Crónica: Argentina (XII)

Un parque de Mendoza

28/03 – Mendoza

Llegamos a Mendoza. Conseguimos un mapa de la ciudad en la Tourist Info que hay en la propia estación de bus. Miramos la distancia hasta el hostel que nos han reservado nuestros amigos y decidimos ir andando. No es muy cómodo ir por ahí con las mochilas y hace mucho calor, pero valió la pena hacer el recorrido a pie para comprobar como son las distancias en Mendoza.

El hostel se llama Kuyu Mapu (70$ los dos) y es un lugar limpio y bien cuidado, con demasiadas camas por habitación, pero con un precio no muy alto para pasar de una habitación compartida a una doble individual. El baño era el típico de una casa antigua, con bañera, wc y lavabo en el mismo espacio.

Nada más llegar al hostel, nos encontramos con los chicos. Nos presentan a un par de amigos nuevos que han hecho allí (o eso nos parece), unos europeos que no hablan casi nada de español y un chico de Mendoza que está en el hostel. Nos resulta entre curioso y extraño, pero se les ve muy amigos, van a ir a hacer parapente si hace buen tiempo y quieren organizar un asado. Nosotros no somos tan hogareños y tenemos poco tiempo para ver la ciudad, así que en cuanto dejamos las cosas nos largamos al centro.

El centro no está lejos. Mendoza es una ciudad curiosa. Hay 4 plazas, principales y entre ellas se encuentran las calles principales. Los habitantes de Mendoza son totalmente diferentes al resto de los argentinos. Al ser un país tan grande es normal que haya una gran diversidad de caracteres, pero los de Mendoza son especiales, inconfundibles. Lo único que sabemos de Mendoza es que es posible subir gratis al edificio de la municipalidad para tener una visión panorámica de la ciudad en una visita guiada.

En realidad, Mendoza no era una parada de nuestro viaje. En teoría, según el plan inicial, el día anterior deberíamos haber estado en Santiago de Chile y habríamos llegado a Mendoza a través del paso del Aconcagua. La excursión del Aconcagua (llamada “Alta Montaña”) es lo que nos interesaba de esta zona. Así que después de una interesante visita de la municipalidad vamos a buscar como y dónde comprar la excursión que queremos realizar al díVistas desde la Municipalidada siguiente.

Por cierto, esos días coincidieron con los días más duros de las huelgas de la patronal agraria. La chica de la municipalidad que nos enseña la ciudad nos dice que el día anterior no pudo salir hacía San Juan y que todas las vías al norte están cortadas. Afortunadamente nosotros no tuvimos ningún problema.

Comemos en el centro, en una cafetería cualquiera (50$). Los precios de la excursión de “Alta Montaña” están entre 85 y 125$ dependiendo si incluye Villa-Vicencio o no. No reservamos nada, para preguntar en más sitios, arriesgándonos a que por la tarde se hayan completado ya todas las plazas. Pero estamos cansados (la ciudad es bastante grande) y preferimos regresar al hostel a dormir un rato.

Después de una merecida siesta, nos duchamos y volvemos a salir con la intención de encontrar una excursión al mirado del Aconcagua, pasando por Villa-Vicencio. Regateando un poco la conseguimos la excursión por 105$ cada uno, sin problemas (y con la convicción de que podíamos haberlo sacado por menos). El regateo fue tal que así: “nos han dicho 105 allí enfrente”; “ah, pues vale, yo tambien”. Quedamos en que mañana a las 7 pasarán por el hostel a buscarnos.

Con el trabajo terminado, nos dedicamos a callejear hasta llegar a la estación de autobuses para preguntar el estado de las carreteras. De camino compramos lana para hacer pulseras (6$), algo de comida para la excursión (8$), una bombilla para el mate (4$) y un gran helado doble para celebrarlo (6$). En la estación nos dijeron que no había ningún problema por el que preocuparnos de momento y que los buses hacia San Juan estaban saliendo.

Todavia anda Mafalda por estas callesYa de noche, regresamos al hostel, saludamos a todos los que estaban por allí (los mismos que por la mañana) y les invitamos a que vengan con nosotros a cenar por ahí. Íbamos a ir a un café-teatro llamado Cajamar donde nos recomendaron ver una obra en formato de monólogo llamada “Mentiras”. Así que como nadie quiso venir, nos cambiamos y nos fuimos los dos solos en plan “parejita”. Por cierto, ¿para que vamos a tomar un taxi o un autobús? Fuimos andando a la otra punta de la ciudad. Lo bueno fue que vimos toda la vida pre-nocturna de la ciudad.

La velada fue una verdadera delicia, una noche de lujo, de las que te acuerdas toda la vida. Llegamos al lugar y tuvimos que pagar 15$ cada uno para entrar. Una vez dentro, nos sentamos en primera fila, en una mesa pegada al escenario y pedimos para cenar un pescado gigantesco y un chuletón interminable, todo buenísimo y a muy buen precio (68$). La obra genial, increíble, sublima. El ácido humor argentino disfrutado en petit-comité es una experiencia que nadie se debería perder.

La cena terminó un poco tarde y el paseo a casa fue un poco largo. Llegamos al hostel a la 1 de la madrugada con poco tiempo para dormir. A pesar de la hora que era, allí nos encontramos al chico catalán charlando con un hombre amigo de la dueña del hostel que había estado muchas veces en Bolivia y que le estaba aconsejando para que se prepararan para su viaje. Cuando nos despertamos a las 6:30, todavía estaban por allí charlando.

Gastos del día:

  • Hostel 70$
  • Comida 50$
  • Excursión 210$
  • Compras 24$
  • Cena 98$

Total 452$

Compartir es el mejor agradecimiento

Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *