Crónica del viaje a Kenia y Uganda

Nairobi nos dió la bienvenida a ÁfricaTras nuestra pequeña visita a la capital helena y una escala técnica en el aeropuerto de Sharjah, llegamos a Nairobi, inicio de nuestra aventura. Nada más llegar tomamos un taxi del aeropuerto a la estación de autobuses (y matatus) con la esperanza de llegar a tiempo para tomar alguno de los que parten cada día de Nairobi a Mombasa. No hubo suerte, solo salen por la mañana excepto un nocturno.

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Vuelos baratos a Nairobi (Kenia)

Encontrar vuelos baratos siempre es complicadoLo primero que hay que conseguir para ir de safari a Kenia es un vuelo. También existe la posibilidad de ir por tierra o mar, pero sería muy larga y solo recomendable como parte de un proyecto de viaje más ambicioso. El precio normal de un vuelo desde España a Nairobi (Kenia) suele superar los 700 euros, pero se puede hacer por casi la mitad.

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Crónica: Viaje a Senegal (y XXX)

25/4 La traca final

Es nuestro último día en Senegal. Si pudiéramos nos quedaríamos más tiempo, pero nuestro vuelo sale hoy. Al menos tenemos todo el día por delante, pues hasta casi la hora de la cena no tenemos que coger el bus hacia el aeropuerto.

Recogemos y bajamos nuestras mochilas. Las dejamos en una pequeña habitación que tiene el hotel destinada a almacenar trastos. Le dimos una pequeña propina al chico que nos abrió y nos acompañó (no recuerdo cuanto, pero sería poco y a él le pareció bien). Como se nos habían terminado los desayunos que traíamos desde Alicante, fuimos a tomar algo a la heladería “La gondole” (2500 CFA).

Teníamos tiempo y ya lo habíamos visto todo excepto las vistas desde el hotel Independence, una de las recomendaciones de la Lonely Planet. Estaba justo al lado de nuestro hotel y en comparación debía ser carísimo. Subimos en el ascensor hasta la última planta y aparecimos en un bar. Preguntamos a un camarero como subir a la terraza y con bastante malos modos nos dijo que teníamos que consumir algo para poder subir. Le dijimos que no había problema, que eso íbamos a hacer y le pedimos un par de coca-colas. El hombre nos señaló unas escaleras por las que subimos. Arriba encontramos una piscina, varias tumbonas y algunas mesas. Nada espectacular. Eso sí, las vistas de Dakar, inmejorables. Al rato subió un chico joven con dos cokes y un plato con cacahuetes. Todo ello por 2000 CFA.

Cuando nos cansamos de mirar la ciudad desde arriba, nos fuimos del “lujoso” hotel y nos dirigimos hacía la zona de la avenida de la republica, pero callejeando, sin mirar mucho el mapa. Todo bien hasta que en un punto de dicha avenida aparecieron tres chicos que empezaron a hablarnos y a comernos la cabeza. Apenas nos entendíamos, ni siquiera paramos, nos dieron mala espina. Y teníamos razón, uno de ellos intentó abrir el bolso en el que llevábamos la cámara y el dinero. La técnica: dar un pequeño golpecito con una mano para distraerte mientras corre poco a poco la cremallera con la otra mano. En cuanto me di cuenta, le miré fijamente, cerré la cremallera del todo y seguimos caminando. Ellos se quedaron parados y no nos siguieron. Fue una experiencia desagradable que empaña en cierta medida nuestra estancia en el país.

Cuando se hizo la hora de comer entramos en una pizzería (no recuerdo el nombre) y comimos, mucho y muy bueno, como casi siempre en Senegal (4200 CFA). Después de comer, realizamos una nueva incursión en el mercado. Compramos un collar (1000 CFA) y unos calcetines (2000 CFA). Por el camino nos encontramos a nuestro amigo de todas las noches que nos acompañó paseando y charlando amigablemente. Nos llevó al mercado dónde venden las mascaras y trató de conseguir un buen precio por una máscara para nosotros. Al final después muchísimos tira y afloja terminamos comprando una grande (aunque no tanto como la que queríamos) por 6500 CFA. Después del regateo nos entró hambre y invitamos a nuestro amigo a merendar. Le llevamos a la heladería “La gondole” y se quedó parado en la puerta, nos dijo que nunca había entrado ahí. Le dijimos que ahora venía con nosotros y que no habría problema. Entró, pero prefirió tomarse un café fuera, en un puesto de la calle junto a la comisaría de policía, según él el mejor sitio ya que los policías están todo el día tomando café (nuestros helados y su café 1500 CFA).

