Quién se acerque a Lopburi debe hacerlo exclusivamente para ver monos, si no te gustan, mejor que no vengas, pues es el único atractivo real.

Los monos de Lopburi

Quién se acerque a Lopburi debe hacerlo exclusivamente para ver monos, si no te gustan, mejor que no vengas, pues es el único atractivo real.A Lopburi habíamos venido por dos cosas: primero porque se encuentra de camino a Chiang Mai y segundo por los monos. Después de desayunar, fuimos los primeros en entrar a las ruinas que teníamos en frente de nuestro hotel, lo cual nos permitió disfrutar en solitario de los cientos de monos que allí se congregan. Visitamos también algún otro lugar, pero solo pagamos esa entrada, ya que como ocurría en Ayutthaya, muchas ruinas se podían ver bien de forma gratuita desde fuera.

Las ruinas son un marco espectacular para fotografiar a los monos.Recogimos nuestras cosas del hotel, nos fuimos a la estación para coger el tren de las 9:30 a Phitsanulok y… venía retrasado 50 minutos. A las 10:30 llegaron casi a la vez el tren rápido (desde 99 bahts tercera clase, 5-6 horas) y el express (a partir de 380 bahts segunda clase, 3 horas). Nuestra elección era el rápido en tercera clase (creo que solo había tercera). En este caso (y afortunadamente) los asientos estaban numerados, pues el trayecto es muy largo y dentro del tren hace bastante calor a pesar de los ventiladores del techo. A pesar de que compramos agua y algo de comida en la estación, no era para nada necesario, ya que constantemente durante todo el trayecto pasaban vendedores de todo tipo de comidas y bebidas. Nuria se compró un plato precocinado un poco picante…

¡Y también descubrimos los porritos dulces! En realidad se trata de unas tortitas muy finas y algodón dulce. Vimos como la gente las compraba y “liaba” el algodón dulce dentro de las tortitas y decidimos probar. Es algo que hay que probar, está buenísimo. Aquí está el proceso de elaboración:

A primera hora de la mañana llega un cuidador que alimenta a los monos. Además de alimentarlos debe llevarlos bastante a raya porque los monos se esconden literalmente de él.El tren no es un medio de transporte en Tailandia, es una experiencia sociológica. Estar metidos ahí dentro durante horas conviviendo con gente de allí vale mucho más la pena que ir fresquito y reclinado en tu vagón de segunda clase (¡y además es sensiblemente más barato!). En cuanto llegamos a Phitsanulok ignoramos a los taxistas y tuk-tukeros y anduvimos hacía la calle principal (a 200 metros de la estación) para tomar un bus de línea que te lleva a la estación central de autobuses dónde sale cada poco tiempo un bus a Sukhothai. El bus a Sukhothai tarda solo una hora y tiene aire acondicionado y asientos reclinables. ¡Todo un lujo!

El templo está pegado a la ciudad. De hecho la puerta de entrada da directamente a la calle principal.Llegamos a Sukhothai y lo primero que sentimos era un gran alivio de calor. Parece que estas tierras son menos calurosas que las de Lopburi (la lluvia también ayudaba). En la misma estación había varias personas que nos ofrecían sus alojamientos. Uno de ellos nos ofreció una guesthouse “en el centro” (bueno, a 5 minutos andando del mercado nocturno) por 250 bahts. Seguramente hubieramos podido encontrar algo más barato, pero pensamos que no valía la pena ponerse a buscar a esas horas y pagar un taxi para llegar al centro (que se encuentra un poco alejado de la estación) para ahorrarse quizás 50 bahts (según los precios que habíamos leído en la wikitravel) o bajar el listón de exigencias para conseguir una cama por 150 bahts. Así que aceptamos su oferta y el chico llamó a su padre para que viniera a recogernos en un coche y nos enseñara la casa. Quince minutos más tarde ya estábamos visitando la casa y pagando los 250 bahts por la primera noche. Ducha, colada y a la calle.

Los más pequeños comiendo palomitas de maíz que seguramente le habrán robado a algún incauto.Nos habían dicho que teníamos que probar el Padthai de Sukhothai pues era diferente y tenía buena fama. Lo probamos como se debe hacer: en un puesto de la calle, pero eso sí, con sillitas y mesita. Buenísimo y ciertamente diferente. A pesar de lo poco que habíamos comido a mediodía, tampoco teníamos demasiada hambre. Y es que entre el calor y que siempre tienes algo en la boca (especialmente líquidos), el hambre se va. Después de la cena y el paseo por la ciudad, nos pasamos por el 7-eleven para comprar un postre para Ivan y algunas (pocas) provisiones para la visita mañana de las ruinas. Ya teníamos una moto apalabrada para que esté a las 7 en la puerta del hotel por 250 B.

Vista desde el templo. Este es nuestro hotel en Lopburi que, como se ve, está muy hecho polvo. Gastos:

Desayuno: 27 B
Entradas: 2×50 B
Tren a Phitsanulok: 2×99 B
Snacks y agua para el tren: 42 B
Comida Nuria tren: 20 B
Bolsa Cacaos tren: 10 B
Porritos: 20 B
Coca cola tren: 25 B
Bus local: 2×13 B
Bus Sukothai: 2×43 B
Guest House: 250 B
Cena: 60 B
Helado, agua y galletas: 39 B

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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