Viaje a Castilla León (I)

Antecedentes

El viaje a León se plantea debido a una colaboración que existe entre la empresa dónde trabaja Nuria y el ayuntamiento de Astorga (como esto pero actualizado). Lo interesante es que el viaje está financiado con hasta 200 euros de gasto en transportes y hasta 200 en comida y otros gastos derivados del mismo, ademas de ofrecer la oportunidad de alojarnos en el albergue de peregrinos de Astorga y comer y cenar gratis durante toda la semana del 13 al 19 de agosto. Todo eso a cambio de trabajar por las tardes. Sigue leyendo Viaje a Castilla León (I)

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (VII)

8/12 – La sorpresa de Dortmund

Nos despertamos. Estamos un poco cansados. Ademas el tiempo no anima a hacer nada. Desayunamos en el albergue y nos preparamos unos buenos bocatas para almorzar.

El albergue se encuentra muy cerca del centro. Solo hay que cruzar el puente del rio y ya entramos en el casco antiguo. Justo en la calle que hace de prolongacion del puente, se encuentra la zona tipica de restaurantes y de salir los fines de semana. No fuimos la noche anterior a cenar alli por lo cansados que estabamos y tampoco por la mañana nos apeteció ni pasar por allí (aunque habiamos pasado en coche). Compramos un mapa detallado en la Tourist Info (0.50 €) que te propone una ruta para recorrer la ciudad. A mitad de la ruta se puso a llover torrencialmente. Nos tuvimos que refugiar en un parlamento o algo así que hacia de galeria de arte (había un par de excursiones de escolares, a nosotros nos parecio bonito, pero no para tanto). Amainó un poco y decidimos salir a continuar la ruta, pero era imposible. Nos refugiamos en un par de tiendas en las que nos gastamos 2 o 3 euros en regalitos.

Escapando de la lluvía terminamos en un McDonnals, donde comimos bastante pronto (8 €). Después de comer decidimos que no valía la pena estar congelados de frío, cansados y mojandonos, así que volvimos al hotel. Lo recogemos todo y nos largamos. Pero tenemos mala suerte, nos perdemos al intentar cruzar la ciudad y perdemos cerca de 2 horas en atascos y buscando la salida (muy mal indicada). Medio enfadados, llegamos a Dortmund 5 horas después de salir del hostal. Tuvimos realmente muy mala suerte. En mitad de la autopista pillamos un accidente y estuvimos parados más de media hora (con motor parado incluso).

Estuvimos dudando de si ir a Dortmund o no, ya que en la Lonely Planet no aparecia ningún hostel en la ciudad y nos daba bastante miedo. Sin embargo, el miedo a perder el avión del día siguiente nos lleva hasta Dortmund. Llegamos a la ciudad y nos dirigimos al centro (esta vez sí que está perfectamente indicado). Tenemos la suerte de que cuando estamos casi en el área que delimita el centro buscando aparcamiento, nos encontramos el cartel de los YHI. ¡Salvados! Ya nos veiamos durmiendo en un hotel carísimo. La imagen de Dortmund es la que puedes encontrar en muchas ciudades industriales del norte de España, bastante gris, calles poco iluminadas, ambiente turbio… Eso nos hubiera obligado a descartar la opción de dormir en el coche en caso de necesidad.

El YHI de Dortmund es uno de esos edificios religiosos reconvertidos. Es un cura (o sacerdote o obispo o lo que sea) quien le da nombre al albergue. Hay un par de cruces por aqui y por alla. Y por supuesto habitaciones y baños separados, como no. A estas alturas todo nos parece bien. El albergue está muy cerca del centro. A Ivan le toca una habitación de 4 personas vacia y a Nuria le toca otra igual habitada por una chica que casi no aparece (parece ser que hay un concierto de Iron Maiden esa noche y mucha gente hace noche en el hostel). Como es habitual el desayuno está incluido en el precio (40’80 €).

El mercado de la navidad de Dortmund nos sorprende. Tiene un árbol de navidad gigantesco en mitad de una de sus plazas, de más de 20 metros de altura, formado por arboles más pequeños. Los precios del mercado son mucho más razonables (aunque siguen siendo algo caros) y el ambiente es mucho más festivo de lo habitual (en algo se tiene que notar la inmigración española). Hay conciertos, feria, mucha animación callejera, gente alternativa… Es el mercado que más nos ha gustado de todo el viaje. Cenamos en una pizzeria (nos ponemos hasta el culo por 6€) y como estabamos cansados decidimos volver a casa.

 

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (VI)

7/12 – Empieza el cansancio

Desayunamos algo que habíamos comprado unos días antes, ya que no se incluía el desayuno (aunque había algo de comida que otros viajeros se habían dejado en la nevera). Nos despedimos y salimos a dar una vuelta después de dejar las maletas en el maletero del coche (aprovechamos al máximo tener parking en el “hotel”).

Nuremberg no da para mucho. Realmente habíamos venido más que nada por ver los edificios históricos relacionados con el nazismo, pero al estar cerrados, la ciudad se nos quedó corta. Además, llovía a ratos, así que la sensación era de agobio, o como definió Nuria “estoy mejor en mi casa”.

Visitamos el mercado de navidad, que es bastante interesante, ya que es muy grande y tiene casetas temáticas y representantes de distintos países (aunque, como siempre en los mercados de navidad, todo es muy caro). Las plaza del casco antiguo son bonitas y las iglesias que están abiertas (muchos edificios y museos estaban cerrados) son más o menos como en el resto de Alemania. Es interesante el castillo que está en la parte alta de la ciudad. Allí hay un YHI que ocupa el lugar donde estaban las antiguas caballerizas. Es un poco más caro que el Lette’m Sleep, pero quizá valga la pena por dormir en un lugar histórico singular.

Hacía las 12:00 decidimos que vamos a comer cualquier cosa (en plan almuerzo) y que nos vamos a ir (4€). Llenamos el deposito antes de salir (37€). El viaje se hace muy pesado. Llueve y estamos cansados. Tardamos 2 horas y media en llegar a Frankfurt y tenemos “suerte” porque encontramos el hostel a la primera. Pongo suerte entre comillas porque la suerte nos la buscamos cuando durante el viaje estuvimos estudiando el mapa de Frankfurt (os lo recomiendo). También tenemos suerte al aparcar, ya que encontramos un lugar relativamente cerca del hostel (a pesar de que dicen que Frankfurt es una ciudad intratable).

Cogemos dos camas en habitaciones separadas (53€). La de Ivan cuesta un poco más cara, puesto que no quedaban habitaciones de 12 personas que son las más baratas. El hostal no estaba mal, pero tenia los mismos problemas que todos los YHI (habitaciones separadas, ambiente “adolescente”, etc). El hostal estaba llenísimo, sobre todo de grupos de gente de institutos alemanes que estaban de excursión en la ciudad. Los baños eran particularmente incómodos, ya que se necesitaba una llave de una habitación de chicos para entrar en el baño de chicos e ídem para las chicas. Esto unido a que el baño de chicos estaba en una planta diferente a la habitación de Ivan y el baño de chicas estaba en otra diferente, era un gran incordio (de otro modo, si a mitad de noche te entra ganas de ir al baño te puedes “colar” en el del otro sexo, así tienes que subir y bajar escaleras).

Dimos una vuelta por el centro, que no estaba lejos. Vimos el mercado de la navidad, una iglesia y la famosa “sky line” de Frankfurt y nos volvimos al hostel bastante pronto. Estábamos cansados, así que decidimos no salir a cenar aprovechando que había un pequeño restaurante en el propio albergue. Cenamos muy bien por no mucho dinero (5’60€). Nos acostamos pronto.

Compartir es el mejor agradecimiento

Crónica: Sur de Alemania (V)

6/12 – Munich

Nos levantamos un poco tarde (sobre las 9:00). Después de una ducha y del desayuno (incluido en el precio) dejamos las cosas en la consigna y salimos a dar una vuelta. Visitamos el centro callejeando sin un orden en concreto. El centro es precioso, me recuerda un poco a Toledo, con un montón de edificios de distintas épocas y estilos todos juntos, reunidos en un pequeño centro histórico. Además, el ambiente navideño, con los puestos del mercado y todas esas luces creaban una preciosa estampa navideña (eso sí, sin nieve).

Hay bastante que ver en Munich, por lo menos hay para dos días a un ritmo normal. Nosotros visitamos lo más importante que encontramos en el centro: las catedrales y principales iglesias, el ayuntamiento, las plazas… A las 12 en punto estamos enfrente del ayuntamiento para ver el famoso carillón medieval dónde dos caballeros a lomos de sendos caballos se pelean con resultado incierto (dicen que hay gente que incluso apuesta). Después de el largo carillón (más de 10 minutos), subimos a la torre del ayuntamiento dónde contemplamos toda la ciudad (2×2€). Al bajar, nos refrescamos con una coca-cola (1.5€) justo antes de comer en un McDonnals (5€).

El tiempo empeora un poco después de comer. Nosotros queremos subir al anochecer al campanario de una iglesia que está justo al otro lado de la plaza, frente al ayuntamiento. Encontramos un famoso bar dónde siempre es como si fuera “October Fest”, con las típicas camareras disfrazadas, la gente consumiendo grandes cantidades de cerveza, etc. El tiempo empeora por momentos y decidimos volver rápidamente para visitar la torre (2×1€ con carnet de estudiante) y volver al albergue para salir hacia Nuremberg. La torre tiene un montón de escalones, son casi 20 pisos (no recuerdo exactamente el número). Llegamos arriba cansados, miramos las vistas y esperamos media hora hasta que oscurece. Las vistas nocturnas son preciosas, vale la pena subir por la noche. Si sólo queréis subir a una de las torres, yo recomendaría subir a esta, puesto que se ve lo mismo y además se puede ver el magnifico edificio del ayuntamiento. Además es más barato y hay menos gente.

Volvemos al albergue raudos bajo la lluvia. cogemos las maletas de la consigna y vamos hacia el coche. Nos hemos mojado bastante, pero la calefacción del coche hace milagros. Desgraciadamente pillamos un buen atasco saliendo de Munich, nada extraño en una gran ciudad.

En dos horas nos plantamos en Nuremberg. Seguimos los carteles de Zentrum hasta que nos encontramos con las murallas de la ciudad. Buscamos aparcamiento fuera de las murallas y salimos a buscar un hostel que hemos encontrado en la Lonely Planet (“lette’m sleep”). Una chica muy simpática nos explica todo lo que hay que saber y decidimos quedarnos a dormir allí en una litera (2×18€). Nos instalamos en una habitación grandísima con 12 camas en la que estamos solos. El albergue es de los típicos ingleses: dormitorios mixtos con literas, baños fuera de la habitación (separados por sexos, aunque como no había casi nadie daba igual ir a uno u otro), una habitación común con acceso gratuito a Internet, libros y juegos, una cocina equipada dónde puedes prepararte tu propia comida y parking gratuito (si no se llena) en la parte trasera. Lo único malo es que no incluye el desayuno. Ya que tenemos la posibilidad de aparcar en el “backyard”, aprovechamos que todavía no es hora de cenar para acercar el coche (que dudábamos que estuviera bien aparcado).

Una vez tenemos solucionado el lugar dónde dormir y sabemos que el coche está bien aparcado, salimos a cenar. La primera sorpresa es que todo está cerrado (excepto restaurantes muy caros). Al final encontramos un lugar dónde venden salchichas y un McDonnals abiertos, así que los combinamos para formar una buena cena: 3 bocatas de salchichas (por cierto, aquí las salchichas se parecen mucho a nuestras “longanizas”) y dos coca-colas (5’6€ + 2€).

