Por las rutas del mundo – Entrevista viajera

Virginia y Alejandro son dos argentinos que, desde 2012, recorren el continente americano con dos amigas muy particulares: Pioja y Pumba, dos compañeras de 4 patas. Iniciaron su viaje con una autocaravana (“El forastero”), pero por diversos motivos decidieron sustituirla y empezar a recorrer mundo con un par de bicicletas. Empezaron el viaje bajando hacia el sur de Argentina y luego recorriendo Chile de regreso y cuando pasaron por Buenos Aires decidieron cambiar el tipo de viaje, dejar el motor y empezar a pedalear. Ya en bicicleta y con el propósito de unir Ushuaia con Alaska, nuestros amigos viajeros andan ya por Uruguay pedaleando y conociendo mundo. Sigue leyendo Por las rutas del mundo – Entrevista viajera

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Crónica: Argentina (III)

17/03 – Parque Nacional Tierra de Fuego

El propósito del día era pasarlo en el Parque Nacional. Mucha gente hace una pequeña excursión al Parque, se pasea un rato por allí, compra recuerdos en la tienda y regresa. Ese tipo de excursiones se pueden hacer en una mañana, si tienes prisa, para hacerte una idea de lo que es el parque, pero con ellas no vas a tener ni idea de la maravilla natural que tienes en las narices. Nosotros nos lanzamos con una aventura un poco más ambiciosa: recorrer varios de los senderos, comer en el parque y regresar por la tarde.

Nos planteamos el día de esa manera y la verdad es que nos cansamos muchísimo, pero creo que valió la pena. Empezamos la mañana levantándonos no excesivamente pronto, con calma y recorriendo la ciudad para encontrar un supermercado abierto. Allí compramos un candado (que necesitábamos para los lockers, 10$) y algo de comida para mediodía ya que esperábamos estar en mitad de un sendero cuando nos entrara hambre (15$). El único supermercado que encontramos abierto estaba en la otra punta de la calle San Martin (en dirección opuesta al presidio). De paso, compramos el primer “souvenir” de este viaje en forma de parche para la mochila (12$).

Bajamos hasta la plaza donde se congregan los taxistas que te llevan al PN. Pensábamos que así lo conseguiríamos más barato, pero no fue así. Podríamos haberlo contratado a través del hostel y hubieran venido a buscarnos. Hablamos con uno de los encargados y concretamos pagar 35$ que es la tarifa mínima cuando te recogen desde las primeras paradas del camino y en caso de que quisiéramos avanzar más pagaríamos los 5$ extra que cuesta que te recojan dónde se encuentra el cartel de “fin del mundo”. Al final pagamos la tarifa completa, que, por cierto, es un robo, ya que el trayecto es relativamente corto y el camino está en buen estado, pero es lo que hay que aguantar cuando hay monopolios de facto en sectores turisticamente masificados.

Recorrimos el sendero número 3, el más largo, pero el más variado y espectacular. Durante una buena parte del recorrido avanza pegado al lago para luego internarse en el bosque y cruzarlo hasta el camino que te permite elegir ir hacia el lago roca (dónde hay servicios: cafetería, restaurante, zona de acampada, etc) o ir hacia el punto más austral de Tierra de Fuego, donde está el cartel de “fin del mundo”.

El recorrido por el sendero es delicioso. Escuchas hablar al bosque, literalmente: los árboles, extraños para los ojos de un europeo, crecen altivamente entrecruzando sus troncos y ramas, de manera que con el fuerte viento, estos se mueven y producen un característico sonido nunca antes oído por nosotros. Además del viento, la lluvia, la niebla y el frío hicieron acto de presencia, especialmente nada más llegar al embarcadero, dónde nos dejó la furgoneta a las 11:00.

Vimos muchísimos conejos durante el paseo, un castor cuando empezaba a oscurecer y muchos cormoranes en una isla en mitad del camino (por cierto, los que vimos sólo podían ser vistos si se recorre la senda costanera, incluso en la “isla de los cormoranes”, no había ninguno). La verdad es que después de haber visitado el museo Yamana, te sientes como uno de ellos en su entorno.

