Club de vacaciones (o la nueva multipropiedad) [y 2]

(primera parte del artículo aquí)

La simulación

Tras muchas horas allí metidos (más de 4), tuvimos tiempo de realizar muchos cálculos, mentales, eso sí, puesto que allí quien tenía las hojas y los bolis eran ellos. Basándonos en la información que les pudimos sacar y pensando en 2 personas que viajan en pareja (sin hijos, ni amigos, tal cual es nuestro caso), voy a tratar de hacer un par de simulaciones. En el primer caso trataré de calcular lo que costaría un viaje típico nuestro realizando un circuito de 10 días alrededor de Italia. En el segundo caso haré el mismo cálculo para un viaje típico de una semana en un resort del caribe. En ambos casos supondré que ya se ha consumido la semana de intercambio y que tiene un precio especial de 153 euros.

Para realizar un circuito lo único que puedes hacer es comprar estancias de “fin de semana” que tienen un precio de alrededor de 100 euros para 2 noches de alojamiento. Por lo tanto si queremos realizar una ruta por Italia tipo Venecia-Milán-Florencia-Roma-Nápoles, tendríamos que gastarnos 5 fines de semana, es decir, 500 euros en estancias. Todo ello suponiendo que existiera algún resort en uno de esos destinos, ya que, por ejemplo, en Florencia que lo consultamos para hacernos una idea, no existía ninguno. A los 500 euros deberíamos sumar el régimen alimenticio elegido, puesto que el precio dado es para SA (solo alojamiento). En caso de que la PC (pensión completa) costara como en el complejo donde nos mostraron la presentación, deberíamos sumar 25 x 2 x 10 = 500 euros extra. Más los vuelos, más los desplazamientos internos, más la parte proporcional de la cuota de 200 euros al año, más excursiones, más la pérdida de valor del dinero que tenemos (mal) “invertido”… Aproximadamente todo esto significa que irnos a Italia 10 días nos cuesta ¡¡más de 2000 euros por persona!! (Podéis buscar a ver cuanto os costaría en una agencia “tradicional”, que no se caracterizan precisamente por ser la opción más barata).

Una simulación más cercana al turismo de sol y playa que parece ser que es el que promocionan este tipo de clubs de vacaciones, sería comprobar lo que nos costaría pasar una semana en el caribe. Lo primero de todo hay que tener en cuenta que la mayor parte de los resorts del caribe que vimos en el catálogo eran del tipo TI (todo incluido) y que por tanto teníamos que pagar, además de los 250 euros del alojamiento por una semana, el sobreprecio de la alimentación. Pongamos por ejemplo que dicho sobreprecio fuera moderado: 20 euros. Por lo tanto alojamiento más TI cuesta 530 euros. ¿Cuanto cuesta el vuelo? Cualquier transoceánico, por poco que cueste son 500 euros por persona, así que ya llevamos 1530 euros. Sin contar nada más (perdida inversión, 200 euros de cuota, etc), ya es más caro que muchas de las ofertas que encuentras en la red para ir a pasar una semana al caribe (las he visto desde 500 euros, pero es más realista encontrarlas por 600).

Las trampas

Por último y tras ver la gran trampa de este sistema vacacional que es eso de que el precio es siempre más bajo que contratándolo con agencia, vamos a ver algunas de las “pequeñas” trampas que hemos identificado en nuestra experiencia.

– Sus precios se basan en 4 personas: Siempre que muestran el precio de otras ofertas comerciales hablan de 4 personas, cuando lo más habitual no es viajar con más gente (incluso con hijos, estos suelen pagar una tarifa reducida o incluso viajan gratis, como en los cruceros).
– Ocultan otros gastos: Principalmente transporte hasta destino y comida (obligatoria en muchos resorts). En nuestra experiencia, el gasto en vuelos hasta destino (internacionales) es muy superior al gasto en alojamiento.
– No contar los precios “club” reales, sino los de primera semana. Siempre en todas sus presentaciones te dicen que te puedes ir una semana por 150 euros. Falso, eso sólo lo puedes hacer una semana al año, el resto, pagarás la tarifa marcada, que suele estar sobre los 250 euros. Y además tienes que atender al régimen alimenticio mínimo.
– Ellos controlan los tiempos: durante la entrevista, ellos controlan cuando vas o vienes, cuando regresas al origen, etc.. y te limitan la posibilidad de interactuar con otros clientes. Son grandes vendedores, manejan mucho dinero y son muy agresivos.
– Falta de posibilidades: vas donde ellos (los catálogos) deciden, dicen que tienen otros catálogos pero no nos los enseñaron. Por ejemplo, preguntamos por Islandia o Rusia y nos dijeron que allí no tenían nada en el catálogo 2007. Así que para viajes “raros” no sirve estar en el “club”.
– Inseguridad a la hora de estimar precios: siempre hablan de precios mínimos y descuentos, pero no te aseguran ningún precio excepto el de la estancia de la primera semana de vacaciones. Tampoco queda muy claro que pasará con la cuota anual de socio y los precios de los resorts ante subidas bruscas.
– El asesor personalizado de viajes: se supone que como “ventaja” cuando entras a formar parte del club tienes un asesor personal que conoce tus gustos y te ayuda a confeccionar el viaje que deseas. A mi me resultó ciertamente extraño que fuera un asistente enfocado a la persona y no al destino, ya que mucho mejor que alguien que te conozca (yo me conozco mucho mejor que ningún comercial) es alguien que conozca perfectamente el destino al que quieres ir, ¿no? Esto es, a mi juicio, debido a que si ellos te organizan el viaje tienen muchas más posibilidades de rascar algo de dinero: vuelas en sus compañías aéreas, compras sus excursiones, utilizas sus guías, etc.
– Los regalos tienen trampa: el televisor no es una LCD ni un plasma, es una tele CRT de toda la vida con la pantalla plana, y además de no muchas pulgadas; el portátil es una antigüedad de museo; la video-cámara es una de esas que venden por menos de 200 euros y que llevan tarjeta SD; el mini-crucero es ir y volver en barco a Tabarca o similar. ¿Pero que será el premio valorado en 900 euros?

El regalo

Me he reservado este capitulo para el final. Tras las muchas horas que pasamos hablando con comerciales y abogados, al negarnos a comprar prácticamente nos echaron de allí. Reclamamos nuestro regalo y nos llevaron junto a una chica en la recepción del complejo que nos dijo: “rascad aquí para ver lo que os ha tocado”. ¿Como? ¿Pero no era a elegir? Pues no, ¿sabéis que nos tocó? El regalo sorpresa valorado en 900 euros. ¿Y sabéis que era ese regalo? Pues era un vale para pasar 7 noches en un resort dónde nos pasarán una presentación comercial de 90 minutos!!

Ya veremos si acudimos o no. Quizá sí, y así ofrecemos a nuestros lectores otra de las vertientes de este tipo de “promociones”.

Conclusión

Considero que para la forma de viajar habitual de los que subscriben este blog y, supongo, que la mayoría de sus lectores, el pertenecer a un club de vacaciones no aporta absolutamente ninguna ventaja. Comprometerte po
r los próximos 50 años a comprar tus viajes a través de una misma empresa, cuyo objetivo parece ser el enviarte a “resorts”, es totalmente incompatible filosóficamente con aquellos que buscamos viajar lo más barato para poder conocer más mundo, más personas y más naturaleza.

Incluso considerando el caso de la gente que utiliza los resorts como forma habitual de viajar, considero que es una forma de viajar mucho más cara que la habitual de las agencias de viajes como he tratado de demostrar en la simulación.

Por supuesto, todo lo expresado aquí está basado en nuestra experiencia personal y nuestras investigaciones acerca de este fenómeno. He de recordar que la empresa se nos presentó como el mayor club de vacaciones que opera en España y estaba avalado por una conocidísima empresa del sector turístico.

¿Alguien pertenece a un club de vacaciones? Podéis contar vuestras experiencias y opiniones sin ningún problema.

Puedes consultar la legislación al respecto aquí.

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Club de vacaciones (o la nueva multipropiedad) [1]

Ayer tuvimos la oportunidad de vivir en primera persona una presentación comercial de uno de esos llamados clubes de vacaciones. Tres conceptos: marketing super-agresivo, publicidad falaz y ganchos tramposos.

Por motivos que no vienen al caso, ayer estábamos en Benidorm de fin de semana, atrapados y sin nada que hacer. Así que aceptamos sin problemas para comprobar de que iba aquello de los “clubs de vacaciones” y poderlo contar a nuestros lectores. Omitiremos el nombre de la compañía que está detrás de todo esto, pero sabed que es una bien grande y conocida (podéis contactar por email si queréis saberlo).

La captación

La primera fase de este tipo de ventas es la captación. Para ello recurren al típico gancho en la calle que te ofrece un “rasca” y en el que aciertas siempre y ganas el mayor de los premios. En nuestro caso era uno de los siguientes premios:
– Un televisor pantalla plana 100Hz
– Un ordenador portátil Pentium 4
– Un mini-crucero
– Un regalo valorado en 900 euros
– Una video-cámara

En principio la chica gancho que nos captó en Benidorm no nos dijo en ningún momento que el premio era elegido al “azar”, que no éramos nosotros quien elegiríamos. Todo lo contrario, nos dijo que frases del tipo “¿y vosotros que preferís? ¿la tele?” o “¡que suerte! ¡no le toca a todo el mundo!”, mientras nos “ayudaba” aconsejándonos que debíamos decir a sus compañeros “decid que sois grandes viajeros, que os gusta mucho viajar”, etc.

Después de estos “amables consejos”, de hacerte creer que vas a poder elegir un premio y de hacerte la pelota por la gran suerte que tienes, te meten en un taxi y te llevan a uno de sus complejos vacacionales para darte una charla de unos 90 minutos. En nuestro caso fue en la playa del Albir, a unos cuantos kilómetros de Benidorm.

La presentación

Nada más llegar al complejo, un chico muy amable te ayuda a rellenar un formulario de inscripción en el cual dejas tus datos personales (incluidos tus ingresos). No te piden documentos de identificación ni nada similar. Tras una breve espera aparece la que dicen que será tu “asesora”. Una chica que se sienta contigo y trata de entablar una conversación para descubrir si eres una persona a quien te gusta viajar o no y que te gastas dinero en esto (puesto que de eso se trata todo, de dinero, por supuesto). La chica, tras un rato de conversación, te muestra una pequeña presentación corporativa y luego te pasan otra encuesta. En ella te pidan información de tus gastos anuales en viajes, destinos de interés y destinos en los que has estado recientemente. También te enseñan el complejo en el que te encuentras como ejemplo de “resort” que podrás disfrutar si decides entrar a ser miembro del club de vacaciones.

Durante la presentación personalizada te ofrecen una bebida y puedes ir al baño o a fumar. Todo muy cortésmente. Solo esta parte de la presentación duró más de 2 horas y eso que tampoco es que preguntáramos mucho.

El club

La parte interesante venía después, cuando nos empezaron a hablar del producto en sí. La idea del club de vacaciones es la siguiente: tu compras una parte de una propiedad (un aparta-hotel en este caso) con el cual financias tu entrada en el club y que te pertenece durante los próximos 50 años; luego cuando te quieres ir de vacaciones, puedes usar tu tiempo en ese aparta-hotel o cambiarlo por tiempo en otro “resort”, pagando una “pequeña” suma de dinero (unos 150 euros). Adicionalmente se puede comprar tiempo (semanas o fines de semana) en otros resorts con un precio de entre 110 y 350 euros la semana o 100 y 110 euros el fin de semana. A todo esto hay que añadir una cuota de participación en el club de 200 euros anuales, independientes del número de veces que salgas de vacaciones. También te ofrecen otras ventajas como descuentos en vuelos y otros servicios.

