Guía de los templos de Bagan (con puntos GPS)

Después de visitar el lago Inle llegamos a los templos de Bagan con un poco de miedo a que nos decepcionaran. ¡No fue así en absoluto! Los templos de Bagan son uno de los lugares más maravillosos que hemos visitado en nuestros años viajando por el mundo. ¡Y además entramos gratis!

Hemos creado para ti una pequeña guía de los templos de Bagan con los lugares más importantes, los imperdibles y los que pueden ser tranquilamente ignorados.

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Timadores

Dentro de los países africanos que hemos tenido la suerte de visitar, Kenia es, sin duda, uno de los que tienen una mayor proporción de timadores, como yo les llamo. Ser “timador” no es ser ladrón o ser mala persona, simplemente es estar siempre tratando de sacarte algún euro extra. En Uganda también hay cierto número de timadores, pero no es tan exagerado como en Kenia. Sin embargo, Kenia y Uganda no son para nada países peligrosos, Senegal, por ejemplo, me pareció mucho más conflictiva (y aún así no hay para tanto).

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Egipto: Conclusiones

Si algo tengo claro casi 4 años después de hacer este viaje es que ir a Egipto vale la pena sea como sea. También tengo claro que no repetiría con una agencia de viajes, ni con ningún guía ni nada similar, ya que los peores momentos del viaje fueron provocados por uno de estos parásitos. Y no es que particularmente Amed fuera más sucio y rastrero que cualquier otro guía, es que todos ellos viven del “turista” y de ellos tratan de aprovecharse todo lo que pueden sin importarles que para ello tengan que engañar, manipular o directamente robar. Eso me ha quedado ya muy clarito después de viajes como el de Turquía o Túnez… Siempre existirá un guía honrado, pero me extrañaría que trabajara para un tour-operador europeo…

Pedir 20 € para “propinas” durante el crucero es un verdadero robo a mano armada. En nuestro crucero viajaban al menos 50 personas, lo cual son 1000 euros y entre cocineros, maquinistas y recepción no había más de 10 personas trabajando. Lo cual son 100 euros por persona, repartidos en 4 días, son 25 euros al día. El salario medio de un funcionario es de 35 euros al mes, ¿alguien se cree que sólo en propinas vayan a ganar al día esa burrada? Si así fuera, tendrían buena ropa, un buen coche, una buena casa. Hablad con ellos cuando vayáis y que os cuenten como es su coche (inexistente) o como es su casa. Sin embargo, veréis que vuestro guía lleva un rolex de oro, buena ropa, va a los mejores restaurantes y presume de haber ido muchas veces a Europa. Mi recomendación es que no les dejéis que os roben. Decid que vosotros le daréis las propinas a quien las merezca y luego sed generosos con camareros, recepcionistas y maquinistas, con todos excepto con el guía, que él ya tiene demasiado dinero.

Por lo demás, no hay mucho que decir, el viaje a Egipto es encantador y muy extenso, demasiado para poder abarcarlo en una única semana. Yo recomendaría ir mínimo 15 días para poder saborearlo a un buen ritmo si se quiere hacer sólo la zona del Nilo y El Cairo. Si se quiere ir hacía la zona del mar rojo, se tendría que prever 15 días más.

En cuanto a qué cosas llevar, nosotros fuimos preparados con un pequeño botiquín y con varios envases de protector solar que luego no nos hicieron falta. El clima en pleno agosto es muy duro, pero en el interior, debido a la falta de humedad es totalmente soportable. La única precaución a tener en cuenta es evitar las horas de mayor calor. Unas buenas gafas de sol son importantes y llevar ropa ligera de manga larga. Dicen que no hay que tomar nunca cubitos de hielo, verdura fresca ni bebidas preparadas con agua no embotellada. Nosotros no tomamos ninguna precaución a este respecto y no pasó nada, pero puede llegar a ocurrir que pierdas un día sentado en la taza de un WC (o peor, que no puedas perderlo y no tengas el WC a mano en todo momento). En esos casos, hay que tener siempre Fortasec en el botiquín.

¿Volveríamos? Volveremos. Pero por libre y con más tiempo. Lo malo es que todavía nos quedan tantas cosas por ver en el mundo…

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Egipto: El Cairo (dia 6)

Hoy sería el último día guiados. Nos levantaron pronto para pasearnos por toda la ciudad recogiendo gente. Y es que en las excursiones guiadas también hay clases y los que pagamos menos (la categoría más baja) somos los peor tratados, a los que antes recogen y a los últimos que dejan los autobuses. Lo bueno es que después de la visita a las pirámides, perderíamos a Amed de vista para siempre.

