Crónica: Viaje a Senegal (XVI)

14/4 Kafountine (continuación)

El viaje desde Ziguinchor a Kafountine fue bastante duro. El calor era insoportable y el 7-plas aquél era uno de los más incómodos de todo Senegal: en cada bache mi cabeza impactaba contra el techo, por lo que tenía que ir un poco agachado. Si tenéis la oportunidad de elegir vuestras plazas nunca os sentéis detrás, ya que el asiento está considerablemente más alto. Por si fuera poco, nos paró la policía en un control y a nosotros (a los extranjeros) nos obligaron a sacar todo el equipaje para revisarlo. Supongo que lo que buscaban era droga, ya que Kafountine es conocido como la segunda Jamaica y sus plantaciones de marihuana son bastante famosas. Lo extraño es que nos revisaran en el viaje de ida y no el de regreso… También es posible que el control tuviera algo que ver con la guerrilla, ya que esa es una de las zonas dónde opera y está más fuerte. En cualquier caso también es extraño.

Llegamos a Kafountine bastante cansados y desorientados. Nada más llegar un montón de personas se acercó a ofrecernos alojamientos, más incluso que en Cap Skirring. Rechazamos todos los ofrecimientos hasta que miramos a nuestro alrededor y nos dimos cuenta de que estábamos perdidos en mitad de la nada. La estación de Kafountine está a las afueras de la población y, además, el pueblo en sí no existe, es un montón de casas desperdigadas, con un montón de terreno rodeándolas. Sería algo así como una urbanización de chalets, pero en mitad de una selva con arena de playa en el suelo. El único lugar que parece un pueblo es la zona de la carretera, allí están todos los bares y tiendas que hacen de este un verdadero pueblo. Pero nosotros no teníamos ni idea de dónde estábamos ni hacía dónde ir. Y además era ya bastante tarde y estábamos hambrientos, así que decidimos dejarnos ayudar por un joven rastafari que se ofreció a llevarnos a un albergue.

El chico nos llevó a través del pueblo y la selva por un camino laberíntico que no hubiera sabido encontrar de nuevo. Le pedimos que nos llevara a Chez Marie Oldie, un hotel familiar que habíamos encontrado en la Lonely Planet y cuya característica principal era que estaba dentro de una típica casa “implovium”. El chico nos acompañó hasta dentro de la casa y se quedó hablando con la hija de la dueña mientras nosotros negociábamos el precio y veíamos las habitaciones. Decidimos quedarnos, nos despedimos del chico que nos había traído no sin que antes nos invitara a pasarnos por un local de copas en el que tocaba el djembe. Vimos como la dueña de la casa le daba una pequeña comisión por habernos acompañado.

La arquitectura del hotel (o casa de huéspedes, más bien) era realmente curiosa. Es un tipo de casa que para aprovechar las pocas lluvias que se producen al año tiene forma redonda con un patio interior descubierto dónde se concentran todas las aguas para así poder explotar un pozo anexo que retiene el liquido todo el año. Vale la pena pasar una noche aquí aunque sea para ver como eran estas casas.

Aunque teníamos hambre, nos habíamos pasado todo el día viajando y eso se merecía una ducha. Pero en Chez Marie Oldie no hay agua caliente, ni fría tampoco había, el agua se saca del pozo y con ella llenan un barreño que te dejan en el baño de la habitación para que te laves. Ese sistema lo bautizamos como ducha africana y aunque parezca que es muy rudimentario e incomodo, en realidad no desperdicias casi agua y te bañas bastante fácilmente. Durante el baño una araña como un puño de grande se paseó por la pared de la habitación cercana a la cama. La dejamos estar, ya que tal y como imaginábamos desapareció antes de que tuviéramos que acostarnos.