La incógnita que planea todo el tiempo durante la presentación es cual es la cuota inicial. Muy hábilmente la asesora y el abogado con el cual interactúas en ciertas ocasiones esquivan responder a la pregunta directa de cual es el precio a pagar para entrar al club. Sólo al final si aceptas entrar a formar parte del club o estás muy interesado, desvelarán esta cifra. Debo decir que nosotros no conseguimos averiguarla, pero que creo que debe estar entre los 12000 y los 14000 euros (¿alguien conoce esta cifra?).

Durante el proceso tratan de liarte bastante con el tema de la couta inicial. En realidad pretenden hacerte creer que si en un momento dado quieres salirte del club son ellos los más interesados en que te vayas y que por ello te devolverán el 100% del capital invertido. Lo que nadie te explica abiertamente y que tuve que sacarle con sacacorchos al abogado es que eso no es del todo cierto. Para empezar, ellos consideran que cada año consumido en el “club” se debe descontar la parte proporcional a ese tiempo, es decir, que por cada año pierdes x/50 de tu participación. Pero la ley (afortunadamente) les marca que el capital invertido debe tener una amortización conforme al paso del tiempo. Así que según el abogado al final entre una cosa y la otra el resultado es que el capital “prácticamente se mantiene”. Pero, ¿que pasaría en caso de bajada de los precios de inmuebles?

El marketing agresivo

Tras las primeras presentaciones en las cuales te queda una idea general de como funciona el club, viene una fase de marketing bastante agresivo. Empieza por una “demostración” de precios de mercado frente a precios “club”. Basándose en una ocupación de 4 personas, te muestran los precios de lo que te costaría según el precio de catálogo ciertas estancias de una semana en resorts y lo comparan con el precio que te costaría cambiarlo por tu semana de aprovechamiento (150 euros). Tratan de hacerte creer que entrando en el club tus vacaciones a partir de ahora van a costar 150 euros por semana.

Pero lo peor viene después. Cuando llega el momento de la decisión, después de varias horas de comida de cabeza, los vendedores se ponen agresivos. Primero sutilmente con amenazas veladas del tipo “¿entiendes que hoy te vamos a presentar una gran oferta y que nos has de decir sí o no y que un ’ya me lo pensaré’ es un no?”. Luego la situación se pone más tensa y el abogado llega incluso a levantar la voz y soltar frases del tipo “lo que no me puedes discutir es que estando en el club vas a tener vacaciones más baratas”.

En fin, que si no tienes una gran seguridad en ti mismo terminas como una pareja que estaba a nuestro lado: brindando con champagne por los próximos 50 años.

(continua)

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Ferry de Navimag: demasiadas mentiras

La experiencia de navegar con la compañia Navimag fue realmente desastrosa y por ello va a ser lo primero que cuente de nuestro viaje a Argentina.

Antes de nada trataré de explicar cuales eran mis expectativas y la razón por la que elegí hacer el crucero. Mi ruta de 30 dias por Argentina incluia 2 puntos bastante distantes que tenian que ser unidos: Calafate y Bariloche. Tenia 3 alternativas: bus (la mas barata, pero incomoda y un poco lenta), avion (opcion más cara, pero rapida) y el barco de Navimag (la mas cara y la mas lenta, pero a cambio de pasear por uno de los parajes mas inaccesibles del continente). Elegí la tercera ya que en el programa de la compañia se presentaba un programa de actividades muy interesante: charlas, conferencias, la visita del poblado nativo de Puerto Eden, la visita al glaciar Amalia, avistamiento de colonias de cormoranes, leones marinos e incluso ballenas y, por supuesto, la propia contemplación de los fiordos patagonicos. Dicho así parece muy interesante, ¿verdad? Además, para algunas de estas actividades se requiere ir en temporada alta, puesto que en temporada baja se suspenden, así que puestos a elegir, elegimos pagar algo más y así poder realizar el programa completo.

Pues bien, voy a adelantar que ni nos dejaron desembarcar en Puerto Eden, ni pudimos ir al Glaciar Amalia, ni avistamos cormoranes ni leones marinos. Además el programa previsto se incumplió sistemáticamente desde el primer momento cuando embarcamos en Puerto Natales con varias horas de retraso, hasta el último cuando llegamos a Puerto Montt con el retraso acumulado en la salida. Las charlas y los documentales no tenian la calidad pagada ni por asomo, ya que quien se encargaba de todas las tareas de “animación” era una señorita, que, con todos mis respetos, no tenía ni el nivel ni la templanza suficiente como para estar en el lugar que ocupaba.