El desayuno en el hotel fue magnifico, cogimos comida para almorzar luego si teníamos más hambre. El trayecto en bus agobiante. Y, por fin, la esperada visita a las pirámides fue… decepcionante. Sí, las pirámides son geniales, poder verlas aunque sea un minuto en la vida merece la pena, pero con determinadas compañías es mejor no ir. Y es que nuestro guía nos la volvió a jugar. No quiso madrugar para llegar de los primeros al recinto de las pirámides, por lo que con los retrasos del bus recogiendo gente de aquí y de allá (y también que hay algunos turistas que no tienen respeto por nada), llegamos realmente tarde, tanto que era casi imposible entrar en el cupo de gente que puede entrar cada día al interior de la gran pirámide. Dicen que no te pierdes nada, pero nos hacía ilusión… Agua y ajo, la próxima vez volvemos por nuestra cuenta.

El caso es que ese problema ya veníamos pensándolo antes de llegar al recinto, lo que no nos imaginábamos era que el hombre éste nos iba a tener encerrados en el bus nada más llegar al parking de las pirámides, viendo los monumentos por la ventana y sin poder escapar, durante 15 interminables minutos mientras nos contaba su vida, obra y milagros, tonterías que no nos interesaban para nada y cuestiones de organización del viaje (a que hora nos veríamos, que no fuéramos con los camellos al desierto que era muy peligroso, que si en el autobús podíamos dejar las cosas que quisiéramos, etc). Todo el encanto del momento se fue a la mierda por un puñetero guía. Así de claro. Nos jodio la visita más esperada de todo el viaje. Allí, ante esos colosos de piedra, juramos volver… y lo cumpliremos.

Lo suyo hubiera sido llegar en camello hasta las pirámides, desde el desierto y tras una gran duna empezar a divisar la silueta de las 3 grandes pirámides. Acercarnos poco a poco y descender de nuestro camello para recorrer los últimos pasos andando. No pedíamos eso, simplemente hubiéramos deseado que nos dejara el maldito autobús en el parking y correr a ver las pirámides con todo el tiempo por delante. Ni eso tuvimos.

Cuando nos liberó Amed, fuimos a ver las pirámides de cerca, desde mil lugares distintos, subimos en ellas, las tocamos, las sentimos… pero todo de prisa, porque teníamos una hora y todavía no habíamos visto el museo. Cuando nuestro tiempo llegó a su fin, todos al autobús para alejarse y hacer una foto panorámica. Como japoneses. 10 minutos y todos de nuevo al autobús para ir a ver la esfinge. Nos escupe otro rollo memorizado y 30 minutos libres. Fotos y todos de nuevo al bus que nos vamos a casa.

Todavía pienso que debíamos haberle dejado tirado en ese momento, decirle “nosotros nos quedamos aquí” y seguir viendo a nuestro aire aquel lugar maravilloso, pero no lo hicimos y todavía pudimos comprobar hasta que punto la desfachatez de una persona puede llegar a rozar lo abominable. ¿Por qué tenía tanta prisa? ¿No quería que se nos enfriara la comida? No, quería llevarnos de camino a los hoteles a una fábrica de papiros. Perdón, a una fábrica no, a una tienda. Ese era el momento, antes de que la mayoría de los turistas se enteraran de los precios que tienen estos souvenirs. 300 y 400 LE eran precios habituales. Y lo peor, algunos lo pagaban. Eso sí, en la tienda, toda lujosa, decorada en oro y madera, te ofrecían un té nada más entrar. Nosotros nos quedamos curioseando y charlando con nuestros amigos los vascos. Por cierto, ahí no dio un tiempo máximo de estancia, nada, no hace falta, cuando el último del grupo se cansó fue cuando nos fuimos. Vaya impresentable. Pero esta vez sí que era la última vez que le veíamos, en cuanto nos dejara en el hotel nos iríamos cada uno por su lado, ya que nosotros no habíamos comprado ninguna de sus caras excursiones por la ciudad. Las últimas palabras que tuvo este elemento fueron para Nuria, le dijo que con esa actitud no se podía viajar, que ella no podía ir por ahí desafiando la autoridad del guía y organizando excursiones paralelas, que eso le llevaría problemas y no se que más. Lo que en realidad quería decir es que le habíamos hecho perder comisiones por darle información a nuestros amigos y por “atrevernos” a ser un poco libres durante el viaje.

Bastante cabreados, pero aliviados, llegamos al hotel, nos cambiamos y salimos corriendo junto con los chicos vascos a buscar un taxi para ir hacía la ciudadela. Llegamos a la hora de comer, buscamos algo y encontramos un restaurante impresionante allí dentro, en una especie de plaza, dónde la decoración y la vestimenta de las camareras recordaba a la edad media. A pesar de eso, nos sorprendió el precio. El servicio no fue excesivamente rápido, por lo que perdimos mucho tiempo, quedándonos a medio visitar toda esa zona ya que cerraban a las 5. Una lástima.

