Crónica: Viaje a Senegal (XXIII)

20/4 Joal Fadiouth

El día empezó muy tarde. Casi se debería decir que la noche se prolongó demasiado. Dormidos en nuestro rincón del barco, con el vaivén de las olas y las tenues luces del dormitorio, no nos dimos cuenta de que ya casi habíamos llegado a Dakar. Fue cuando la gente empezó a moverse, cuando nos dimos cuenta de que el barco estaba frenando su avance para entrar en el puerto. Todavía nos dio tiempo a desayunar a bordo y a guardar todas nuestras cosas que aparecían allí desperdigadas por el suelo. Del mareo de la noche anterior no quedaba ya ninguna huella.

Parece ser que la gente tenia mucha prisa por bajar del barco. Los pasillos se llenaron de gente que se empujaba y se aplastaban unos contra otros. Nosotros nos esperamos hasta el final, cuando ya casi no quedaba nadie en el barco. Bajamos tranquilamente y subimos al autobús que nos llevaría a la terminal. Como habíamos facturado las mochilas, nos tuvimos que esperar a recogerlas. El sistema fue de lo más curioso. Nada de cintas transportadoras como las de los aeropuertos; no, en este caso, un hombre miraba una por una cada maleta y gritaba el nombre del propietario que debía acudir a recogerla con un comprobante. Curioso…

Con las maletas en la mano salimos de la terminal. Una multitud se agolpaba a la salida. Muchos taxis se ofrecían a llevarte. Aunque la gare routiers no estaba lejos, como íbamos cargados y teníamos prisa decidimos coger uno. Negociamos el precio, 400 CFA por llevarnos a un par de calles de distancia. Nada más subir, el taxista empezó a tantearnos sobre la cantidad a pagar. Le dijimos que no íbamos a pagar ni un “cefa” más y que se detuviera que queríamos bajar. No se paró, pero se calló. Cuando llegamos a la gare routiers le pagué con un billete de 500 CFA y le dije que se podía quedar el cambio. El hombre salió como un poseso del taxi jurando en hebreo (bueno, supongo que en Wolof) devolviéndome el billete y diciendo que quería 4000 CFA. Montó un pollo alucinante gritando mientras nosotros lo mirábamos con cara de poker esperando a que se tranquilizara. Sabíamos perfectamente que ese era su juego y que no podíamos entrar al trapo. Varios curiosos empezaron a aparecer por allí para ver lo que pasaba o para intentar mediar. El taxista al verse afrontado por todo el público que había congregado empezó a bajar su precio, primero a 2000 y luego a 1000 CFAs. Y nosotros insistiendo, diciéndole que no íbamos a pagar más de los 400 CFA convenidos. A todo esto, hablábamos con él a través de un chico que hablaba inglés, directamente con él era imposible. Otro mediador dijo que 500 CFA podría ser un precio justo, lo que nosotros le dimos al principio, pero él no quería, insistía en que le diéramos 1000. Su siguiente técnica, también muy conocida por nosotros sobretodo en los regateos en Egipto, fue la de decir que para nosotros esos 500 CFA de más no eran nada. Pero sí que eran. Si le dábamos lo que quería vería que la táctica le salía bien y se la aplicaría a otros clientes y poco a poco todos los taxistas de Dakar se pervertirían con esta forma de hacer “negocios”. Le dijimos que no queríamos saber nada, que le ofrecíamos los 400 CFA que habíamos pactado al principio y punto. Y que íbamos a llamar a la policía. Sacamos la Lonely Planet y empezamos a hacer como si buscáramos el teléfono de la policía de Dakar. El taxista tapaba el libro para intentar evitar que encontráramos el teléfono, pero yo lo cogí firmemente y simulé que había encontrado el número. Saque el teléfono móvil y empecé a marcar. Fue mano de santo, el taxista se giró y se volvió a su coche enfadadísimo y sin querer ni siquiera coger los 400 CFAs que le debíamos. El chico que nos había hecho de traductor nos preguntó dónde queríamos ir y muy amablemente nos acompañó hasta un 7-plas que nos llevara a Joal-Fadiouth. Nos dijo que no era muy común este tipo de comportamientos, pero que nos se lo tuvieramos en cuenta ya que gente de ese tipo hay en todas partes. Antes de despedirse nos pidió una pequeña propina por la ayuda prestada y le dijimos que le daríamos los 500 CFA que no le habíamos podido dar al taxista. Le pareció correcto. Él mismo negoció por nosotros el precio del 7-plas, 4300 CFA con maletas incluidas.

El viaje en 7-plas fue tranquilo, íbamos medio dormidos y un poco molestos por el incidente con el taxista. Llegamos a Joal a media mañana. Joal está pegado a Fadiouth, pero la estación dónde nos deja el 7-plas está bastante alejada de este segundo pueblo. Así que cogimos un taxi que por 300 CFA nos llevó a Fadiouth.

Fadiouth es un pueblo-isla asentado totalmente sobre una superficie de conchas. Un par de largos puentes lo unen al continente. El nivel del agua debajo del puente apenas cubre a una persona de mediana altura, por lo que es habitual ver a gente caminando por dentro del agua para transportar fardos entre las granjas de ostras y la isla. La visita a la isla no dura más de una hora y media y es muy recomendable, dado que se trata de un lugar muy tranquilo y muy diferente de lo que estamos acostumbrados a ver en Senegal. Nosotros visitamos el pueblo callejeando por sus calles y cruzando sus puentes hasta llegar al cementerio. Algunos turistas utilizan una piragua para recorrer la isla, por lo que los conductores de piraguas en cuanto ven a un blanco se tiran sobre él para intentar conseguir que hagas el viaje con ellos. Pero en Senegal otra cosa no, pero montar en piragua es algo que vas a hacer muchas veces, así que pagar una pequeña fortuna por hacerlo en aquella isla creo que es tirar el dinero.

Hay algo curioso en estos pueblos. Por un tratado de hermandad con un pueblo en España, tienen una biblioteca bastante extensa de libros en Español, por lo que mucha gente allí habla nuestro idioma. Este es un aliciente más que se le puede encontrar a la isla. Encontramos a un curioso hombre que había estado varios años en Cataluña trabajando y que tenía amigos allí que le enviaban regalos, desde una camiseta hasta la bicicleta con la que se trasladaba a todas partes. Su frase era “pero es que tu no ves que no es de aquí”. Tantos años en Europa se le había contagiado algo de esa prisa que tenemos por aquí.

Comimos en un restaurante en la parte continental. En la isla no fuimos capaces de encontrar nada que nos gustara y a buen precio, así que cruzamos el puente y justo en la otra orilla encontramos el restaurante de un campament con una buena relación calidad-precio (creo que se “L’efinio” o algo así). El restaurante tenía su encanto, ya que disponía de un pequeño zoo, incluida una cigüeña que andaba suelta por el restaurante mendigando algo de comida. La comida nos costó 5800 CFA.

Para volver a la gare routiers con dirección a Palmarín (en este caso era otra diferente) cogimos un taxi (200 CFA). Allí sólo había una Ndiaga medio llena con destino Palmarin. Esperamos muchísimo, más de una hora hasta que se llenara y a pleno sol. Finalmente salió sin llenar
se, así que por el camino fue parando a recoger a más gente. Pagamos 1800 CFA y le pedimos que en un par de días parase en el campament al que íbamos: Yokam. Nos dijeron que sí, pero nunca volvieron a por nosotros…

Nos bajamos de la Ndiaga porque nos dijeron que habíamos llegado y que teníamos que caminar en dirección al mar. Estábamos en una gran planicie, toda llena de arena de playa, con unos cuantos baobabs por las inmediaciones, pero ni rastro del campamento. Empezamos a caminar en la dirección que nos habían indicado y en un par de minutos lo que parecía un pequeño oasis se convirtió en el campamento. Entramos y buscamos al encargado. El hombre hablaba fluidamente en inglés, por lo que no fue complicado entendernos. Nos enseñó una cabaña de las que tenía y nos explicó que lo mejor sería alojarnos en pensión completa. Así lo hicimos.

El resto de la tarde nos la pasamos paseando por la impresionante playa desierta de fina arena infinita y charlando con un hombre, Pedro, que se encargaba de hacer excursiones por el Delta del Sine-Saloum y que hablaba Español perfectamente. Cenamos pronto, pues en el campamento no hay luz eléctrica y la consiguen de generadores (que por cierto, por la noche, cuando te acuestas, son un incordio por el ruido). La cena estuvo bien y eso que a mi no me gusta el pescado.

Gastos del día:
4300 CFA (7-plas a Joal)
500 CFA (Taxi/Mediador)
300 CFA (Taxi Joal a Fadiouth)
5800 CFA (comida)
200 CFA (taxi Fadiouth)
1800 CFA (Ndiaga a Palmarin)

Total: 12900 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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