente en las oficinas del puerto.

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Las 4 islas de Krabi (Tailandia)

Cualquiera de las 4 islas redefine el concepto de espectacularidad.
Cualquiera de las 4 islas redefine el concepto de espectacularidad.

Una de las excursiones que las agencias de viajes te ofrecen con insistencia desde Ao Nang es la de las 4 islas. Las 4 islas son cuatro islas que se encuentran justo enfrente de Ao Nang y que pueden verse a simple vista tanto desde el propio Ao Nang como desde Railay. Tres de las islas están habitadas o al menos habilitadas para poder pasar allí el día y la otra (Chicken Island) se conserva como un parque natural (aunque de hecho, todas pertenecen al parque natural de las Phi Phi).

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Lamu: La isla de los burros

Los burros son bastante fotogénicos.
Los burros son bastante fotogénicos.

Es cierto. Una de las características que más sorprenden de Lamu es la presencia casi continua de burros por todas partes. La población local los usa como medio de transporte y como ayuda para la carga de mercancías. Supongo que así era en todos los pueblos de la zona hasta que llegaron los vehículos a motor, pero solo aquí ha continuado esta tradición hasta nuestros días (creo que más por atracción turística que por la realidad keniata).

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Lamu

La playa de Lamu en su tramo urbano se convierte en puerto pesquero.
La playa de Lamu en su tramo urbano se convierte en puerto pesquero.

Lamu es una tranquilísima ciudad-isla con un curioso entramado de calles estrechas y una bonita línea costera. Ciertamente, Lamu tiene su encanto y quizá los que busquen paz y tranquilidad a toda costa puedan encontrarla alojándose en alguna de las caras mansiones de la isla. Salir a pescar, ‘dar una vuelta’ en dhow o pasear por la playa es lo que ofrece este lugar. Todo ello a un precio exagerado incluso a la hora de la comida en los lugares más cutres.

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El viaje a la isla de Lamu

La primera vista de la isla de Lamu
La primera vista de la isla de Lamu

Tras Mombasa nos fuimos directamente a Lamu, haciendo, eso sí, una pequeña escala técnica en Malindi. La carretera que va de Mombasa a Malindi es relativamente buena, sin muchos sobresaltos, pero la carretera de Malindi a Lamu es un verdadero suplicio. Si, además, a la mala carretera, le sumas ir en la parte de atrás de un autobús sin suspensiones, estás jodido. No se lo recomendaría ni a mi peor enemigo.

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Crónica: Viaje a Senegal (XXIX)

24/4 Isla de Goree

Nos levantamos pronto esa mañana, ¡tenemos que aprovechar el día! Lo primero, nada más salir de la habitación es acudir a la recepción para pagar otra noche más. A pesar de todo, preferimos quedarnos en el cuchitril éste antes de tener que cargar con las mochilas y ponernos a buscar otro sitio. Curiosamente nos cobran 14000 CFA, menos que el día anterior.

De camino hacía la estación de autobuses compramos unas galletas en un supermercado para el almuerzo (275 CFA) y Núria se compra un trozo de coco para desayunar (100 CFA). Llegamos a la taquilla del barco y hacemos cola. Un par de senegaleses nos explican como funciona aquello, ellos van a Gore porque viven allí. También nos invitan a sus tiendas, nos dicen que nos pasemos cuando lleguemos. El funcionamiento es bien sencillo. Primero compras un ticket de ida y vuelta en una taquilla como las de los cines (2×5000 CFA) y luego esperas al barco en una sala dónde hay una tienda, unas máquinas de refrescos y unos cuantos bancos para sentarse. Cuando llega el barco y se abren las puertas, toda la gente se avalancha para conseguir los mejores asientos, por lo que es complicado encontrar sitio en horas punta. Nosotros tuvimos “suerte” y conseguimos un buen asiento en la parte de arriba del barco. En nuestro caso he de decir que el barco no se movió mucho y el trayecto duró poco, por lo que es muy difícil que nadie se maree. Al llegar a la isla bajas del barco y tienes que ir a una especie de kiosco dónde pagarás la “tasa turística” (2×500 CFA). Nosotros la pagamos porque consideramos que era un precio razonable y que podía hacer bien a la gente de las isla, pero si no la quieres pagar, es muy fácil escaquearse y luego nadie te va a pedir el comprobante en ningún momento.

