Egipto: Libres en El Cairo (dia 7)

Nos despertamos libres en una de las mayores ciudades del mundo. Desayunamos en el hotel y salimos corriendo con nuestros amigos a explorar la ciudad. No pasaba ningún taxi delante del hotel, así que tuvimos que recurrir al servicio facilitado por el hotel a precio único de 50 LE para llegar a la ciudad (un robo). Por suerte, encontramos a una pareja de otro grupo organizado que quería también ir a explorar por libre la ciudad y compartimos taxi, con lo cual al final nos salió a un precio razonable el viaje (50 LE / 3 parejas = 17 LE).

Nos dirigimos primero al barrio copto. El taxista trató de ofrecernos un “pack taxi” llevándonos a todos los lugares que quisiéramos durante todo el día por un módico precio. No intentamos ni negociar, directamente decidimos que queríamos tener la libertad de ir como y dónde quisiéramos. Así que cuando nos dejó en el barrio copto nos despedimos de él.

El barrio copto es un conglomerado de callejuelas dónde viven la mayoría de los cristianos de El Cairo. Se supone que allí sucedieron algunos pasajes de los que se cuentan en la Biblia. Lo que sí que está claro es que hay una gran iglesia y varias tiendas de lujo para turistas. No hay mucho que ver, todo se puede ver en una hora, pero vale la pena acercarse para conocerlo.

Del barrio copto nos marchamos al museo. Lo hicimos en metro (0’75 LE), en el vagón reservado a las mujeres, por lo que todas nos miraban y se reían. Durante la visita al museo no se permiten las fotos, por lo que tienes que dejar en una taquilla la cámara. Hicimos una visita rápida al museo (20 LE), sin entrar en la sala de las momias que parece ser que tampoco es nada del otro mundo después de haber visitado el British Museum. Nos hubiera gustado quedarnos más tiempo en el museo, pero no teníamos más tiempo.

Tomamos otro taxi, esta vez con sólo 4 personas, para ir al barrio islámico (10 LE / 2 = 5 LE). Entramos en las dos catedrales que hay en la plaza principal del barrio islámico (24 LE). En Egipto, también los no-musulmanes pueden entrar en las mezquitas. Esto es una verdadera suerte, pues se puede ver como son, como se comporta la gente allí dentro, etc. Además tuvimos mucha suerte, ya que un chico joven nos ofreció enseñarnos algunos lugares cerrados de la mezquita. Sacó una llave gigante y nos abrió las puertas para nosotros solos de un montón de salas ricamente adornadas. Al final de todas las salas, se encuentra la tumba del Sha de Persia. Luego, cuando salimos de la mezquita, nos encontramos con el imán con el que estuvimos charlando un rato en inglés acerca de la religión, las costumbres y el país. El hombre nos permitió incluso subir al lugar dónde llaman a la oración 5 veces al día.

Nos llevamos un grato recuerdo de aquella visita al barrio islámico. Quizá la suerte fue que éramos los únicos dos visitantes que veníamos por libre, sin un guía y un autobús. Pero nos teníamos que ir ya, el hambre apretaba y no sabíamos dónde ir a comer. Así que paramos un taxi y le pedimos que nos llevara al mercado (5 LE). Nos dejó muy cerca de la plaza Hussein, por lo que nos acercamos hasta allí para comer. Comimos en un lugar típico, dónde también estaban comiendo otros egipcios (50 LE). En Egipto (como en otros países musulmanes) es costumbre que haya una única mesa grande, dónde sirven la comida a todos en común y cada uno se sirve lo que quiere. Incluso se bebe del mismo vaso.

Por casualidad volvimos a ver a Amed y su grupo de seguidores comiendo en el restaurante de justo al lado de nosotros. Formaba parte de la excursión “Khan el Khalili y comida típica” que costaba 60 euros. ¡Que ladrones!

Terminamos de comer bastante tarde, ya que habíamos empezado tarde y además tardaron un poco en servirnos la comida. Queríamos haber ido a visitar la ciudad de los muertos, pero consideramos que ya era un poco tarde para eso y nos dedicamos a ir de compras por el mercado hasta la hora de cenar.

Compramos lo siguiente:

– Collares grandes: 10 LE (7 unidades)
– Lámpara metálica mediana: 65 LE
– Lámpara cristal mediana: 50 LE
– Cachimba grande: 55 LE
– Tazas: 10 LE (2 unidades)
– Caja de nácar grande: 35 LE
– Caja de nácar mediana: 25 LE (3 unidades)
– Papiros: 15 LE y 20 LE
– Figuras típicas pequeñas: 5 LE (3 unidades)
– Colección de monedas: 15 LE (2 unidades)

Luego, cargados con muchas bolsas tuvimos que pedir un taxi al hotel para poder descargar (15 LE + 5 LE de propina). Era bastante tarde y aunque nos apetecía volver a la ciudad, decidimos finalmente cenar en el mismo hotel (50 LE) y hacer las maletas para volver a casa mañana a primera hora.

Gastos del día
48 LE (taxis y metro)
20 LE (museo)
24 LE (visita catedrales barrio islámico)
50 LE (comida)
450 LE (compras)
50 LE (cena)

Total: 642 LE

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Egipto: El Cairo (dia 6)

Hoy sería el último día guiados. Nos levantaron pronto para pasearnos por toda la ciudad recogiendo gente. Y es que en las excursiones guiadas también hay clases y los que pagamos menos (la categoría más baja) somos los peor tratados, a los que antes recogen y a los últimos que dejan los autobuses. Lo bueno es que después de la visita a las pirámides, perderíamos a Amed de vista para siempre.

El desayuno en el hotel fue magnifico, cogimos comida para almorzar luego si teníamos más hambre. El trayecto en bus agobiante. Y, por fin, la esperada visita a las pirámides fue… decepcionante. Sí, las pirámides son geniales, poder verlas aunque sea un minuto en la vida merece la pena, pero con determinadas compañías es mejor no ir. Y es que nuestro guía nos la volvió a jugar. No quiso madrugar para llegar de los primeros al recinto de las pirámides, por lo que con los retrasos del bus recogiendo gente de aquí y de allá (y también que hay algunos turistas que no tienen respeto por nada), llegamos realmente tarde, tanto que era casi imposible entrar en el cupo de gente que puede entrar cada día al interior de la gran pirámide. Dicen que no te pierdes nada, pero nos hacía ilusión… Agua y ajo, la próxima vez volvemos por nuestra cuenta.

El caso es que ese problema ya veníamos pensándolo antes de llegar al recinto, lo que no nos imaginábamos era que el hombre éste nos iba a tener encerrados en el bus nada más llegar al parking de las pirámides, viendo los monumentos por la ventana y sin poder escapar, durante 15 interminables minutos mientras nos contaba su vida, obra y milagros, tonterías que no nos interesaban para nada y cuestiones de organización del viaje (a que hora nos veríamos, que no fuéramos con los camellos al desierto que era muy peligroso, que si en el autobús podíamos dejar las cosas que quisiéramos, etc). Todo el encanto del momento se fue a la mierda por un puñetero guía. Así de claro. Nos jodio la visita más esperada de todo el viaje. Allí, ante esos colosos de piedra, juramos volver… y lo cumpliremos.

Lo suyo hubiera sido llegar en camello hasta las pirámides, desde el desierto y tras una gran duna empezar a divisar la silueta de las 3 grandes pirámides. Acercarnos poco a poco y descender de nuestro camello para recorrer los últimos pasos andando. No pedíamos eso, simplemente hubiéramos deseado que nos dejara el maldito autobús en el parking y correr a ver las pirámides con todo el tiempo por delante. Ni eso tuvimos.

Cuando nos liberó Amed, fuimos a ver las pirámides de cerca, desde mil lugares distintos, subimos en ellas, las tocamos, las sentimos… pero todo de prisa, porque teníamos una hora y todavía no habíamos visto el museo. Cuando nuestro tiempo llegó a su fin, todos al autobús para alejarse y hacer una foto panorámica. Como japoneses. 10 minutos y todos de nuevo al autobús para ir a ver la esfinge. Nos escupe otro rollo memorizado y 30 minutos libres. Fotos y todos de nuevo al bus que nos vamos a casa.