Al final de la excursión encontramos a unos valencianos y compartimos un tramo del sendero con ellos. Eran una familia (padres y 2 hijas) que habían llegado a Ushuaia el día anterior y que en el mismo día habían ido al Martial, habían hecho la excursión del canal Beagle y ahora al final ya de la tarde se habían acercado al PN. El sendero que compartimos no debía ser de más de 1 kilómetro y, ciertamente, no se veía casi nada. La lastima es que la mayoría de la gente que viene hace exactamente lo mismo.

Desde el Lago Roca tomamos el minibús que nos devolvió a la ciudad de Ushuaia. Cansados, casi extenuados por el duro día (a pesar de que era finales de verano y que lució el sol en ciertos momentos, durante la mayor parte del día gozamos de un penetrante y húmedo frío). Nos dimos una ducha de esas que te dejan nuevo, descansamos y salimos a cenar. En momentos como esos hubiera deseado tener una pizza guardada para no tener que moverme del hostel. Por no buscar más y porque está muy buena la comida, volvimos al bar Bananas, donde nos reímos un montonazo esa noche y cenamos por 46$ más 2$ de propina. La verdad es que tienen unos menús por 25$ que están realmente bien para ser una ciudad tan cara.

Antes de acostarnos, enviamos un par de postales desde el fin del mundo. Por cierto, curioso buzón tiene la oficina de correos.

Gastos del día:
10$ candado
15$ comida y bebida supermercado
12$ parche para mochila
80$ transporte I/V al PN Tierra de Fuego
60$ entrada PN Tierra de Fuego
48$ cena

Total: 225$

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Crónica: Argentina (II)

16/03 – Ushuaia

Nos levantamos a las 4 de la mañana. Hemos descansado poco, pero es el principio del viaje y todavía tenemos fuerzas. Le pedimos al chico del albergue que nos pida un taxi, ya que no queremos arriesgarnos a salir a la calle sin saber que vamos a encontrar un medio de transporte. El chico nos lo pide sin problemas. El taxi nos cuesta 20$ que es la tarifa fija que nos había dicho el chico del hostel que iba a costar (si lo hubiéramos pedido en la calle hubiéramos conseguido una pequeña rebaja).

El vuelo es desde el aeroparque. Llegamos con mucha antelación, así que nos toca esperar. Tras facturar, lo habitual es ir a pagar las tasas de salida que no están incluidas en el billete. Nosotros nos despistamos (por sueño, no a propósito) y no las pagamos. Nadie nos pide el papel del pago durante el embarque, así que nos las ahorramos.

Durante el vuelo vamos casi todo el rato durmiendo, excepto al final del trayecto, cuando el avión llega a Tierra de Fuego y las vistas desde el avión merecen la pena que estemos bien atentos. Las vistas son espectaculares. Se puede distinguir perfectamente el canal Beagle, el final de la cordillera de los Andes, algunos glaciares (entre ellos el Martial, que es nuestro objetivo de la tarde) y la ciudad de Ushuaia. Aunque la existencia de Google Earth ha quitado un poco de espectacularidad a este tipo de vistas, creo que en esta ocasión superó con creces mis expectativas. No olvidéis solicitar un asiento con ventanilla (y mejor en el lado derecho).

Aterrizamos y tomamos un taxi (15$) al Antartica Hostel. Elegimos este albergue debido a que era el más barato de los que quedaban disponibles el día que nos pusimos a buscar. Al final resultó un gran albergue para pasar allí 2 noches. Por cierto, que lo reservamos via email, sin tener que adelantar dinero ni ningún otro tipo de problema.

Ya que llegamos un poco antes de lo previsto, no estaban disponibles las camas todavía, así que dejamos las cosas y fuimos a visitar un par de museos. Primero visitamos el museo Yamana (2×6$) que nos gustó bastante y nos dio una visión bastante clara de esta población indígena masacrada por el hombre blanco. Luego fuimos a visitar el museo del presidio, otro ejemplo de las atrocidades que trajeron los europeos… Asistimos a una interesante visita guiada y luego recorrimos el museo a nuestro aire. La entrada es muy cara (2×20$), pero tiene la particularidad de que te permite entrar un segundo día (el truco ya no hace falta que os lo explique). Dentro del museo hay una pequeña tienda dónde compramos 3 postales y 3 sobres por 10$.

