10 propuestas económicas o gratis en Ho Chi Minh

Vietnam no es un país caro, al contrario, podríamos decir que es un país muy económico para quién viaja por libre. Sin embargo, la ciudad que fuera capital de Vietnam del sur y que ahora se ha convertido en la mayor urbe del país, no es tan económica para el viajero independiente como lo es el resto de Vietnam. Aún así, todavía hay muchas actividades gratis que hacer en Ho Chi Minh y resulta una ciudad económica comparada con otras grandes urbes del mundo. Sigue leyendo 10 propuestas económicas o gratis en Ho Chi Minh

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Compras en Tailandia

Para un Europeo Tailandia puede ser un paraíso de las compras, pero no tanto como China, por ejemplo. Aunque también hay falsificaciones y cosas de ese estilo (bolsos, relojes, etc), lo que más abunda en Tailandia son camisetas ingeniosas, souvenirs y algunos productos locales (hamacas, aceites para masajes, etc). Y siempre mezclados entre los puestos de venta de objetos de este tipo habrá muchos puestos de comida. Veamos las opciones que tenemos para las compras en Tailandia.

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El mercado de Chatuchak

Khao San es la esencia misma de Tailandia, pero exagerada y desenfrenada. No puede existir un mejor final para un día en la ciudad.Hicimos coincidir nuestro regreso a Bangkok con un día de fin de semana porque queríamos conocer el mercado de Chatuchak que se monta los fines de semana. Mucha gente en blogs y foros habla muy bien de dicho mercado, pero tras la decepción de los centros comerciales tipo MBK y similares y el descubrimiento de algunos mercados locales como los de Mae Sot o alguno incluso en el propio Bangkok, queríamos ver por nosotros mismos lo que Chatuchak nos podía ofrecer.

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El calor de Bangkok

Bangkok está repleto de templos, pagodas y otras construcciones sugerentes.Ciertamente no habíamos sufrido un especial calor hasta el día de hoy. Nos recibió una fina lluvia que refrescaba el ambiente y el día siguiente fue muy suave, pero el día de hoy ha sido bochornoso. Es difícil hacerse una idea del calor del que hablo sin haberlo vivido aquí o en otro país tropical, pero la cuestión es que te pasas todo el día sudando, incluso dentro de la ducha sudas. El hostel en el que estuvimos, por ejemplo, para dormir dejaba toda la noche el aire acondicionado encendido y dos ventiladores que agitaban el ambiente. Sinceramente hacía frío y por eso manipulamos un poco el sistema para que no bajara tanto de temperatura, a pesar de la poca gracia que les hacía a nuestros compañeros de habitación.

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El mercado de Lamu

El pescado es de lo mejor que se puede encontrar en el mercado de Lamu
El pescado es de lo mejor que se puede encontrar en el mercado de Lamu

Realmente el mercado de Lamu no tiene nada de especial respecto a otros mercados en Kenia y Uganda, pero siempre suelen ser lugares animados e interesantes para obtener algunas fotos. Tuvimos que venir a comprar al mercado para preparar la excursión en dhow que por culpa de las mafias no realizamos.

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Valencia

La próxima semana miles de turistas abarrotarán las calles de Valencia debido a las famosas “fallas”. La coincidencia con la semana santa y la reciente inauguración del Bioparc seguro que contribuyen a atraer a mucha más gente a la ciudad. Por ello, aprovecharé la ocasión para recomendar a los viajeros lo que a mi juicio como ex-ciudadano de la capital del Turia es lo que nadie se debería perder tanto si viaja en fallas como si aparece por la ciudad en cualquier otra fecha y con cualquier otra excusa.

Desde mi punto de vista, no creo que haya ningún interés en especial en visitar por dentro los museos de la ciudad de las artes y las ciencias, ni tampoco el acuario, puesto que el precio es exagerado y en muchas otras ciudades podemos visitar este tipo de atracciones turísticas. Lo que sí es espectacular es la arquitectura de la zona. La ciudad de las artes y las ciencias parece una ciudad del futuro dentro de Valencia. La visita de los exteriores es gratuita y el interior se puede apreciar simplemente entrando a los vestíbulos y puntos de venta de entrada.

En cuanto al atractivo más novedoso de la ciudad, el bioparc, no puedo hablar ya que no he estado. En cualquier caso, hay que saber que se trata de uno de esos zoológicos con grandes espacios para los animales y en el que recorres muchos kilómetros desde que entras hasta que lo terminas de ver (supongo que será tipo el de Cabarceno o el zoo del Bronx). Por cierto, el bioparc está en el Parc de Capçalera, una continuación de uno de los mayores parques del mundo: el cauce del río Turia, el pulmón verde de la ciudad y visita obligada (especialmente en la zona del palau de la música).

Si alguien tiene la suerte de estar en la ciudad un domingo por la mañana, no se debe perder el mercado de la plaza redonda. Probablemente no aparecerá en muchas guías, pero es lo mejor que se puede hacer un domingo en Valencia. Se trata de un típico mercadito (aunque a veces parece un rastro) en una zona muy interesante arquitectónicamente del centro de la ciudad, donde se vende y se compra de todo, pero especialmente se comercia con animales. Hay de todo, puestos legales y vendedores ilegales que te pueden ofrecer cualquier cosa que te imagines. Lo mejor es el ambiente.

Tampoco os olvidéis de visitar el parque de Viveros, junto a la calle Blasco Ibáñez (que por cierto, esta calle no tiene nada de especial). Y ya que estáis por la zona, acercaros hacía Alboraia, dónde podréis degustar la mejor horchata (recomiendo una horchatería llamada Daniel, preguntad que todo el mundo la conoce).

Para salir por la noche no os perdáis el barrio de El Carmen. El resto de zonas de “marcha” son monótonas, caras y aburridas. En El Carmen puedes encontrar desde garitos “pijos” hasta bares heavy. Además todo ello acompañado con la arquitectura de un barrio histórico.

En cuanto a restaurantes, entre semana (no vayáis en fin de semana porque el precio es un robo), un lugar donde me encanta ir a comer de menú es el restaurante pizza-roma (cerrado en 2010 por la crisis, ahora hay otro con el mismo nombre pero no es ni de los mismos dueños ni se come igual y es muy caro, ¡cuidado!). Si alguien es capaz de acabarse toda la comida que te dan por menos de 8 euros (la última vez que fui), que me escriba. Y no se trata de bazofia como en muchos otros lugares, sino que tiene su cierto nivel de calidad. Si se viene en coche y se quiere comer bien y de forma un poco más exclusiva, en el restaurante del casino Monte Picayo, situado en Puzol, un pueblo cercano a la capital, se puede cenar de buffet libre por unos 40 euros. Aunque mi recomendación es la de siempre: hay que probar los menús del día de los bares que se encuentren, suelen tener la mejor relación calidad/precio.

Para alojarse, hay unos cuantos hostels buenísimos y muy nuevos, como los Home Youth hostel o los Nest Hostels (aunque hay muchos más). Hay que pensar que hasta hace poco no había prácticamente ningún albergue en Valencia y que ha sido tras la creación de la Ciudad de les Arts y les Ciencies cuando han empezado a proliferar este tipo de alojamientos. Si se dispone de más dinero y se visita la ciudad en temporada baja, cerca del centro hay un par de hoteles que admiten bonos de hotel y que no están mal.

Por lo demás, ya se sabe, hay que subir al Miquelet, comer una paella en la albufera, ir en tranvía a la malvarrosa, caminar desde la lonja hasta la plaza del ayuntamiento pasando por la calle caballeros, etc. Todo gratis o muy barato, ¡no os dejéis engañar!