Después de charlar un rato sentados en las escaleras de siempre, decidimos que ya era hora de empezar a marchar hacía el aeropuerto. Nuestro amigo se ofreció a acompañarnos hasta la parada del autobús que quedaba un poco lejos del centro. Fuimos a recoger nuestras cosas al hotel y andando fuimos hasta el autobús. Una vez allí, esperamos a que llegara el bus y nos despedimos de nuestro amigo. Subimos al bus, pagamos (350 CFA) y nos quedamos de pie, despidiéndonos de nuestro amigo y casi también de Senegal. No sabíamos lo que nos esperaba todavía…

Llegamos al aeropuerto. Caos y confusión, como siempre en ese aeropuerto. Comentamos entre nosotros que queríamos cambiar y, por arte de magia, apareció un chico, creo que el mismo que quería cambiarnos dinero cuando llegamos a Dakar. Le dijimos que queríamos cambiar el resto del dinero en CFA que nos quedaba por euros. Nos preguntó que cuanto era y fue a buscar a un par de amigos. Aparecieron por allí 4 o 5 críos (de unos 15 o 16 años) que estaban dispuestos a cambiar lo que fuera. Queríamos cambiar 13000 CFA y ellos nos ofrecían 20 euros por ello. Nos pareció bien el trato, así que aceptamos. El chico, delante nuestra contó las monedas cambiándoselas de una mano a otra y luego extendió la mano hacía nosotros. Cogimos las monedas en euros y le dimos varios billetes en CFA. Sin problemas. Nuria se guardó las monedas en el bolsillo de su pantalón, entramos a la terminal, y realizamos el embarque. Para hacer tiempo, como siempre, nos pusimos a visitar las tiendas duty free típicas de los aeropuertos. En eso que por alguna razón Nuria sacó el dinero y se dio cuenta de que todas las monedas de 1 y 2 euros que tenían los chicos y que nos deberían de haber dado no las habían sisado. El truco está en que como ellos se cambian de una mano a otra el dinero, primero se pasan las monedas grandes y luego la morralla y en cuanto te dan el dinero a ti, las monedas grandes que estaban debajo, mediante algún truco, hacen que no caigan. Al final tú te llevas el montón de monedas pequeñas, de 5 y 10 céntimos, incapaz de distinguir que ahí falta peso.

Podríamos haberlo dejado pasar, sólo eran 20 euros, poco dinero para un viaje de estas características, pero nos acordamos de cuando llegamos al aeropuerto, un poco perdidos y desorientados y estuvimos a punto de cambiarles dinero: 1000 euros. Eso ya no hubiera sido una broma, nos hubiese amargado el viaje entero. Así que en defensa de todos los viajeros, Nuria, aún estando en la zona de embarque y a punto de anunciar nuestro vuelo, se fue a buscar a un policía para explicarle lo sucedido. Yo me quedé guardando las maletas. Encontró a un policía que la llevó hasta una sala dónde estaba el jefe que le preguntó si sería capaz de distinguir a los chicos que nos habían timado. Ella respondió que sí y él le propuso que hiciera de gancho. Salió a la puerta de la terminal y dijo en voz alta “quiero cambiar dinero”. Palabras mágicas. Apareció por allí el mismo chico que repitió el mismo ritual. Ella le dijo que se había dado cuenta de que tenía más CFA y quería cambiarlas. El chico se fue a buscar a sus amigos y cuando estaban todos allí, a un gesto de Nuria, unos cuantos policías que seguían la escena desde la distancia se abalanzaron sobre los chicos. Se los llevaron acojonados a la sala con el jefe de seguridad y les pidieron que sacaran todo el dinero que tenían. Sólo tenían el dinero que nos habían robado a nosotros. El policía le ofreció a Nuria el
dinero en euros y CFA. Nuria rechazó el dinero en CFA, puesto que ese no era suyo (aunque probablemente acabara en el bolsillo del policía). Los chicos se quedaron allí y otro policía acompañó a Nuria a la zona de embarque. El vuelo fue anunciado a los pocos minutos.

Gastos del día:
2500 CFA (Desayuno)
2000 CFA (Aperitivo)
4200 CFA (Comida)
1000 CFA (Collares)
2000 CFA (Calcetines)
6500 CFA (Mascara)
1500 CFA (Heladería)
350 CFA (bus al aeropuerto)
2100 CFA (Moneda no cambiada para coleccionar)

Total: 22150 CFA

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Crónica: Viaje a Senegal (II)

6/4 Llegada a Dakar

El vuelo lo operaba Iberia y la conexión con Alicante apenas hacía subir el precio unos 10 euros, por lo que elegimos esa opción y pudimos salir prácticamente desde casa. Esa es una de las pocas ventajas de comprar un billete en una compañía “tradicional” frente a una low-cost, aunque ciertamente sin las low-costs nunca hubieran dado ese paso. El vuelo, por lo tanto, salía de Alicante, hacia escala en Madrid y luego desde ahí a Dakar, parando en Gran Canaria durante unos minutos para repostar (eso dijeron, pero yo creo que bajó y subió gente).