Cuando el hambre empieza a apretar, regresamos al hostel y después de un buen rato de espera (esa paciencia!!) nos asignan una habitación, pagamos y salimos a buscar un lugar dónde comer (160$ por 2 noches 2 personas). Después de mucho buscar (es todo muy caro), entramos a comer a un lugar llamado “La Banana” dónde comemos hasta reventar por 50$ (tontos nosotros por pedir “de más” por si las raciones no eran abundantes… en fin).

Nuestro proposito era visitar el glaciar Martial esa tarde, así que nos dirigimos a la oficina de turismo y preguntamos. Nos dicen que debemos tomar un taxi hasta el telesilla, luego subir en el telesilla y luego andando hasta donde queramos. El chico también nos explica que se puede ir andando todo el camino por una senda que sube hasta la telesilla y luego por la pista de esquí paralela al telesilla. Sinceramente, creo que es una tontería cansarse subiendo a pie hasta la telesilla por el precio del taxi. Eso sí, la telesilla es cara, podéis hacer 2 cosas: subir andando por la pista paralela o pedirle a algún chico argentino que os compre el ticket (vale, los que sepáis imitar el acento también podéis comprarlo por vosotros mismos, no os piden documentos).

Nosotros para ahorrar al máximo buscamos a una pareja que quiera compartir taxi con nosotros para subir. De esa manera subimos los dos por 8$. El telesilla lo pagamos como extranjeros (2×25$, si llego a saber que no piden el documento…) y luego la bajada la hacemos en una furgoneta combi que pasaba por allí por 10$. Una vez te deja la telesilla arriba, hasta el glaciar tienes todavía un buen rato de subida. Aunque el tiempo parecía que era bueno, rápidamente empezó a aparecer una espesa niebla que bajaba por la montaña. Además soplaba un fuerte viento que ralentizaba nuestro avance (Nuria decía que el viento la llevaba y que tenia que andar agachada). Esto combinado con la alta pendiente de la montaña y las advertencias de regresar ante un clima adverso, nos hicieron dar media vuelta y regresar hasta la base del telesilla. Eso sí, antes de ello pudimos disfrutar de unas impresionantes vistas del canal Beagle (foto) imposibles de observar desde la ciudad.

De regreso en la ciudad, tratamos de visitar la casa Beban, pero no pudimos ya que se encontraba cerrada debido a que había habido una exposición. También nos enteramos que hoy se había corrido el conocido Maratón del Fin del Mundo (muy en nuestra línea). Subimos a un mirador que hay en la ciudad (nada espectacular comparado con el glaciar Martial) y luego paseamos por Maipú, visitando las pocas tiendas que permanecían abiertas. Hasta el mercado artesanal estaba cerrado, parece que los domingos lo cierran todo en Ushuaia.

Decidimos cenar pronto y ya que la comida había sido buena y que era uno de los pocos lugares con precios “normales”, acudimos al mismo sitio y nos cuesta lo mismo (50$). Al salir compramos una botella de agua (4$) y regresamos al albergue, donde Nuria conoce a uno chicos catalanes que están viajando por Sudamérica durante unos 6 meses y que buscan una forma de ir al norte sin tener que comerse de nuevo la ruta 40. Les contamos lo del ferry de Navimag y deciden acompañarnos (¡pobrecitos!).

Gastos del día:
20$ taxi centro BsAs a AEP
15$ taxi aeropuerto Ushuaia al centro
12$ 2 entradas museo Yamana
40$ 2 entradas museo penitenciario
10$ postales y sobres
160$ hostel 2 noches 2 personas
50$ comida
68$ excursión al glaciar Martial (2 personas)
50$ cena
4$ botella grande de agua

Total: 429$

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