Crónica: Argentina (XI)

27/03 – Día corto

Nos levantamos pronto para aprovechar la mañana ya que por la tarde-noche podríamos descansar en el autobús. Como no teníamos demasiado tiempo, decidimos hacer caso a nuestros amigos argentinos y acercarnos al lago Gutiérrez dónde nos comentaron que era posible hacer algo de senderismo y alquilar una piragua para navegar por el lago.

Tomamos un autobús en la ciudad al que llegamos andando desde el albergue (ida y vuelta por 5$ los dos). Llegamos al lago y nos paseamos un rato por la zona antes de empezar a caminar hacia el sendero que lleva a la pequeña cascada. Todo estaba cerrado, pero había unas buenas instalaciones para pasar el día. En la carretera, justo antes de llegar, hay incluso un supermercado dónde se puede comprar comida o bebida si la hemos olvidado. El lugar donde se alquilaban las piraguas estaba cerrado, así que no pudimos alquilar una.

Para acceder al sendero hay que andar un buen rato por un camino de tierra paralelo al lago hasta llegar a un camping. En el camino no nos cruzamos con nadie, excepto dos grandes perros que nos acompañaron el resto del camino. Luego, una vez llegados al inicio del sendero, andamos muy poco tiempo hasta llegar a la cascada escondida. Era un poco tarde, ya que habíamos perdido bastante tiempo en el lago, tomando fotos, pues la verdad es que a esas horas la luz creaba unas panorámicas preciosas. A pesar de eso, tratamos de seguir un tramo más del sendero que subía hasta lo alto de un pequeño cerro dónde se suponía que habría unas bonitas vistas. Finalmente no llegamos al final del camino, pues resulta complicado seguir el sendero (la mayoría de los senderos no están marcados, sólo indicados al inicio y final del sendero).

Tras el sendero regresamos en el mismo autobús a la ciudad de Bariloche. Estuvimos tentados de parar en el mirador del cerro Otto, ya que un par de israelitas en nuestra habitación lo calificaban de “lo mejor que hay en toda Sudamérica”. Suponemos que la cantidad de alcohol en sangre en el momento de la subida era alta. En Bariloche, paseamos por el centro y compramos algunos regalitos (20$). Sin mucha hambre, comemos cualquier cosa (34$) antes de regresar al albergue para tomar las mochilas e ir tranquilamente a la estación de autobuses.

A las 16:00 sale puntual el autobús a Mendoza. El autobús era realmente cómodo. No habíamos probado ningún autobús de ese tipo nunca. El asiento se reclinaba hasta hacerse prácticamente una cama, aunque no del todo (aunque existe un servicio denominado “tutto leto” que sí se reclina 180º). El bus tenía un azafato que te servia la merienda, la cena y el desayuno, así como cualquier cosa que necesitaras durante el trayecto. También organizaron una rifa donde regalaron una botella de vino de Mendoza. Por cierto, elegimos los últimos asientos y creo que fue una buena elección, ya que, aunque son un poco más ruidosos y la tele se ve un poco peor, te permiten dejar las bolsas de mano en la parte de atrás del asiento que es mucho más cómodo que en la parte de arriba.

El día resultó ser corto. Vimos algunas películas, cenamos, pero, la verdad, es que la mayor parte del tiempo estuvimos durmiendo.

Gastos del día:
5$ bus al lago
20$ souvenirs
34$ comida

Total: 59$

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Crónica: Argentina (X)

26/03 – El circuito chico

La idea del día de hoy era simple: ir a la estación de autobuses, enterarnos de si existía un autobús de San Martín o Villa la Angostura a Mendoza (o combinación) y luego ir a visitar el Bosque de Arrayanes. Pues no. Algo tan sencillo como eso se hizo imposible. El autobús que nos llevaría a Villa la Angostura desde dónde poder visitar de forma barata el Bosque de Arrayanes y dónde viajaban nuestros amigos, salía a las 8:30. Sin embargo, en la estación de autobuses no apareció nadie que nos pudiera informar (ni de la estación ni de la compañía) hasta pasadas las 9:30. Mala suerte. No íbamos a poder ver el famoso bosque.

Además, nadie sabe si existe algún medio de transporte combinado (directo ‘creen’ que no) desde Villa la Angostura o San Martín hacía Mendoza. Nos recomiendan que tomemos un bus de Andesmar desde Bariloche. Resignados a esa posibilidad, preguntamos en la compañía cuando saldrá el próximo y, para nuestra sorpresa, no podrá ser hasta mañana. Después de haber estado viajando en autobuses medio vacíos todo el tiempo, resulta que nos tenemos que quedar otra noche en Bariloche. No pasa nada, vamos bien de tiempo, ya que tenemos algunos días extra acumulados. Finalmente compramos un billete para el día 27 a las 16:00 por 166$ cada uno (bastante caro, por cierto, aunque nos ahorramos una noche de hotel).

Regresamos al hostel y pagamos por una noche extra (60$). Dudamos un poco sobre que hacer con el día extra que tenemos en la ciudad. Una de las cosas que se recomendaban en diversos catálogos, foros y blogs para hacer en Bariloche era realizar el circuito chico. Había varias excursiones que podías contratar para realizarlo y estaba bastante bien de precio. Nosotros, sin embargo, por no tener que viajar con pesados guías y tener que ir al mismo ritmo que otra gente con una visión del mundo muy diferente a la nuestra, preferíamos realizar el recorrido por nuestra cuenta. Y acertamos. Nos gastamos en autobuses (que te dejan prácticamente en la puerta de los lugares a visitar) unos 14$ entre los dos. El primer bus lo tomamos directamente enfrente del hostel y cruzó toda la ciudad de Bariloche de cabo a cabo para llevarnos a Puerto Pañuelo.

Puerto Pañuelo es el típico embarcadero mixto que se utiliza con fines turísticos y deportivos. Allí mismo te venden por más de cien pesos una excursión para ir a ver el bosque de arrayanes. Vimos los precios y casi nos partimos de risa en la cara de la pobre vendedora. Pasamos un rato en el embarcadero, fuimos a ver el carísimo hotel Llao Llao desde donde se tienen unas bonitas vistas de los alrededores y tomamos un bus de regreso que nos dejó en un kilómetro concreto de la carretera dónde otro autobús nos recogería para ir a la Colonia Suiza.

La Colonia Suiza es otro mundo. Nos encantó. Es verdad que se trata de una pequeña parte de Suiza enclavada en medio de Argentina. El entorno es ideal para venirte una semana de acampada o alquilar una casita de madera y olvidarte del resto del mundo. Además, al estar orientada al turismo, existen varios restaurantes dónde puedes comer a buen precio. También tienen un mercadito de objetos hechos a mano, con mucha variedad y donde nos gastamos 32$ (aunque, eso sí, llenamos una bolsa de cosas).

Como era ya hora de comer elegimos uno de los restaurantes dónde anunciaban fondue de queso con postre por 27$ por persona. Y acertamos de lleno. La arquitectura del local era simplemente alucinante. Era un comedor a dos alturas todo realizado en madera y presidido por una enorme chimenea. La comida fue estupenda, tanto en calidad como en cantidad y el precio.. nada, comparado con lo que hubiera costado la misma fondue en Suiza. Un lugar más que recomendable si tenéis la oportunidad (preguntad por el restaurante de madera con una gran chimenea).

Salimos de allí con ganas de siesta, pero en vez de eso, decidimos andar un rato. Caminamos unos 6 kilómetros por un camino de tierra en el que además de quedar alucinados con los paisajes, fauna y flora del lugar, nos encontramos con numerosos reclamos turísticos: un criadero de truchas, una granja, etc. No entramos en ninguna ya que el paisaje era suficiente. Pronto nos cruzamos con la carretera y siguiendo el mapa que había en un poste subimos un poco (un kilómetro quizá) por la carretera para ir a un mirador, donde nos encontramos nosotros solos frente a los lagos. Cualquier foto o descripción sería inútil para describir el paisaje de cuento que se divisa, así que me ahorraré hacerlo.

Bajamos luego por la carretera y nos cruzamos con muchas otras atracciones turísticas en las que supongo que sólo la gente que va en coche suele parar: un puente que une dos lagos, una tienda de juguetes antiguos, varias tiendas de queso… Bajamos unos 3 kilómetros hasta el km 18 dónde se cruzan las carreteras y dónde pasa el autobús que nos llevaría al centro de Bariloche. Cansados y con mucho calor agradecemos la sombra de la parada de bus. El colectivo se demora bastante, pero finalmente llega y en 15 minutos nos transporta hasta el centro de la ciudad. Ahí terminó nuestra excursión ‘circuito chico’, totalmente recomendable.

Bariloche es una ciudad curiosa. Cuando empezamos a callejearla nos pareció conocida, familiar, como si ya hubiéramos estado allí antes. Luego la vimos totalmente diferente a cualquier otra, pero entrañable. Quizá sea porque es una ciudad eminentemente turística que está situada en un paraje absolutamente increíble. No se, pero os podéis imaginar como es: varios mercaditos de souvenirs y manufacturas, muchas tiendas de ropa de nieve y esquí, plazas y calles muy cuidadas… Por cierto, es más barato aquí comprar artesanía que en El Bolson.

Después de callejear y comprar más souvenirs en el mercado artesanal (21$) y camisetas en las tiendas de ropa (21$ la grande y 15$ la pequeña), nos pusimos a buscar un lugar donde cenar. Encontramos uno con un nombre sugerente ‘El Chiringuito’, donde entablamos conversación con el dueño que nos contó que había hecho algo de dinero vendiendo cuadros hechos con el dedo en España y que eso le había permitido abrir ese bar/restaurante. Y en honor a ello le había llamado ‘El Chiringuito’. El hombre se había recorrido media España, de feria en feria vendiendo cuadros. Por cierto, aparte de la conversación, la comida estuvo también muy bien y a muy buen precio: 30$ (el bar está junto a la plaza cívica).

Cuando terminamos de cenar, la noche ya estaba bastante avanzada, pero era muy agradable. Esperamos un buen rato al autobús que parece ser que baja la frecuencia por la tarde, pero finalmente apareció y nos llevó hasta nuestro albergue (2’6$). Nos acostamos pronto, pensando mañana en ir al Lago Gutierrez como única opción para poder asegurar que estamos en ‘casa’ a la hora de comer. El Bosque de Arrayanes es una opción muy tentadora, pero arriesgada.

Gastos del día:
332$ bus a Mendoza
60$ noche de hostel
14$ circuito chico en bus público
32$ souvenirs Colonia Suiza
54$ comida
21$ souvenirs Bariloche
36$ camisetas
2$ bus Bariloche-estación de bus

Total: 551$

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Crónica: Argentina (VIII)

23/03 – Último día de navegación

Llegó el último día de navegación cuando nos encontrábamos ya un poco cansados del monótono ritmo del barco. Mañana a primera hora, aunque con un poco de retraso según nos comunicaron, el barco llegaría a puerto. Nuestros planes, que en origen eran recorrer esta bella zona de Chile, habían sufrido un cambio radical después del trato que nos dio esta naviera chilena. Ahora lo único que queríamos era salir de Chile cuanto antes, así que trataríamos de tomar el primer bus que saliera hacia Bariloche.

Antes de eso, todavía quedaba un día por delante, un día sin la menor trascendencia hasta la hora de la cena, cuando un chico alemán entró en el comedor gritando “barrena, barrena” ante la estupefacta mirada de todos los presentes. Extrañado de que nadie reaccionara, dijo algo que todos entendimos “whales!!” (ballenas). Y todos corrimos hacía la zona exterior más cercana para tratar de alcanzar a ver a alguno de los cetáceos. Y los vimos, de lejos, pero los vimos. Vimos su chorro de agua alzarse por encima de la superficie y vimos su cola golpear contra las olas. Nada más, pero fue suficiente como para dejarnos un gran sabor de boca para lo que quedaba de viaje. Dicen que es extraño conseguir ver ballenas en esta zona y en esta época del año. Quizá tuvimos mucha suerte, toda la que no tuvimos con nuestro ansiado desembarco en Puerto Eden ni la visión del glaciar Amalia.

El barco en aquél momento estaba en mar abierto, se movía mucho, aunque todavía se podía aguantar. Un rato más tarde, justo cuando terminamos la cena, el movimiento era tan exagerado que la mitad de los pasajeros fuimos a acostarnos para no sufrir mareos (que los hubo y muchos).

24/03 – Escapando de Chile

A primera hora de la mañana, como siempre, ladró el odiado megáfono llamándonos a desayunar. Si todo hubiera ido sobre lo previsto, justo después del desayuno hubieramos desembarcado, pero llevábamos un par de horas de retraso, así que después de desayunar tuvimos la oportunidad de ver como el barco llegaba a puerto desde el pub. Desde allí mismo también pudimos asistir a uno de los momentos más espectaculares de este viaje: el rescate de una tripulante que sufrió un pequeño ataque de epilepsia.

Después de todo, llegamos con más de 3 horas de retraso, lo cual hubiera hecho imposible tratar de lograr realizar el cruce de los lagos en 2 días como teníamos previsto. En cualquier caso, nuestros planes ya eran otros. Fuimos andando hasta la estación de autobuses y compramos 2 billetes para Bariloche (2 x 12000$). Los autobuses para Bariloche son especialmente caros, cuestan casi lo mismo que el trayecto Puerto Montt-Santiago que es el triple de largo, pero no nos importa, lo que queremos es regresar cuanto antes a Argentina y los compramos de buena gana.

