Crónica: Argentina (III)

17/03 – Parque Nacional Tierra de Fuego

El propósito del día era pasarlo en el Parque Nacional. Mucha gente hace una pequeña excursión al Parque, se pasea un rato por allí, compra recuerdos en la tienda y regresa. Ese tipo de excursiones se pueden hacer en una mañana, si tienes prisa, para hacerte una idea de lo que es el parque, pero con ellas no vas a tener ni idea de la maravilla natural que tienes en las narices. Nosotros nos lanzamos con una aventura un poco más ambiciosa: recorrer varios de los senderos, comer en el parque y regresar por la tarde.

Nos planteamos el día de esa manera y la verdad es que nos cansamos muchísimo, pero creo que valió la pena. Empezamos la mañana levantándonos no excesivamente pronto, con calma y recorriendo la ciudad para encontrar un supermercado abierto. Allí compramos un candado (que necesitábamos para los lockers, 10$) y algo de comida para mediodía ya que esperábamos estar en mitad de un sendero cuando nos entrara hambre (15$). El único supermercado que encontramos abierto estaba en la otra punta de la calle San Martin (en dirección opuesta al presidio). De paso, compramos el primer “souvenir” de este viaje en forma de parche para la mochila (12$).

Bajamos hasta la plaza donde se congregan los taxistas que te llevan al PN. Pensábamos que así lo conseguiríamos más barato, pero no fue así. Podríamos haberlo contratado a través del hostel y hubieran venido a buscarnos. Hablamos con uno de los encargados y concretamos pagar 35$ que es la tarifa mínima cuando te recogen desde las primeras paradas del camino y en caso de que quisiéramos avanzar más pagaríamos los 5$ extra que cuesta que te recojan dónde se encuentra el cartel de “fin del mundo”. Al final pagamos la tarifa completa, que, por cierto, es un robo, ya que el trayecto es relativamente corto y el camino está en buen estado, pero es lo que hay que aguantar cuando hay monopolios de facto en sectores turisticamente masificados.

Recorrimos el sendero número 3, el más largo, pero el más variado y espectacular. Durante una buena parte del recorrido avanza pegado al lago para luego internarse en el bosque y cruzarlo hasta el camino que te permite elegir ir hacia el lago roca (dónde hay servicios: cafetería, restaurante, zona de acampada, etc) o ir hacia el punto más austral de Tierra de Fuego, donde está el cartel de “fin del mundo”.

El recorrido por el sendero es delicioso. Escuchas hablar al bosque, literalmente: los árboles, extraños para los ojos de un europeo, crecen altivamente entrecruzando sus troncos y ramas, de manera que con el fuerte viento, estos se mueven y producen un característico sonido nunca antes oído por nosotros. Además del viento, la lluvia, la niebla y el frío hicieron acto de presencia, especialmente nada más llegar al embarcadero, dónde nos dejó la furgoneta a las 11:00.

Vimos muchísimos conejos durante el paseo, un castor cuando empezaba a oscurecer y muchos cormoranes en una isla en mitad del camino (por cierto, los que vimos sólo podían ser vistos si se recorre la senda costanera, incluso en la “isla de los cormoranes”, no había ninguno). La verdad es que después de haber visitado el museo Yamana, te sientes como uno de ellos en su entorno.

Al final de la excursión encontramos a unos valencianos y compartimos un tramo del sendero con ellos. Eran una familia (padres y 2 hijas) que habían llegado a Ushuaia el día anterior y que en el mismo día habían ido al Martial, habían hecho la excursión del canal Beagle y ahora al final ya de la tarde se habían acercado al PN. El sendero que compartimos no debía ser de más de 1 kilómetro y, ciertamente, no se veía casi nada. La lastima es que la mayoría de la gente que viene hace exactamente lo mismo.

Desde el Lago Roca tomamos el minibús que nos devolvió a la ciudad de Ushuaia. Cansados, casi extenuados por el duro día (a pesar de que era finales de verano y que lució el sol en ciertos momentos, durante la mayor parte del día gozamos de un penetrante y húmedo frío). Nos dimos una ducha de esas que te dejan nuevo, descansamos y salimos a cenar. En momentos como esos hubiera deseado tener una pizza guardada para no tener que moverme del hostel. Por no buscar más y porque está muy buena la comida, volvimos al bar Bananas, donde nos reímos un montonazo esa noche y cenamos por 46$ más 2$ de propina. La verdad es que tienen unos menús por 25$ que están realmente bien para ser una ciudad tan cara.

Antes de acostarnos, enviamos un par de postales desde el fin del mundo. Por cierto, curioso buzón tiene la oficina de correos.

Gastos del día:
10$ candado
15$ comida y bebida supermercado
12$ parche para mochila
80$ transporte I/V al PN Tierra de Fuego
60$ entrada PN Tierra de Fuego
48$ cena

Total: 225$

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