Crucero Bloggers: La vida abordo (II)

El tema de comidas fue algo fabuloso, impresionante. A parte de las comidas normales (desayuno, comida y cena), habitualmente se ofrecían 2 comidas más: un refrigerio por la tarde y otro a medianoche:

1) Desayuno: Espectacular. Tenías de todo lo que te puedes imaginar: dulce, salado, americano… Lo que más nos gustó fueron los pancakes bañados con chocolate fundido (todavía se me hace la boca agua recordándolos). Dicen los entendidos que el café no era muy bueno, aunque lo mío que es el chocolate, estaba buenísimo. Era tipo buffet, podías levantarte cuantas veces quisieras y lo único malo es que si intentabas desayunar en hora punta, te encontrabas con la dificultad para encontrar una mesa libre. También podías pedir el desayuno en la cama y comértelo en el balcón (sin cargo adicional).

2) Comida: Podías elegir un restaurante tipo buffet o a la carta. Nosotros elegimos siempre el tipo buffet, porque somos de los que preferimos cantidad a calidad, aunque la calidad del buffet es alta y la cantidad del menú a la carta es grande. Siempre en el buffet hay más o menos los mismos platos (pizza, pasta, ensaladas, hamburguesas…), pero cada día introducen un par de platos “fuertes” diferentes (carnes, platos regionales…)

3) Merienda: Se supone que se trata de un té con pastas o algo así. Me lo imagino bastante similar al desayuno, pero no puedo decirlo, puesto que a esa hora siempre teníamos algo que hacer (excursión, charla o siesta) y nunca acudimos a verlo. Y digo a verlo, porque con lo que comíamos teníamos energías suficientes para aguantar hasta la noche.

4) Cena: Para cenar siempre bajamos al restaurante Villa Borghese que es “a la carta”. Era uno de los momentos en los que nos reuníamos con el resto de bloggers. Que el restaurante fuera a la carta, significaba que no tenías que hacer colas, recibir codazos de los italianos ni elegir entre una gran variedad de comidas. Tenías un camarero asignado que te tomaba nota y te traía lo que quisieras comer y beber. La carta se componía de diferentes opciones que podías pedir o no. Es decir, era una carta cerrada con un par de opciones a elegir en cada fase de la cena: un entrante, una sopa, una ensalada, un primero, un segundo, una alternativa vegetariana y un postre. Si lo querías todo, te lo podían traer (otra cosa es que te lo pudieras comer) y si sólo querías una parte del menú pedías que no te trajeran, por ejemplo, ninguna sopa. Los nombres de las comidas eran de lo más rimbombante, tal cual un restaurante de lujo, pero con la diferencia que las raciones de comida eran bastante más generosas. La presentación era también un punto a su favor.

5) Resopón: Por la noche, no siempre, pero casi, se ofrecía en la cubierta 13 del barco un pequeño o gran refrigerio para quien todavía tuviera hambre. Nosotros lo probamos 2 días. El primero consistía en una selección de postres a base fruta y profiteroles con chocolates de distintos sabores. Y el segundo día vimos lo que fue el derroche más grande de comida de nuestras vidas. Decenas de figuras realizadas con comida para adornar el barco, justo antes de zarpar para Barcelona. Kilos y kilos de comida que la gente devoraba sin contemplaciones: marisco, pizza, fruta, etc.

Estoy seguro de que después de una semana en el barco tu ritmo de ingesta baja, pero los primeros días todos comíamos como si se acabara el mundo (la bascula lo atestigua). Lo único que se paga son las bebidas, pero puedes comprar cualquier tipo de bebida sin alcohol y subirla al barco sin ningún tipo de problemas. Es más, durante las comidas puedes llegar con tu lata de coca-cola y bebértela allí mismo. Nadie te pondrá nunca un problema.

En cuanto al personal (tripulación), son de lo más amable que hay. Puedes charlar con ellos amigablemente si te ven que vas de buen rollo. Sino tratarán de servirte fiel y obedientemente como se supone que han de hacer los camareros, limpiadores, etc. en un hotel de lujo. Casi todo el personal es de lugares tan exóticos e interesantes como Singapur, Croacia, Indonesia.. Hablan varios idiomas, son muy atentos y tratan siempre de que lo encuentres todo a tu gusto. La habitación la hacen justo en cuanto te vas. Varias veces al día, te vas y regresas en media hora y la habitación está limpia ¡increíble!

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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