Crónica: Argentina (IX)

25/03 – El Bolson y su bosque tallado

Esta mañana nos hemos levantado muy pronto. El autobús al Bolsón sale a las 8:30 y no tenemos billetes, por lo que hemos de madrugar para llegar pronto a la estación. Afortunadamente el hostel está cerca de la estación, bajando por una calle sin asfaltar. Los dos billetes para El Bolsón nos cuestan 72$. El trayecto se hace corto ya que los paisajes por los que transita el bus, cerca de un gran lago, son espectaculares.

Llegamos a El Bolsón, a la parada de bus que se encuentra en el centro de la ciudad, tras un par de horas de trayecto. La ciudad la vemos poco animada, aunque se supone que hoy es día de mercado. Buscamos una oficina de turismo que encontramos un par de cuadras más allá y preguntamos. Nos describen las distintas posibilidades que hay para llegar al bosque de las esculturas talladas en madera, además de aconsejarnos otras rutas interesantes que podemos realizar en pocas horas. Decidimos que hay que buscar a una pareja más para compartir los gastos del remis que nos suba al bosque. La opción de subir a pie nos parece demasiado arriesgada para nuestra preparación física, además de no conocer el camino.

Tras dar una vueltas por el pueblo haciendo tiempo ya que no había mucho movimiento, regresamos a la oficina de turismo dónde Nuria asaltó directamente a una pareja de porteños que andaban por allí. Al principio se asustaron pensando que queríamos venderles una excursión, aunque nos confesaron que les extrañó que fueran dos tipos con acento de España quienes les vendieran algo. Luego nos conocimos, nos hicimos amigos y pasamos el resto del día juntos.

Fuimos a una remiseria y negociamos el precio del remis para los 4. No pudimos bajar de los 110$ entre las dos parejas, con el viaje de ida y vuelta, además de la espera de una hora y media. El remis tardó muchísimo en subir hasta arriba. El camino no estaba asfaltado y de hecho era sorprendente que un taxista se atreviera a meter su coche por un lugar así. Tardamos unos 45 minutos en subir. Durante ese tiempo nos cruzamos con algunos valientes que se habían atrevido a realizar todo el trayecto a pie. Algunos de ellos iban ya sin camisa y con la lengua fuera debido al calor que hacía ya a esas horas de la mañana.

El taxista nos dejó todo lo arriba que pudo. Aún así nos quedaban 45 minutos de subida por una senda bastante dura. Eso sí, la recompensa vale la pena. Llegar y ver decenas de esculturas que salen literalmente de la tierra para gritarnos en la cara que el planeta necesita que lo cuidemos. Este bosque es la representación más clara del antiguo pueblo hippie que fue la villa “no nuclear” de El Bolsón. Si bien es cierto que para ver esculturas en madera no hace falta subir hasta aquí arriba (en Bariloche y en el propio pueblo de El Bolsón hay tallas de madera adornando las calles), no menos cierto es que las vistas y el entorno natural de este bosque es el mejor lugar para disfrutar de una obra de arte de estas características.

Aún sin tiempo para disfrutar de todas las obras que se pueden encontrar aquí, tuvimos que bajar a paso ligero hasta el taxi, ya que habíamos acordado estar de regreso en hora y media. Pactad un mínimo de dos horas, para que os de tiempo de disfrutar del lugar tranquilamente y tres horas si además queréis subir hasta el refugio que se encuentra en lo alto del cerro y tomar allí un mate o incluso quedaros a comer por un precio aceptable.

De regreso en el pueblo, nuestros nuevos compañeros de viaje se fueron a comer a un restaurante que conocían, mientras nosotros visitábamos la feria artesanal, donde nos comimos unos perritos calientes (11$). Tras la comida, nos reencontramos con la otra pareja y decidimos subir a un cerro dónde hay un mirador de la ciudad. Es una caminata bastante ligera que sube desde una calle sin asfaltar en la parte de atrás de la oficina de turismo hasta una cruz que se puede observar desde cualquier punto de El Bolsón. Desde arriba hay unas vistas magnificas y corre un fuerte viento fresco que nos ayuda a soportar el calor. Hablamos de muchísimos temas hasta que se hace tarde y nos tenemos que apresurar para no perder el último autobús de regreso a Bariloche.

Aún tenemos que esperar un rato al autobús de regreso. El viaje se hizo muy pesado, pues ya era de noche y la falta de luz nos impidió disfrutar del paisaje y, además, un par de americanos jóvenes medio borrachos no pararon de incordiar a toda la gente que nos encontrábamos en la parte de atrás del bus. Pusieron música con el móvil, bebieron en el autobús, tiraron las botellas vacías por la ventanilla, incluso uno meó allí mismo mientras el otro le sacaba fotos… Algunos se creen que son los reyes del mundo. Les advertí un par de veces en inglés, ya que ellos, por supuesto, de español nada. La tercera vez fue directamente el conductor quien les confiscó todo el alcohol y les amenazó con la “police”. Se acojonaron y no volvieron a hablar conmigo nada más que para disculparse y tratar de que mediara con el conductor. Desconozco que pasó con ellos.

Quedamos con nuestros compañeros en mañana tratar de ir con ellos a visitar el bosque de arrayanes. Nuestra idea es ir con ellos a primera hora de la mañana hasta Villa la Angostura, donde es más barato realizar la excursión al bosque de arrayanes y luego continuar nuestro camino hasta San Martin de los Andes donde haríamos noche, para partir al día siguiente a Mendoza. Todo ello sólo si desde San Martin hay algún tipo de transporte hasta Mendoza, algo que a través de Internet no hemos sido capaces de averiguar.

Cenamos algo ligero (29$) en el mismo lugar de la noche anterior y regresamos al albergue para acostarnos cuanto antes. En el albergue nos devuelven una bolsa de ropa que hemos dejado para la lavandería (12$). Es una forma muy cómoda de viajar cuando las lavanderías están a un precio tan asequible que nos permiten tener que lavar a mano.

Gastos del día:
72$ bus El Bolsón
55$ remis
11$ comida
10$ 3 botellas de agua
29$ cena
12$ lavandería

Total: 189$

Compartir es el mejor agradecimiento

Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *