Crónica: Viaje a Senegal (XIX)

16/4 Ziguinchor

Nos levantamos sin casi descansar. La noche había sido movida. Sin luz, cubiertos por la red antimosquitos, no nos atrevimos a salir a espantar a la rata-mono y nos quedamos allí toda la noche escuchándola andar y rebuscar entre nuestras cosas. Con la luz del día, el animal desapareció y nosotros nos decidimos a salir de nuestro frágil refugio. Miramos nuestras cosas y estaba todo un poco revuelto, aunque no demasiado. Suerte que no nos quedaba comida, sino probablemente el bicho ese no hubiera descansado hasta encontrarla.

Recogimos nuestras cosas y salimos de la casa. Allí estaba Ibrahim que cuando le contamos lo acontecido durante la noche se limitó a decir “small animal”. Al poco tiempo de estar esperando apareció el taxi que el día anterior Ibrahim había pactado. Subimos todos al taxi (incluido Ibrahim con su bici) y nos dirigimos a la gare routiers. Le pagamos a Ibrahim 4000 CFA por haber dormido en su casa (algo más de lo pactado) y 1000 CFA más al taxista. Intercambiamos las direcciones para escribirnos y enviar las fotos y nos despedimos.

El 7-plas hacia Ziguinchor nos costó 5000 CFA, lo mismo que para ir. Esta vez el viaje fue más tranquilo, quizá porque íbamos casi durmiendo, envueltos en los sacos de dormir, puesto que las ventanillas estaban abiertas y todo el viento frío nos impactaba en la cara. Ibrahim nos había recomendado un albergue en Ziguinchor: Casa Afrique. Como además aparecía en nuestra guía y estaba entre las mejores y el precio que nos había dicho Ibrahim que pagáramos era un poco inferior. Cogimos un taxi ya que no sabíamos como llegar (500 CFA). El taxista tampoco tenía mucha idea, así que fue preguntando hasta encontrar el lugar.

El hotel Casa Afrique es frecuentado por bastante población local y foránea, lo cual suele ser una buena señal en cuanto al precio ajustado y la calidad. Hablamos con el dueño, le dijimos que en principio nos queríamos quedar una noche, aunque podían ser más y que nos lo había recomendado Ibrahim de Kafountine y le enseñamos el precio que él mismo Ibrahim había escrito en una hoja de papel: 5000 CFA por habitación y noche. No había problema, el dueño hablaba bastante bien el español y no vio problema en nada, nos alojó en la peor habitación del hotel, pero no había problema.

En cuanto dejamos las cosas en la habitación salimos corriendo de allí. La habitación tenía un triste ventilador colgado en una de sus paredes que lo único que hacía era mover el aire caliente. Allí dentro no se podía estar. Y fuera tampoco. El calor era asfixiante. Deambulamos por las calles de la ciudad, visitamos las calles más importantes y, sobretodo, nos situamos. Vimos que la gare-routiers, el puerto, el centro y nuestro hotel no estaban lejos, como mucho a 10 minutos andando unos de otros.

Aunque era pronto, entramos a comer en el restaurante que nos pareció que tenía mejor pinta. Se llamaba “Le Walkunda” y estaba regentado por una “simpática” francesa. El calor era impresionante y eso que nosotros estamos acostumbrados por vivir en Alicante. Sólo recuerdo que comí una lasaña buenísima y que la coca-cola estaba helada. Por cierto que, digan lo que digan, en Senegal en casi todos los bares y restaurantes a los que fuimos bebimos bebidas con cubitos de hielo y no tuvimos ningún problema. La comida nos salió por 6600 CFA, que para el “lujo” del local no está nada mal, muy buena relación calidad-precio.

