Crónica: Viaje a Senegal (X)

11/4 El paraíso

Nos levantamos muy tarde. Nuestros compañeros de camarote ya se habían ido. Miramos a través del ojo de buey y vimos que estábamos navegando muy cerca de la orilla. El paisaje era verde intenso, tal y como te imaginas una selva virgen. De vez en cuando se veía alguna pequeña embarcación de pesca tripulada por no más de 5 marinos.

Después de darnos una buena ducha, fuimos al comedor dónde nos esperaba un buen desayuno. Esa era la única comida incluida en el precio del pasaje en “primera clase”. El desayuno era a base de café, leche y tostadas, muy simple, pero suficiente. Eso sí, el servicio fue excepcionalmente lento, incluso para Senegal.

El barco llegó a Ziguinchor sobre las 11:00 de la mañana. Vimos la llegada desde la cubierta del barco, dónde nos dimos cuenta que no navegábamos en mar abierto, sino que estábamos en la desembocadura de un río. Todo era verde. La ciudad de Ziguinchor se veía preciosa desde el barco. Tenía un pequeño puerto de pescadores justo al lado del lugar dónde atracamos y todos los alrededores eran de color verde intenso. Comparando con Dakar y Saint Louis, pensamos que eso era el paraíso, pero todavía no sabíamos hasta que punto.

Fuimos a la cabina a recoger nuestras mochilas, nos despedimos de nuestros compañeros y salimos al pasillo. Aquello era un caos. La gente se apelotonaba por los pasillos como si tuvieran prisa por salir de allí. Nos dejamos llevar y esperamos pacientemente hasta que la “corriente” nos llevó hasta la única puerta de salida. Luego un pequeño paseo hasta la salida y a aguantar el agobio de los taxistas, los captadores de los hoteles y los vendedores que buscan carne fresca en cada nuevo desembarco. No hicimos mucho caso y con el mapa de la Lonely en la mano nos dirigimos a la Gare Routiers. El objetivo era llegar a Cap Skiring antes de comer.

Entre el puerto y la Gare Routiers no hay más de 10 minutos andando si sabes como llegar. El mapa que teníamos no era excesivamente detallado, por lo que tuvimos que preguntar en un par de ocasiones por el desvió a coger. Con un par de preguntas, nos fuimos dando cuenta entonces de lo amable que era la gente en esa región. La gente no sólo te decía ve por aquí o por allá, sino que se levantaban, dejaban lo que estaban haciendo y te acompañaban hasta el cruce exacto, sin pedir nada a cambio y con una gran sonrisa siempre en la boca.

Encontramos un 7-plas a punto de salir hacía Cap Skiring. La negociación fue rápida, 3300 CFA por los dos con las mochilas. Durante el viaje los impresionantes paisajes nos alegraban la vista y nos distraían de una carretera en mucho peor estado que las del norte. Algunos pasajeros compraron platanos y una especie de chufas en una de las paradas y las compartieron con el resto de pasajeros. Nosotros también las aceptamos y sacamos de nuestra mochila unas galletas que compartimos también, especialmente con una niña pequeña a la que le encantaban. Charlamos con aquellas personas, algunos incluso sabían un poco de Español que había aprendido en la escuela. Uno de ellos sólo sabía una frase de memoria que le hacían repetir: “En la gran vía de Madrid hay muchos cines y restaurantes…” o algo así, tampoco la llegué a memorizar. Casi todo el mundo se bajó en la parada de Cap-Skiring.

Los pasajeros del 7-plas nos indicaron como llegar a los hoteles de la playa, pero también nos advirtieron que estaba muy lejos. A nosotros el concepto de cerca y lejos siempre nos ha parecido relativo, así que echamos a andar. Antes siquiera de poder poner un pié fuera de la plaza del pueblo, un captador nos descubrió y nos llevó a visitar varios albergues de la ciudad. Le dijimos que no nos interesaba, tanto por el precio (más alto de lo que estábamos dispuestos a pagar) y por el lugar, ya que queríamos estar en la playa. Nos ofreció acompañarnos a la playa, pero le dijimos que preferíamos comer en el pueblo antes y que ya iríamos en taxi.

Nos sentamos en el primer restaurante con precios razonables que encontramos. Se pasan bastante con los precios en algunos locales debido, quizás, a que durante buena parte del año Cap-Skiring es un importante centro turístico para los franceses. Elegimos un bar-restaurante justo en el inicio de la calle que va de la plaza del pueblo a la zona de los hoteles de playa. Dejamos las mochilas por dónde pudimos y nos sentamos uno frente al otro. No recuerdo qué comimos, sólo que estaba buenísimo y que lo devoramos en pocos minutos. Nos costó 3000 CFAs.

Cuando ya estábamos terminando de comer un chico joven nos preguntó de dónde éramos. Su francés era malo, pero no tanto como el nuestro. Nos dijo que él era de Gambia y que allí se hablaba inglés. Rápidamente cambiamos de idioma. Otro amigo suyo Gambiano se unió a la charla. Nos contaron que por allí no eran bien vistos por aquello de no dominar el idioma, que no conseguían trabajo por ello. Estaban de paso por allí, uno había ido a visitar a un familiar enfermo y el otro contó que era transportista y que estaba descansando en aquél lugar. El tiempo es relativo: la visita al familiar se había prolongado por varios meses y que por eso andaba buscando un algún trabajo. Nos contó también que en Gambia el nivel de vida es más bajo, las cosas son más baratas, pero también se cobra menos.

Dejamos la charla ya que eran las 4 de la tarde y no teníamos todavía dónde dormir. Los gambianos nos pararon un taxi, le dijeron hacía dónde íbamos y negociaron el precio con el taxista. Todo ello sin pedir nada a cambio. Quedamos en volvernos a ver por allí.

La carrera del taxi nos costó lo que dice la Lonely Planet: 600 CFA. Son menos de 5 minutos en taxi hasta los pequeños hoteles de la playa. El trayecto se puede hacer andando, pero si vas cargado con mochilas o no te apetece caminar, el taxi es una buena opción. Para llegar desde el pueblo, hay que preguntar en la plaza hacia dónde están los hoteles de la playa y bajar por esa calle hasta encontrarse con una gasolinera y una carretera. A la derecha quedan algunos hoteles de lujo. Hay que ir pegado a ellos (todo recto) hasta una callejuela de arena que entra hacia la derecha. No es difícil, pero quizá lo mejor sea ir en taxi la primera vez.

(continua)

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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