Crónica: Viaje a Senegal (y XXX)

25/4 La traca final

Es nuestro último día en Senegal. Si pudiéramos nos quedaríamos más tiempo, pero nuestro vuelo sale hoy. Al menos tenemos todo el día por delante, pues hasta casi la hora de la cena no tenemos que coger el bus hacia el aeropuerto.

Recogemos y bajamos nuestras mochilas. Las dejamos en una pequeña habitación que tiene el hotel destinada a almacenar trastos. Le dimos una pequeña propina al chico que nos abrió y nos acompañó (no recuerdo cuanto, pero sería poco y a él le pareció bien). Como se nos habían terminado los desayunos que traíamos desde Alicante, fuimos a tomar algo a la heladería “La gondole” (2500 CFA).

Teníamos tiempo y ya lo habíamos visto todo excepto las vistas desde el hotel Independence, una de las recomendaciones de la Lonely Planet. Estaba justo al lado de nuestro hotel y en comparación debía ser carísimo. Subimos en el ascensor hasta la última planta y aparecimos en un bar. Preguntamos a un camarero como subir a la terraza y con bastante malos modos nos dijo que teníamos que consumir algo para poder subir. Le dijimos que no había problema, que eso íbamos a hacer y le pedimos un par de coca-colas. El hombre nos señaló unas escaleras por las que subimos. Arriba encontramos una piscina, varias tumbonas y algunas mesas. Nada espectacular. Eso sí, las vistas de Dakar, inmejorables. Al rato subió un chico joven con dos cokes y un plato con cacahuetes. Todo ello por 2000 CFA.

Cuando nos cansamos de mirar la ciudad desde arriba, nos fuimos del “lujoso” hotel y nos dirigimos hacía la zona de la avenida de la republica, pero callejeando, sin mirar mucho el mapa. Todo bien hasta que en un punto de dicha avenida aparecieron tres chicos que empezaron a hablarnos y a comernos la cabeza. Apenas nos entendíamos, ni siquiera paramos, nos dieron mala espina. Y teníamos razón, uno de ellos intentó abrir el bolso en el que llevábamos la cámara y el dinero. La técnica: dar un pequeño golpecito con una mano para distraerte mientras corre poco a poco la cremallera con la otra mano. En cuanto me di cuenta, le miré fijamente, cerré la cremallera del todo y seguimos caminando. Ellos se quedaron parados y no nos siguieron. Fue una experiencia desagradable que empaña en cierta medida nuestra estancia en el país.

Cuando se hizo la hora de comer entramos en una pizzería (no recuerdo el nombre) y comimos, mucho y muy bueno, como casi siempre en Senegal (4200 CFA). Después de comer, realizamos una nueva incursión en el mercado. Compramos un collar (1000 CFA) y unos calcetines (2000 CFA). Por el camino nos encontramos a nuestro amigo de todas las noches que nos acompañó paseando y charlando amigablemente. Nos llevó al mercado dónde venden las mascaras y trató de conseguir un buen precio por una máscara para nosotros. Al final después muchísimos tira y afloja terminamos comprando una grande (aunque no tanto como la que queríamos) por 6500 CFA. Después del regateo nos entró hambre y invitamos a nuestro amigo a merendar. Le llevamos a la heladería “La gondole” y se quedó parado en la puerta, nos dijo que nunca había entrado ahí. Le dijimos que ahora venía con nosotros y que no habría problema. Entró, pero prefirió tomarse un café fuera, en un puesto de la calle junto a la comisaría de policía, según él el mejor sitio ya que los policías están todo el día tomando café (nuestros helados y su café 1500 CFA).

