Dublín

Dublín es una ciudad bonita y agradable (al menos su centro histórico). Sus habitantes son muy abiertos, mucho más que en Londres incluso. Además el inglés que hablan allí se entiende (en Londres, Manchester y otros lugares dónde hablan algún dialecto del inglés o tienen un acento fuerte es a veces imposible entenderlos). Supongo que por todo eso, Dublín es la capital elegida por muchos estudiantes para estudiar inglés. Y como allí fiesta no falta…

Para llegar a Dublín lo mejor es ir en avión. Nosotros fuimos desde el aeropuerto de Charleroi (denominado Bruselas Sur) con Ryanair por 1 céntimo más tasas. Una recomendación: intentad no caer en ese aeropuerto. Es el peor que he visto nunca. Es un típico aeropuerto Ryanair (pequeño, alejado de la ciudad…), pero que tiene una particularidad: se retrasan y cancelan muchos vuelos. Sin indicar ningún motivo retrasaron nuestro vuelo más de 3 horas y un vuelo (también Ryanair) que había antes de que saliera el nuestro hacia Venecia fue cancelado. Pero no es todo, cuando regresamos de Dublín, el vuelo de Charleroi a Dublín también había sido cancelado. Evidentemente por el precio que pagamos no podemos quejarnos demasiado, pero ya lo digo, es recomendable no pasar por allí.

En cuanto a Dublín, os podéis imaginar la típica ciudad de fincas no demasiado altas, con muchos siglos de antigüedad y bien conservadas. Interesante para ver hay unas cuantas cosas. Nada más llegar en el autobús (en el de la ciudad que cuesta 1’70 €, no uséis el AirLink que no tiene nada de especial), una de las primeras cosas que veréis es un palo muy largo clavado en mitad de un cruce de calles: The Spire. Las dos calles que se cruzan son las principales calles de compras de la ciudad. Aparte de ese núcleo también hay otro concentrado en la zona del antiguo mercado, dónde también se encuentra la estatua a Molly Malone (que nosotros no vimos). Toda esa zona está bien para callejear saltando de tienda en tienda.

Río arriba, tenemos el barrio medieval cuyos principales atractivos son la Christ Church y la catedral de Sant Patrick. En ambos se paga y en ninguno entramos. En Sant Patrick estuvimos a punto de colarnos durante la misa del domingo cuando se supone que la gente que va a hacer un uso religioso del templo no paga. En esa zona también se puede visitar el castillo (gratis).

Más allá tenemos la zona de Temple Bar, dónde se encuentran los principales locales de Dublín. Hay poco que ver allí, algún pub histórico y poco más. Lo importante es disfrutar de su vida nocturna para quienes les guste ese tipo de diversión.

Y un poco más allá se encuentra, enmarcado en un gran parque, el zoo, el museo nacional (gratis), el museo de arte moderno (gratis) y sobretodo la cárcel de la película “El nombre del padre” y tantas otras: Kilmainham Gaol (unos 2 € con carnet de estudiante en una visita guiada de más de 1 hora). Es una visita obligada para todos los que visiten Dublín. La cárcel es un monumento contra la intolerancia, la represión y la tortura. También es un monumento de orgullo para los Irlandeses, puesto que allí fueron asesinados los principales impulsores de la independencia de Irlanda. Es un lugar dónde te enteras de la agitada historia de Irlanda en los últimos siglos. El guía es muy claro y explica con detalle la historia de la cárcel, como se “vivía” allí, los personajes ilustres que allí estuvieron… Vale la pena.

Un apunte acerca de la cárcel de Kilmainham. En uno de los paneles interactivos que había en la exposición de la entrada, había una encuesta acerca de la pena de muerte. Cual fue mi sorpresa cuando descubrí que los resultados hasta la fecha reflejaban una apabullante mayoría de votos a favor de la pena capital. ¿Cómo en un lugar como aquél la gente podía votar a favor de la pena de muerte? Me parece increíble, pero así era. Es como si en un campo de concentración nazi hubiera una encuesta acerca del genocidio y el resultado fuera que no existió.

Volviendo a la ciudad de Dublín, cuando nos hayamos recorrido todo el centro y queramos más, hay unas cuantas opciones. Hay dos castillos, uno al norte y otro al sur del mapa que pueden visitarse (pero coged un autobús, que sino os pasará como a nosotros y no llegaréis). También es bonito el jardín botánico. Y cuando ya lo hayáis visto todo todo, por unos 25 € podéis apuntaros a una excursión en bus por las montañas de Wicklow, dónde os llevaran a ver como es el territorio irlandés (dónde se rodó la película Bravehearth, por ejemplo). Es una excursión muy recomendable si vais a estar varios días en Dublín. Cualquier compañía está bien, todas realizan el mismo recorrido (digan lo que digan) y lo único que las distingue es el número de personas en el bus (cuantas menos mejor).

En cuanto al alojamiento, nosotros elegimos el albergue “Issac’s hostel”. Es un hostel con carácter. La mayoría de la gente que está allí está de paso por la ciudad, pero hay una inmensa minoría que se alojan en él mientras buscan casa (por estudios o por trabajo). Entre ellos, muchos son españoles. En breve presentaré un video informativo sobre el albergue, pero básicamente hay que decir que no destaca en nada ni por arriba ni por abajo, excepto en las zonas comunes que son impresionantes: varios televisores, un gran comedor, terraza, suficiente lugar para sentarse, billar, lavandería, sauna… Eso sí, no está en el mejor lugar de la ciudad.

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

0 comentarios sobre “Dublín”

  1. Otra cosa que se puede hacer en Dublin es ir al museo de la cerveza Guinness. El problema es que es bastante caro (creo que más de 10 euros) y tampoco es la quinta maravilla.

    Nosotros nos colamos. ¿Como? Pues la verdad es que no es demasiado dificil. Nada más entrar en el edificio tienes enfrente las colas para sacar el ticket y entrar, a la izquierda la tienda del museo y a la derecha el puesto de información. Cuando sacas un ticket lo único que te dan es una especie de llavero que te sirve para que en cualquiera de los bares te den gratis una cerveza. Pero no hay nadie en la puerta que te pida ese llavero. La puerta se encuentra justo detrás de dónde sacas el ticket y, claro, se supone que si haces la cola y sacas el ticket entrarás directamente (es decir que es la própia gente que vende los tickets los que se aseguran de que entra sólo la gente que ha comprado).

    Bueno, a lo que vamos, el truco es muy sencillo. Se trata de despistar a los vigilantes. Primero entras y vas directamente a la tienda, pierdes allí 5 o 10 minutos viendo lo que te venden, pero no compras nada y cruzas el hall hasta el puesto de información. Allí encontrarás un banco dónde te puedes sentar. Sientate y espera algunos minutos, que si algún vigilante se ha fijado en ti, tenga tiempo de dejar de hacerlo. Ahí tienes dos opciones. La primera (la que nosotros hicimos) es tranquilamente caminar hacia la puerta de entrada del museo. Nadie te dirá nada porque nadie se fija en ello. Una vez dentro, ya no te tienes que preocupar, nadie te va a pedir la entrada y eres libre de ir a cualquier punto. La otra forma de entrar es por la escalera de incendios que está justo al lado del banco. Ahí sí que te diría que te fijaras que nadie te ve. Lo vimos hacer a una pareja de unos 50 años y les funcionó. Mucha gente se desplaza entre una planta y otra por las escaleras de incendios, así que una vez dentro tampoco creo que sea muy dificil pasar desapercibido.

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