Alquilar una moto en Tailandia es una de las mejores inversiones que se puede hacer.

Doi Suthep

Alquilar una moto en Tailandia es una de las mejores inversiones que se puede hacer.Había aguantado toda la noche sin llover. Esta era la nuestra! Nos levantamos sin demasiada prisa y tras el cómodo desayuno en el jardín del hostel nos fuimos directamente a una casa de alquiler de motos que habíamos visto el día anterior en nuestro paseo. Alquilamos una moto scooter de 110 cc por 150 B con la intención de subir al templo Doi Suthep haciendo paradas en distintos lugares que estaban marcados en nuestro mapa de la zona.

Si hace buen tiempo, en estas cascadas te puedes bañar; por eso conviene venir con bañador y traer una toalla.Lo primero que visitamos fueron unas cascadas pequeñas y un templo lleno de monjes. Subiendo paramos en varios miradores desde dónde se divisa la extensa ciudad de Chiang Mai. Subiendo hay otras cataratas, que creo que serán más grandes y dónde te puedes bañar, pero paramos a preguntar y la entrada eran 100 bahts por persona y no es que hiciera un día especialmente caluroso que invitara al baño. Casi arriba del todo te encuentras el templo de Doi Suphet que es el motivo principal de este recorrido y por lo que viene la mayoría de la gente. Al parecer este templo tiene un significado especial. Es bonito, pero tampoco es que sea especialmente maravilloso. Por cierto, los extranjeros pagan 30 bahts de entrada, pero es perfectamente posible entrar sin pagarlos ya que nadie vigila (nosotros lo pagamos y nos arrepentimos, simplemente cuando hayas subido las escaleras sigue adelante, sin pasar por la taquilla que queda a mano derecha). En la parte de abajo del templo hay una feria montada, dónde venden de todo. Allí mismo comimos.

Las escaleras para subir a Doi Suthep son impresionantes. Y justo cuando estás arriba es cuando te quieren cobrar sin avisarte...La moto tuvo algún problema llegando hasta aquí. Dos personas en una moto de 110 cc pasan apuros en la última rampa para llegar a Doi Suthep (Nuria tuvo que bajar y recorrer unos 100 metros a pie). Peor fue cuando continuamos hasta el palacio presidencial, dónde Ivan fue quien se tuvo que apear esta vez para que Nuria pudiera subir ella sola la moto. El palacio no lo visitamos, nos pareció poco interesante para los 100 B que querían que pagásemos de entrada. Así que continuamos hacía los poblados Hmong. Según parece hay dos poblados, uno que es el típico al que llevan los autobuses de turistas y otro que está un poco más lejos y que tiene menos influencia del turismo (aunque también). Tratamos de ir a este segundo, pero la moto no tiraba. Las rampas que superaban desniveles del 30% eran imposibles para la moto incluso con una sola persona encima, así que tuvimos que dar la vuelta y tirar hacía el poblado más turístico.

El templo de Doi Suthep fue uno de los lugares dónde vimos mayor número de monjes y fue más fácil fotografiarles.El gran susto de la tarde vino cuando en una bajada prolongada decidimos parar para ver el paisaje. Dejamos la moto y cuando volvimos los frenos no funcionaban. Bastante preocupados, porque estábamos en mitad de la nada, empezamos a pensar qué hacer. Era bastante locura continuar el camino de bajada ya que la moto no podría frenar. Pero ir hacía atrás (de subida) tampoco solucionaba mucho, nos acercaría a las puertas del palacio real, pero el último tramo tendríamos que llevar la moto a rastras… Pensamos entonces en parar alguno de los múltiples “dos filas” que pasaban y pedirle precio por llevarnos con la moto a Chiang Mai, al menos hasta una zona llana. En eso, que arrancamos la moto para subir a una zona un poco más elevada cuando nos percatamos que no le pasa nada malo a los frenos, sino que en ese modelo de moto los frenos no funcionan a no ser que el motor esté en marcha. Susto solucionado y continuamos camino al poblado Hmong.

El pueblo Hmong se encuentra enclavado entre montañas junto a un río y al final de la carretera.El poblado resulta ser algo similar a cualquier pueblo rural que te encuentres pero con adornos para “agradar” a los turistas. Nos recordó un poco a los pueblos de las terrazas de arroz en China. Puedes moverte libremente por el pueblo, cuya calle principal está infestada de tiendas a ambos lados. Si sales de la zona marcada puedes encontrar algo más auténtico, aunque todo está muy muy trillado. Hay una parte del pueblo dónde hay que pagar 10 bahts por acceder y que tiene un molino, una catarata y una especie de museo de los horrores local (bichos raros en formol, una cabra siamesa, etc). En este vídeo se puede ver bastante bien lo que hay:

Esta niña te pedía unas monedas para dejarse fotografiar con ella. Todo muy natural, eso sí...El regreso a Chiang Mai fue duro ya que en más de una ocasión tuvimos que bajar de la moto uno de los dos. Antes de regresar al hostel y aprovechando que teníamos la moto nos pasamos por la estación de autobuses para ver los horarios y después de asearnos en el hostel volvimos, también con la moto, al mercado nocturno dónde cenamos muy bien y barato en un restaurante indio. Nos está gustando esto de tener una moto siempre a nuestra disposición.

Gastos:

El peculiar museo local de los horrores.Desayuno: 28 B
Moto: 150 + 90 de gasolina (con menos hubiera sido suficiente)
Helados: 2×15 B
Gofre: 30 B
Entrada a Doi Suthep: 2×30 B
Comida: 85 B
Entrada pueblo Hmong: 2×10 B
Artesania (bolsos): 50 B
Crepe: 25 B
Cena: 130 B
Batido: 18 B

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Publicado por

Ivan

Si tuviera que explicar de dónde me viene la pasión por viajar, probablemente hablaría de un atlas cartográfico que me regalaron mis padres unas navidades. Me aprendí ese libro casi de memoria. Recorría en sueños lúcidos países, montañas y mares. Fue, sin lugar a dudas, mi primera referencia viajera con 10 años de edad. Luego tardé bastante en empezar a convertir en realidad aquellos sueños. Mis primeros viajes empezaron durante mi etapa universitaria. Eran pequeños viajes a lo largo de la península ibérica que solían durar 2 o 3 días. La causa principal de no viajar antes fue el asunto económico y no haber encontrado entonces ninguna referencia que me explicara que para viajar no hace falta dinero. Quizás de ahí me venga la pasión por explicar que se puede viajar sin apenas dinero. Los viajes de verdad empezaron cuando conocí a Núria y empezamos a viajar juntos. Tuvimos que pasar primero por el amargo trago de viajar en grupo para darnos cuenta que eso no era lo nuestro. Luego empezamos a viajar por libre y nos dimos cuenta de todo el tiempo que habíamos perdido. Más tarde nació Apeadero, primero como forma de volcar todo lo aprendido y todo lo vivido para ayudar a que otras personas pudieran aprovecharse del conocimiento adquirido. Vimos que a mucha gente le interesaba y le era útil nuestro "Apeadero" y fuimos transformando cada vez más el blog en una herramienta útil para los viajeros. Ahora mismo, me encuentro inmerso en el mayor proyecto viajero de mi vida: la Vuelta al Mundo en Tren que me llevará durante todo el año 2017 a viajar por los 5 continentes en el medio de locomoción que dio nombre a este blog: el tren.

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