Todavía pienso que debíamos haberle dejado tirado en ese momento, decirle “nosotros nos quedamos aquí” y seguir viendo a nuestro aire aquel lugar maravilloso, pero no lo hicimos y todavía pudimos comprobar hasta que punto la desfachatez de una persona puede llegar a rozar lo abominable. ¿Por qué tenía tanta prisa? ¿No quería que se nos enfriara la comida? No, quería llevarnos de camino a los hoteles a una fábrica de papiros. Perdón, a una fábrica no, a una tienda. Ese era el momento, antes de que la mayoría de los turistas se enteraran de los precios que tienen estos souvenirs. 300 y 400 LE eran precios habituales. Y lo peor, algunos lo pagaban. Eso sí, en la tienda, toda lujosa, decorada en oro y madera, te ofrecían un té nada más entrar. Nosotros nos quedamos curioseando y charlando con nuestros amigos los vascos. Por cierto, ahí no dio un tiempo máximo de estancia, nada, no hace falta, cuando el último del grupo se cansó fue cuando nos fuimos. Vaya impresentable. Pero esta vez sí que era la última vez que le veíamos, en cuanto nos dejara en el hotel nos iríamos cada uno por su lado, ya que nosotros no habíamos comprado ninguna de sus caras excursiones por la ciudad. Las últimas palabras que tuvo este elemento fueron para Nuria, le dijo que con esa actitud no se podía viajar, que ella no podía ir por ahí desafiando la autoridad del guía y organizando excursiones paralelas, que eso le llevaría problemas y no se que más. Lo que en realidad quería decir es que le habíamos hecho perder comisiones por darle información a nuestros amigos y por “atrevernos” a ser un poco libres durante el viaje.

Bastante cabreados, pero aliviados, llegamos al hotel, nos cambiamos y salimos corriendo junto con los chicos vascos a buscar un taxi para ir hacía la ciudadela. Llegamos a la hora de comer, buscamos algo y encontramos un restaurante impresionante allí dentro, en una especie de plaza, dónde la decoración y la vestimenta de las camareras recordaba a la edad media. A pesar de eso, nos sorprendió el precio. El servicio no fue excesivamente rápido, por lo que perdimos mucho tiempo, quedándonos a medio visitar toda esa zona ya que cerraban a las 5. Una lástima.

Cogimos un taxi. Negociamos con el taxista un precio para ir a Khan el Khalili y cuando pensábamos que ya íbamos a salir, subió en nuestro taxi a dos japonesas que también iban para allí. Nos había parecido un precio demasiado bajo, pero no nos imaginábamos cual sería la estrategia para hacer que le compensara.

En el mercado nos pasamos toda la tarde hasta que anocheció. Ni siquiera pudimos visitar todo el mercado, aunque bien es cierto, que hay muchas cosas “repetidas”. En la parte más turística los vendedores son especialmente pesados y los precios empiezan más altos, pero si sales de esas zonas los precios se moderan (aunque hay que seguir regateando) y no te suelen molestar tanto.

Después del mercado cogimos otro taxi hasta la zona de pirámides dónde esa noche hacían el espectáculo de luz y sonido en castellano. Tuvimos un problema con el taxista que pretendía que le pagáramos algo más por el trayecto, después de haberlo negociado y dejado claro desde un principio. Montamos un buen pollo en la puerta de las pirámides, hasta que vino un hombre que trabajaba de acomodador allí y que nos ayudó mediando con el taxista que estaba simulando estar muy enfadado. Le pagamos lo convenido. Antes de entrar al espectáculo (que, por cierto, es una de las cosas más caras que hay en todo Egipto, creo que fueron sobre 60 o 70 LE por persona) fuimos a comer algo. Como teníamos poco tiempo y no encontramos nada por allí terminamos comiendo en un fast-food por muy poco dinero. Luego fuimos al espectáculo y nos sentamos en primera fila gracias al mismo hombre que nos ayudó a mediar con el taxista. El espectáculo en sí es bastante soso, pero ver las pirámides iluminadas y el sonido envolviéndote, resulta bastante espectacular. Eso sí, no creo que volviera a pagar
tanto dinero por entrar a verlo.

Cuando el espectáculo terminó, salimos rápidamente para encontrar un taxi. Aún así fue complicado y nos tocó uno que tuvo que ser empujado para poder arrancar, sin marcador de velocidad, ni luces, ni… pero llegamos a nuestro hotel. Antes de acostarnos pasamos por el bar para tomar algo, preparar el día siguiente y fumar shisha.

Gastos del día
No disponemos de los datos individuales

Total: 300 LE

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Egipto: Pueblo Nubio (dia 5)

Hoy es el día de la excursión al pueblo Nubio. La excursión es opcional, así que si la quieres hacer tienes que pagarla aparte (30 €). Nosotros decidimos que la haríamos por nuestra cuenta, así que nos levantamos cuando se levantó el resto de los pasajeros, pero en la puerta tomamos caminos diferentes. Nuestra primera idea era contratar una motora para hacer ambos recorridos, pero por circunstancias del regateo acabamos contratando una faluca (20 LE). La falta de viento nos hace sufrir un poco, pero al final la faluca empieza a moverse sin necesidad de los remos.