Salimos a visitar el pueblo y a buscar algo para comer, aunque el hambre ya casi se nos había pasado. El mapa que trae la Lonely es bastante malo, con él no se puede encontrar nada y menos en un pueblo tan complicado como este. Así que nos volvimos a perder tratando de buscar la carretera dónde estaba el “mini-marché” dónde comprar algo de comida y bebida. Pasamos por un estadio de fútbol que tenía un baobab en mitad del terreno de juego, por mitad de la parcela de una casa, al lado de unas casas bastante ostentosas para la zona dónde vivían franceses… y cuando nos dimos por vencidos preguntamos a un hombre que pasaba en bicicleta. El hombre dio la casualidad de que hablaba algo de inglés, tuvimos suerte y muy amablemente nos pidió que le siguiéramos que él nos acompañaba. En 5 minutos aparecimos en la carretera al lado del mercado. Nos despedimos del hombre y cuando cada uno se iba a ir por su lado se giró y preguntó: “¿no os gustaría pasar la noche en una casa africana de verdad?”. Nos explicó que tenía una habitación libre y que a veces algunos extranjeros se quedaban allí y que era mucho más barato que un hotel. Nuestra idea era pasar una noche en el campamento “A la nature” del que habíamos escuchado muy buenos comentarios, pero tampoco estaba mal la oferta así que quedamos con encontrarnos con él a una hora determinada en el mismo lugar dónde nos habíamos encontrado hoy para que nos enseñara la casa y que pudiéramos decidir.

Nos compramos una Afrika-cola en el mercado para darle una última oportunidad, pero no, no sabía igual de bien que aquella que tomamos en la carretera de Saint Louis. Nos dimos una vuelta por la zona. Estaba muy animada, llena de bares, restaurantes y lugares de copas, aparte del típico mercadillo y un par de tiendas de alimentación general. Curiosamente, ya que no lo habíamos visto en ningún lugar de Senegal antes, había letreros en algunos bares que anunciaban los partidos de fútbol de la liga española.

Empezó a anochecer y decidimos que lo mejor sería cenar pronto ya que no habíamos comido nada. Nos acercamos a un lugar que por fuera tenía buena pinta. Un título de “pizzería” nos abrió el apetito. Entramos, estábamos solos, preguntamos si se podía cenar y la camarera nos respondió que no había problemas mientras nos entregaba una carta. Los precios nos parecieron razonables, así que le preguntamos si podíamos beber nuestra propia bebida ya que teníamos la botella de litro de África-cola casi entera. No había ningún problema y es algo que me encanta de África y Sudamérica, que te puedes traer lo que quieras de fuera. Pedimos una pizza y unos huevos fritos. La chica nos dijo que nos sentáramos y esperáramos. Pasó el tiempo, los mosquitos nos estaban comiendo vivos, vimos a la chica salir y regresar al cabo de 10 minutos con un par de huevos en la mano. 10 minutos después nos traía la comida. La verdad es que es una de las peores pizzas que he comido en mi vida, pero es admirable lo bien que funciona Senegal en cuanto al servicio: si tu quieres huevos, tranquilo que tendrás huevos, aunque tengas que esperar a que la gallina los ponga. Cenamos rápidamente (el hambr
e ya era voraz), pagamos la cuenta (4000 CFA) y nos largamos rápidamente antes de que los mosquitos acabaran con nosotros.

Por supuesto, en el paseo de regreso a casa nos perdimos. Si ya es complicado orientarte por Kafountine a plena luz del día, intentarlo por la noche y sin farolas es ya una odisea. Tuvimos suerte y señor que iba en nuestra misma dirección nos acompañó, sino puede que todavía estuviéramos dando vueltas por allí.

Gastos del día:
23800 CFA (2 noches en campament Carabane PC)
2000 CFA (piragua isla)
4400 CFA (balón niños Elinkine)
2200 CFA (Ndiaga Elinkine-Ziguinchor)
5000 CFA (7-plas Ziguinchor-Kafountine)
1200 CFA (varias Africa-colas)
4000 CFA (cena)

Total: 42600 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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