Pero vayamos con la cronologia de los hechos para entender mejor cual es la dinámica de funcionamiento del ferry de Navimag:

– El dia indicado a la hora prevista llegamos a Puerto Natales. La primera sorpresa fue comprobar que el barco todavia no había llegado y que había un cartel indicando claramente que el barco partiria con un retraso de 2 horas. Esperamos hasta la hora indicada, pero todavia se retrasó más. Tendríamos que haber embarcado a las 21:00 y terminamos embarcando cerca de las 00:00 y no nos pudimos acostar hasta la 1:00. Se suspendió la pelicula prevista en el programa. Sin embargo, se visionó el video de seguridad y se dió la charla de bienvenida prevista para el día siguiente, aún a pesar de que la mayoría de los pasajeros habían optado por irse a la cama y los que quedabamos estábamos tan cansados que a penas podíamos atender a las explicaciones (lo cual me parece una irresponsabilidad por parte de la empresa).
– En esta charla ya nos anunciaron que no se realizaría el desembarco en Puerto Eden y se dejó caer que se visitaría “un glaciar”, sin precisar cual. Nos extrañó, pero estabamos tan cansados que decidimos irnos a dormir.
– A la mañana siguiente puse el despertador a las 6 de la mañana que es cuando el barco debería haber zarpado, pero no lo hizo hasta las 8:00. Esto provocó un retraso inicial de 2 horas respecto a la marcha del barco los próximos días.
– Ese mismo viernes deberíamos haber navegado por el canal del glaciar Amalia para su avistamiento, pero debido a la mala planificación de los tiempos de salida, el capitan decidió no acercarse debido a que hubieramos llegado de noche (según su propia versión de los hechos). Hay que recordar que esta visita solo se realiza en temporada alta y que la temporada alta es sensiblemente más cara que la temporada baja. A cambio, el domingo visitariamos el glaciar Iceberg en el campo de hielo norte.
– Tratamos de hablar sobre estos asuntos con la chica encargada de las actividades. Nos dijo que en el programa se dice que se visitará un glaciar y no habla de cual y que nunca en la vida se había permitido desembarcar a pasajeros en Puerto Eden. Todo esto sin dignarse a mirarnos a la cara y de muy malos modos. Evidentemente mentía, ya que nosotros teníamos un programa y por todo el barco había carteles anunciando el desembarco en Puerto Eden y hay algunos relatos en Internet que lo confirman. Fuimos a hablar con el capitan que nos dijo que había sido decisión de la empresa, nos aclaró que no se visita el glaciar Amalia “porque el sol se pone muy pronto en esta época del año” (¿y para que me hacen pagar temporada alta, entonces?) y que ibamos a llegar a Puerto Eden demasiado pronto y que todavía sería de noche y que como no podríamos ver nada era tontería bajar (y pienso yo, “si llegamos demasiado pronto, ¿no podríamos esperarnos allí un rato?”).
– El viernes fue el primer día que teníamos comidas a bordo. Estas comidas se programaban en dos turnos (esto no lo avisa nadie), dejando prioridad a los que tienen las habitaciones tipo A y AA (las más caras) y luego a las tipo C (literas baratas). Ese turno se invirtió el sábado, justo antes de salir a la zona oceánica, que suele ser un bastante movida. Mi teoría es que ese día nos hicieron comer antes a los “pobres” porque justo la tarde esa que sales a mar abierto es el único momento en el que se pueden avistar ballenas y durante el segundo turno es ya de noche. Es decir, que si permitian que cenaran antes los de las cabinas y se avistaban ballenas justo en ese momento, se lo perderían ellos, mientras que si estabamos cenando los de las literas, nos lo perderiamos nosotros. Fue casualidad quizá, pero justo se avistaron 2 ballenas en el momento en el que estabamos cenando los de tipo C. Aunque yo ya he empezado a dejar de creer en las casualidades… Ningún otro día se invirtió el orden de las cenas.
– El sabado por la mañana, a las 6:00 atracamos en Puerto Eden. Se bajaron los pasajeros que tenían este destino como final de trayecto y al resto ni nos avisaron. Yo me puse el despertador a esa hora para ver como era aquello y no pude ver absolutamente nada, ya que era totalmente de noche. El barco zarpó de Puerto Eden aún siendo de noche.
– El domingo por la mañana a primera hora fuimos a ver el glaciar Iceberg. Nada espectacular. El barco se quedó a mucha distancia del glaciar, por lo que lo tuvimos que ver a través de prismáticos para apreciar el color azulado. Es como ver el Perito Moreno desde el mirador que se encuentra en la carretera.
– Ese día se supone que deberíamos haber avistado una colonia de cormoranes y leones marinos. No vimos nada. Nosotros no habiamos realizado la navegación por el canal Beagle en Ushuaia porque pensamos que ya veríamos leones marinos y cormoranes en el ferry… pues nada, nos quedamos con las ganas.
– Justo cuando estabamos llegando a Puerto Montt (sobre las 11:00) hubo una urgencia médica a bordo. Una mujer miembro de la tripulación tuvo un problema (no se nos explicó cual) y ante la inexistencia de medicamentos a bordo y de personal competente (sólo un enfermero viaja a bordo), tuvo que ser transladada a tierra antes del atraque del barco en un espectacular dispositivo con helicopteros y lanchas motoras incluidas. No quiero pensar que hubiera pasado si esto pasa en al
ta mar
.
– El lunes deberíamos haber desembarcado a las 8:30, pero terminamos haciendolo sobre las 12:00, por lo que se retrasaron todos nuestro planes.
– Fuimos a la oficina de Navimag a poner una queja. La responable de la compañia nos trató muy amablemente, pero básicamente nos dijo que estábamos perdiendo el tiempo ya que esto no es Europa y que aquí la publicidad no es vinculante. De todas formas, pusimos la queja en un libro de reclamaciones repleto de ellas.

