Crónica Argentina (XVIII) – La quebrada de Humahuaca

El cerro de los siete colores3/4 – La quebrada de Humahuaca

Nos despertamos en Purmamarca, dentro de una habitación gigantesca llena de camas destartaladas que a la luz del día dan bastante pena. Salimos de la habitación y ante nosotros se muestra el espectacular cerro de los siete colores que ha dado vida a este pequeño pueblo perdido entre las montañas del nordoeste argentino. Por muchas fotos que se puedan mostrar, ninguna de las que he visto hace justicia a este cerro tan peculiar.

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Crónica Argentina (XVII) – El tren de las nubes

Paisajes increibles2/4 – El tren de las nubes

Nos levantamos decididos a realizar el recorrido del tren de las nubes con el coche alquilado. El desayuno en el albergue fue normalito (tostadas y café) y tardó bastante más de la cuenta porque encontramos al personal del hostel durmiendo. Con las indicaciones que nos dio la chica del albergue y el mapa que teníamos de la oficina de turismo, no fue dificil salir de la ciudad y encaminarnos hacía el recorrido del tren de las nubes.

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Crónica Argentina (XVI) – La quebrada de las Conchas

Carretera de la Quebrada de las Conchas1/4 – La quebrada de las Conchas

Segundo día con vehículo y segundo día casi perfecto. Y eso a pesar de que por la mañana salimos a buscar unas cuevas con pinturas rupestres cercanas a Cafayate y no las conseguimos encontrar. Eso sí, paseamos por un monte increíble, con unos paisajes propios de las películas del Oeste. Esta fue la primera alerta acerca de la zona de NOA (Nord-Oeste de Argentina): hay muchos atractivos espectaculares poco o mal indicados.

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Crónica Argentina (XV) – Una día sobre ruedas

El indio, un impresionante mirador31/3 – Una día sobre ruedas

Llegamos a las 10:00 a Tucumán, con un retraso mínimo. El viaje en autobús fue muy agradable, dormimos muy bien y nos despertamos frescos. En la misma estación conseguimos un mapa de la ciudad que nos ayuda a situarnos y a acercarnos andando al centro (muy cercano) donde buscamos algunas agencias de alquiler de coches que nos había marcado sobre el mapa la chica de la oficina de turismo de la estación de Tucumán. Hemos decidido que la mejor forma de ver la zona de Salta es en coche, ya que aunque gastemos un poco más de dinero en ello, podremos ir más libremente y no tendremos que esperar a combinaciones complicadas de autobuses. No nos equivocamos.

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Crónica: Argentina (XIV) – Atrapados en San Juan

Plaza principal de San Juan30/3 – Atrapados en San Juan

Hemos pasado la noche en San Juan, pero no hemos conseguido nuestro objetivo que era poder salir hoy hacía el Valle de la Luna. Decidimos despertarnos pronto para empezar a buscar alternativas. Después de un desayuno algo escaso, salimos a buscar agencias que nos lleven al Valle. Y ahí empieza el surrealismo. Todas nos dicen lo mismo: el Valle de la Luna está cerrado por lluvias. Ya es mala suerte, que cierren el desierto por lluvias por primera vez en años.

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Crónica: Argentina (XIII) – Alta montaña por Villavicencio

29/03 – Alta montaña por Villavicencio

Por encima de las nubesHoy empezamos a primera hora con una excursión muy deseada: Alta Montaña por Villavicencio. Llegan a buscarnos un poco tarde, pero no pasa nada porque nosotros tambien nos levantamos un poco después. Deberíamos haber salido a las 7:00, pero perdimos media hora entre unas cosas y otras. La puntualidad no es una gran virtud en Argentina. Paciencia.

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Crónica: Argentina (XII)

Un parque de Mendoza

28/03 – Mendoza

Llegamos a Mendoza. Conseguimos un mapa de la ciudad en la Tourist Info que hay en la propia estación de bus. Miramos la distancia hasta el hostel que nos han reservado nuestros amigos y decidimos ir andando. No es muy cómodo ir por ahí con las mochilas y hace mucho calor, pero valió la pena hacer el recorrido a pie para comprobar como son las distancias en Mendoza.

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Crónica: Argentina (XI)

27/03 – Día corto

Nos levantamos pronto para aprovechar la mañana ya que por la tarde-noche podríamos descansar en el autobús. Como no teníamos demasiado tiempo, decidimos hacer caso a nuestros amigos argentinos y acercarnos al lago Gutiérrez dónde nos comentaron que era posible hacer algo de senderismo y alquilar una piragua para navegar por el lago.