Como tenemos tiempo de sobra antes de que el bus salga, regresamos al puerto, a las oficinas de Navimag para poner una reclamación por todo lo sucedido. Evidentemente todo son buenas palabras, pero no hay ningún resultado concreto después de una hora hablando con la responsable (Carmen Paz). Lo mejor que pudimos hacer es informar a todo el mundo de lo que se va a encontrar cuando viaje con esta compañía.

El resto del tiempo, lo dedicamos a pasear por Puerto Montt. La ciudad en sí no tiene nada reseñable. Bien es cierto que salió un día de niebla y que íbamos cargados con las mochilas, pero lo que andamos (entre la estación de autobuses y el mercado) no tenía nada que ver: mercados de souvenirs, un puerto pesquero con cierto colorido y unas cuantas casas colgadas del cerro… nada más. Eso sí, comimos una especie de patata rebozada tipo “buñuelo” que estaba riquísima. Volvimos varias veces a por más (500$). También compramos algunos regalos (muñeca de trapo, imán de nevera y una gorra, todo por 6000$, un poco caro, pero teníamos que gastar el resto de dinero en moneda chilena que teníamos).

Con bastante retraso partió nuestro autobús y nos despedimos “hasta pronto” de nuestros amigos catalanes que nos estuvieron acompañando durante nuestra estancia en Puerto Montt y en el barco.

El trayecto hasta Bariloche nos lo pasamos casi todo el tiempo durmiendo. Los pocos momentos que abrimos los ojos vimos algunas zonas de la cordillera de los andes preciosas, con una frondosa vegetación, en las que te apetecía bajarte para hacer cientos de fotos. Sin embargo, lo más destacable del viaje fue la parada en la aduana chilena. A mi que por llevar una manzana te puedan imponer una multa de 100 o 200 dólares me parece paranoico, que entre un policía con un perro en el autobús mientras otro te graba con una videocámara me parece una locura, pero que ordenen a todo el autobús en orden alfabético en una cola para sellar el pasaporte de salida me parece tan ridículo que no me voy a molestar ni en comentar tal estupidez.

Al final, el autobús llegó a Bariloche a las 23:00 (2 horas de retraso). Ya era de noche y teníamos bastante hambre puesto que apenas habíamos comido. Después de mirar algunas ofertas de hostels que había sobre el mostrador de la oficina de turismo que hay en la estación de autobuses (ya cerrada), decidimos ir al albergue que nos habían recomendado nuestros amigos del barco y que estaba justo al lado de la estación. Además tuvimos suerte, porque preguntamos a una chica si sabía en que dirección estaba el albergue y se brindó a llevarnos en su coche. ¡Que gusto estar de regreso en Argentina!

El YHI Tango hostel se encuentra a unos 500 metros de la estación en dirección a la ciudad de Bariloche. Se trata de un edificio un poco viejo de varias plantas con diversos dormitorios con el baño integrado en la propia habitación. Lo único malo que tiene es que se encuentra lejos de la ciudad, tienes que tomar un bus para llegar, pero a cambio está muy cerca de la estación de autobuses y dado que nuestra intención era ir al día siguiente a El Bolson, nos vino realmente bien. Pagamos 2 noches, que nos costaron 128$ en total y tuvimos que dejar 10$ en concepto de deposito que nos devolverían al dejar la habitación. La habitación que nos tocó tenia 5 camas, pero estábamos nosotros solos.

No nos apetecía irnos muy lejos a cenar, así que preguntamos si podíamos cenar en el hostel. La chica nos comentó que ya habían cerrado la cocina, pero que había un par de restaurantes un poco más abajo y nos recomendó uno en concreto. Salimos a la calle y por la misma acera dónde estaba el albergue fuimos bajando y encontramos otro restaurante casi vacío y con unos precios aceptables. Comimos todo lo que quisimos, abundante y buenísimo, un restaurante muy recomendable si te hospedas en el Tango hostel. Nos costó $40 más $2 de propina. Regresamos al albergue agarrándonos de las paredes, habíamos comido muchísimo, demasiado. Iva
n se fue directamente a la cama, mientras que Nuria esperó un buen rato hasta que dejaron libre el único ordenador con Internet gratuita del hostel.

Gastos del día
12000$ chilenos Billetes de autobús
6000$ chilenos Souvenirs

128$ 2 noches hostel
42$ cena

Total: 170$ + 18000$ chilenos

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