La isla de Gore es bastante pequeña, se puede visitar en cuestión de un par de horas si vas a saco, pero si la comparas con Dakar es un remanso de paz y tranquilidad, por lo que es mejor disfrutarla poco a poco. Puedes ir a varios museos, callejear, bañarte en el mar, visitar el castillo, ir de tiendas… Nosotros dedicamos toda mañana a callejear y a subir al castillo, parándonos en algunas tiendas, especialmente en las de la gente que habíamos conocido en el barco. Eso sí, no compramos nada de nada, todo estaba más caro que en la Casamance.

A mediodía decidimos que lo mejor sería comer en un restaurante de la isla y volver a Dakar por la tarde. Buscamos uno cualquiera que no estuviera atestado de turistas y que tuviera vistas al mar. Encontramos uno cerca del puerto que tardó horrores en servirnos, pero que tenía una excelente relación calidad-precio (3400 CFA). En este punto del viaje, la paciencia era un sentido que se nos había desarrollado y sentados frente al precioso mar senegalés tampoco se estaba tan mal. Durante buena parte del tiempo que estuvimos esperando, un hombre mayor trató de vendernos insistentemente una maqueta de una Ndiaga de chapa y metal. Fue pesado hasta el punto de que en el resto del tiempo que estuvimos en Gore, si nos veía a lo lejos, venía a buscarnos para ver si conseguía vendernos algo.

La tarde la dedicamos a la casa-museo de los esclavos. Se trata del lugar dónde encarcelaban a los africanos justo antes de subirlos en el barco que los llevaría a América, Holanda y otros países esclavistas. La entrada es guiada en inglés y francés y cuesta 500 CFA. ¡La visita es imprescindible!

Después de la casa de los esclavos, decidimos callejear un poco y luego nos sentamos a esperar en la plaza principal al barco que nos devolvería a Dakar. La espera se hizo amena mientras bromeábamos con unos chicos que se dedicaban a limpiar y reparar calzado que se percataron de que mis botas tenían un pequeño problema. El barco nos dejó en Dakar sobre las 4 o las 5 de tarde.

Como teníamos un poco de hambre decidimos ir a una heladería recomendada por la Lonely llamada “La Gondole”. Todo nos pareció buenísimo y el precio (1300 CFA) era razonable (para un europeo, claro). Después del refrigerio nos sumergimos de lleno en el fantástico mundo de los mercados árabes. El de Dakar, es una inmensa sucesión de tiendas y puestos callejeros ocupando las aceras de un buen número de manzanas. Los vendedores no te agobian especialmente, pero la estrechez de las zonas de paso, junto a la acumulación de gente pueden llegar a estresarte. Descubrimos su especial forma de identificar a los clientes: si alguien te escucha hablar, avisa a sus compañeros de que nacionalidad eres para ajustar los precios si te acercas a sus puestos. A nosotros nos confundieron con italianos… Al final sólo compramos una camisa bordada para Núria (1500 CFA).

Se nos hizo de noche en el mercado y empezábamos a tener hambre. Fuimos a tiro fijo al Alibaba, ya que estaba cerca del mercado y del centro y cenamos muy bien el día anterior (este también, por 1900 CFA). Después de cenar, nos pasamos por las escaleras de nuestro amigo y le encontramos allí. Nos sentamos a charlar durante unas horas, comimos deliciosos huevos duros con sal y pimienta (5×75 CFA) y nos despedimos hasta el día siguiente. Por cierto, esa noche no hubo tanta actividad en nuestro “hotel”.

Gastos del día:
14000 CFA (Noche de hotel)
275 CFA (Galletas supermercado)
100 CFA (Coco)
10000 CFA (Barco a Goree)
1000 CFA (Tasa turística)
3400 CFA (Comida en la isla)
1000 CFA (Entradas casa de los esclavos)
1300 CFA (Heladería)
400 CFA (Botella de agua)
1500 CFA (Camisa)
1900 CFA (Cena “Alibaba”)
375 CFA (Huevos duros)

Total: 35250 CFA

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Crónica: Viaje a Senegal (XIV)

13/4 Isla de Carabane (continuación)

Los pocos extranjeros que estaban en el embarcadero empezaron a moverse. El barco había llegado. Se trataba de una pequeña embarcación de madera, impulsada por un motor en su parte trasera y con capacidad para unas 20 personas. Por supuesto, subieron a bordo más de 30 personas y, por si quedaba algo de espacio libre, cargaron con decenas de cajas de Coca-Cola y Fanta para abastecer los bares de la isla. Eso sí, todos teníamos nuestro chaleco salvavidas (el trayecto costó para los dos con las maletas 3000 CFA) .