Tomamos un autobús en la ciudad al que llegamos andando desde el albergue (ida y vuelta por 5$ los dos). Llegamos al lago y nos paseamos un rato por la zona antes de empezar a caminar hacia el sendero que lleva a la pequeña cascada. Todo estaba cerrado, pero había unas buenas instalaciones para pasar el día. En la carretera, justo antes de llegar, hay incluso un supermercado dónde se puede comprar comida o bebida si la hemos olvidado. El lugar donde se alquilaban las piraguas estaba cerrado, así que no pudimos alquilar una.

Para acceder al sendero hay que andar un buen rato por un camino de tierra paralelo al lago hasta llegar a un camping. En el camino no nos cruzamos con nadie, excepto dos grandes perros que nos acompañaron el resto del camino. Luego, una vez llegados al inicio del sendero, andamos muy poco tiempo hasta llegar a la cascada escondida. Era un poco tarde, ya que habíamos perdido bastante tiempo en el lago, tomando fotos, pues la verdad es que a esas horas la luz creaba unas panorámicas preciosas. A pesar de eso, tratamos de seguir un tramo más del sendero que subía hasta lo alto de un pequeño cerro dónde se suponía que habría unas bonitas vistas. Finalmente no llegamos al final del camino, pues resulta complicado seguir el sendero (la mayoría de los senderos no están marcados, sólo indicados al inicio y final del sendero).

Tras el sendero regresamos en el mismo autobús a la ciudad de Bariloche. Estuvimos tentados de parar en el mirador del cerro Otto, ya que un par de israelitas en nuestra habitación lo calificaban de “lo mejor que hay en toda Sudamérica”. Suponemos que la cantidad de alcohol en sangre en el momento de la subida era alta. En Bariloche, paseamos por el centro y compramos algunos regalitos (20$). Sin mucha hambre, comemos cualquier cosa (34$) antes de regresar al albergue para tomar las mochilas e ir tranquilamente a la estación de autobuses.

A las 16:00 sale puntual el autobús a Mendoza. El autobús era realmente cómodo. No habíamos probado ningún autobús de ese tipo nunca. El asiento se reclinaba hasta hacerse prácticamente una cama, aunque no del todo (aunque existe un servicio denominado “tutto leto” que sí se reclina 180º). El bus tenía un azafato que te servia la merienda, la cena y el desayuno, así como cualquier cosa que necesitaras durante el trayecto. También organizaron una rifa donde regalaron una botella de vino de Mendoza. Por cierto, elegimos los últimos asientos y creo que fue una buena elección, ya que, aunque son un poco más ruidosos y la tele se ve un poco peor, te permiten dejar las bolsas de mano en la parte de atrás del asiento que es mucho más cómodo que en la parte de arriba.

El día resultó ser corto. Vimos algunas películas, cenamos, pero, la verdad, es que la mayor parte del tiempo estuvimos durmiendo.

Gastos del día:
5$ bus al lago
20$ souvenirs
34$ comida

Total: 59$

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Crónica: Argentina (X)

26/03 – El circuito chico

La idea del día de hoy era simple: ir a la estación de autobuses, enterarnos de si existía un autobús de San Martín o Villa la Angostura a Mendoza (o combinación) y luego ir a visitar el Bosque de Arrayanes. Pues no. Algo tan sencillo como eso se hizo imposible. El autobús que nos llevaría a Villa la Angostura desde dónde poder visitar de forma barata el Bosque de Arrayanes y dónde viajaban nuestros amigos, salía a las 8:30. Sin embargo, en la estación de autobuses no apareció nadie que nos pudiera informar (ni de la estación ni de la compañía) hasta pasadas las 9:30. Mala suerte. No íbamos a poder ver el famoso bosque.

Además, nadie sabe si existe algún medio de transporte combinado (directo ‘creen’ que no) desde Villa la Angostura o San Martín hacía Mendoza. Nos recomiendan que tomemos un bus de Andesmar desde Bariloche. Resignados a esa posibilidad, preguntamos en la compañía cuando saldrá el próximo y, para nuestra sorpresa, no podrá ser hasta mañana. Después de haber estado viajando en autobuses medio vacíos todo el tiempo, resulta que nos tenemos que quedar otra noche en Bariloche. No pasa nada, vamos bien de tiempo, ya que tenemos algunos días extra acumulados. Finalmente compramos un billete para el día 27 a las 16:00 por 166$ cada uno (bastante caro, por cierto, aunque nos ahorramos una noche de hotel).

Regresamos al hostel y pagamos por una noche extra (60$). Dudamos un poco sobre que hacer con el día extra que tenemos en la ciudad. Una de las cosas que se recomendaban en diversos catálogos, foros y blogs para hacer en Bariloche era realizar el circuito chico. Había varias excursiones que podías contratar para realizarlo y estaba bastante bien de precio. Nosotros, sin embargo, por no tener que viajar con pesados guías y tener que ir al mismo ritmo que otra gente con una visión del mundo muy diferente a la nuestra, preferíamos realizar el recorrido por nuestra cuenta. Y acertamos. Nos gastamos en autobuses (que te dejan prácticamente en la puerta de los lugares a visitar) unos 14$ entre los dos. El primer bus lo tomamos directamente enfrente del hostel y cruzó toda la ciudad de Bariloche de cabo a cabo para llevarnos a Puerto Pañuelo.

Puerto Pañuelo es el típico embarcadero mixto que se utiliza con fines turísticos y deportivos. Allí mismo te venden por más de cien pesos una excursión para ir a ver el bosque de arrayanes. Vimos los precios y casi nos partimos de risa en la cara de la pobre vendedora. Pasamos un rato en el embarcadero, fuimos a ver el carísimo hotel Llao Llao desde donde se tienen unas bonitas vistas de los alrededores y tomamos un bus de regreso que nos dejó en un kilómetro concreto de la carretera dónde otro autobús nos recogería para ir a la Colonia Suiza.

La Colonia Suiza es otro mundo. Nos encantó. Es verdad que se trata de una pequeña parte de Suiza enclavada en medio de Argentina. El entorno es ideal para venirte una semana de acampada o alquilar una casita de madera y olvidarte del resto del mundo. Además, al estar orientada al turismo, existen varios restaurantes dónde puedes comer a buen precio. También tienen un mercadito de objetos hechos a mano, con mucha variedad y donde nos gastamos 32$ (aunque, eso sí, llenamos una bolsa de cosas).

Como era ya hora de comer elegimos uno de los restaurantes dónde anunciaban fondue de queso con postre por 27$ por persona. Y acertamos de lleno. La arquitectura del local era simplemente alucinante. Era un comedor a dos alturas todo realizado en madera y presidido por una enorme chimenea. La comida fue estupenda, tanto en calidad como en cantidad y el precio.. nada, comparado con lo que hubiera costado la misma fondue en Suiza. Un lugar más que recomendable si tenéis la oportunidad (preguntad por el restaurante de madera con una gran chimenea).

Salimos de allí con ganas de siesta, pero en vez de eso, decidimos andar un rato. Caminamos unos 6 kilómetros por un camino de tierra en el que además de quedar alucinados con los paisajes, fauna y flora del lugar, nos encontramos con numerosos reclamos turísticos: un criadero de truchas, una granja, etc. No entramos en ninguna ya que el paisaje era suficiente. Pronto nos cruzamos con la carretera y siguiendo el mapa que había en un poste subimos un poco (un kilómetro quizá) por la carretera para ir a un mirador, donde nos encontramos nosotros solos frente a los lagos. Cualquier foto o descripción sería inútil para describir el paisaje de cuento que se divisa, así que me ahorraré hacerlo.

Bajamos luego por la carretera y nos cruzamos con muchas otras atracciones turísticas en las que supongo que sólo la gente que va en coche suele parar: un puente que une dos lagos, una tienda de juguetes antiguos, varias tiendas de queso… Bajamos unos 3 kilómetros hasta el km 18 dónde se cruzan las carreteras y dónde pasa el autobús que nos llevaría al centro de Bariloche. Cansados y con mucho calor agradecemos la sombra de la parada de bus. El colectivo se demora bastante, pero finalmente llega y en 15 minutos nos transporta hasta el centro de la ciudad. Ahí terminó nuestra excursión ‘circuito chico’, totalmente recomendable.

