Crónica Argentina (XVI) – La quebrada de las Conchas

Carretera de la Quebrada de las Conchas1/4 – La quebrada de las Conchas

Segundo día con vehículo y segundo día casi perfecto. Y eso a pesar de que por la mañana salimos a buscar unas cuevas con pinturas rupestres cercanas a Cafayate y no las conseguimos encontrar. Eso sí, paseamos por un monte increíble, con unos paisajes propios de las películas del Oeste. Esta fue la primera alerta acerca de la zona de NOA (Nord-Oeste de Argentina): hay muchos atractivos espectaculares poco o mal indicados.

Pero antes de salir a buscar pinturas prehistóricas, hemos tenido un fabuloso e inolvidable desayuno con unos argentinos que se encontraban también alojados en la misma casa/pensión en la que nos encontrábamos. Toda una lección de filosofía y visión de la vida desde el punto de vista argentino después del corralito y otros desmanes históricos de sus gobernantes (algo, por cierto, bastante de actualidad tambien en esta parte del mundo). Se trataba de una pareja que estaban recorriendo la ruta 40 a lomos de su Falcon del 77 por etapas, cada vez que las obligaciones se lo permitian.

En Cafayate todavia se trabaja como antes.Después del desayuno y de nuestra aventura por el monte, hemos regresado a la ciudad, hemos ido a recoger la ropa de la lavandería, pero no estaba lista todavía y hemos “perdido” el tiempo visitando las tiendas de Cafayate (64$ en máscaras y objetos decorativos + 35$ en un jersey de lana + 2’5 botella grande de agua). Luego hemos ido a recoger la ropa que ya estaba preparada (12$).

Salimos hacía Salta por la carretera de la quebrada de las Conchas. Es una carretera asfaltada, en muy buen estado, sin excesivas curvas y en la que te entretienes cada cierto tiempo parando a descubrir las caprichosas esculturas con las que nos obsequia el agua, el viento y el tiempo.

Para hacer el viaje más ameno, hemos recogido a un par de auto-stopistas que iban andando, muertos de calor, en dirección a un dique en el que se pueden practicar deportes de aventura. Les advertimos que nosotros íbamos tranquilos, que pararíamos en todos los atractivos de la quebrada, pero no les importó, ya que ellos estaban también de vacaciones por la zona y no confiaban mucho en que nadie les parara para recogerles (“antes la gente solía pararte, hoy en día la gente se ha vuelto desconfiada”).

La quebrada depara lugares impresionantesY así fue, empezamos a parar en unas y otras figuras, avanzando poco a poco por la ruta, alucinando con los colores, las formas y el sonido casi mágico de aquella quebrada bastante desconocida incluso para mucha gente que ha viajado a Argentina. El climax se produjo en la llamada Garganta del Diablo. Un lugar impresionante donde la perspectiva se difumina y por momentos se pierde la sensación de profundidad. Sólo por poder experimentar esa extraña sensación vale la pena alquilar un coche y venir por esta ruta.

Cuando ya nos íbamos de la Garganta del Diablo, ocurrió un pequeño accidente. Uno de los auto-stopistas, bajando de la zona “peligrosa” (marcada como “no pasar”) de la Garganta, tropezó y cayó desde unos 3 metros de altura al suelo. Se hizo un buen agujero en la rodilla del que no paraba de brotar sangre. Le ayudamos a salir fuera entre los tres, y allí tratamos de cortar la hemorragia. Lo conseguimos, pero el chico se puso muy nervioso al ver tanta sangre y estuvo a punto de desmayarse. Un vendedor de souvenirs (Chamán en sus ratos libres) que andaba por allí se interesó por el chico y le ayudó a que no se desmayara. Le ofreció hoja de coca y le pidió que realizara unos ejercicios y consiguió que le volviera el color a la cara del chico. Todo quedó en un susto, pero tuvimos que dejar a los chicos en la garganta ya que debido al accidente iban a regresar al camping en el que estaban en Cafayate.

La famosa garganta del diabloA los 5 minutos ya teníamos a otra auto-stopista en el coche. En este caso era una vendedora ambulante que ya había dado el día por terminado y regresaba a casa. Después de dejarla, ya casi a las 3 de la tarde, paramos en un restaurante que encontramos en la carretera y dónde vendían bocadillos a 2’5$. En total nos costó 12’5$ comer. No fue una gran comida, pero ya nos vengaremos en la cena.

Finalmente llegamos a Salta después de dejar atrás el dique al que iban los auto-stopistas. Aparcamos un poco lejos del centro, porque el centro es imposible, está lleno de zona verde o azul y dejar el coche allí es una locura. Pero andando nos costó muy poco llegar primero a una oficina de turismo, dónde nos dieron mapas de la zona, y luego acercarnos al centro hasta el albergue dónde estaban alojados nuestros amigos catalanes. Aprovechamos que estábamos cerca de la estación de autobuses para tratar de conseguir los billetes de Tucumán a Iguazú. No fue complicado, los conseguimos por 150$ cada uno.

La última parte de la tarde la dedicamos a visitar Salta. Visitamos el centro, sus plazas, el magnifico Museo de Alta Montaña (5$ x 2), etc. Precisamente en la puerta del Museo encontramos a Aurora que nos dijo dónde se encontraba el hostel donde estaban (bastante céntrico y barato) y nos invitó a que fueramos a visitarlos. No sólo eso, nos alojamos allí (18$x2). La verdad es que el hotel era bastante cutre, pero su función la cumplia perfectamente, proporcionando una cama y una ducha caliente. Lo demás es accesorio y por ese precio no se puede pedir más.

Salta de nochePor cierto, el Museo de Alta Montaña es imperdible si visitas Salta. Allí encontrarás una de las 3 momias Incas que encontraron en los Andes y que se conserva en perfecto estado. Casi puedes ver cara a cara a una niña Inca de hace 500 años. Impresionante.

Estábamos un poco cansados, casi tanto como para no cenar, pero finalmente nos animamos y bajo una fina lluvia recorrimos las bonitas calles de Salta hasta encontrar un restaurante de nuestro gusto (57$). Cenamos, recogimos las mochilas del coche, regresamos al albergue, nos duchamos y a la cama. Mañana vamos a hacer el recorrido del tren de las nubes.

Gastos del día:

  • Compras 99$
  • Agua 2’5$
  • Lavanderia 12$
  • Bus Tucuman-Iguazú 300$
  • Museo Alta Montaña 10$
  • Hostel 36$
  • Cena 57$

Total: 516’5$

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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