Cronica: Sur de Alemania (VII)

8/12 – La sorpresa de Dortmund

Nos despertamos. Estamos un poco cansados. Ademas el tiempo no anima a hacer nada. Desayunamos en el albergue y nos preparamos unos buenos bocatas para almorzar.

El albergue se encuentra muy cerca del centro. Solo hay que cruzar el puente del rio y ya entramos en el casco antiguo. Justo en la calle que hace de prolongacion del puente, se encuentra la zona tipica de restaurantes y de salir los fines de semana. No fuimos la noche anterior a cenar alli por lo cansados que estabamos y tampoco por la mañana nos apeteció ni pasar por allí (aunque habiamos pasado en coche). Compramos un mapa detallado en la Tourist Info (0.50 €) que te propone una ruta para recorrer la ciudad. A mitad de la ruta se puso a llover torrencialmente. Nos tuvimos que refugiar en un parlamento o algo así que hacia de galeria de arte (había un par de excursiones de escolares, a nosotros nos parecio bonito, pero no para tanto). Amainó un poco y decidimos salir a continuar la ruta, pero era imposible. Nos refugiamos en un par de tiendas en las que nos gastamos 2 o 3 euros en regalitos.

Escapando de la lluvía terminamos en un McDonnals, donde comimos bastante pronto (8 €). Después de comer decidimos que no valía la pena estar congelados de frío, cansados y mojandonos, así que volvimos al hotel. Lo recogemos todo y nos largamos. Pero tenemos mala suerte, nos perdemos al intentar cruzar la ciudad y perdemos cerca de 2 horas en atascos y buscando la salida (muy mal indicada). Medio enfadados, llegamos a Dortmund 5 horas después de salir del hostal. Tuvimos realmente muy mala suerte. En mitad de la autopista pillamos un accidente y estuvimos parados más de media hora (con motor parado incluso).

Estuvimos dudando de si ir a Dortmund o no, ya que en la Lonely Planet no aparecia ningún hostel en la ciudad y nos daba bastante miedo. Sin embargo, el miedo a perder el avión del día siguiente nos lleva hasta Dortmund. Llegamos a la ciudad y nos dirigimos al centro (esta vez sí que está perfectamente indicado). Tenemos la suerte de que cuando estamos casi en el área que delimita el centro buscando aparcamiento, nos encontramos el cartel de los YHI. ¡Salvados! Ya nos veiamos durmiendo en un hotel carísimo. La imagen de Dortmund es la que puedes encontrar en muchas ciudades industriales del norte de España, bastante gris, calles poco iluminadas, ambiente turbio… Eso nos hubiera obligado a descartar la opción de dormir en el coche en caso de necesidad.

El YHI de Dortmund es uno de esos edificios religiosos reconvertidos. Es un cura (o sacerdote o obispo o lo que sea) quien le da nombre al albergue. Hay un par de cruces por aqui y por alla. Y por supuesto habitaciones y baños separados, como no. A estas alturas todo nos parece bien. El albergue está muy cerca del centro. A Ivan le toca una habitación de 4 personas vacia y a Nuria le toca otra igual habitada por una chica que casi no aparece (parece ser que hay un concierto de Iron Maiden esa noche y mucha gente hace noche en el hostel). Como es habitual el desayuno está incluido en el precio (40’80 €).

El mercado de la navidad de Dortmund nos sorprende. Tiene un árbol de navidad gigantesco en mitad de una de sus plazas, de más de 20 metros de altura, formado por arboles más pequeños. Los precios del mercado son mucho más razonables (aunque siguen siendo algo caros) y el ambiente es mucho más festivo de lo habitual (en algo se tiene que notar la inmigración española). Hay conciertos, feria, mucha animación callejera, gente alternativa… Es el mercado que más nos ha gustado de todo el viaje. Cenamos en una pizzeria (nos ponemos hasta el culo por 6€) y como estabamos cansados decidimos volver a casa.

 

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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