Bariloche es una ciudad curiosa. Cuando empezamos a callejearla nos pareció conocida, familiar, como si ya hubiéramos estado allí antes. Luego la vimos totalmente diferente a cualquier otra, pero entrañable. Quizá sea porque es una ciudad eminentemente turística que está situada en un paraje absolutamente increíble. No se, pero os podéis imaginar como es: varios mercaditos de souvenirs y manufacturas, muchas tiendas de ropa de nieve y esquí, plazas y calles muy cuidadas… Por cierto, es más barato aquí comprar artesanía que en El Bolson.

Después de callejear y comprar más souvenirs en el mercado artesanal (21$) y camisetas en las tiendas de ropa (21$ la grande y 15$ la pequeña), nos pusimos a buscar un lugar donde cenar. Encontramos uno con un nombre sugerente ‘El Chiringuito’, donde entablamos conversación con el dueño que nos contó que había hecho algo de dinero vendiendo cuadros hechos con el dedo en España y que eso le había permitido abrir ese bar/restaurante. Y en honor a ello le había llamado ‘El Chiringuito’. El hombre se había recorrido media España, de feria en feria vendiendo cuadros. Por cierto, aparte de la conversación, la comida estuvo también muy bien y a muy buen precio: 30$ (el bar está junto a la plaza cívica).

Cuando terminamos de cenar, la noche ya estaba bastante avanzada, pero era muy agradable. Esperamos un buen rato al autobús que parece ser que baja la frecuencia por la tarde, pero finalmente apareció y nos llevó hasta nuestro albergue (2’6$). Nos acostamos pronto, pensando mañana en ir al Lago Gutierrez como única opción para poder asegurar que estamos en ‘casa’ a la hora de comer. El Bosque de Arrayanes es una opción muy tentadora, pero arriesgada.

Gastos del día:
332$ bus a Mendoza
60$ noche de hostel
14$ circuito chico en bus público
32$ souvenirs Colonia Suiza
54$ comida
21$ souvenirs Bariloche
36$ camisetas
2$ bus Bariloche-estación de bus

Total: 551$

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Crónica: Argentina (IX)

25/03 – El Bolson y su bosque tallado

Esta mañana nos hemos levantado muy pronto. El autobús al Bolsón sale a las 8:30 y no tenemos billetes, por lo que hemos de madrugar para llegar pronto a la estación. Afortunadamente el hostel está cerca de la estación, bajando por una calle sin asfaltar. Los dos billetes para El Bolsón nos cuestan 72$. El trayecto se hace corto ya que los paisajes por los que transita el bus, cerca de un gran lago, son espectaculares.

Llegamos a El Bolsón, a la parada de bus que se encuentra en el centro de la ciudad, tras un par de horas de trayecto. La ciudad la vemos poco animada, aunque se supone que hoy es día de mercado. Buscamos una oficina de turismo que encontramos un par de cuadras más allá y preguntamos. Nos describen las distintas posibilidades que hay para llegar al bosque de las esculturas talladas en madera, además de aconsejarnos otras rutas interesantes que podemos realizar en pocas horas. Decidimos que hay que buscar a una pareja más para compartir los gastos del remis que nos suba al bosque. La opción de subir a pie nos parece demasiado arriesgada para nuestra preparación física, además de no conocer el camino.

Tras dar una vueltas por el pueblo haciendo tiempo ya que no había mucho movimiento, regresamos a la oficina de turismo dónde Nuria asaltó directamente a una pareja de porteños que andaban por allí. Al principio se asustaron pensando que queríamos venderles una excursión, aunque nos confesaron que les extrañó que fueran dos tipos con acento de España quienes les vendieran algo. Luego nos conocimos, nos hicimos amigos y pasamos el resto del día juntos.

Fuimos a una remiseria y negociamos el precio del remis para los 4. No pudimos bajar de los 110$ entre las dos parejas, con el viaje de ida y vuelta, además de la espera de una hora y media. El remis tardó muchísimo en subir hasta arriba. El camino no estaba asfaltado y de hecho era sorprendente que un taxista se atreviera a meter su coche por un lugar así. Tardamos unos 45 minutos en subir. Durante ese tiempo nos cruzamos con algunos valientes que se habían atrevido a realizar todo el trayecto a pie. Algunos de ellos iban ya sin camisa y con la lengua fuera debido al calor que hacía ya a esas horas de la mañana.

El taxista nos dejó todo lo arriba que pudo. Aún así nos quedaban 45 minutos de subida por una senda bastante dura. Eso sí, la recompensa vale la pena. Llegar y ver decenas de esculturas que salen literalmente de la tierra para gritarnos en la cara que el planeta necesita que lo cuidemos. Este bosque es la representación más clara del antiguo pueblo hippie que fue la villa “no nuclear” de El Bolsón. Si bien es cierto que para ver esculturas en madera no hace falta subir hasta aquí arriba (en Bariloche y en el propio pueblo de El Bolsón hay tallas de madera adornando las calles), no menos cierto es que las vistas y el entorno natural de este bosque es el mejor lugar para disfrutar de una obra de arte de estas características.

Aún sin tiempo para disfrutar de todas las obras que se pueden encontrar aquí, tuvimos que bajar a paso ligero hasta el taxi, ya que habíamos acordado estar de regreso en hora y media. Pactad un mínimo de dos horas, para que os de tiempo de disfrutar del lugar tranquilamente y tres horas si además queréis subir hasta el refugio que se encuentra en lo alto del cerro y tomar allí un mate o incluso quedaros a comer por un precio aceptable.

De regreso en el pueblo, nuestros nuevos compañeros de viaje se fueron a comer a un restaurante que conocían, mientras nosotros visitábamos la feria artesanal, donde nos comimos unos perritos calientes (11$). Tras la comida, nos reencontramos con la otra pareja y decidimos subir a un cerro dónde hay un mirador de la ciudad. Es una caminata bastante ligera que sube desde una calle sin asfaltar en la parte de atrás de la oficina de turismo hasta una cruz que se puede observar desde cualquier punto de El Bolsón. Desde arriba hay unas vistas magnificas y corre un fuerte viento fresco que nos ayuda a soportar el calor. Hablamos de muchísimos temas hasta que se hace tarde y nos tenemos que apresurar para no perder el último autobús de regreso a Bariloche.

Aún tenemos que esperar un rato al autobús de regreso. El viaje se hizo muy pesado, pues ya era de noche y la falta de luz nos impidió disfrutar del paisaje y, además, un par de americanos jóvenes medio borrachos no pararon de incordiar a toda la gente que nos encontrábamos en la parte de atrás del bus. Pusieron música con el móvil, bebieron en el autobús, tiraron las botellas vacías por la ventanilla, incluso uno meó allí mismo mientras el otro le sacaba fotos… Algunos se creen que son los reyes del mundo. Les advertí un par de veces en inglés, ya que ellos, por supuesto, de español nada. La tercera vez fue directamente el conductor quien les confiscó todo el alcohol y les amenazó con la “police”. Se acojonaron y no volvieron a hablar conmigo nada más que para disculparse y tratar de que mediara con el conductor. Desconozco que pasó con ellos.

Quedamos con nuestros compañeros en mañana tratar de ir con ellos a visitar el bosque de arrayanes. Nuestra idea es ir con ellos a primera hora de la mañana hasta Villa la Angostura, donde es más barato realizar la excursión al bosque de arrayanes y luego continuar nuestro camino hasta San Martin de los Andes donde haríamos noche, para partir al día siguiente a Mendoza. Todo ello sólo si desde San Martin hay algún tipo de transporte hasta Mendoza, algo que a través de Internet no hemos sido capaces de averiguar.

Cenamos algo ligero (29$) en el mismo lugar de la noche anterior y regresamos al albergue para acostarnos cuanto antes. En el albergue nos devuelven una bolsa de ropa que hemos dejado para la lavandería (12$). Es una forma muy cómoda de viajar cuando las lavanderías están a un precio tan asequible que nos permiten tener que lavar a mano.

Gastos del día:
72$ bus El Bolsón
55$ remis
11$ comida
10$ 3 botellas de agua
29$ cena
12$ lavandería

Total: 189$

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Crónica: Argentina (VIII)

23/03 – Último día de navegación

Llegó el último día de navegación cuando nos encontrábamos ya un poco cansados del monótono ritmo del barco. Mañana a primera hora, aunque con un poco de retraso según nos comunicaron, el barco llegaría a puerto. Nuestros planes, que en origen eran recorrer esta bella zona de Chile, habían sufrido un cambio radical después del trato que nos dio esta naviera chilena. Ahora lo único que queríamos era salir de Chile cuanto antes, así que trataríamos de tomar el primer bus que saliera hacia Bariloche.