Ya cansados, regresamos al hostal, donde hacemos una parada en la sala común para navegar un rato por Internet (queríamos visitar los lugares donde los nazis construyeron las grandes obras arquitectónicas que dieron tan mala fama a Nuremberg durante ese periodo, pero resulta que no están abiertas al público en general y que sólo se pueden realizar visitas guiadas los domingos).

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (IV)

5/12 – Día de suerte

Si el día anterior había sido duro, este no se quedaba atrás. Nos levantamos, desayunamos copiosamente y salimos. Nuestra primera parada es Konstanz, al sur del lago Constanza que separa 3 países (Austria, Alemania y Linchestein). Dudamos si ir a Konstanz o no, porque si pasábamos por el sur del lago tendríamos que entrar en Austria para continuar hacia el este. En el último segundo decidimos ir y acertamos de pleno: Konstanz es una ciudad que vale la pena visitar y además tiene un ferry que cruza el lago rápidamente y es barato.

Estamos en Konstanz en 2 horas. Dejamos el coche en la zona azul (1,50€), fuimos a la Tourist Info donde nos explicaron que hacer y nos pusimos a pasear por el centro. El centro de la ciudad es preciso, con fachadas pintadas con frescos, callejuelas estrechas, y ese aire de ciudad medieval tan característico. Hacemos unas cuantas compras (8€) y almorzamos (2€). Hacia las 12:00 volvemos al coche y salimos hacia el ferry. Subimos en el barco (9’50 €) que en menos de 5 minutos parte. El viaje dura unos 20 minutos que dedicamos a hacer fotos del lago.

Continuamos sin parar (ni perdernos) hasta Fussen. Una vez allí es fácil encontrar los castillos, está bien indicado. Todo lo que hay cerca de los castillos está pensado para sacar el dinero a los visitantes. Dejamos el coche en un parking de pago (después de algunas dudas) puesto que es la única posibilidad (4€). Compramos las entradas para el castillo de Neuschwanstein (2*8€). Subimos corriendo al otro castillo (el de Hohenschwangau dónde, según el folleto, se tardaba 20 minutos en llegar, pero nosotros lo hicimos en menos de 5). Hacemos fotos y salimos corriendo hacia el otro castillo (íbamos pillados de tiempo, pues en la entrada viene marcada la hora de entrada). Decidimos subir en bus, lo cual fue un acierto, aunque la bajada hubiera sido mejor hacerla a pie o en caballo. La parada de bus estaba llenísima de gente debido a una excursión de japoneses. Nos colamos descaradamente (5’60 €). Se hace eterna la subida… Saltamos del bus en cuanto para y corremos hacia el castillo. Llegamos con tiempo de sobra y aprovechamos para comernos los bocadillos que habíamos preparado en el desayuno.

La visita al castillo se hace a las 15:35, con puntualidad británica (bueno, alemana). Nos hacen pasar los primeros, nos dan una audio-guía y nos dejan solos siguiendo el camino marcado por dentro del castillo. La visita es interesante, vale la pena pagar los 8 euros. Cuando termina la visita vamos hasta el puente para hacer las mejores fotos del castillo. Bajamos en el bus hasta la plaza principal. Intentamos llamar a Munich para averiguar como encontrar el albergue, pero no hay manera. Lo de la telefónica aquí es peor incluso que en España.

Paramos en Fussen (1€ parkimetro), visitamos el casco antiguo rápidamente y salimos hacia Munich. Llenamos el deposito de gasolina (43€). Nos perdemos completamente cuando buscábamos la carretera principal. Paramos el coche para mirar el mapa y una señora que nos vio paró su coche, se acercó y nos preguntó dónde queríamos ir. Le dijimos que buscábamos la autopista y en vez de indicarnos, nos dijo: “mejor seguidme”, y nos llevó hasta nuestra carretera a través de un polígono industrial. Para que luego digan que los alemanes no son amables.

En un par de horas estamos en Munich, pero nos cuesta bastante encontrar el centro (Zentrum). Por casualidad, cuando ya estábamos cerca del centro, vemos un gran albergue juvenil (no de la red YHI) y decidimos buscar aparcamiento por allí. Tenemos la increíble suerte de encontrar una calle dónde podemos aparcar justo al lado del hostal. Sacamos las cosas del coche y vamos a registrarnos bajo una fina lluvia (32€). El hostel está muy bien, es el típico bed and breakfast con habitaciones grandes mixtas y baño en suite. Tiene un montón de habitaciones distribuidas en varias plantas y además está muy cerca del centro. Por cierto, en el sótano tiene una preciosa sala de juegos.

Salimos corriendo pues hoy juega un importantísimo partido el Barça contra el Berden Bremen. Buscamos desesperadamente un bar dónde retransmitían el partido. Encontramos un restaurante turco dónde tienen una pantalla de plasma muy grande. Cenamos un par de kebaps y unas coca-colas (12 €) y vemos todo el partido sin celebrar los goles (2-0).

Salimos contentísimos del bar y hacemos una primera visita rápida de Munich. Nos gustó muchísimo a primera vista, pero estábamos cansados y llovía un poco. Nos equivocamos de camino (un poco de mala suerte para empañar el día) y tenemos que volver sobre nuestros pasos para evitar algunas zonas… sombrías. Nos acostamos más tarde que nunca (casi a la media-noche).