Además del precio y de la libertad de movimientos, lo bueno que tiene hacer las excursiones por tu cuenta es que no coincides con los turistas y puedes visitar los monumentos y atracciones sin aglomeraciones ni prisas. Llegamos al pueblo Nubio y no había nadie, algunos (pocos) vendedores callejeros y la gente que vive en ese pueblo. Nadie más. Ni un solo turista. A pesar de que el pueblo es medio turístico, como no hay ni un turista por allí, nos parece hasta agradable.

Un chico en el embarcadero con una metralleta (probablemente policía), nos hace de guía. Nos acompaña por la plaza del pueblo, nos cuenta dónde estaba la casa de un inglés rico que viene todos los años, nos enseña el pozo… y finalmente, nos lleva a la casa de un familiar suyo dónde encontramos a dos mujeres (madre e hija) que nos sacan un par de coca-colas (30 LE, precio desorbitado, pero lo hacemos para ayudar, no por la bebida en sí) y nos ofrecen hacernos tatuajes de henna. Nuria se hace uno de estos tatuajes (20 LE). Charlamos con las mujeres, que son bastante diferentes al resto de mujeres que hemos visto en Egipto. Cuando ya hemos terminado con el tatuaje, nos despedimos de las mujeres y volvemos al embarcadero. En una de las tiendas, antes de salir del pueblo, compramos una muñeca tradicional nubia (10 LE). Al hombre de la metralleta le damos 20 LE cada pareja como propina (60 LE en total, demasiado, pero el resto de parejas se empeñaron en que así fuera).

El chico de la faluca nos pregunta que tal nos ha ido y que nos ha parecido (todo esto en inglés, pues el pobre, de Español nada). Le contamos y nos explica que él es Nubio. Nos cuenta toda la historia de su pueblo, de cómo les expulsaron para construir la presa de Aswan y como les recolocaron en la otra orilla del Nilo. Con una sonrisa, nos cuenta lo dura que es la vida allí, que él con 16 años es el hijo mayor y por eso tiene que trabajar duro para ayudar en su casa. El viaje de retorno en faluca fue mucho mejor que el de ida y que el del día anterior, había viento y la faluca se movía con total libertad. Nuestro amigo nos contó que era posible contratar una faluca grande, con camarotes para hacer el mismo crucero por el Nilo que hacen las motonaves. No recuerdo el precio que dijo, pero sí puedo recordar que Nuria y yo nos quedamos mirando como diciendo: “no puede ser, ¡y a nosotros nos cobran una burrada por el crucerito!”.

De regreso a la ciudad, vamos al mercado a comprar la camiseta que habíamos encargado el día anterior (20 LE). La gente de los puestos ya nos conocen y nos saludan.

Regresamos al barco para hacer las maletas, comer y salir hacía el aeropuerto, ya que hoy termina el crucero y tenemos un vuelo a El Cairo. En el aeropuerto, después de hacer una larga y caótica cola para facturar, entramos en la zona de embarque, dónde visitamos las tiendas sin comprar nada (precios europeos). Desde el avión vemos las pirámides de Ghiza. Hemos tenido suerte volando de día, ya que la imagen vale la pena.

En cuanto llegamos a El Cairo intentamos cambiar dinero sin éxito. Tenemos prisa para que nos lleven al hotel y empezar a explorar la ciudad. Pero no, unos turistas (en el más desagradable sentido de la palabra), empiezan a lloriquear y protestar porque no les van a llevar a su hotel 5 estrellas en el centro y a cambio los llevan al Mena House (el mejor hotel de la ciudad). Lo bueno de todo es que los llevan los primeros para que no lloren más y así aprovechamos para bajar y visitar tan famoso hotel. Aprovechamos también para cambiar 100 dolares.

Nuestro hotel se llama Oasis. Las habitaciones son una especie de bungalows en un gran jardín con piscina. Sólo el baño es tan grande como todo el camarote del barco dónde estábamos. Entre unas cosas y otras se ha hecho bastante tarde, por lo que decidimos quedarnos a cenar en el hotel. Hay un restaurante italiano en el hotel dónde cenamos por todo lo alto, con precios caros, pero un día es un día (75 LE). No nos sumamos a la fiesta en el hotel, ni nos vamos a fumar shisha con los vascos. Preferimos acostarnos pronto y levantarnos frescos mañana.

Gastos del día
100 LE (excursión pueblo Nubio, con tatoo de henna y muñeca de recuerdo)
20 LE (camisa bordada)
75 LE (cena)

Total: 195 LE

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