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Egipto: El Cairo (dia 6)

Hoy sería el último día guiados. Nos levantaron pronto para pasearnos por toda la ciudad recogiendo gente. Y es que en las excursiones guiadas también hay clases y los que pagamos menos (la categoría más baja) somos los peor tratados, a los que antes recogen y a los últimos que dejan los autobuses. Lo bueno es que después de la visita a las pirámides, perderíamos a Amed de vista para siempre.

El desayuno en el hotel fue magnifico, cogimos comida para almorzar luego si teníamos más hambre. El trayecto en bus agobiante. Y, por fin, la esperada visita a las pirámides fue… decepcionante. Sí, las pirámides son geniales, poder verlas aunque sea un minuto en la vida merece la pena, pero con determinadas compañías es mejor no ir. Y es que nuestro guía nos la volvió a jugar. No quiso madrugar para llegar de los primeros al recinto de las pirámides, por lo que con los retrasos del bus recogiendo gente de aquí y de allá (y también que hay algunos turistas que no tienen respeto por nada), llegamos realmente tarde, tanto que era casi imposible entrar en el cupo de gente que puede entrar cada día al interior de la gran pirámide. Dicen que no te pierdes nada, pero nos hacía ilusión… Agua y ajo, la próxima vez volvemos por nuestra cuenta.

El caso es que ese problema ya veníamos pensándolo antes de llegar al recinto, lo que no nos imaginábamos era que el hombre éste nos iba a tener encerrados en el bus nada más llegar al parking de las pirámides, viendo los monumentos por la ventana y sin poder escapar, durante 15 interminables minutos mientras nos contaba su vida, obra y milagros, tonterías que no nos interesaban para nada y cuestiones de organización del viaje (a que hora nos veríamos, que no fuéramos con los camellos al desierto que era muy peligroso, que si en el autobús podíamos dejar las cosas que quisiéramos, etc). Todo el encanto del momento se fue a la mierda por un puñetero guía. Así de claro. Nos jodio la visita más esperada de todo el viaje. Allí, ante esos colosos de piedra, juramos volver… y lo cumpliremos.

Lo suyo hubiera sido llegar en camello hasta las pirámides, desde el desierto y tras una gran duna empezar a divisar la silueta de las 3 grandes pirámides. Acercarnos poco a poco y descender de nuestro camello para recorrer los últimos pasos andando. No pedíamos eso, simplemente hubiéramos deseado que nos dejara el maldito autobús en el parking y correr a ver las pirámides con todo el tiempo por delante. Ni eso tuvimos.

Cuando nos liberó Amed, fuimos a ver las pirámides de cerca, desde mil lugares distintos, subimos en ellas, las tocamos, las sentimos… pero todo de prisa, porque teníamos una hora y todavía no habíamos visto el museo. Cuando nuestro tiempo llegó a su fin, todos al autobús para alejarse y hacer una foto panorámica. Como japoneses. 10 minutos y todos de nuevo al autobús para ir a ver la esfinge. Nos escupe otro rollo memorizado y 30 minutos libres. Fotos y todos de nuevo al bus que nos vamos a casa.