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (III)

4/12 – Ruta por la Selva Negra

Nos levantamos muy pronto (7:20). Desayunamos en el hostal, devolvemos las llaves y salimos rápidamente. Salimos fácilmente de Baden-Baden y encontramos la carretera a la primera. El problema es que se bifurca en 2 y nuestro mapa de carreteras no tiene suficiente resolución y no muestra esa bifurcación (el típico mapa desplegable 1:10000 que cuesta 6€ en el Carrefour). Tenemos que dar la vuelta y paramos en la salida de un pueblecito, dónde unas mujeres que regentan un negocio de alquiler de coches me dejan ver un mapa más detallado. Por cierto, fue curioso comprobar que ellas sólo hablaban alemán y un poco de francés. Ya que estábamos, llenamos el deposito de combustible (25€).

La ruta discurre por una carretera de montaña. Muchas curvas, paisajes fantásticos, pueblecitos encantadores, pequeños lagos… Seguíamos las recomendaciones de la “Guía Viva Alemania”, pero tuvimos que buscar rutas alternativas en un par de ocasiones debido a las obras en la carretera. Durante el transcurso de la ruta empezó a llover y eso deslució bastante la mañana. Nuria se durmió en el coche varias veces. También tuvimos mala suerte porque estaba cerrado el museo al aire libre en el que se reproduce la forma de vida tradicional de esa zona (casas antiguas, establos, etc) que está instalado en un pequeño pueblo de la ruta (de cuyo nombre no me acuerdo). Para compensar, paramos en un Lidl y cargamos provisiones (5€).

Llegamos a Triberg. Visitamos una tienda tima-turistas donde venden relojes de cuco “made in Taiwan” de donde un dependiente con bigote nos espantó rápidamente. Luego visitamos la famosa cascada de Triberg bajo una suave lluvia y cuando nos cansamos de buscar un buen lugar para comer bajo la lluvia, decidimos comprar un par de Kebaps y comérnoslos en el coche (6€).

En el último momento decidimos ir directamente a Villingen a dormir (la idea inicial era pasar antes por Friburgo). Hubo un momento en el que la visibilidad en la carretera era muy baja. Luego se despejó y paró de llover. Encontrar el camino fue fácil, pero luego la ciudad es un caos. El problema es que unieron dos ciudades y como hay un montón de autovias alrededor y entre las dos ciudades, es bastante complicado encontrar el centro. Además el albergue estaba en las afueras, escondido en un lugar realmente complicado de encontrar. Cuando llegamos, en el albergue sólo encontramos a 3 personas, todos trabajadores del lugar. Reservamos una habitación (48€) después de esperar un buen rato. El hostel es grande y está vacío. Nos dan una habitación de 4 para nosotros solos. La habitación tiene un lavabo, un par de literas y un escritorio.

Visitamos el centro de villingen. Nos cuesta muchísimo llegar hasta allí con el coche. No podemos visitar el famoso mercado de la navidad de Villingen, porque este año lo montan en el otro pueblo y no nos vemos con fuerzas de encontrarlo. Cuando nos cansamos (empezaba a lloviznar), como no tenemos mucha hambre, compramos una pizza para llevar (3€) y nos la llevamos al albergue. Cenamos en la habitación (había alguien en la sala de juegos y no queremos que nos digan nada). Montamos un cama doble con un par de colchones y nos acostamos.

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (II)

2/12 – Descubriendo Alemania

Después de la ducha y un buen desayuno (con la comida que nos habíamos traído), salimos a la calle bastante pronto. Nos encontramos con las calles mojadas, quizá llovió un poco por la noche o quizá se trate simplemente del rocío. Lo bueno es que no hacía tanto frío como nos esperábamos y, como íbamos bastante bien abrigados, nos sentimos bastante bien.

Nos dirigimos al castillo, que estaba arriba de la ciudad. Podíamos haber subido en funicular, pero acabamos subiendo por las escaleras (en principio, sin darnos cuenta). Las escaleras son interminables, hay unos 300 escalones numerados. Entramos al castillo con el carnet de estudiante a mitad de precio (2*1’50€). Visitamos el castillo, la bodega y la farmacia sin pagar nada extra (cuando todas las guías decían que se pagaba aparte). La visita del castillo y las vistas desde las terrazas son muy recomendables.

Bajamos por las escaleras y visitamos los puestos del mercadito de la navidad. En ese momento, todavía nos sorprendía un poco el mercadillo de la navidad. Comimos en el mercadillo picando de aquí y de allá (hot-dogs, un bocata de NordSea, etc. 10€). Visitamos las iglesias y los edificios representativos de la ciudad y compramos un montón de cosas en un “todo a 1 euro” que era mucho más barato que en Alicante (nos gastamos unos 20€).

Compramos una tarjeta de teléfono (5€) que se consumía a un ritmo increíble (no vale la pena). Llamamos al Youth Hostel de Baden-Baden para ver si había sitio y reservar (no era necesario, ya que el albergue estaba casi vacío). Queríamos patinar, pero costaba 5€ por persona y la pista era pequeña. Después de descansar un rato en el hostel, salimos a cenar, pero sólo Ivan cenó (un kebap y una coca-cola 4’65€). Volvimos pronto a dormir.

3/12 – Relax

Nos levantamos relativamente tarde. Desayunamos y vamos a por el coche que estaba aparcado bastante lejos (un par de kilómetros, fuera del centro histórico). Cargamos las maletas en el coche, dejamos las llaves en el buzón (el encargado del hostel no estaba) y nos marchamos hacia Baden-Baden. El viaje lo realizamos sin incidentes, la carretera estaba bien indicada (excepto la salida de Heidelberg a la autopista, los alemanes tienen la fea costumbre de no hacer circunvalaciones ni indicar como llegar a todas las autopistas que pasan cerca de la ciudad).

Paramos en la tourist-info a la entrada del pueblo donde nos dan un mapa y nos indican como llegar a nuestro albergue. No podemos hacer el check-in en el hostel, porque no hay nadie, así que dejamos las cosas en el guarda-maletas y nos vamos. El albergue está en una colina desde dónde se domina toda la ciudad. Es el típico albergue de la red Youth Hostel: un comedor muy grande, habitaciones y baños separados por sexos… No se que tienen los albergues YHI, pero se nota.