Después de charlar un rato sentados en las escaleras de siempre, decidimos que ya era hora de empezar a marchar hacía el aeropuerto. Nuestro amigo se ofreció a acompañarnos hasta la parada del autobús que quedaba un poco lejos del centro. Fuimos a recoger nuestras cosas al hotel y andando fuimos hasta el autobús. Una vez allí, esperamos a que llegara el bus y nos despedimos de nuestro amigo. Subimos al bus, pagamos (350 CFA) y nos quedamos de pie, despidiéndonos de nuestro amigo y casi también de Senegal. No sabíamos lo que nos esperaba todavía…

Llegamos al aeropuerto. Caos y confusión, como siempre en ese aeropuerto. Comentamos entre nosotros que queríamos cambiar y, por arte de magia, apareció un chico, creo que el mismo que quería cambiarnos dinero cuando llegamos a Dakar. Le dijimos que queríamos cambiar el resto del dinero en CFA que nos quedaba por euros. Nos preguntó que cuanto era y fue a buscar a un par de amigos. Aparecieron por allí 4 o 5 críos (de unos 15 o 16 años) que estaban dispuestos a cambiar lo que fuera. Queríamos cambiar 13000 CFA y ellos nos ofrecían 20 euros por ello. Nos pareció bien el trato, así que aceptamos. El chico, delante nuestra contó las monedas cambiándoselas de una mano a otra y luego extendió la mano hacía nosotros. Cogimos las monedas en euros y le dimos varios billetes en CFA. Sin problemas. Nuria se guardó las monedas en el bolsillo de su pantalón, entramos a la terminal, y realizamos el embarque. Para hacer tiempo, como siempre, nos pusimos a visitar las tiendas duty free típicas de los aeropuertos. En eso que por alguna razón Nuria sacó el dinero y se dio cuenta de que todas las monedas de 1 y 2 euros que tenían los chicos y que nos deberían de haber dado no las habían sisado. El truco está en que como ellos se cambian de una mano a otra el dinero, primero se pasan las monedas grandes y luego la morralla y en cuanto te dan el dinero a ti, las monedas grandes que estaban debajo, mediante algún truco, hacen que no caigan. Al final tú te llevas el montón de monedas pequeñas, de 5 y 10 céntimos, incapaz de distinguir que ahí falta peso.

Podríamos haberlo dejado pasar, sólo eran 20 euros, poco dinero para un viaje de estas características, pero nos acordamos de cuando llegamos al aeropuerto, un poco perdidos y desorientados y estuvimos a punto de cambiarles dinero: 1000 euros. Eso ya no hubiera sido una broma, nos hubiese amargado el viaje entero. Así que en defensa de todos los viajeros, Nuria, aún estando en la zona de embarque y a punto de anunciar nuestro vuelo, se fue a buscar a un policía para explicarle lo sucedido. Yo me quedé guardando las maletas. Encontró a un policía que la llevó hasta una sala dónde estaba el jefe que le preguntó si sería capaz de distinguir a los chicos que nos habían timado. Ella respondió que sí y él le propuso que hiciera de gancho. Salió a la puerta de la terminal y dijo en voz alta “quiero cambiar dinero”. Palabras mágicas. Apareció por allí el mismo chico que repitió el mismo ritual. Ella le dijo que se había dado cuenta de que tenía más CFA y quería cambiarlas. El chico se fue a buscar a sus amigos y cuando estaban todos allí, a un gesto de Nuria, unos cuantos policías que seguían la escena desde la distancia se abalanzaron sobre los chicos. Se los llevaron acojonados a la sala con el jefe de seguridad y les pidieron que sacaran todo el dinero que tenían. Sólo tenían el dinero que nos habían robado a nosotros. El policía le ofreció a Nuria el
dinero en euros y CFA. Nuria rechazó el dinero en CFA, puesto que ese no era suyo (aunque probablemente acabara en el bolsillo del policía). Los chicos se quedaron allí y otro policía acompañó a Nuria a la zona de embarque. El vuelo fue anunciado a los pocos minutos.

Gastos del día:
2500 CFA (Desayuno)
2000 CFA (Aperitivo)
4200 CFA (Comida)
1000 CFA (Collares)
2000 CFA (Calcetines)
6500 CFA (Mascara)
1500 CFA (Heladería)
350 CFA (bus al aeropuerto)
2100 CFA (Moneda no cambiada para coleccionar)

Total: 22150 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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