Cogimos un taxi. Negociamos con el taxista un precio para ir a Khan el Khalili y cuando pensábamos que ya íbamos a salir, subió en nuestro taxi a dos japonesas que también iban para allí. Nos había parecido un precio demasiado bajo, pero no nos imaginábamos cual sería la estrategia para hacer que le compensara.

En el mercado nos pasamos toda la tarde hasta que anocheció. Ni siquiera pudimos visitar todo el mercado, aunque bien es cierto, que hay muchas cosas “repetidas”. En la parte más turística los vendedores son especialmente pesados y los precios empiezan más altos, pero si sales de esas zonas los precios se moderan (aunque hay que seguir regateando) y no te suelen molestar tanto.

Después del mercado cogimos otro taxi hasta la zona de pirámides dónde esa noche hacían el espectáculo de luz y sonido en castellano. Tuvimos un problema con el taxista que pretendía que le pagáramos algo más por el trayecto, después de haberlo negociado y dejado claro desde un principio. Montamos un buen pollo en la puerta de las pirámides, hasta que vino un hombre que trabajaba de acomodador allí y que nos ayudó mediando con el taxista que estaba simulando estar muy enfadado. Le pagamos lo convenido. Antes de entrar al espectáculo (que, por cierto, es una de las cosas más caras que hay en todo Egipto, creo que fueron sobre 60 o 70 LE por persona) fuimos a comer algo. Como teníamos poco tiempo y no encontramos nada por allí terminamos comiendo en un fast-food por muy poco dinero. Luego fuimos al espectáculo y nos sentamos en primera fila gracias al mismo hombre que nos ayudó a mediar con el taxista. El espectáculo en sí es bastante soso, pero ver las pirámides iluminadas y el sonido envolviéndote, resulta bastante espectacular. Eso sí, no creo que volviera a pagar
tanto dinero por entrar a verlo.

Cuando el espectáculo terminó, salimos rápidamente para encontrar un taxi. Aún así fue complicado y nos tocó uno que tuvo que ser empujado para poder arrancar, sin marcador de velocidad, ni luces, ni… pero llegamos a nuestro hotel. Antes de acostarnos pasamos por el bar para tomar algo, preparar el día siguiente y fumar shisha.

Gastos del día
No disponemos de los datos individuales

Total: 300 LE

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Egipto: Primeros conflictos (dia 3)

Nos despiertan sobre las 8. Es la primera noche que hemos dormido de verdad en Egipto. Nos duchamos y desayunamos comentando la próxima visita que será al templo de Horus en Edfu. Tras el desayuno, en la hall del barco, el guía nos da una breve charla sobre el templo que vamos a ver. Tras la explicación, a Nuria se le ocurre pedir el pasaporte que este personaje mantiene secuestrado desde el primer día. Amed se cabrea muchísimo, especialmente por haberlo pedido delante de los demás pasajeros, ya que algunos también piden su documentación. El guía empieza a amenazarnos en plan “ya veréis lo que hacéis si lo perdéis”, “algunos turistas ya perdieron el suyo”… Tonterías. El pasaporte es nuestro y nosotros lo custodiamos. Tras discutir un buen rato, nos da de muy mala gana nuestros pasaportes. Desde ese mismo momento, Amed nos apuntó en su lista negra. No importa, nosotros a él le tenemos en una buena posición en la nuestra.

El viaje al templo de Horus se hace en calesa. Es realmente divertido ir en calesa por mitad del caos de tráfico de Edfu. Parece una carrera de cuadrigas. Nuestro intrépido piloto adelanta a unas cuantas calesas dónde viajaban gente mayor que le pedía a su piloto que no fuera muy rápido.

La visita al templo la tenemos que hacer con el guía. Nos dimos cuenta lo jodido que es tener que seguir a un pelma todo el tiempo. Lo peor es que no puedes llegar y quedarte fascinado con la maravilla que tienes enfrente, ya que el tío no se calla ni debajo del agua y, además, te deja el tiempo justo para hacer 3 fotos. ¿Porqué no puedo sentarme en el suelo 10 minutos a contemplar la fachada del templo? Pues no, 1 minuto de charla allí y corre-corre que es el turno de nuestro grupo.

El templo en sí está muy bien conservado y guarda el encanto de épocas pasadas. La visita es más que recomendable. Cuando al final de la visita nos deja tiempo libre, aprovechamos para ver con más detenimiento lo que más nos había impactado del monumento y a la hora en punto nos dirigimos hacía el lugar de encuentro de las calesas. Viendo que faltaban 5 minutos y que allí no había nadie, nos acercamos al mercadito a ver si encontramos unas chilabas para la fiesta de disfraces que se iba a celebrar. Los muy caraduras, quieren alquilarnos unos disfraces a casi el precio que cuesta comprarlos en el mercado. Nos probamos alguna en la tienda de un vendedor insistente (hasta hacerse pesado). Pero no nos convencen, además tenemos poco tiempo, tenemos que volver antes de que nos vuelvan a reñir. Por cierto, que los vendedores de Edfu no tienen mucho problema en sobar a las turistas… Al final, nos vamos, y el vendedor nos grita desde la distancia. Habíamos conseguido bajar el precio desde los 80 € iniciales a algo menos de 8 € por 2 chilabas.

Después otra carrera de calesas con parada para hacer una foto incluida. Por cierto, aquí hubo algunos problemas con el conductor que quería 1 euro por “habernos permitido” hacer una foto, después de que le hubiéramos dado algunos caramelos a su hijo y le ofreciéramos 50 piastras a él (1/2 LE). Hay que ser duro o te pasarás el día dando propinas, al que, probablemente, menos se la merece.

Antes de subir al barco, le compramos agua a un chico que nos la ofrece (7 LE por 2 botellas de 1’5 litros). En el barco es más cara. Comemos una especie de lasaña de verduras y lenguado con postre a base de frutas. No está mal, pero prefiero los buffets. Luego siesta para descansar mientras el barco avanza hacía Kum Ombo.

Nos despertamos a la hora del té de la tarde (17:00), nos vestimos y subimos a tomarnos el té rápidamente para asistir a la charla sobre el Egipto actual con Amed. Se crea una polémica bastante grande acerca del papel de la mujer en la cultura islámica y sobre si el gobierno egipcio es democrático o no (esta vez ni Nuria ni yo intervenimos). La discusión termina cuando nos anuncia que el barco ha atracado en el puerto. Todo el mundo vuelve a sus habitaciones para desembarcar con la cámara de fotos preparada.

El templo es muy bonito, sobretodo porque como había empezado a anochecer, está iluminado por unos focos colocados estratégicamente que dan una atmósfera irreal al lugar. A Nuria le encanta encontrar entre los grabados del templo algunos dónde se muestran utensilios y técnicas médicas de la época. También hay un nilometro y algunos elementos interesantes que hacen interesante la visita al templo.

Al salir del templo nos metemos en un mercadillo que hay en el puerto aún a riesgo de que nos vuelvan a decir que nos “separamos” del grupo. No somos los únicos. Compramos 7 pulseras de escarabajo y un collar por 10 LE (ya tenemos regalos para todos). Además, cuando ya habíamos salido del templo, un niño le pidió a Nuria que le diera dos besos. Nuria se los dio y el niño dijo “regalo, regalo” y le extendió la mano ofreciéndole otra pulsera de escarabajos, pero mucho más elaborada. En otro puestecito de camino al barco hemos comprado un par de “pashaminas” por 10 LE cada una (una roja y otra morada). Cometimos el error de darle unos caramelos a un niño que venía todo el rato detrás de nosotros, con lo cual apareció una docena de niños de todos los tamaños pidiéndonos algo u ofreciéndonos algún tipo de baratija. Lamentablemente no teníamos caramelos para todos.

Durante la cena había una fiesta de disfraces, pero nosotros no tenemos, así que vamos “de paisano” como la mitad del pasaje. Este es otro de los timos de los mayoristas, además de las paradas en los bancos y tiendas dónde tienen comisión, las excursiones extra, etc. La cena era típica comida egipcia, muy buena, por cierto, especialmente los pasteles, muy sabrosos y extremadamente dulces.

Después de la cena hemos ido a hablar con nuestros amigos, los chicos vascos, que quieren ir por su cuenta a hacer la excursión al templo de Philae y al mercado de las especias. Quedamos en ir al templo de Philae.

Volvemos a la habitación para acostarnos y nos encontramos con una divertida sorpresa. El personal que se encarga de la limpieza (que por cierto, limpian y hacen la cama dos veces al día), habían hecho con toallas y cojines un muñeco que estaba acostado en la cama. La tripulación del barco son una gente estupenda, divertida y muy atenta, que ponen el contrapunto con los guías. Es bueno ver que no todos los que ganan dinero del sector turístico son unas alimañas.

Frases del día:

– Vendedor en Edfu: “Español, rácano, catalán”.
– Kum Ombo “más barato que en Andorra”, “más barato que en el Continente, más barato que en el Carrefour”.
– Un niño: “este boli no, uno automático” (refiriéndose a un boli Vic que le habíamos regalado).
– Un turista le dice a un niño: “Real Madrid” y el niño le recita la alineación completa.

Gastos del día
7 LE (2 botellas grandes de agua)
10 LE (pulseras y collares)
20 LE (2 pashminas)

Total: 37 LE

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