Cogimos el vuelo de conexión en Barajas con bastante holgura y pedimos recoger las maletas y volverlas a facturar, ya que no nos fiamos mucho de este aeropuerto (cuando regresamos es distinto, si pierden una maleta tienes más ropa en casa, pero a la ida es una putada). Durante la larga espera en Barajas, nos tomamos alguna hamburguesa (1 euro), compramos algunas revistas (con guía Lonely Planet de Atenas incluida, 7 euros) y realizamos una última incursión en la farmacia (4’50 euros). A pesar de todo eso, la espera se hizo eterna.

Bien entrada la tarde, se escuchó por megafonía la llamada para el vuelo de Iberia con destino Dakar y la emoción se desató. Era nuestra primera incursión en el África negra y además en un país dónde se habla francés como segunda lengua y dónde no suelen viajar muchos españoles (en los países árabes, independientemente de si fueron francesa o inglesa, si viajan muchos españoles, casi todo el mundo termina entendiendo y “chapurreando” español). La sensación al despegar el avión es la misma que te invade cuando subes por primera vez en una nueva montaña rusa y te están remolcando hacía arriba para conseguir impulso antes de soltarte ante una emocionante sucesión de loopings y otros ingenios mecánicos. Sentí que no había vuelta atrás, reconocí que no habíamos planificado suficientemente bien el viaje y, sobretodo, sentí el respeto ante una nueva aventura, algo que no sentía desde el viaje a Perú.

Casi puntuales, a las 22:00 (hora local) aterrizamos en el aeropuerto de Dakar. Cuando llegas a Dakar te encuentras con un aeropuerto realmente pequeño. Da bastante miedo, la verdad, pero no es para tanto. Bajas del autobús que te ha acercado a la terminal y te encuentras con una larga cola para pasar el control policial. En esa zona del aeropuerto todo estaba cerrado, incluso el baño (y no controlaba suficientemente la lengua de signos como para llegar a conocer la razón). Traté de conseguir cambiar dinero allí, que parecía una zona tranquila, pero me dijeron que no era posible y que tenía que hacerlo fuera (no entendí muy bien que significaba “fuera”, si se refería a cambiar en una oficina en la propia terminal, si tenía que hacerlo en la calle o si debería ir hasta Dakar para ello… cosas de la lengua de signos). Así que esperamos pacientemente a que nos tocara nuestro turno en la cola y… ¡sorpresa! El método para elegir a quién le abren la maleta es un pulsador que con cierta probabilidad enciende una luz roja que indica si eres el elegido. A mi no se me iluminó, pero a Nuria sí, por lo que tuve que esperarla en la zona de salida. Allí la gente se agolpa contra unos separadores de cristal esperando sacar alguna comisión o llevarte en taxi a algún lugar. La zona protegida, antes de cruzar la barrera de cristal, está llena de tour-operadores con cartelitos para que los turistas borreguitos acudan al pastizal.

Entablamos conversación con uno de los guías nativos de un famoso tour-operador español (no recuerdo el nombre). Apenas hablaba español, por lo que la comunicación fue realmente complicada. Espero por el bien de los turistas que ese no fuera el guía que tenía que explicarles las maravillas de Senegal. El hombre al final nos entendió. Cuando se enteró de que queríamos cambiar dinero, enseguida llamó a un amigo que se fue a buscar a alguien. Esperamos y esperamos. Al cabo de 10 minutos o más le dijimos al primer hombre que nos íbamos, que no queríamos seguir esperando más. Primera lección de Senegal: al europeo el tiempo le mata, el africano mata el tiempo. Segunda lección de Senegal: todo funciona mediante redes de contactos. Salimos al exterior. El otro lado del cristal impresiona. A diferencia de la mayoría de aeropuertos, en el de Dakar, cuando sales de la zona de llegadas, sales directamente a la calle y si quieres coger otro vuelo o cambiar dinero tienes que volver a entrar por otra puerta. La puerta de salida está custodiada por varios policías que evitan que nadie entre por dónde salió. La gente de agobia en la salida, pero de forma mucho más conmedida que en los países del magreb.

(continua)

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