Bilbao

Por razones de trabajo he ido muchas veces a Bilbao. Quizá me pase como con mi propia ciudad (Valencia) que de tan vista que la tengo no veo los atractivos que sí le encontraría a otras ciudades ajenas.

Bilbao se puede visitar en un par de días, no hace falta más. Yo empezaría paseando de buena mañana por la ría, desde la plaza Arriaga hasta algo más allá de Deusto, contemplando sus bonitos puentes, su paseo y los elegantes edificios que quedan a uno y otro lado: el ayuntamiento, las fincas señoriales, el Guggenheim… Luego un paseo por el centro, desde el estadio de San Mames hasta la plaza Arriaga de nuevo. Con toda esta caminata seguro que se nos ha despertado el hambre y podemos disfrutar de uno de los placeres que ofrece la ciudad: la comida. En Bilbao yo no escatimaría en gastos. Es fácil encontrar un menú por 7 o 8 euros (entre semana, algo más el fin de semana) en el que comer hasta reventar y con mucha calidad.

Después de comer, se puede descansar un rato en alguno de los muchos parques que tiene la ciudad o ir directamente a visitar el Guggenheim o el museo de bellas artes. A la hora de cenar, recomendamos ir de “tapeo” por el casco viejo y comer a base de “pintxos”. También se puede optar por acudir al Café Iruña dónde se puede cenar a base de pintxos o comer con un menú del día un poco caro pero aceptable. El local nos sorprenderá por la arquitectura interior y su decoración. Vale la pena entrar aunque sea.

Antes de acostarnos, si es fin de semana o víspera de fiesta, deberíamos darnos un paseo por el casco viejo para palpar el ambiente del Bilbao real. Callejead sin más. Si veis un local que os atrae, entrad y pedid un txiqui. El ambiente me encanta. A eso de las 2 o las 3 de la mañana toda la gente desaparece, nunca he sabido dónde se meten.

A la mañana siguiente, si es domingo podéis acudir al rastro. Dicen que hay dos rastros, yo sólo conozco el de la plaza Nueva. Es un rastro básicamente dedicado al coleccionismo, sobretodo de cromos, sellos y monedas. Vale la pena verlo aunque no vayamos a comprar nada. Fijaos también en la plaza.

Otra excursión que se puede hacer una mañana es al mítico barrio de San Francisco. Cuando llegué a Bilbao todo el mundo me dijo que ni se me ocurriera ir por allí, que era muy peligroso, que si tenía que alquilar una casa lo hiciera en otro barrio… Creo que hay mucha mitología sobre este barrio. Ciertamente no es un lugar dónde nadie quisiera vivir, pero se puede visitar igual que se visita la ciudad de los muertos en El Cairo (sin querer comparar, claro).

Después de comer podemos optar por realizar un tour por la zona de Deusto (visitando la famosa universidad y los edificios de la zona) o podemos visitar las muchas iglesias de la capital vizcaína. Y al atardecer cogemos un metro y vamos hasta el Puente Colgante dónde podremos disfrutar de magnificas vistas.

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Escapada a tres bandas

El pasado puente (o acueducto) pudimos realizar una serie encadenada de pequeñas escapadas a ciudades europeas. Volamos en primer lugar a Bruselas, donde teníamos que asistir a una boda; fuimos luego a Dublín, donde pasamos 5 días estupendos; y terminamos en Bilbao asistiendo a un congreso. El viaje en autobús de Bilbao por la noche se hizo realmente pesado, durmiendo muy poco y sabiendo además que teníamos que trabajar a las pocas horas de llegar.

En los próximos 3 posts contaré la experiencia de cada lugar. En principio muy positiva, ya que tanto Bruselas como Bilbao eran ciudades en las que ya habíamos estado y así y todo encontramos nuevos matices que las hicieron interesantes.

El transporte nos salió bastante económico a pesar de no haberlo planeado con mucho tiempo. El vuelo entre Bruselas y Dublín costó 1 céntimo con Ryanair, que al final con tasas fueron 32 euros para los dos. Tanto en Bruselas como en Dublín nos alojamos en albergues bastante buenos por menos de 20 euros la noche. En Bilbao nos decidimos por una pensión muy céntrica y no excesivamente cara (40 euros la noche en habitación doble con baño). Y a la hora de comer, excepto en Bilbao, dónde no nos hemos privado de nada, nos ha salido bastante bien de precio, ya que en Bruselas nos invitaron a comer los casamenteros y en Dublín solíamos ir al supermercado y cocinábamos en el albergue. En total han sido 11 días por algo menos de 1000 euros los dos, es decir, a 45 euros al día, contando vuelos, comida, alojamiento y “regalitos”. Y podría haber sido más barato recortando en las comidas de Bilbao y si hubiéramos planificado con más antelación el viaje.

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Proxima escapada

Hasta la segunda mitad del mes de octubre no voy a poder escribir ya que mañana salimos hacia Dublin. En realidad primero vamos a Bruselas a una boda el viernes y en cuanto termine salimos corriendo hacia la capital irlandesa (Bruselas ya la conociamos y no nos gustó mucho). Allí estaremos 5 dias y luego volaremos a Bilbao dónde asistiremos a un congreso antes de regresar (Bilbao también la conocemos… ¡y mucho!).

Así es que, ¡nos vemos en semana y media!

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