Todavía pienso que debíamos haberle dejado tirado en ese momento, decirle “nosotros nos quedamos aquí” y seguir viendo a nuestro aire aquel lugar maravilloso, pero no lo hicimos y todavía pudimos comprobar hasta que punto la desfachatez de una persona puede llegar a rozar lo abominable. ¿Por qué tenía tanta prisa? ¿No quería que se nos enfriara la comida? No, quería llevarnos de camino a los hoteles a una fábrica de papiros. Perdón, a una fábrica no, a una tienda. Ese era el momento, antes de que la mayoría de los turistas se enteraran de los precios que tienen estos souvenirs. 300 y 400 LE eran precios habituales. Y lo peor, algunos lo pagaban. Eso sí, en la tienda, toda lujosa, decorada en oro y madera, te ofrecían un té nada más entrar. Nosotros nos quedamos curioseando y charlando con nuestros amigos los vascos. Por cierto, ahí no dio un tiempo máximo de estancia, nada, no hace falta, cuando el último del grupo se cansó fue cuando nos fuimos. Vaya impresentable. Pero esta vez sí que era la última vez que le veíamos, en cuanto nos dejara en el hotel nos iríamos cada uno por su lado, ya que nosotros no habíamos comprado ninguna de sus caras excursiones por la ciudad. Las últimas palabras que tuvo este elemento fueron para Nuria, le dijo que con esa actitud no se podía viajar, que ella no podía ir por ahí desafiando la autoridad del guía y organizando excursiones paralelas, que eso le llevaría problemas y no se que más. Lo que en realidad quería decir es que le habíamos hecho perder comisiones por darle información a nuestros amigos y por “atrevernos” a ser un poco libres durante el viaje.

Bastante cabreados, pero aliviados, llegamos al hotel, nos cambiamos y salimos corriendo junto con los chicos vascos a buscar un taxi para ir hacía la ciudadela. Llegamos a la hora de comer, buscamos algo y encontramos un restaurante impresionante allí dentro, en una especie de plaza, dónde la decoración y la vestimenta de las camareras recordaba a la edad media. A pesar de eso, nos sorprendió el precio. El servicio no fue excesivamente rápido, por lo que perdimos mucho tiempo, quedándonos a medio visitar toda esa zona ya que cerraban a las 5. Una lástima.

Cogimos un taxi. Negociamos con el taxista un precio para ir a Khan el Khalili y cuando pensábamos que ya íbamos a salir, subió en nuestro taxi a dos japonesas que también iban para allí. Nos había parecido un precio demasiado bajo, pero no nos imaginábamos cual sería la estrategia para hacer que le compensara.

En el mercado nos pasamos toda la tarde hasta que anocheció. Ni siquiera pudimos visitar todo el mercado, aunque bien es cierto, que hay muchas cosas “repetidas”. En la parte más turística los vendedores son especialmente pesados y los precios empiezan más altos, pero si sales de esas zonas los precios se moderan (aunque hay que seguir regateando) y no te suelen molestar tanto.

Después del mercado cogimos otro taxi hasta la zona de pirámides dónde esa noche hacían el espectáculo de luz y sonido en castellano. Tuvimos un problema con el taxista que pretendía que le pagáramos algo más por el trayecto, después de haberlo negociado y dejado claro desde un principio. Montamos un buen pollo en la puerta de las pirámides, hasta que vino un hombre que trabajaba de acomodador allí y que nos ayudó mediando con el taxista que estaba simulando estar muy enfadado. Le pagamos lo convenido. Antes de entrar al espectáculo (que, por cierto, es una de las cosas más caras que hay en todo Egipto, creo que fueron sobre 60 o 70 LE por persona) fuimos a comer algo. Como teníamos poco tiempo y no encontramos nada por allí terminamos comiendo en un fast-food por muy poco dinero. Luego fuimos al espectáculo y nos sentamos en primera fila gracias al mismo hombre que nos ayudó a mediar con el taxista. El espectáculo en sí es bastante soso, pero ver las pirámides iluminadas y el sonido envolviéndote, resulta bastante espectacular. Eso sí, no creo que volviera a pagar
tanto dinero por entrar a verlo.

Cuando el espectáculo terminó, salimos rápidamente para encontrar un taxi. Aún así fue complicado y nos tocó uno que tuvo que ser empujado para poder arrancar, sin marcador de velocidad, ni luces, ni… pero llegamos a nuestro hotel. Antes de acostarnos pasamos por el bar para tomar algo, preparar el día siguiente y fumar shisha.

Gastos del día
No disponemos de los datos individuales

Total: 300 LE

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Cronica: Sur de Alemania (VII)

8/12 – La sorpresa de Dortmund

Nos despertamos. Estamos un poco cansados. Ademas el tiempo no anima a hacer nada. Desayunamos en el albergue y nos preparamos unos buenos bocatas para almorzar.

El albergue se encuentra muy cerca del centro. Solo hay que cruzar el puente del rio y ya entramos en el casco antiguo. Justo en la calle que hace de prolongacion del puente, se encuentra la zona tipica de restaurantes y de salir los fines de semana. No fuimos la noche anterior a cenar alli por lo cansados que estabamos y tampoco por la mañana nos apeteció ni pasar por allí (aunque habiamos pasado en coche). Compramos un mapa detallado en la Tourist Info (0.50 €) que te propone una ruta para recorrer la ciudad. A mitad de la ruta se puso a llover torrencialmente. Nos tuvimos que refugiar en un parlamento o algo así que hacia de galeria de arte (había un par de excursiones de escolares, a nosotros nos parecio bonito, pero no para tanto). Amainó un poco y decidimos salir a continuar la ruta, pero era imposible. Nos refugiamos en un par de tiendas en las que nos gastamos 2 o 3 euros en regalitos.

Escapando de la lluvía terminamos en un McDonnals, donde comimos bastante pronto (8 €). Después de comer decidimos que no valía la pena estar congelados de frío, cansados y mojandonos, así que volvimos al hotel. Lo recogemos todo y nos largamos. Pero tenemos mala suerte, nos perdemos al intentar cruzar la ciudad y perdemos cerca de 2 horas en atascos y buscando la salida (muy mal indicada). Medio enfadados, llegamos a Dortmund 5 horas después de salir del hostal. Tuvimos realmente muy mala suerte. En mitad de la autopista pillamos un accidente y estuvimos parados más de media hora (con motor parado incluso).

Estuvimos dudando de si ir a Dortmund o no, ya que en la Lonely Planet no aparecia ningún hostel en la ciudad y nos daba bastante miedo. Sin embargo, el miedo a perder el avión del día siguiente nos lleva hasta Dortmund. Llegamos a la ciudad y nos dirigimos al centro (esta vez sí que está perfectamente indicado). Tenemos la suerte de que cuando estamos casi en el área que delimita el centro buscando aparcamiento, nos encontramos el cartel de los YHI. ¡Salvados! Ya nos veiamos durmiendo en un hotel carísimo. La imagen de Dortmund es la que puedes encontrar en muchas ciudades industriales del norte de España, bastante gris, calles poco iluminadas, ambiente turbio… Eso nos hubiera obligado a descartar la opción de dormir en el coche en caso de necesidad.

El YHI de Dortmund es uno de esos edificios religiosos reconvertidos. Es un cura (o sacerdote o obispo o lo que sea) quien le da nombre al albergue. Hay un par de cruces por aqui y por alla. Y por supuesto habitaciones y baños separados, como no. A estas alturas todo nos parece bien. El albergue está muy cerca del centro. A Ivan le toca una habitación de 4 personas vacia y a Nuria le toca otra igual habitada por una chica que casi no aparece (parece ser que hay un concierto de Iron Maiden esa noche y mucha gente hace noche en el hostel). Como es habitual el desayuno está incluido en el precio (40’80 €).

El mercado de la navidad de Dortmund nos sorprende. Tiene un árbol de navidad gigantesco en mitad de una de sus plazas, de más de 20 metros de altura, formado por arboles más pequeños. Los precios del mercado son mucho más razonables (aunque siguen siendo algo caros) y el ambiente es mucho más festivo de lo habitual (en algo se tiene que notar la inmigración española). Hay conciertos, feria, mucha animación callejera, gente alternativa… Es el mercado que más nos ha gustado de todo el viaje. Cenamos en una pizzeria (nos ponemos hasta el culo por 6€) y como estabamos cansados decidimos volver a casa.

 

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