Antes de eso, todavía quedaba un día por delante, un día sin la menor trascendencia hasta la hora de la cena, cuando un chico alemán entró en el comedor gritando “barrena, barrena” ante la estupefacta mirada de todos los presentes. Extrañado de que nadie reaccionara, dijo algo que todos entendimos “whales!!” (ballenas). Y todos corrimos hacía la zona exterior más cercana para tratar de alcanzar a ver a alguno de los cetáceos. Y los vimos, de lejos, pero los vimos. Vimos su chorro de agua alzarse por encima de la superficie y vimos su cola golpear contra las olas. Nada más, pero fue suficiente como para dejarnos un gran sabor de boca para lo que quedaba de viaje. Dicen que es extraño conseguir ver ballenas en esta zona y en esta época del año. Quizá tuvimos mucha suerte, toda la que no tuvimos con nuestro ansiado desembarco en Puerto Eden ni la visión del glaciar Amalia.

El barco en aquél momento estaba en mar abierto, se movía mucho, aunque todavía se podía aguantar. Un rato más tarde, justo cuando terminamos la cena, el movimiento era tan exagerado que la mitad de los pasajeros fuimos a acostarnos para no sufrir mareos (que los hubo y muchos).

24/03 – Escapando de Chile

A primera hora de la mañana, como siempre, ladró el odiado megáfono llamándonos a desayunar. Si todo hubiera ido sobre lo previsto, justo después del desayuno hubieramos desembarcado, pero llevábamos un par de horas de retraso, así que después de desayunar tuvimos la oportunidad de ver como el barco llegaba a puerto desde el pub. Desde allí mismo también pudimos asistir a uno de los momentos más espectaculares de este viaje: el rescate de una tripulante que sufrió un pequeño ataque de epilepsia.

Después de todo, llegamos con más de 3 horas de retraso, lo cual hubiera hecho imposible tratar de lograr realizar el cruce de los lagos en 2 días como teníamos previsto. En cualquier caso, nuestros planes ya eran otros. Fuimos andando hasta la estación de autobuses y compramos 2 billetes para Bariloche (2 x 12000$). Los autobuses para Bariloche son especialmente caros, cuestan casi lo mismo que el trayecto Puerto Montt-Santiago que es el triple de largo, pero no nos importa, lo que queremos es regresar cuanto antes a Argentina y los compramos de buena gana.

Como tenemos tiempo de sobra antes de que el bus salga, regresamos al puerto, a las oficinas de Navimag para poner una reclamación por todo lo sucedido. Evidentemente todo son buenas palabras, pero no hay ningún resultado concreto después de una hora hablando con la responsable (Carmen Paz). Lo mejor que pudimos hacer es informar a todo el mundo de lo que se va a encontrar cuando viaje con esta compañía.

El resto del tiempo, lo dedicamos a pasear por Puerto Montt. La ciudad en sí no tiene nada reseñable. Bien es cierto que salió un día de niebla y que íbamos cargados con las mochilas, pero lo que andamos (entre la estación de autobuses y el mercado) no tenía nada que ver: mercados de souvenirs, un puerto pesquero con cierto colorido y unas cuantas casas colgadas del cerro… nada más. Eso sí, comimos una especie de patata rebozada tipo “buñuelo” que estaba riquísima. Volvimos varias veces a por más (500$). También compramos algunos regalos (muñeca de trapo, imán de nevera y una gorra, todo por 6000$, un poco caro, pero teníamos que gastar el resto de dinero en moneda chilena que teníamos).

Con bastante retraso partió nuestro autobús y nos despedimos “hasta pronto” de nuestros amigos catalanes que nos estuvieron acompañando durante nuestra estancia en Puerto Montt y en el barco.

El trayecto hasta Bariloche nos lo pasamos casi todo el tiempo durmiendo. Los pocos momentos que abrimos los ojos vimos algunas zonas de la cordillera de los andes preciosas, con una frondosa vegetación, en las que te apetecía bajarte para hacer cientos de fotos. Sin embargo, lo más destacable del viaje fue la parada en la aduana chilena. A mi que por llevar una manzana te puedan imponer una multa de 100 o 200 dólares me parece paranoico, que entre un policía con un perro en el autobús mientras otro te graba con una videocámara me parece una locura, pero que ordenen a todo el autobús en orden alfabético en una cola para sellar el pasaporte de salida me parece tan ridículo que no me voy a molestar ni en comentar tal estupidez.

Al final, el autobús llegó a Bariloche a las 23:00 (2 horas de retraso). Ya era de noche y teníamos bastante hambre puesto que apenas habíamos comido. Después de mirar algunas ofertas de hostels que había sobre el mostrador de la oficina de turismo que hay en la estación de autobuses (ya cerrada), decidimos ir al albergue que nos habían recomendado nuestros amigos del barco y que estaba justo al lado de la estación. Además tuvimos suerte, porque preguntamos a una chica si sabía en que dirección estaba el albergue y se brindó a llevarnos en su coche. ¡Que gusto estar de regreso en Argentina!

El YHI Tango hostel se encuentra a unos 500 metros de la estación en dirección a la ciudad de Bariloche. Se trata de un edificio un poco viejo de varias plantas con diversos dormitorios con el baño integrado en la propia habitación. Lo único malo que tiene es que se encuentra lejos de la ciudad, tienes que tomar un bus para llegar, pero a cambio está muy cerca de la estación de autobuses y dado que nuestra intención era ir al día siguiente a El Bolson, nos vino realmente bien. Pagamos 2 noches, que nos costaron 128$ en total y tuvimos que dejar 10$ en concepto de deposito que nos devolverían al dejar la habitación. La habitación que nos tocó tenia 5 camas, pero estábamos nosotros solos.

No nos apetecía irnos muy lejos a cenar, así que preguntamos si podíamos cenar en el hostel. La chica nos comentó que ya habían cerrado la cocina, pero que había un par de restaurantes un poco más abajo y nos recomendó uno en concreto. Salimos a la calle y por la misma acera dónde estaba el albergue fuimos bajando y encontramos otro restaurante casi vacío y con unos precios aceptables. Comimos todo lo que quisimos, abundante y buenísimo, un restaurante muy recomendable si te hospedas en el Tango hostel. Nos costó $40 más $2 de propina. Regresamos al albergue agarrándonos de las paredes, habíamos comido muchísimo, demasiado. Iva
n se fue directamente a la cama, mientras que Nuria esperó un buen rato hasta que dejaron libre el único ordenador con Internet gratuita del hostel.

Gastos del día
12000$ chilenos Billetes de autobús
6000$ chilenos Souvenirs

128$ 2 noches hostel
42$ cena

Total: 170$ + 18000$ chilenos

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Crónica: Argentina (IV)

18/03 – El Glaciar Perito Moreno

No nos quedaba mucho que hacer (y que nos apeteciera) en Ushuaia. Así que tampoco nos dimos demasiada prisa en despertarnos y salir a la calle. Fuimos a visitar el “museo del fin del mundo” (5$ x 2), muy recomendable si estás haciendo una visita rápida de la ciudad o no te gustan demasiado los museos, ya que es una especie de resumen de los demás museos (marítimo, presidio, yamana, etc).

Teníamos un vuelo a mediodía, así que recogimos las cosas del hostel y bajamos a la calle San Martí a buscar un taxi. Por 15$ nos llevó al aeropuerto y una vez allí, después de facturar, pagamos las tasas (13$ x 2) y esperamos a que saliera nuestro vuelo, que lo hizo con un poco de retraso. Nuestra idea era directamente llegar a Calafate e irnos corriendo a la estación de autobuses para coger el bus de las 15:00 al Perito. Tomamos un autobús colectivo que nos dejó en la puerta de la estación (18$ x 2) unos 5 o 10 minutos antes de la hora de salida, pero tuvimos la fortuna de que no quedaban plazas. Digo que fue una suerte porque en ese momento encontramos una señora que también se había quedado sin autobús y que negoció con un taxista el precio para ir hasta el Perito y que nos ofreció acompañarla. El precio era de 240$, que entre los 3 salía a 80$ por cada uno, 20$ más que en el autobús, pero con él tendríamos mucho más tiempo para ver el glaciar y además llegaríamos a tiempo de poder realizar la excursión náutica. Así que metimos las mochilas en el maletero del taxi y, en efecto, antes de entrar al PN adelantamos al autobús pese a salir casi media hora más tarde.

La mujer era una peruana que estaba de visita en Argentina. Debía tener bastante dinero, era tal cual las mujeres ricas de las telenovelas que pasan en España: excéntrica, simple, mandona… Nos reímos mucho con ella, el taxista especialmente, sobretodo cuando a mitad de camino hacia el Perito preguntó: “Pero ahora, ¿Dónde vamos?”.