En definitiva, la experiencia de navegar por los fiordos patagónicos nos la hizo desagradable una empresa, Navimag, que se comportó de forma totalmente desconsiderada hacia sus clientes que son quienes les dan de comer… perdón, olvidé que se trata de una empresa subvencionada que genera pérdidas, que después de denunciar a otra empresas que cobraban precios razonables (y perder) y poner todos los medios para evitar que los extranjeros viajen en otras compañias, ahora se aprovecha del propio estado. Todo un ejemplo de gestión.

Si hay interés, en los próximos días contaré como es el barco por dentro, mostraré videos, fotografías, panfletos y demás. Os explicaré todo lo que teneis que saber sobre este ferry.

 

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Crónica: Viaje a Senegal (VI)

8/4 Saint Louis

Nos levantamos tarde, cerca de las 10 de la mañana. No teniamos prisa, habíamos visto que la ciudad no era tan grande como para ir con prisas. Además, la noche había sido movidita. Justo al lado del albergue hay un mezquita dónde durante buena parte de la noche han estado cantando y haciendo algún tipo de fiesta. Es comprensible que un sábado por la noche la gente salga de fiesta, que celebren sus ritos, que recen en la mezquita… Luego, cuando el ruido exterior cesó, empezamos a escuchar un ruido dentro de la habitación. Al parecer teníamos un roedor rebuscando entre nuestras mochilas y bolsas. Le hicimos poco caso, estábamos tan cansados que no tuvimos ganas ni de encender la luz para espantarlo. Por la mañana comprobamos que había mordisqueado los bollos que compramos el día anterior y que pensábamos comer para desayunar. Por razones higiénicas los tiramos a la basura.

Antes de salir a visitar la ciudad, hablamos con el dueño del albergue sobre el incidente de la rata. El hombre no le dio ni la más mínima importancia, pero nos ofreció la posibilidad de cambiarnos a otra habitación que había quedado libre. Aceptamos la oferta y cambiamos los trastos en cuanto su mujer terminó de limpiar la habitación. Entre todo esto, se nos fue toda la mañana y, a pesar del duro día anterior, teníamos ganas ya de ver mundo.

