Crónica: Viaje a Senegal (XX)

17/4 Más Ziguinchor

En Ziguinchor hace mucho calor. Desde que te levantas hasta que te acuestas lo notas. Y eso que abril no es uno de los meses más calurosos, julio y agosto deben ser inaguantables. No es de extrañar que aquí sea dónde mayores estragos causan los mosquitos, inoculando la malaria a cientos de personas cada verano. No me gustaría estar aquí por esas fechas.

Por lo demás, Ziguinchor es una pequeña ciudad africana: su ritmo tranquilo contrasta con la prisa de los turistas que van de la estación de autobuses al puerto o que visitan el centro. La verdad es que mucho no hay que visitar, pero en eso es como todo Senegal. Hay que cambiar el “chip” y no esperar encontrar grandes mezquitas, suntuosos templos o interesantes museos. Aquí el disfrute tiene que llegar con el contacto humano y con la naturaleza, puesto que es lo único que hay: personas y tierra.

El día se presentaba tranquilo, más bien de trámite. La verdad es que nos encontrábamos un tanto atrapados, ya que teníamos que esperar un par de días para poder regresar a Dakar en el barco. Que Gambia y Senegal no tengan un tratado de fronteras abiertas es un verdadero fastidio. Cruzar la frontera Gambiana dos veces (para entrar y para salir) se nos antojaba complicado y estresante, así que lo evitamos. La otra alternativa para llegar a Dakar era penetrar hacía la región de Nikolo-Koba, pero después de la experiencia del viaje a Saint Louis otro desplazamiento largo nos causaba bastante respeto. Así que aquí estábamos, atrapados en Ziguinchor.

Por la mañana nos paseamos por el centro. Preguntamos en otros hoteles y albergues por cuanto nos podría salir una habitación doble y, la verdad, la mejor relación calidad-precio era sin duda la de “Casa Afrike”, por lo que decidimos no movernos de dónde estábamos. Descubrimos al lado de una farmacia, cerca de la rotonda que forma la plaza central de la ciudad (Rond-Point), un cyber-café dónde por usar una hora un ordenador nos cobraban 250 CFA. Así que a base de helados (4×350 = 1400 CFA) e Internet (2×250 = 500 CFA) nos pasamos la mañana. Sin olvidar que nos pasamos por el puerto y compramos los pasajes de barco a Dakar, esta vez con la tarifa más barata (31000 CFA).

Fuimos a comer a un restaurante llamado “La kassa”, cercano al Rond-Point también y recomendando por el dueño de nuestro hotel. La verdad es que el servicio fue lento (como en todo Senegal), pero los platos estaban bien para el precio que tenían. Volvimos a tomar Yassa Poulet y otro plato del día (que suele ser una sorpresa culinaria), junto a las bebidas por 4500 CFA. Igual que el día anterior, después de comer nos regalamos una siesta para pasar a cubierto las peores horas del día.

Después de la siesta, como siempre… callejeamos y nos perdimos por la ciudad. Encontramos a un simpático vendedor que no hablaba nada de inglés, pero que lo intentaba. Supimos que tenía a su “mon amour” en otra ciudad y que no quería otra mujer, que estaba totalmente enamorado de ella. Le compramos 4 collares bastante grandes (4100 CFA) y le prometimos visitarle al día siguiente para ver unas máscaras que nos ofrecía.

Como tampoco teníamos nada que hacer nos volvimos a meter una horita en el cyber-café (2×250 = 500 CFA), hasta que se hizo hora de cenar y nos acercamos al “Walkunda” y nos tomamos dos exquisitas hamburguesas (3600 CFA). Compramos una botella de agua (400 CFA) y regresamos entre la oscuridad de la noche a nuestro hotel en un día un tanto intrascendente.

Gastos del día:
1400 CFA (helados)
1000 CFA (cyber-cafe)
31000 CFA (barco a Dakar)
4500 CFA (comida)
4100 CFA (4 collares)
3600 CFA (cena)
400 CFA (botella 1’5L agua)

Total: 46000 CFA

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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