La entrada al Parque Nacional de los Glaciares cuesta 40$, bastante cara. Es del tipo “una-vez-que-entras-ya-estas-dentro”, por lo que si has entrado un día y sales, el día siguiente tienes que volver a pagar y si te quedas dentro no. El problema es que dentro sólo hay un hotel que cuesta más de 600 US$ la noche y no te dejan acampar (había un camping pero lo cerraron, claro, por competencia “desleal” al hotel). De todos modos, según nos dijo una chica que trabaja en una empresa de alquiler de coches, si entras antes de las 8 de la mañana o después de las 20:00 no pagas, ya que la barrera está abierta, pero no hay nadie para cobrar.

La excursión náutica es una patata aunque es relativamente barata (30$ por persona). Consiste en navegar durante una hora por uno de los dos lados de la pared de hielo (nosotros lo hicimos por la pared sur) acercándote a los témpanos que flotan en el lago. De la pared te quedas muchísimo más alejado de lo que estás cuando visitas las pasarelas. Durante el trayecto, un “fotógrafo profesional” te ofrece la posibilidad de hacerte fotos frente al glaciar (pagando y caro, claro). El problema de esto es que el barco para justo en el mejor lugar para hacer las fotos y el fotógrafo hace que todo el mundo se vaya de la popa del barco dónde está haciendo su trabajo, impidiendo tomar buenas fotografías y hacinando a la gente en otras partes del navío. El truco es hacer que uno de los dos vaya a hacerse la foto como si tuviese la intención de comprarla y aprovechar en ese momento para que el otro le haga fotos. Funciona: son las mejores fotos del Perito.

Después del paseo en barco, el taxi estaba esperándonos para llevarnos a las pasarelas. Nos dejó allí un par de horas. La señora peruana tenía mucha prisa en llegar luego a El Calafate antes de que cerrara una agencia de viajes con la que quería contratar una excursión para el día siguiente. El glaciar era espectacular, de un color azul increíble, mucho mejor de lo que se ve en las fotos. Además el cielo estaba nublado, por lo que la imagen era impactante. De vez en cuando se escuchaba un derrumbe y una mole de hielo caía al agua formando una ola que avanzaba con un gran estruendo. Sencillamente es el espectáculo más impresionante que he visto en mi vida. Lo mejor de Argentina y lo mejor que he visto en el mundo hasta ahora.

Ese día no comimos, con el ajetreo de encontrar el taxi y el espectáculo de ver el glaciar, casi se nos olvidó el comer. Nada más que unos huevos duros y un pedazo de pan que habíamos cogido en el desayuno nos ayudaron a soportar el hambre hasta la noche. Supongo que debido a la falta de glucosa, el viaje de regreso en el taxi hasta nuestro albergue se nos hizo muy largo.

En el albergue I Keu Ken Hostel dejamos nuestras cosas en una habitación de 4 personas habitada por un simpático chico argentino y un dormilón al que no llegamos a ver despierto nunca. El albergue está muy bien, pero un poco apartado del centro de la ciudad (aunque al ser una ciudad pequeña, nada está lejos en realidad). Tienes unas preciosas vistas de todo el pueblo y del lago Argentino al fondo. Corriendo bajamos hasta la calle principal donde buscamos un sitio para comer. Todo era caro o carísimo, así que entramos en un lugar que aunque era simplemente caro parecía que tenía buena pinta: el restaurante La Estepa. Creo que fue una gran elección, nos tomamos un cordero patagónico riquísimo por 70$ (los dos) y acabamos llenísimos. Por cierto estas palabras(más o menos) aparecían al principio de la carta en el restaurante: “[…] cuyo menú fue diseñado por nuestros chefs especialmente para la visita del rey juan carlos I de españa en su visita de noviembre de 2003.” Pagado con nuestros impuestos claro…

Después de tan esplendida cena, sólo nos quedó regresar al hostel ya que no tenía mucha marcha la ciudad a esas horas.

Gastos del día:
10$ museo fin del mundo
15$ taxi al aeropuerto (Ushuaia)
26$ tasas de aeropuerto (2 personas)
36$ transporte del aeropuerto al centro (El Calafate)
160$ transporte hasta el Perito Moreno
80$ entrada PN de los Glaciares
60$ excursión nautica
70$ cena

Total: 457$

 

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