Nos dirigimos hacia el centro, pero por calles secundarias, viendo como viven realmente los ciudadanos de Saint Louis. Pudimos ver alguna instalación deportiva, un centro militar, el estado de algunos de los puentes de la ciudad… Sobretodo nos dimos cuenta de la razón por la que en estos lugares tienen graves problemas de salud. Hay cabras muertas en los márgenes de los ríos, basura por doquier, la gente se lava en el río por no tener agua en casa, se ahuma el pescado en la calle, los niños corren descalzos… Da que pensar. Conforme te acercas a los barrios del centro de la ciudad, dónde se encuentran los hoteles donde llevan a los turistas, la situación cambia. Hay menos basura, las fachadas de las casas se conservan mejor y hay más tiendas y comercios.

Cuando llegamos al centro neurálgico de la ciudad, en frente del hotel más elegante de Saint Louis, nos acercamos por una de las “tiendas” que algún “amigo” tenía puestas en una acera. Para ellos, tener un lugar fijo, con una sábana en el suelo y varios objetos sobre ella ya es tener una tienda. Realmente no fuimos nosotros quienes nos acercamos, sino que fue el vendedor el que nos arrastró, con muy buenos modos, eso sí, hasta su tienda. Con la excusa de que era la primera compra del día, casi sagrada para los musulmanes, consiguió que le compráramos un par de pulseras (600 CFA). Creo que pagamos demasiado, pero al fin y al cabo le hicimos un favor al hombre.

Ya que estábamos cerca del restaurante de la noche anterior y visto que la calidad fue muy buena, decidimos entrar a comer aunque fuera un poco pronto. Ahí probamos por primera vez el Yassa Poulet, un plato típico senegalés que consiste en arroz hervido, pollo frito y una salsa que está buenísima. Fue uno de los platos que más solicitamos en los restaurantes a lo largo del viaje. También probamos otros platos típicos senegaleses, algunos a base de pescado, brochetas, etc. Pero el mejor sin duda es el Yassa Poulet. La comida nos costó 5000 CFA, con la botella de litro y medio de coca-cola.

Después de comer regresamos al hotel a descansar un rato. Dormimos durante las horas en las que el sol pega más fuerte y volvimos a salir de nuestra guarida (esta vez sin rata) hacia media tarde. Queríamos ir a ver a los pescadores que regresan de pescar, pero no llegamos a tiempo, cuando aparecimos por la playa, ya todos los barcos estaban varados en la arena y las mujeres ahumaban la captura del día. Si la zona dónde estaba el albergue era lúgubre, la zona del puerto, justo al otro lado del puente, ya en la lengua de la barbarie, era lo más parecido a una película de terror. El humo con el que trataban el pescado lo invadía todo. Cientos de personas andaban de un lugar a otro, pescadores que habían terminado su jornada laboral, ahumadoras con ristras de pescado, mercaderes, niños jugando; todos ajetreados, pero calmados. La playa tiene un ambiente especial, el humo crea una densa niebla que te impide ver más allá de 50 metros. Los barcos tirados sobre la arena crean una sensación de decadencia difícil de igualar. Y los restos de pescado y otro tipo de desperdicios repartidos homogéneamente por todo el lugar invitan a no adentrarse en ese mundo. La gente deambula, se pierde tras un barco o entre la niebla. Una imagen impactante. Quizá la única razón para venir a Saint Louis sea para ver éste espectacular escenario.

La tarde empezaba a caer y nos quedaba poco tiempo para darle la vuelta completa a la isla, que era el nuevo objetivo que nos habíamos fijado. Saint Louis es mucho más que esa isla, que está unida al continente mediante un puente diseñado por Eiffel (el de la torre emblema de París). Sin embargo, el centro de la ciudad, dónde están los barrios coloniales es ahí. La isla está protegida por la lengua de la Barbarie, una estrecha extensión de tierra de forma alargada que recorre varios kilómetros del litoral senegalés.