Decidimos coger el coche para ir al centro. Casi nos volvemos locos para aparcar. Es tan difícil que tenemos que volver al albergue para aparcar. Dejamos el coche y nos vamos andando. No está tan lejos el centro, unos 15 minutos andando.

Visitamos el centro. No había demasiado que ver, pero estaba animado. Comimos en un McDonnals (8€) y luego hemos visitado el mercado de la navidad. Nuria estaba que se dormía por los rincones. Así que aprovechando la coyuntura decidimos ir al famoso balneario de Friedrichsbad.

En Baden-Baden hay dos balnearios: el de Caracalla y el de Friedrichsbad. El de Friedrichsbad está construido sobre las ruinas de unas antiguas termas romanas, sólo por ver la construcción vale la pena entrar. El de Caracalla es una especie de Caldea, es decir, es más parecido a un parque acuático que a un balneario. En las termas de Friedrichsbad es obligatorio ir desnudo y durante una parte es mixto. En el de Caracalla todo lo contrario: es obligatorio ir con bañador excepto en la sauna. El de Friedrichsbad es un poco más caro y la visita dura 3 horas (si te pasas pagas 3 euros por cada media hora). En el de Caracalla te permiten estar 4 horas. En resumen, el de Caracalla es una turistada, así que si sólo puedes visitar uno de los dos balnearios, es mucho mejor ir al de Friedrichsbad.

Entramos al balneario algo antes de las 17:00. Pagamos la entrada (2*21€) y nos vamos cada uno a nuestro vestuario. Nos quitamos la ropa, dejamos la ropa en la taquilla y entramos. Primero una ducha, luego las saunas y más tarde salimos a las pozas de agua dónde nos volvemos a encontrar. Allí nos pasamos un buen rato y luego volvemos a separarnos para continuar el “tratamiento” con la zona de relax. Todo es muy sencillo, hay números en cada sala con una explicación de qué hay que hacer y cuanto tiempo se supone que hay que estar (luego tu estás el tiempo que quieres). Terminamos mucho después de las 20:00, tanto que debíamos pagar 2 medias horas extra, pero saltamos el control de accesos aprovechando que no hay nadie.

Salimos y fuera llovía. Nos da igual. Estamos flotando. No teníamos ganas de nada, pero teníamos que cenar. Así que nos fuimos al McDonnals y comemos algo (6€). Paseamos hasta el albergue. Llegamos y estaba cerrado. Llamamos durante un buen rato hasta que nos cansamos y llamamos por teléfono. Un chico coge el teléfono y dice “oh, sí, un momento”. Cuelga y aparece por la puerta pidiendo perdón (probablemente se había dormido). Nos registramos en el albergue (2*24€) y subimos a la habitación. Está en el piso de arriba del todo (un quinto). Es impresionante, la habitación es preciosa, las vistas increíbles. Pedid la habitación de arriba si vais. Por cierto, que tuvimos suerte y el chico de la recepción se enrolló y nos dejó estar a los dos en la misma habitación (teóricamente no era mixed).

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Sur de Alemania (I)

1/12 – Llegada

Era la primera vez que salíamos desde el aeropuerto de San Javier. Nos enteramos que podíamos coger un autobús desde la estación de Alicante que nos dejaba en San Javier. Hay 2 autobuses por la mañana, así que como íbamos bastante bien de tiempo (el vuelo salía a las 16:00) cogemos el de las 11:00 (2*5€). El bus tarda 2 horas en llegar a San Javier. Llovía abundantemente, parecía un presagio de lo que nos esperaba. Bajamos del bus junto a Erika, una Chilena-Española que vive en Alicante. Hablamos con ella, también se dirigía a Hahn-Frankfurt, así que decidimos hacer el viaje juntos.

Como vamos sobrados de tiempo, vamos a un bareto y nos tomamos unos bocatas y una coca-cola (6€). Cogemos un taxi para ir al aeropuerto (4’65€), aunque por la distancia que hay (un par de kilómetros) podríamos haber ido andando… si no lloviera. En el aeropuerto todavía tuvimos que esperar. Es un aeropuerto muy pequeño, del estilo del de Reus, típico aeropuerto Ryanair (como el de Hahn al que nos dirigíamos). El vuelo sale puntual, sin ningún tipo de percance. No es ni el mejor ni el peor vuelo de nuestra vida…

Llegamos a Hahn y allí Erika se encuentra con su amiga alemana. Nos ayudan con la reserva del coche (preguntando como devolver el coche) y se marchan. Después de un buen rato de espera, viene un hombre que nos lleva hasta el lugar dónde se encuentra nuestro coche. Se trata de un 207 gasolina nuevo, con sólo 500 kilómetros. Probablemente el coche por el que pagamos (un Toyota Yaris) no estaba disponible, por lo que tuvieron que darnos ese (bastante mejor).

Salimos del aeropuerto intentando localizar el camino a Heidelberg. Nos perdimos y dimos unas cuantas vueltas antes de encontrar el camino correcto. Luego, un par de horas de autopista y llegamos a Heidelberg. Tardamos muchísimo en encontrar aparcamiento. Mientras buscábamos aparcamiento pasamos por delante de nuestro albergue. A través de Internet habíamos reservado un par de noches en Heidelberg. Hicimos bien, pues entre que nos perdimos, los 150 kilómetros hasta llegar y lo que tardamos en aparcar, no llegamos al albergue hasta las 23:00. Aparcamos bastante lejos y además en una zona prohibida (sospechamos de una señal y nos apuntamos lo que decía para preguntarle al responsable del hostal que confirmó nuestras sospechas).

El albergue era, cuanto menos, curioso. Se trataba de un hostel vinculado a un pub. Era el propio camarero (o propietario) el que vino a darnos la llave de la casa, la habitación y a asignarnos nuestra cama. El hostel está muy bien situado, en la calle principal de la ciudad. Básicamente el albergue era un pasillo largo con habitaciones a ambos lados y una escalera al final que sube hasta el primer piso que es más o menos igual. Abajo había un único baño al final del pasillo con ducha y arriba había otro igual y además un aseo. Lo malo de los baños era que cuando alguien lo ocupaba ya nadie más lo podía usar, así que por la mañana se formaba una buena cola a pesar de que el hostel estaba casi deshabitado. Las habitaciones eran mixtas igual que los baños.

Después de pagar el hostel (80€ por las dos noches), salimos a visitar el centro de la ciudad. Nos comimos los bocadillos que habíamos preparado en casa para esa noche y así nos quitamos la preocupación de buscar un sitio dónde comer (coca-cola 1’50€). Regresamos pronto al hostal porque estábamos un poco cansados.

Compartir es el mejor agradecimiento

Resumen viaje al sur de Alemania

El viaje empezaba en Hahn (aunque Ryanair se empeñe en decir que eso es Frankfurt) y terminaba en Dortmund. Alquilamos un coche en el mismo aeropuerto de Hahn para dejarlo 8 dias más tarde en el aeropuerto de Dortmund (el más barato, que resultó ser un 207 nuevecito cuando nos habían dicho que sería un Yaris).

Viajamos hacia el sur, haciendo parcialmente la ruta de la selva negra y visitando el lago constanza y el castillo de Neuschwanstein. Luego visitamos algunas ciudades del sur del país: Munich, Nuremberg, Frankfurt y Dormund. Todo ello aderezado con los mercados de la navidad que estaban en su máximo explendor.

La principal sorpresa fue ver que en Alemania el coste de la vida era más barato que en España. Vimos anuncios de casas en inmobiliarias, compramos en supermercados (Lidl, Aldi), nos alojamos en albergues… todo en general es más barato que aquí. Curioso. Y los sueldos son bastante más altos (o eso dicen, porque este punto no lo pudimos comprobar).

Otra sorpresa, aunque menor, fue comprobar como se conduce por Alemania, lo mal señalizado que está todo y “las pirulas” que hacen los alemanes al volante. Y eso que desde aquí se piensa que los centro-europeos son super-cuadriculados y amantes de la ley y el orden…

Y para terminar con las sorpresas, la más agradable fue comprobar que no hacía mucho frio. El frío era seco y en cuanto te cubrias con algo ya ibas comodo. Eso sí, cuando llovía y te empapabas, la brisa te congelaba y sólo tenias ganas de llegar a algún lugar calentito.

En general el viaje es muy recomendable, sobre todo en la epoca en la que lo hicimos. A grandes rasgos, para 2 personas 8 noches, con el coche, los vuelos, albergues, las comidas y algunas compras, el presupuesto es de unos 1300 euros que siempre se pueden recortar prescindiendo de algunas comodidades hasta bajar de los 1000 euros. En los próximos días más información.

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Nueva York (y VI)

Jueves 12/10 – Repasando lugares

Es nuestro último día en Nueva York. Lo hemos visto casi todo (o eso creemos), pero queremos volver a visitar los lugares que más nos han gustado. También queriamos ir a Brooklyn, pero en la guía que tenemos tampoco dice nada en especial (salvo cruzar el puente para ver las vistas desde la otra parte). Pero antes de todo eso, desayunamos en un puestecito callejero (2’5$) para coger fuerzas.

Decidimos ir en metro hasta Brooklyn y buscar el paseo maritimo dónde se puede ver la zona financiera de Manhattan. El paseo está precioso, con ambiente otoñal, con el suelo lleno de hojas. Nos sentamos para ver tranquilamente las vistas (y porque estamos cansados). Cuando nos parece, caminamos hacia el puente y lo cruzamos. Un paseo muy interesante.

Cogemos un tren y bajamos en Lexinton. Nunca antes habiamos recorrido esta avenida. La habiamos cruzado y habiamos andado por ella, pero sólo algunos cientos de metros. Nos gustó mucho este paseo, es diferente. No se como explicarlo, pero no es lo mismo que andar por la quinta avenida o por Broadway, tiene otro ambiente… Decidimos comer allí mismo en un restaurante italiano donde las raciones de pasta de tamaño pequeño son más grandes que las gigantes en Europa (15$). Después de comer visitamos el edifio Chrysler (sólo el vestibulo, porque ahora no se puede subir arriba).

Decidimos volver a ChinaTown, esta vez vamos de compras. Tenemos que buscar algunos recuerdos y algunos regalos. Compramos 6 camisetas por 10$ (sí, 10$ todas, nos quedamos alucinados con los precios). También compramos una correa para los pantalones (3$), un iman de nevera (1$), un collar étnico (1$) y una revista de quads (5$). Visitamos más extensamente el barrio chino que, en realidad, no lo es, dado que hay una parte coreana, una tailandesa, etc.

Volvemos a Times Square en metro y comprobamos que no hay nada a buenos precios en la TKTS. A fuerza de desengaños hemos descubierto que es muy dificil (para nosotros fue imposible) encontrar buenos precios en la TKTS. Las entradas que se ponen a la venta con descuento no son las de menor precio. Esas las debes comprar directamente en taquilla, porque en la TKTS no suelen estar. Seguro que hay un truco, pero no lo encontramos.

Desde Times Square cogimos un metro a la estación del ferry de Staten Island donde habiamos quedado con Sofia. Sin embargo, el metro va más lento de lo que querriamos y, encima, nos metemos en el vagón equivocado (a nuestro destino sólo viajan los primeros tres vagones). Como resultado perdemos a Sofia a la que ya no volveriamos a ver. Regresamos a Staten Island por la noche porque es lo que más nos gustó de NYC, es una imágen preciosa.

Cogemos otro metro hacia Grenwich Village, por la zona cercana a la plaza Washington que nos gustó bastante cuando estuvimos. Acabamos cenando en una pizzeria llena de gente hablando italiano (9$).

Viernes 13/10 – El regreso

El último día nuestro vuelo salia por la tarde, pero teniamos que salir justo después de comer. Hicimos las maletas y bajamos a la recepción para dejar las maletas. Nos cobraron un dolar por cada maleta (2$ en total). La mujer que había en la recepción nos cobró además del precio pactado, el dinero que nosotros ya habíamos pagado en concepto de reserva a la web Hostelz.com. No lo entendiamos y le pedimos una explicación. La mujer estuvo super-borde y no cedió en ningún momento. Tuvimos que pagar (era sólo un 10%, pero jode).

Un poco cabreados, salimos hacia la quinta avenida para pasear camino a Times Square para verla por última vez. De camino hacía Times Square, desayunamos por última vez uno de esos magnificos donuts que venden en la calle (3$). Llegamos a Times Square y nos encontramos con el famoso “naked cowboy”, curioso personaje. Paseamos un rato y cuando nos cansamos volvimos en metro hasta las cercanias del hotel, dimos una vuelta por allí para hacer hambre y comimos en el restaurante de los mexicanos ilegales (14$).

Fuimos a recoger nuestras maletas y nos subimos en el metro. En un par de horas estabamos en el aeropuerto. No nos imaginabamos lo que nos esperaba. La paranoia terrorista provoca larguisimas colas, te tienes que quitar los zapatos, pasan controles de Antrax a tus maletas, te obligan a tirar o beberte los líquidos… Impresionante.

El resto bien. Durante el vuelo proyectaron un par de peliculas, una comedia tonta de cuyo nombre no quiero acordarme y otra que ni nos enteramos porque estabamos durmiendo. La comida la típica de los vuelos. Nos quedamos a dormir en Madrid y al día siguiente tomamos el vuelo de regreso. Por cierto, el hostal Opera Backpackers de Madrid es buenísimo. Ya hablaremos de eso en otro momento.

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Nueva York (V)

Miercoles 11/10 – El Bronx

Ya casi no nos quedaba nada que ver en Manhattan, así que decidimos que podiamos empezar a “salir fuera”. Lo primero es un buen desayuno. Descubrimos una maravilla de NYC que siempre habia estado ahí y que todavía no habiamos explotado: los puestos callejeros. Tienen unos donuts que están buenísimos, los mejores que he probado en mi vida. Y el “hot chocolate” tiene un sabor peculiar que engancha… Además el precio está genial (3$ por tres donuts y un chocolate caliente). Me gustó mucho descubrir esto.

Decidimos que debiamos ir al Bronx. Pero, ¿que hay en el Bronx? No vamos a ir allí sin más, ¿no? Pues ya que estabamos, decidimos ir al Zoo del Bronx, el mayor zoologico urbano de America. El viaje en metro es muy largo, pero como una vez fuera de la isla de Manhattan, el metro sale al exterior, el decadente espectáculo que se ve desde las ventanas del vagón te tiene entretenido. La parte sur del Bronx es la más peligrosa. Vimos calles tenebrosas, muchos mendigos, gente sobre las terrazas haciendo fuego, casas ruinosas… En fin, lo que te esperas.

Cuando al fin llegamos a nuestra estación, bajamos y encontramos mucha más animación que la vista desde el metro. Preguntamos a una mujer hacia dónde estaba el zoo, pero nuestra mala pronunciación hacía que no entendiera la palabra clave: “zoo”. Al final encontramos el camino, bastante solitario, por cierto. Entramos en el zoo gratis (los miercoles es gratis) y paseamos por una especie de “Port Aventura” de animales. Es muy grande y muy interesante si hay tiempo para ir. Vimos bufalos, todo tipo de pájaros, monos, tigres… Tambien subimos a un telesferico que recorre el zoo (de pago, 6$).

A medio día, sin haber visto todo el zoo (calculo que vimos más del 60%), decidimos salir de allí para comer, puesto que los precios no eran precisamente económicos. Volvemos hacia la estación, pero el panorama de pasarnos más de una hora metidos en el metro con el hambre que teniamos nos motivó a quedarnos a comer por la zona. Buscamos un local con precios razonables y buena pinta. Todos los locales tenían un precio razonable y buena pinta (relativamente), pero nos quedamos con uno que nos recordaba al típico local que aparece en las peliculas, con la camarera disfrazada, siempre con la cafetera en la mano rellenando tazas vacias, la música decadente que tantos les gusta a los americanos (una especie de mezcla entre pop y country) y, por supuesto, esas mesas y esos bancos pegados al suelo. Incluso una cucaracha americana nos visitó durante la comida. Fueron dos platos, pan, bebida y postre (que no tomamos por error) por 17$, un precio muy razonable.

Durante la comida vimos en las noticias (la tele estaba encendida pero sin sonido) que una avioneta se había estrellado en Manhattan. La gente en las imágenes estaba histérica, recordaban el 11-S. Al final resultó ser un jugador de baseball recien contratado por el equipo local.

Cuando salimos a la calle estaba lloviendo, poco, pero tuvimos que correr hasta la estación de metro. Nos montamos en el metro y en algo más de una hora aparecimos en Times Square. Llovía demasiado en ese momento como para salir a la calle, así que decidimos volver al hotel. Vimos nuestro tren que iba a salir, así que corrimos para cogerlo, pero con la mala suerte de que a Nuria le dió tiempo a subir, pero a Ivan no. Nuría pensó que lo mejor era bajarse en la siguiente estación y esperar a Ivan. Sin embargo, Ivan pensó que lo mejor era ir hasta el destino y esperar allí. Tardamos muchísimo tiempo en encontrarnos, corriendo de un sitio a otro bajo la llúvia. Finalmente nos encontramos en la puerta del hotel, Nuria ya duchada y Ivan empapado.

Conocimos a Sofia, una chica Chilena nacida en Argentina que estaba en nuestra misma habitación y que acababa de llegar de un viaje por Europa (un dia en paris, otro en amsterdam, dos en londres…). Descansamos un poco y salimos a cenar a un McDonnals cercano (7$).

Compartir es el mejor agradecimiento

Cronica: Nueva York (IV)

Lunes 9/10 – Cambio de hostal

Hoy cambiamos de hostal. Nos vamos al Gershwin Hotel, cerca del Empire State Building. Nada mas levantarnos, dejamos el equipaje en cosigna (gratis durante 24 horas) y salimos a buscar un lugar donde desayunar. Entramos en un Dunkin Donuts y compramos 3 donuts grandes (2’70$) que nos llevamos a Central Park como suelen hacer muchos New Yorkers los domingos y dias de fiesta (hoy es el Columbus Day).

Ya que estamos, visitamos Central Park. Es un parque muy grande (el mayor parque urbano del mundo) que tiene una gran diversidad. Se podría pasar un día entero allí (patinando, circulando en bicicleta, remando en una barca, etc). Despues de este relajado paseo, nos sentamos para hacer tiempo para el desfile del día de Colón (que nos han dicho que será sobre las 12:00). Estabamos cansadisimos. Nuria se duerme sentada en un banco esperando el desfile. El desfile en sí fue una tonteria: grupos de italo-americanos y la policia metropolitana desfilando. Nada más. Aburrido.

Regresamos al hostal, cogemos nuestras maletas y nos vamos en metro al Gershwin. Este nuevo alojamiento es un hotel en el que se han habilitado unas cuantas habitaciones con literas para mochileros. No esta mal. Es un poco caro y la recepcionista es un poco “seca”, pero en general es un lugar limpio, acogedor y muy bien situado. Eso sí, no es un hostal: no hay zonas compartidas, en los pasillos y el ascensor te encuentras con gente mayor y encorbatada…

Salimos rápidamente del hotel para buscar un sitio donde comer. Cruzamos hacia Broadway y encontramos en la esquina, debajo del hotel Plaza, un restaurante italiano llevado por mexicanos ilegales. Se come muy bien por menos dinero que en el Sbarro. Además los empleados son muy majos. Comemos (12$) y nos dirigimos hacia la zona de Chinatown, Tribeca y Little Italy.

Es una de las rutas que más nos ha gustado. Al girar una esquina parece que hayas cambiado de país. Pasas de estar en mitad de una ciudad China a estar paseando por Roma. En Tribeca lo único que hay que ver son los típicos edificios de ladrillo rojo. Chinatown es como una ciudad China en miniatura. Es curioso ver todos los carteles en Chino y comprobar la baja tasa de ciudadanos no Chinos en las calles. A parte de eso, lo único que hay que hacer es ir de compras. Aquí encuentras todas las falsificaciones que quieras, así como un montón de tiendas tipo “todo a 100” y bazares. Por último, Little Italy son un par de calles llenas de restaurantes.

Estabamos rebentados, pero sacamos fuerzas para ir a Lower East Side, zona recomendada por una amiga de Nuria. Fuimos andando, no estaba demasiado lejos y he de decir que fue el lugar de Nueva York más amenazador que encontramos. Era una zona pobre, deprimida, calles vacias, desoladas, casi sin coches, basura en la acera y unas pocas tiendas, muy pocas, de ropa usada y trastos inservibles. No nos gustó.

Decidimos regresar a Times Square y probar suerte en la TKTS para ir al teatro. Pero nada. Así que nos sentamos a ver pasar a la gente pasar (muy recomendable) hasta que nos entró hambre. Compramos un par de hot-dogs y una coca-cola (6$) en un puestecito callejero y nos fuimos hacia el hotel.

Martes 10/10 – Wall Street

Decidimos que ya era hora de visitar Wall Street. Siguiendo las recomendaciones de la guía, empezamos la visita a la zona financiera bien pronto. No encontramos mucha gente de negocios a esa hora. Supongo que los tiempos cambian y que los ejecutivos flexibilizan sus horarios. Desayunamos en un McDonnals (2$), en el más elegante del mundo, con un tio que toca el piano a la hora de la comida y la cena.

Nuestro paseo (sin demasiadas sorpresas, ni para bien, ni para mal) termina en el ferry de Staten Island. Este ferry cruza en unos minutos gratuitamente entre Manhattan y Staten Island pasando justo enfrente de la estatua de la libertad. Nos gustó mucho el viaje y decidimos que debiamos volver por la noche para ver la estampa nocturna.

Aunque no habiamos terminado el recorrido por esa zona, ya que teniamos las tarjetas de metro, decidimos volver a comer al mismo restaurante del día anterior, cerca del hotel. Comemos (15$) y regresamos. Continuamos el paseo junto al brazo de mar que separa Nueva York y Nueva Jersey. Visitamos la zona 0, ahora mismo no hay nada, un monton de máquinas trabajando simplemente. Pensabamos ir a Brooklyn, pero decidimos que ya que estabamos, lo mejor era visitar de nuevo Staten Island. La ida, al atardecer fue realmente bonita, pero el regreso, con las luces de la ciudad acercandose, ha sido sin duda lo mejor del viaje.

Como ya viene siendo habitual, regresamos a Times Square para cenar. Volvemos al Mc Donnals de la primera noche (6$). Damos una vuelta y volvemos a casa más tarde que nunca: son las 22:00 ¡Wow!

Compartir es el mejor agradecimiento