La vista del pueblo de Elinkine desde el barco al partir era preciosa, con el gran árbol cobijando a todos sus habitantes congregados en el mercado. Luego, el barco se puso en marcha y empezamos a sentir cómo debe ser cruzar el estrecho en patera. Es justo este tipo de embarcación la que se usa para tratar de llegar a Europa, con el mismo motor, con la misma sobrecarga de pasajeros, pero en un viaje mucho más largo y peligroso por realizarse en mar abierto.

Al cabo de pocos minutos, el barco se detuvo en un meandro del río. Allí había un pequeño embarcadero con otra embarcación atracada y un puesto de control de la policía. Nos pidieron los pasaportes a todos y desaparecieron con ellos durante unos minutos. Parece ser que es un procedimiento rutinario. Nos devolvieron los pasaportes ya con el barco en marcha. Este fue el primer control al que fuimos sometidos en la Casamance, dónde por lo visto se produjeron violentas revueltas étnicas hace unos años que todavía no han sido controladas. Más adelante, hablamos con un Catalán residente en Senegal que nos confirmó que a pesar de que el gobierno silencia los atentados, siguen produciéndose, aunque hace años que no afectan a los extranjeros.

A los amantes de los viajes de aventura les gustará el trayecto en barco hasta isla Carabane, al resto, bueno, que piensen que sólo es media horita. Durante el trayecto, a pesar del poco oleaje, nos dio tiempo a mojarnos un poco a todos(sobretodo a los que iban en la parte trasera) y sobretodo a sentir esa sensación de peligro. Afortunadamente no hacía frío y el trayecto es bastante corto, al contrario de lo que suele suceder cuando los inmigrantes cruzan el estrecho. Una vez atracamos en Isla Carabane, tuvimos que saltar literalmente hasta la orilla, pues el barco no puede acercarse lo suficiente como para bajar sin mojarte los pies.

No teníamos ningún lugar reservado para dormir, por lo que tendríamos que darnos prisa ya que según la Lonely hay pocas plazas en Carabane (aunque no caímos en la cuenta de que estábamos en temporada baja). Por otra parte, el hambre también nos presionaba, así que nos pusimos rápidamente manos a la obra. Preguntamos a un hombre que estaba por allí por el campament Barracuda, recomendado por la guía. El hombre sonrío y dijo: “ahí mismo”. Resulta que el barco nos dejó justo enfrente del hotel.

Entramos a preguntar en el “Barracuda” con nuestro pobre o inexistente francés. El jefe de aquello, siempre sonriente nos mostró la carta de precios y nos sugirió que conociéramos a un chico joven que hablaba perfectamente castellano. Según dijo él había aprendido el idioma de estar allí y hablar con la gente. ¡Increíble! Aunque era bastante tarde (sobre las 4), nos dijo que no había problema para comer ahora, así que quedamos con él que nos alojaríamos con pensión completa, que es lo más recomendable para obligarte a probar los platos típicos senegaleses (a parte de que en Carabane, no hay muchos sitios para elegir dónde comer).

El jefe nos acompañó a nuestra habitación a dejar las cosas y lavarnos mientras preparaban la comida. Por el camino iba explicándonos lo que había en el campament, las habitaciones, el baño, el comedor, “le crocodile”.. ¿¡Cómo!? Y en efecto, tenía como mascota un pequeño cocodrilo en un lavabo.

Bajamos pronto a comer, ¡estábamos hambrientos! Pensábamos que quizás deberíamos haber aceptado la invitación a comer en Elinkine. Pero todo pasó pronto en cuanto empezaron a traer platos. No sabría decir qué comimos, casi todo eran platos con predominio de las verduras, pero que no se cómo los habían cocinado que no sabían igual. De postre un fruta. Comimos dentro, en un comedor oscuro y lleno de aparejos de pesca. Al parecer este campament es famoso por ser uno de los mejores puntos de partida para ir a pescar. Conocimos a un matrimonio francés que habían venido aquí especialmente para ir de pesca.

Después de comer, aunque ya era bastante tarde, pero pensando que teníamos poco tiempo, en vez de hacer el vago (que es lo que más nos apetecía), salimos a ver la isla. No hay mucho que ver. Es un lugar para disfrutarlo simplemente. La belleza salvaje de la isla supera en mucho a la de Cap Skirring, por no hablar de Dakar o Saint Louis. Paseamos por la costa desde los campaments hasta el extremo de la isla dónde empiezan los manglares y luego regresamos por el interior, visitando el cementerio cristiano y la plaza del pueblo, sin perdernos el video-club (que es el lugar dónde la gente se reúne a ver películas, nadie tiene una tele en casa, porque aquí apenas conocen la electricidad).

Mientras paseábamos cerca de la playa descubrimos otra forma barata (más barata) de viajar: la tienda de campaña. Una pareja de franceses habían montado una tienda y estaban preparando el hornillo para preparar la cena que seguramente habían comprado en el mercado ese mismo día. Ciertamente ahorras bastante, aunque pierdes bastante en comodidad.

Anocheció mientras paseábamos, por lo que decidimos ser prudentes y regresar al campament a cenar. Acertamos, todo el mundo estaba ya sentado comiendo. La escasez de potencia eléctrica crea un ambiente muy romántico a la hora de cenar. La cena fue del mismo estilo que la comida. No está nada mal, aunque pasar muchos días comiendo ese tipo de guisos supongo que llegará a cansar. Después de la cena nos abrigamos y salimos en mitad de la oscuridad a pasear por la orilla de la playa. Nos sentamos en unas hamacas y casi nos quedamos dormidos contemplando el cielo repleto de estrellas. Aquí no hay lugar para la contaminación lumínica, pues salvo algunas personas que pasaban por la playa con una linterna y algún que otro farolito de un barco faenando cerca, no había ninguna otra interferencia.

Gastos del día:
20000 CFA (2 noches en campament Cap Skirring)
500 CFA (agua)
1200 CFA (minibús a Osuye)
1100 CFA (Ndiaga a Elinkine)
600 CFA (taxi)
350 CFA (botella de coca-cola de 0.5 L)
3000 CFA (piragua a la isla)

Total: 26750 CFA

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Tabarca

La isla de Tabarca se sitúa a 20 Km de Alicante y a 8 Km de Santa Pola. Es una de las típicas excursiones que suele realizar la gente que visita Alicante o Benidorm por unos días. Además es un buen punto para hacer submarinismo debido a que tiene un litoral protegido y está relativamente cerca de la costa Alicantina. La isla está habitada, de hecho es la única habitada en todo el País Valenciano.

El viernes pasado realizamos una excursión a la isla en la que además se incluía un paseo en kayak y un rato de submarinismo (sin bombonas). La excursión con todo esto, la comida y una copa antes de regresar costó aproximadamente 90 euros por persona (tranquilos, no me he vuelto loco, pagaba la empresa).

El billete de I/V desde Alicante cuesta 14 euros y lo normal es ir por la mañana y volver por la tarde (consultar horarios, el último suele ser a las 20:00 pero lo cambian si ven que hay poca gente). El barco se toma desde el puerto; caminando paralelo a la explanada pero al lado del puerto se encuentra la venta de tickets (la empresa se llama Kon Tiki). Por cierto, el día que fuimos nosotros el mar estaba un poco picado y fue realmente divertido, el barco se movía a un lado y a otro, parecía que iba a volcar.

Comer allí no es excesivamente caro, aunque hay pocas opciones. Se puede comer por 10 euros, aunque sin ningún tipo de lujos. El plato típico es el Caldero. Desconozco como son los pocos alojamientos que hay en la isla, pero supongo que deben tener un estándar alto de calidad. Hay bastantes tiendas de souvenirs en la zona.

En la isla hay poco que ver, tiene unas cuantas casas, algunas ruinas y unas cuantas playas. Teóricamente todas las playas son nudistas excepto la principal, pero en la práctica la cosa cambia. Lo “bueno” de las playas de Tabarca (aparte de que no están tan congestionadas como las de Alicante) es que siempre tienen al menos un lado en calma. Por otra parte, como ya se ha dicho, sus calas son buenas para practicar el buceo (incluso hay alguna que otra cueva submarina).

La opción más interesante para visitar la isla es alquilar un kayak en Santa Pola bien pronto por la mañana antes de que el sol sea muy fuerte y palear hasta la isla, disfrutar de sus playas, pasear por sus casas y regresar al atardecer. Desconozco cuanto puede costar, pero no debería pasar de los 40 euros. ¡No os olvidéis las gafas de buceo!

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