Cruzamos de nuevo el ajetreado puente que une la lengua con la isla y caminamos en dirección sur pegados por el paseo marítimo. Un hombre de mediana edad llamó nuestra atención diciendo algo en perfecto Español. Nos giramos y le saludamos. Él empezó a hablar, nos contó que era pescador, que tenia familiares en España, que tenía no se cuantos hijos… Parecía simpático y, cómo hablaba muy bien nuestro idioma, consiguió que estuviéramos charlando con él más de 15 minutos. Luego, cuando nos íbamos a despedir, nos dice que él no quiere dinero, pero que le gustaría que le compráramos leche y Nescafé para sus hijos. Sospechoso, pero picamos. Le acompañamos hasta la tienda y él pidió una bolsa de leche en polvo y un bote de Nescafé. Para los senegaleses el Nescafé es un producto muy codiciado, les encanta. Le pidió la cuenta al tendero y cual fue nuestra sorpresa cuando ascendía a mucho más de lo que nosotros estaríamos dispuestos a pagar. Le dijimos que no podíamos gastarnos tanto y él insistió en que era para sus hijos y que al menos le compráramos el Nescafé. Finalmente accedimos, pensando que el hombre lo hacía de buena voluntad. La broma nos salió por 2800 CFA. Ni que decir tiene, que esta es una de las prácticas comunes de la picaresca en Senegal. Después de haberle regalado un montón de dinero a alguien que realmente no lo necesita, me sentí mal. Por dos razones: primero porque nos había estafado y segundo porque al darle lo que quería le estábamos realimentando para que lo siguiera haciendo y dando ejemplo a otros senegaleses para que sigan su ejemplo.

Ahí no terminó todo, cuando nos despedimos, el hombre sabiendo que queríamos visitar el parque natural de Djoudj, nos dijo que nos podría sal
ir muy barato, que un taxi nos llevaría, se esperaría y nos devolvería por 5000 CFA cada uno, más 2000 CFA por el alquiler de la piragua. Eso era mucho menos de los aproximadamente 40000 CFA de los que hablaba la Lonely. Así que nos interesamos por el tema y le pedimos que nos contara cómo se podía conseguir. Paró un taxi y habló con el taxista. Concertó con él el precio y nos dio su teléfono para llamarlo al día siguiente por la mañana para que viniera a buscarnos. Todo parecía claro y conciso. Segundo error del día: pensar que alguien da duros a cuatro pesetas.

Proseguimos nuestro camino contentos por tener arreglada la excursión a Djoudj. Llegamos al extremo sur de la isla. Desde allí se contemplaba el continente a un lado y la lengua al otro, junto con una gran extensión de agua en medio de las dos. Unos niños jugaban a fútbol hasta que el balón se les cayó al agua y se sortearon a ver quien se metía a rescatarlo antes de que se lo llevara la corriente. Nos sentamos un rato a ver pasar la vida en un banco destrozado por los años. Vimos el atardecer.

Paseamos por barrios con aspecto peligroso hasta regresar al centro de la isla. A pesar de la pinta de esos barrios, dudo que fueran realmente más peligrosos que el entorno de los lujosos hoteles para turistas. Cenamos en frente del restaurante “La Linguere”, para probar otro sitio, por si todavía era mejor. No fue así, aunque era más económico. Era una especie de hamburguesería en versión senegalesa, dónde te servían varios tipos de kebaps, wraps, hamburguesas y bocadillos. Éramos los únicos clientes del local, aunque se animó un poco justo cuando nos fuimos. La cena nos costó bastante poco (2200 CFA), pero no fue tan suculenta como la de la noche anterior. Después de cenar la ciudad estaba dormida, no había mucha gente por las calles y la poca luz que daban las escasas farolas invitaba a recogerte en casa. Así lo hicimos.

Gastos del día:
600 CFA (pulseras souvenir)
5000 CFA (comida)
2800 CFA (Nescafé timo)
2200 CFA (cena)
1000 CFA (2 botellas agua)

Total: 11600 CFA

 

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