Después de la comida estábamos hartos del calor y pensamos que lo mejor sería refugiarnos en el albergue. La idea de hacer una buena siesta era muy tentadora… Así que empezamos a caminar y cuando llegamos cerca de donde se encontraba el albergue, empezaron nuestros problemas. Todas las calles eran iguales, a pesar de que nos habíamos fijado en el nombre de la calle, todas tenían un nombre muy parecido, cambiando sólo la orientación (Norte, Sur, etc). Así que empezamos a preguntar. Después de un par de intentos infructíferos por no poder comunicarnos siquiera, le preguntamos a una chica joven con uniforme de escuela, pensando que ella al menos podría entender nuestro francés macarrónico: “Hola, ¿sabes donde está el hotel Casa África?”. A lo que respondió la chica: “Sí, África aquí” mientras señalaba el suelo. ¡Bien! Ahora que ya teníamos localizado el continente, vamos a ver si concretamos más: “No, no, hotel, hotel, Casa África”. Se le encendieron los ojos, ahora sí que lo había entendido. Nos pidió que la siguiéramos y cuando acabamos la calle nos dice: “es allí, hay una gran piscina, muy buena”. ¿¡Como!? Nos ha conducido en dirección contraria bajo el sol asesino hasta otro hotel y que encima ¡¡tiene piscina!! Para matarla… menos mal que lo hizo con buena intención.

Cuando al final conseguimos encontrar nuestro hotel, intentamos dormir un rato, pero era complicado. El ventilador no daba abasto y el calor se hacía insoportable por momentos. Algo dormimos, pero nos tuvimos que volver a duchar para refrescarnos un poco. Le pedimos al dueño del local que nos cambiara de habitación a otra más fresca y nos dijo que no había problema, pero que esa noche no podía ser. Al menos sólo sería una noche.

Nos fuimos a la calle a dar vueltas. Nos compramos un helado de limón y una coca-cola (650 CFA) en una gasolinera para bajar la temperatura y también bastante pronto nos fuimos a cenar al mismo restaurante de la comida. La cena fue sencilla: un bocadillo vegetal y un creppe de postre (4600 CFA). Antes de empezar a cenar conocimos a Carmen una chica de Ibi (Alicante) que estaba de cooperante internacional en Senegal. Nos dijo que llevaba muchísimo tiempo aquí y que antes había estado en no se cuantos sitios. Era una cooperante profesional. Mi opinión personal de los cooperantes y ONGs que trabajan en la zona y en otras zonas me la voy a reservar, pero daré un par de datos. Primero, los todo-terrenos que tienen esta gente están super-preparados y son de los más grandes, con cada uno de ellos podrían montar un par de escuelas al precio del terreno y el material de Senegal. Por cierto, para el que no lo sepa, para un territorio como es el de Senegal (plano y con épocas de lluvias) lo mejor es un TT pequeño tipo Suzuki Vitara que cuesta 4 veces menos que esos mastodontes. El segundo dato es que durante toda la cena no escuché nada más que politiqueos arriba y abajo, parece que no importa la gente a la que ayudas, sino quién te paga la nómina. Triste pero así son las cosas. Y para que nadie me venga con el cuento de que hay ONGs que ayudan y tal, diré que es cierto que en algunas ONGs hay gente de muy buen corazón y buena voluntad que quiere el progreso de esas sociedad a las que el primer mundo tiene explotadas. Eso no lo pongo en duda.

Después de la cena íbamos a volver a casa, pero tuvimos miedo de perdernos y no encontrarla. Aunque el calor había remitido, la escasez de luz en las calles de Ziguinchor hace difícil encontrar el camino correcto. Compramos unas
madalenas en un puesto callejero (que por cierto están buenísimas), una botella de agua y pedimos un taxi (100+400+400 CFA).

Gastos del día:
4000 CFA (noche en casa de Ibrahim)
1000 CFA (taxi desde casa de Ibrahim)
5000 CFA (7-plas a Ziguinchor)
500 CFA (taxi a Casa Afrique)
6600 CFA (comida)
650 CFA (coke y helado)
4600 CFA (cena)
400 CFA (agua)
400 CFA (taxi a Casa Afrique)
100 CFA (madalenas)

Total: 23250 CFA

Compartir es el mejor agradecimiento

Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *