Si estás pensando en perderte por Colombia, tienes que saber que el eje cafetero es mucho más que una postal diseñada por una oficina de turismo. Pero ojo, detrás de esa fachada idílica late una región que se ha dinamizado por completo gracias al grano y que ha sabido proyectar la esencia del país al mundo entero. Es un destino que engancha desde el primer momento por su exuberancia y su autenticidad.
Caminar por la región cafetera es encontrarse con una realidad que va más allá del mítico Juan Valdés. Todavía puedes cruzarte con señores de campo que visten su sombrero y su poncho con un orgullo que no tiene nada de disfraz; es su día a día. Es parte del encanto verlos en los billares al caer la tarde o encontrarte con un ganadero cruzando sus vacas mientras tú vas colgado de un Jeep Willy, esos coches que en España serían para cinco y allí llevan a media población. Es un viaje en el tiempo donde lo tradicional sigue muy vivo en cada rincón del corazón del café.
Sobre el presupuesto, hay buenas noticias: moverse por el entorno del eje cafetero es de lo más barato que vas a encontrar en Colombia, especialmente si lo comparas con la zona del Caribe, la realidad es que comer y dormir allí no te va a arruinar. Eso sí, el clima es el responsable de tanto verde; prepárate porque llueve, y a veces con ganas, aunque no hace un frío ni un calor desagradables. Es ese fresquito que te permite sacar la chaqueta después de haber estado sudando en otras latitudes y ese calor que te reconforta.
Lo más curioso es que no hace falta que seas un cafetero de pro para disfrutar de esta zona. Hay gente que no toca una taza de café en su vida y sale enamorada de este paisaje cultural cafetero. Pero si te pica la curiosidad, descubrirás que allí el café no se «prepara», se cocina. Existe toda una ciencia detrás, con carreras universitarias de cuatro años y ferias donde se analiza desde la altura del grano hasta la molienda más fina. Y un consejo de experto: si el café es bueno de verdad, ni se te ocurra echarle azúcar, que eso allí es casi un sacrilegio.
La naturaleza en este territorio cafetero es, sencillamente, una locura. El verde es tan intenso que parece que le hayan subido la saturación a la realidad. Lugares como el Valle del Cocora son paradas obligatorias, pero la clave está en saber que no todo es un parque temático. Puedes estar rodeado de cafetales inmensos y, si no te fijas, podrías pensar que son simples arbustos en la montaña. Es esa exuberancia tropical la que te deja sin palabras y te hace querer quedarte mucho más tiempo del que tenías planeado en tu itinerario.
A la hora de organizar la logística por la zona cafetera de Colombia, surge la gran duda: ¿ciudades base o pueblos con encanto? Muchos eligen Pereira o Armenia por la comodidad de los transportes, pero quedarse en ciudades que son solo núcleos urbanos puede ser un error si buscas alma. Manizales, por ejemplo, sí tiene ese punto especial con su metro aéreo y su vida universitaria, pero nada supera la experiencia de despertar en un pueblito y verlo sin gente a primera hora de la mañana, antes de que lleguen todos los grupos de turistas.
Si eres de los que busca algo diferente, el eje cafetero esconde auténticas «hidden gems» que no suelen salir en las guías convencionales. Imagínate cenar en una azotea con vistas de 360 grados o, mejor aún, llegar a una finca remota donde solo se accede a caballo y donde una catarata de 100 metros te da los buenos días cada mañana. Son esos sitios aislados, sin cobertura y con aguas termales propias, los que marcan la diferencia entre un viaje normal y una experiencia que te cambia el ritmo del cuerpo por completo.
Hablando del agua caliente, no puedes irte de este destino cafetero sin probar sus fuentes termales. Hay opciones para todos los gustos: desde complejos más familiares con toboganes hasta pozas salvajes en mitad de la nada donde el agua sale directamente de grietas geotérmicas.
En cuanto a la seguridad, la región es muy tranquila y la gente es increíblemente acogedora; te acompañan, te explican sus historias y te hacen sentir uno más. Es, sin duda, un lugar para ir con tiempo, dejarse llevar por las curvas de sus carreteras y disfrutar de esos atardeceres que parecen pintados a mano.
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Tema principal: Truth and Beauty por audiotechnica (ccmixter)
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